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El Presidente
ha dicho, con acierto, en el Colegio Militar de la Nación que
los responsables del golpe de 1976 fueron un sector
importante y poderoso de la sociedad argentina, no puede
imputársele los hechos, sólo, a las Fuerzas Armadas. Aseguró,
también, que el modelo implantado a partir de esos
acontecimientos tuvo un cerebro y ese cerebro se llamó José
Alfredo Martínez de Hoz, apuntando que los verdaderos dueños del
modelo no han sufrido castigo alguno.
Luego definió, con más precisión, lo que había concluido en
esas jornadas sangrientas: la economía sustitutiva que permitió
décadas de desarrollo industrial y trabajo asalariado.
¡Con Martínez de Hoz desapareció el grueso de nuestra industria!
Concluyó.
¡Kirchner habló con la verdad!
Sin embargo algo calla.
Y lo que oculta o ignora es que esos profundos cambios
producidos en nuestro entramado socio-económico ya no tienen
retorno, son irreversibles, estarán para siempre entre nosotros
o a la espera de alguna variación en el rumbo de la economía
mundial, que por ahora no se avizora.
El golpe del 24 de marzo de 1976 derrumbó el modelo construido a
partir de la crisis del 30’. Cerró un ciclo.
El Presidente de la Cámara Argentina de Comercio, Armando Braun
afirmaba en aquellos años de plomo:
“La muerte de Perón marca el fin de
una época y la gente se ha dado cuenta por fin que no es
cuestión de cambiar hombres como se pensó durante mucho tiempo,
sino de cambiar las estructuras.
Bajo el peronismo se creo una estructura de
crecimiento interno, una industrialización forzada, bajo
protección arancelaria, que aisló al país del resto del mundo.
Se creo así una industria no competitiva en que el empresario
dependía del gobierno y no de su propia habilidad y se orientaba
exclusivamente al mercado interno, no a la exportación.
En la Argentina por primera vez en treinta años se nota una
modificación de esa estructura.
La Argentina con 25 millones de habitantes no puede fabricar
todo. Debe especializarse en lo que puede producir
eficientemente” (La Nación 14/5/77)
Las principales figuras de aquellos años tenían claro hacia
donde debía dirigirse la Argentina.
Pero esta historia cuando había comenzado? El modelo de
sustitución de importaciones, que los hombres del Proceso venían
a concluir, contaba con más de cuarenta años de antigüedad. Se
había implementado en América Latina, en algunos países
asiáticos y en menor medida africanos como una respuesta
capitalista a la crisis del sistema.
Al mismo tiempo la industrialización sustitutiva de mercado
interno protegido y cautivo requería de un sistema de ideas o
cuerpo de doctrina que le insuflara energías. El
nacionalismo
fue su expresión más genuina, y en el país el peronismo fue su
cara política.
Para decirlo de otro modo: el nacionalismo fue el relato en el
campo del pensamiento de lo que ocurría en la vida económica.
La Revolución Rusa influyó del mismo modo introduciendo un nuevo
factor: el poder popular. Veamos lo que decía Perón en una
conferencia dictada en 1945 ante oficiales del Ejército: “La
Revolución Francesa comienza su acción efectiva en 1789.
Derrotada en 1815 sin embargo arroja sobre el mundo su
influencia a lo largo de un siglo, por lo menos. Todos somos
hijos del liberalismo creado en la Revolución Francesa.
En 1914, para mí, comienza un nuevo ciclo histórico, que
llamaremos de la Revolución Rusa. Y si esa Revolución Francesa
ha arrojado sobre el mundo un siglo de influencia ¿cómo esta
Revolución Rusa triunfando y con su epopeya militar realizada no
va a arrojar sobre el mundo otro siglo de influencia? El hecho
histórico es innegable. Si la Revolución Francesa termina con el
gobierno de las aristocracias, la Revolución Rusa termina con el
gobierno de las burguesías. Empieza el gobierno de las masas
populares.”
Con esta mirada más a los efectos provocados por la crisis del
30 - intervencionismo estatal, dirigismo y planificación
forzada- se construyó el imaginario de una época que Perón
expresaba magistralmente: poder popular, intervención estatal,
capitalismo de Estado, sustitución industrial.
Sin embargo ese siglo que Perón auguraba a la Revolución Rusa
no fue tan extenso ni duró cien años. La fantasía del comunismo
real se desmoronó, apenas, setenta años después. Pero Perón ya
no estaba.
La caída de la Unión Soviética y la Tercera Revolución
industrial modificaron la faz de la tierra. El capitalismo salía
airoso una vez más.
Y así como la Argentina, luego de la caída de Irigoyen, se
adecuó a las novedosas circunstancias del 30’, el desplazamiento
de Isabel buscaba, brutalmente, un nuevo destino. Un
acomodamiento al mundo que ingresaba a la tercera revolución
industrial.
El Secretario de Agricultura del Proceso, Cadenas Madariaga
afirmaba: “En
nuestro país hay dos Argentinas superpuestas. Una es lo que
queda de la Argentina de la Organización Nacional, de la
Argentina del 80, del Centenario. Es la Argentina segura de sí,
de su destino formado en el trabajo y en la práctica de las
instituciones republicanas. La otra es la Argentina del
resentimiento, los complejos de inferioridad, la demagogia, las
rivalidades facciosas. Es la Argentina del tercer mundo
empobrecida y rencorosa. También es la Argentina de los
privilegios ocultos, del peculado, del escepticismo y al final
la Argentina de la violencia. Depende de nosotros que prepondere
una sobre otra”
Y esto fue el Proceso, el triunfo de una sobre otra. La
Argentina sustitutiva que cuestionaba la renta agraria, es decir
la riqueza de los sectores exportadores, murió. Este triunfo
nada tiene que ver con la destrucción de las organizaciones
armadas que ya había
facciosas. Es la Argentina del tercer mundo
empobrecida y rencorosa. También es la Argentina de los
privilegios ocultos, del peculado, del escepticismo y al final
la Argentina de la violencia. Depende de nosotros que prepondere
una sobre otra”
Y esto fue el Proceso, el triunfo de una sobre otra. La
Argentina sustitutiva que cuestionaba la renta agraria, es decir
la riqueza de los sectores exportadores, murió. Este triunfo
nada tiene que ver con la destrucción de las organizaciones
armadas que ya había ordenado el Gobierno constitucional. El
terrorismo con sus disparates contribuyó a la caída del sistema
político.
Un nuevo país emergió de las ruinas y del dolor. Otras alianzas
sociales configurarían la vida política. Una nueva inserción
internacional se habría paso. Pero nada de esto sería sencillo.
Aceptar la derrota interna, asimilar la caída del comunismo,
tolerar el retroceso del Estado interventor no es tarea sencilla
y menos si se la afronta con dogmatismos.
En esta encrucijada se halla parado el Presidente Kirchner, cree
disponer del suficiente poder social y económico capaz de
revertir el 24 de marzo y empuja. Sin embargo no puede. ¿Es esto
un mérito o es un error?
No sólo no logra alcanzar los guarismos sociales de los 70 sino
que no puede llegar ni a los de los 90’. Como decía un célebre
pensador argentino no se puede ingresar al futuro retrocediendo.
El Presidente se mantiene todavía bajo la influencia de Horacio
Verbitsky quien en Página 12 del 13 de enero del 2002 aseguraba
que el resultado del enfrentamiento entre los bandos antes del
76 ha concluido en un empate. Lamentablemente eso no es cierto
alguien ganó y alguien perdió ese es el dato.
Claudio Chaves |