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La
Alianza, fase dos, que preside Kirchner, está impregnada de
frepasismo tardío.
Tío Plinio
querido:
La Alianza, fase dos, que preside el cesarismo de Kirchner, se
encuentra impregnada del bochorno de un frepasismo tardío.
Severos adictos a los sueldos, los neofrepasistas se habituaron a
jurar sistemáticamente por la patria.
Y a explotar intelectualmente, tío Plinio querido, la vigencia de la
extorsión cultural.
Fuertemente aplicable a todo aquel confundido que mantenga el
defecto físico de carecer de la superstición del progresismo.
Se exprimen entonces los dolores del pasado, tío Plinio querido. En
especial para adquirir las nutritivas impunidades conceptuales del
presente.
Y la extorsión funciona, con la pérfida frialdad de aquellas cajas
registradoras de la infancia.
Si se indica, por ejemplo, que un teniente coronel retirado, que
oportunamente debió patear puertas, mantiene la inconcebible
impertinencia de comerse un bife de costilla, acaso en una fonda de
Burzaco, puede asistirse a los bordes de una valiente denuncia
esclarecedora.
Si se subraya, en cambio, la historiografía guerrillera de cualquier
actual funcionario reciclado, puede asistirse al escenario diáfano
de una patética botonería.
Lo menos aconsejable, en todo caso, tío Plinio querido, es cometer
el inadmisible error de equipararlos.
Cualquier idiota que intente establecer la felonía de un paralelo,
podrá ser perfectamente descalificado, por las imposturas de la
mediología imperante, como un sostenedor de la teoría más diabólica.
La de los dos demonios.
Por lo tanto, aquel condenado demonio que se come, culposamente,
como un impío, aquel bife de costilla, no tiene derecho a ninguna
reconstrucción moral de su trayectoria.
Aunque todos se hayan olvidado, la farsa arrancó patológicamente mal
cuando el doctor Sánchez Herrera debió ser el primero en renunciar.
En su caso, a la Procuraduría General.
Porque Sánchez Herrera cargaba con la infortunada herencia biológica
de un padre general. Asesinado, para colmo, por quienes sí mantenían
el derecho de pernada a la reubicación.
Los militares entonces deben comprender, mansamente calladitos, que
se asiste a la versión más berretona del Tratado de Versalles.
Es decir, de aquella provocante humillación a la Alemania vencida,
que se convirtió precisamente en la antesala histórica del nazismo.
Muy lejos, tío Plinio querido, de advertir sobre el colapso de un
riesgo semejante. No pasa nada. Que tía Edelma duerma tranquila
porque facturas, por ahora, no va a haber.
La calesita de Kirchner, de ningún modo, choca por el sigiloso
accionar del vacío que se conoce, en la Argentina, como derecha.
Téngase en cuenta que, desde el punto de vista cultural, la derecha
glotonamente culposa suele comerse todos los amagues de una
izquierda que la arrincona. Para colmo a través de frescas naderías
de militancia universitaria.
Incapacitados para confrontar con el arsenal de las ideas, los
exponentes, noblemente envasados al vacío de la derecha, capitulan
de inmediato.
Sobre todo ante el riesgo de ser tildados, por ejemplo, como
adoptadores de la teoría, retóricamente superada, de los dos
demonios.
Es la teoría que legitima la extorsión de sospechar que, aquel que
fue un romántico guerrillero en los setenta, mantiene inalterable el
privilegio de evolucionar hacia la democracia que en su momento
subestimó.
Sobran casos que no debieran ser citados. Para colmo en áreas
intelectualmente sensibles, como por ejemplo en el monopolio de la
Secretaría de Derechos Humanos.
Trátase de un organismo conducido por un abogado otrora valiente,
aunque envejeció con dificultades.
Tal como lo cuenta Gorriarán Merlo, el abogado valiente participó,
en 1986 y en Managua, de la fundación del Movimiento Todos por la
Patria, aquella continuidad histórica del ERP que ocasionó aquella
carnicería veraniega de La Tablada.
O en áreas emblemáticamente humillantes. Como entre las
provocaciones del Ministerio de Defensa.
Sin embargo, aquel que le tocó ubicarse del otro lado de la sortija,
carece, autoritariamente, de la menor posibilidad de recuperación.
Persiste virtualmente condenado a ser un represor hasta el resto de
su vida.
Con descendencia incluida, como por ejemplo en el caso del doctor
Sánchez Herrera. Un abogado que sabe, para colmo, dar un paso al
costado y perdonar.
La calesita de Kirchner estalla, tío Plinio querido, por la cándida
insaciabilidad ocupacional de la izquierda.
La izquierda que, desde su ingenuidad revanchista, decae en
innecesarias sobreactuaciones. Y exige cada día más espacios para
que juren sus sobrevivientes reciclados, con gesto reclamatorio, y
por la Patria. Como si la posteridad estuviera en deuda eterna y el
país les quedara chico.
Como si participaran de una epopeya popular que admite la
alternativa de una segunda reparación generacional.
Y no se tratara, esta Alianza, fase dos, de la mera consecuencia del
catastrófico error político, acaso el menos subsanable, de Eduardo
Duhalde.
En la ofensiva política activada desde la izquierda, Kirchner
avanza, conciente de la desertificación del oponente.
Gracias a la izquierda, Kirchner, con los numerólogos del cesarismo
regresivo, se garantiza que nunca irán, pese a la acumulación de
horrores debidamente encarpetados, a prisión.
Para concluir la tenue emotividad de esta misiva, tío Plinio
querido, vaya la inocencia perversa de alguna reflexión terminal.
Anótelas para utilizarlas como puntos de partida de otras próximas
cartas.
1.- La ministro Garré es hoy, a Horacio Verbitsky, lo que Felisa
Miceli es a De Vido.
2.- A Kirchner, ciegamente, De Vido le responde. A Verbitsky, en
cambio, Kirchner le teme.
Porque basta que Horacio Verbitsky decida recurrir a la básica
legitimidad de la escritura. A los efectos de componer, por ejemplo,
una versión actualizada de "Robo para la Corona".
Si Verbitsky recupera la mística selectiva, la que lo catapultara en
los noventa, la arquitectura sutil del sarpullido kirchnerista
podría desvanecerse de manera grotesca.
Como una independiente ventosidad, súbitamente escapada en un jardín
de invierno. |