Sábado 27 de Mayo de 2006

Dos demonios


La Alianza, fase dos, que preside Kirchner, está impregnada de frepasismo tardío.

Tío Plinio querido:
La Alianza, fase dos, que preside el cesarismo de Kirchner, se encuentra impregnada del bochorno de un frepasismo tardío.
Severos adictos a los sueldos, los neofrepasistas se habituaron a jurar sistemáticamente por la patria.
Y a explotar intelectualmente, tío Plinio querido, la vigencia de la extorsión cultural.
Fuertemente aplicable a todo aquel confundido que mantenga el defecto físico de carecer de la superstición del progresismo.
Se exprimen entonces los dolores del pasado, tío Plinio querido. En especial para adquirir las nutritivas impunidades conceptuales del presente.
Y la extorsión funciona, con la pérfida frialdad de aquellas cajas registradoras de la infancia.
Si se indica, por ejemplo, que un teniente coronel retirado, que oportunamente debió patear puertas, mantiene la inconcebible impertinencia de comerse un bife de costilla, acaso en una fonda de Burzaco, puede asistirse a los bordes de una valiente denuncia esclarecedora.
Si se subraya, en cambio, la historiografía guerrillera de cualquier actual funcionario reciclado, puede asistirse al escenario diáfano de una patética botonería.
Lo menos aconsejable, en todo caso, tío Plinio querido, es cometer el inadmisible error de equipararlos.
Cualquier idiota que intente establecer la felonía de un paralelo, podrá ser perfectamente descalificado, por las imposturas de la mediología imperante, como un sostenedor de la teoría más diabólica. La de los dos demonios.
Por lo tanto, aquel condenado demonio que se come, culposamente, como un impío, aquel bife de costilla, no tiene derecho a ninguna reconstrucción moral de su trayectoria.
Aunque todos se hayan olvidado, la farsa arrancó patológicamente mal cuando el doctor Sánchez Herrera debió ser el primero en renunciar. En su caso, a la Procuraduría General.
Porque Sánchez Herrera cargaba con la infortunada herencia biológica de un padre general. Asesinado, para colmo, por quienes sí mantenían el derecho de pernada a la reubicación.
Los militares entonces deben comprender, mansamente calladitos, que se asiste a la versión más berretona del Tratado de Versalles.
Es decir, de aquella provocante humillación a la Alemania vencida, que se convirtió precisamente en la antesala histórica del nazismo.
Muy lejos, tío Plinio querido, de advertir sobre el colapso de un riesgo semejante. No pasa nada. Que tía Edelma duerma tranquila porque facturas, por ahora, no va a haber.
La calesita de Kirchner, de ningún modo, choca por el sigiloso accionar del vacío que se conoce, en la Argentina, como derecha.
Téngase en cuenta que, desde el punto de vista cultural, la derecha glotonamente culposa suele comerse todos los amagues de una izquierda que la arrincona. Para colmo a través de frescas naderías de militancia universitaria.
Incapacitados para confrontar con el arsenal de las ideas, los exponentes, noblemente envasados al vacío de la derecha, capitulan de inmediato.
Sobre todo ante el riesgo de ser tildados, por ejemplo, como adoptadores de la teoría, retóricamente superada, de los dos demonios.
Es la teoría que legitima la extorsión de sospechar que, aquel que fue un romántico guerrillero en los setenta, mantiene inalterable el privilegio de evolucionar hacia la democracia que en su momento subestimó.
Sobran casos que no debieran ser citados. Para colmo en áreas intelectualmente sensibles, como por ejemplo en el monopolio de la Secretaría de Derechos Humanos.
Trátase de un organismo conducido por un abogado otrora valiente, aunque envejeció con dificultades.
Tal como lo cuenta Gorriarán Merlo, el abogado valiente participó, en 1986 y en Managua, de la fundación del Movimiento Todos por la Patria, aquella continuidad histórica del ERP que ocasionó aquella carnicería veraniega de La Tablada.
O en áreas emblemáticamente humillantes. Como entre las provocaciones del Ministerio de Defensa.
Sin embargo, aquel que le tocó ubicarse del otro lado de la sortija, carece, autoritariamente, de la menor posibilidad de recuperación.
Persiste virtualmente condenado a ser un represor hasta el resto de su vida.
Con descendencia incluida, como por ejemplo en el caso del doctor Sánchez Herrera. Un abogado que sabe, para colmo, dar un paso al costado y perdonar.
La calesita de Kirchner estalla, tío Plinio querido, por la cándida insaciabilidad ocupacional de la izquierda.
La izquierda que, desde su ingenuidad revanchista, decae en innecesarias sobreactuaciones. Y exige cada día más espacios para que juren sus sobrevivientes reciclados, con gesto reclamatorio, y por la Patria. Como si la posteridad estuviera en deuda eterna y el país les quedara chico.
Como si participaran de una epopeya popular que admite la alternativa de una segunda reparación generacional.
Y no se tratara, esta Alianza, fase dos, de la mera consecuencia del catastrófico error político, acaso el menos subsanable, de Eduardo Duhalde.
En la ofensiva política activada desde la izquierda, Kirchner avanza, conciente de la desertificación del oponente.
Gracias a la izquierda, Kirchner, con los numerólogos del cesarismo regresivo, se garantiza que nunca irán, pese a la acumulación de horrores debidamente encarpetados, a prisión.
Para concluir la tenue emotividad de esta misiva, tío Plinio querido, vaya la inocencia perversa de alguna reflexión terminal. Anótelas para utilizarlas como puntos de partida de otras próximas cartas.
1.- La ministro Garré es hoy, a Horacio Verbitsky, lo que Felisa Miceli es a De Vido.
2.- A Kirchner, ciegamente, De Vido le responde. A Verbitsky, en cambio, Kirchner le teme.
Porque basta que Horacio Verbitsky decida recurrir a la básica legitimidad de la escritura. A los efectos de componer, por ejemplo, una versión actualizada de "Robo para la Corona".
Si Verbitsky recupera la mística selectiva, la que lo catapultara en los noventa, la arquitectura sutil del sarpullido kirchnerista podría desvanecerse de manera grotesca.
Como una independiente ventosidad, súbitamente escapada en un jardín de invierno. 
 

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