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En
recientes declaraciones, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, ha
afirmado que "la década de los ‘80 ha sido para
la República Argentina
la década perdida, la de los ’90, la década desperdiciada", pero no
se animó a ponerle nombre a la que comenzó luego de la salida de
la Convertibilidad.
Aunque,
en virtud de lo acontecido, si aquellas décadas pasadas fueron desperdiciadas
una y perdida la otra, ésta, por ahora, podemos atrevernos a llamarla la
"rifada" o la "re-reperdida", o quizás también la
"innombrable".
Sólo
basta con mencionar algunos números para tener idea de lo que estamos
hablando:
1.. Creciendo a un ritmo del 5% anual a lo largo de los próximos ocho años,
el PBI total de
la República Argentina
recién podría llegar a un valor similar al del 2001, que era de u$s 268.000
millones, en tanto que para fin de año se calcula que llegará a unos u$s
125.000 millones. Esto implica que, en solo dos años (
2002 a
2003), nuestra dirigencia política se rifó el crecimiento económico que el
país tuvo desde 1990, cuando el PBI llegaba a los u$s 125.000 millones, hasta
2001 inclusive. La "depredación económica" producida desde ese año
provocó que se perdiera todo lo ganado a lo largo de 11 años, algo nunca
visto en la historia económica de ningún país del mundo.
2..
La relación deuda/PBI, si sumamos la deuda que está en default (non
performing) y la que se paga (performing), llega casi al 150%, mientras que a
fines de 2001 esa relación llegaba al 50%. Antes de la devaluación y
pesificación, los argentinos debíamos la mitad de nuestro producto, en
cambio ahora debemos un producto y medio. Con una quita del 75% sobre el total
de la deuda en default, esa relación se reduce al 100%. Esto implica que si
la quita es exitosa y la deuda total se ubica en valores cercanos a los u$s
130.000 millones a fines de 2004, será muy difícil que en los próximos 10 años
dicha relación llegue a un valor similar al de fines del 2001.
3.. Los depósitos en el sistema financiero
a principios de los ‘90 representaban aproximadamente un 5% del PBI, en
tanto que a fines de 2001 llegaban a los $- u$s 66.400 millones. Medidos en términos
del PBI, la relación llegaba al 25%. Esto significa que en sólo tres años
se destruyó un sistema financiero, pero además se perdieron casi un 60% de
los ahorros de aquellos depositantes que durante
la Convertibilidad
ahorraron mucho, confiaron en el país y no se llevaron sus ahorros al
exterior. Hoy el sistema financiero tiene depósitos por unos $ 86.000
millones, el equivalente a unos u$s 30.000 millones, menos de la mitad de los
depósitos que había antes de la devaluación.
4.. Las AFJP en su conjunto tenían depositados a fines de 2001 unos $- u$s 20.000
millones, que representaban las jubilaciones futuras de los que aportan al
sistema de capitalización. Ahora, con la quita del 75 % al total de los préstamos
garantizados, sólo tiene para administrar el equivalente: unos u$s 8.500
millones. Esto significa una pérdida a valor presente de unos u$s 11.500
millones de dólares, o dicho de otra manera, los futuros jubilados perdieron
el 60% del total de sus ahorros.
Un
producto bruto que se redujo a casi la mitad, una deuda que creció a pesar de
la devaluación y la quita, los ahorros de los argentinos de casi 10 años que
se esfumaron junto a la destrucción parcial de las jubilaciones futuras.
Éstas son las características de sólo tres años que invitan a preguntarse:
si la de los ‘80 fue la pérdida y la de los ‘90 fue la desperdiciada, ¿cómo
se puede llamar ésta? La "década rifada" o la
"re-reperdida" o la "innombrable" Lo
grave del caso es que desde gobierno se diga que los culpables de lo que pasó
en los ‘90 fueron: las empresas privatizadas, los bancos, las AFJP, o los
economistas que estábamos a favor del modelo. ¿Y los políticos donde
estaban? Ésta es la respuesta que todavía ellos mismos no quieren o no
pueden contestar
Carlos
Arbia
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