Martes 14 de Junio de 2005

A LA MEMORIA DE JORGE
ABELARDO RAMOS.

DEDICATORIA

A MIS PADRES que fueron capaces de crear un clima de dudas e incógnitas donde la búsqueda de la verdad era una actividad cotidiana.

A MIS HIJOS: Rocío Inés, Manuel Alfonso e Ignacio Ramón.

AGRADECIMIENTOS

A mi amigo Victor Jorge Ramos que en todo momento me alentó en esta investigación sin darme respiro ni descanso.

A Pascual Albanese quién me recomendó lecturas precisas y esclarecedoras que encausaron firmemente esta investigación.

A Jorge Castro con quien conversé en varias oportunidades y se mostró interesado y sorprendido por algunas de mis afirmaciones.

A Carlos Piñeyro Iñiguez con quién comenté mis avances y retrocesos en esta emocionante tarea de investigar.

A Eduardo Frers quien pensó la diagramación del libro y supo encontrar un estilo.

Finalmente a Claudio Fiola que con paciencia y buen humor supo tolerar mis ansiedades al sentarse a la computadora y esperar que le dictara.


PROLOGO:
Al poblado de la Historia se puede ingresar por distintos caminos.

Básicamente, están los clásicos caminos de la verdad y la mentira, considerados en este caso como el intento del honesto investigador que bucea en el pasado para tratar de entenderlo y el de quien sólo pretende manipular una justificación para determinada postura en el presente.

Luego hay atajos, sendas laberínticas, caminos que pasan de largo y también callejones sin salida.

Pero cada una de esas dos grandes avenidas que llegan a la Historia se pueden transitar de distinta manera.

Claudio Chaves, amigo y compañero de tantos años, decidió andar firmemente por el camino de la honestidad, la seriedad, la fidelidad.

No sólo eso: este valioso trabajo demuestra que también lo ha hecho con audacia intelectual, escapando a los facilismos y a los encasillamientos, y sin temor a pecar o cometer sacrilegios contra ciertas "verdades reveladas".

La tesis de Chaves sobre la existencia de un Perón liberal seguramente va a soliviantar por igual a amigos y enemigos de aquel general que cambió para siempre la Historia de la Argentina.

No es de extrañar: eso suele ocurrir cuando se asume la investigación histórica sin ataduras de un ideologismo vacío que prefiere los moldes rígidos, sin arrugas ni contradicciones.

Habrá que ver si, más allá de algún grito histérico, alguno de los esperables soliviantados se anima a contradecir u objetar una sola parte de este profundo y contundente trabajo.

Les va a ser difícil.

Al resto, a los honestos lectores que, como lo he hecho yo, se adentren en esta investigación con la cabeza abierta, les espera una historia apasionante. Tan apasionante como son siempre los hombres y la propia Historia.

Victor Ramos


CLAUDIO ENRIQUE CHAVES

PERON LIBERAL:

EL QUE QUISO SER Y NO PUDO

INTRODUCCIÓN:

El breve trabajo que me propongo desarrollar, aborda un aspecto del pensamiento de Perón, que en los últimos cincuenta años permaneció fuera del campo visual de investigadores y ensayistas, no obstante ciertas evidencias, que si bien no eran lo suficientemente explícitas, podían haber sido buceadas, de no haber mediado el éxito que el nacionalismo poseía por aquellos años.

Sobre el final del siglo y frente al auge que el liberalismo ha ido adquiriendo, surgen otras líneas investigativas, y otras luces iluminan la vieja documentación.

Al ser, las más de las veces, la historia esclava del presente, se ha reinstalado apasionadamente la revisión del peronismo como parte de una nueva revisión de nuestra historia.

Suponer por aquellos años (entre las décadas del 40 y el 70) un Perón liberal era casi un sacrilegio. La idea de un militar educado en el modelo del ejercito prusiano, seducía mucho más a los investigadores, que creían hallar en esto una explicación rápida y segura para consolidar sus prejuicios.

Su viaje por Italia y su "enamoramiento" de las bondades del fascismo cerraban sobre el Coronel el estereotipo armado y repetido al infinito. Todavía en l995, algunos investigadores, abruman con el viejo esquema:
"El populismo de Perón entre l945 y l955 representó en occidente el máximo de tolerancia posible a un discurso semejante al del fascismo originario en las condiciones de la segunda posguerra (...) la ideología de matriz mussolineana del Perón de mediados del 30 fue capaz de una moderación pragmática a fin de acomodarse a las nuevas condiciones del orden mundial".

En este caso, lo novedoso del autor,(que proviene de la izquierda y se identifica como "progresista") sea el concepto "moderación pragmática".

Luego de la caída del Muro de Berlín, del estrepitoso fracaso de la Unión Soviética y de la muerte del socialismo real (del cuál el Profesor Portantiero fue un sincero defensor) virar de la antigua acusación de fascista puro, a otro pragmático y moderado, es positivo y alentador, máxime si es la conclusión alcanzada luego de treinta años de estudios e investigaciones. Un esfuerzo formidable que debe ser valorado en toda su extensión.

En esta misma línea de pensamiento, Halperín Donghi, investigador respetado en los ámbitos académicos universitarios, no difiere en lo esencial de Portantiero, quien en su libro "Argentina en el Callejón", escrito en l995, el mismo año que el libro anterior, afirma algo similar, pero con ciertas variantes, que a pesar de lo simple resultan interesantes:

"...la cuestión no es tan sencilla: el peronismo no fue, sin duda, una forma de fascismo; fue por lo menos el resultado o más bien el residuo, inesperado para todos y también para su creador y beneficiario de una tentativa de reforma fascista de la vida política argentina".

Las palabras son otras pero el mensaje es el mismo. Son formas residuales de un pensamiento anacrónico, que presenta dificultades para abrirse a nuevas visiones. Al cristalizarse en prejuicios y no afirmarse en saberes repite viejos errores.

Acorde con esta línea de pensamiento, pero con intencionalidad diferente, continúa vigente aún la idea de un Perón vinculado a sectores nacionalistas del ejército que terminaron con el período conocido como la "Década Infame", abatiendo a un gobierno enajenado al capital extranjero, en un momento de corrupción generalizada y de descreimiento en la instituciones democráticas.

El escritor Enrique Pavón Pereyra en su libro "Yo, Perón" de l993 tomó ideas u opiniones de un Perón del '60 y las instaló retrospectivamente en los años '30:

"La incidencia británica en el gobierno de Justo era cada vez mayor. Inglaterra había logrado la creación de un Banco Central, siguiendo el modelo de Sir Otto Niemeyer, proyecto que ni los cipayos de la India se habían atrevido a adoptar. La política de entrega del patrimonio nacional, instaurada desde el gobierno de Rivadavia, se consolidó en aquella década infame con una serie de medidas vergonzosas desde el punto de vista de la autodeterminación de los pueblos, siendo claro ejemplo de esta afirmación aquel ultrajante tratado conocido con el nombre de Pacto Roca Runciman". Esta aseveración no guarda rigor histórico, es forzar la realidad arbitrariamente.

Poner en boca de Perón, opiniones sobre la Década Infame, haciéndonos creer que el entonces Mayor observaba de esa manera la vida política circundante, es juzgar el pasado con valores del presente. La historia así escrita se convierte en apenas un panfleto.

El primer Perón, el que desarrolló gran parte de su carrera militar a la sombra de Justo, (de Capitán a Mayor, de Mayor a Teniente Coronel y finalmente Coronel) el que ocupó cargos de relativa importancia y responsabilidad en un gobierno con fuerte respaldo de las FFAA, como más adelante veremos, es altamente improbable que manejara estas categorías.

De la misma manera pero desde otro ángulo ideológico el historiador Fermín Chavez, incurre en el mismo error (aunque lo sitúa a Perón sobre el final de la "Década Infame") cuándo afirma:

"Con el desplazamiento del General Ramirez el centro de decisiones fue ocupado por el tandem Farrel-Perón claros representantes del nacionalismo militar que entrevía la posibilidad de desplegar un proyecto político nuevo, no subordinado a los centros del poder mundial".

No hay ningún elemento que corrobore la militancia de Perón en el nacionalismo (a secas) militar, pero fundamentalmente el mayor error es la sensación que le queda al lector después de abordar el párrafo que expresa: "un proyecto no subordinado a los centros de poder mundial", porque la idea que puso en práctica Perón era precisamente la contraria la del acercamiento a los centros neurálgicos del poder político mundial para lograr con ellos acuerdos favorables para la Argentina.

Los desencuentros exteriores con los EEUU fueron consecuencia de la política seguida durante la guerra por el Presiente Castillo y heredada por el gobierno de facto
del 43. Algunos militares -y Perón no estaba entre ellos-, veían con simpatía continuar en la misma línea de acción.

La política exterior de Perón consistió en lo fundamental en recomponer las deterioradas relaciones con los EEUU.

Por cierto los errores de Fermín Chavez no se agotan con estos ejemplos, quizás el más grave por lo injusto, haya sido prologar el tomo N° 6 de las Obras Completas de Perón para la Fundación Pro Universidad de la Producción y del Trabajo. Conformada por los principales dirigentes gremiales del país. ¿Porqué?.

En dicho tomo, el que corresponde a documentos del GOU, que distintos historiadores como Potash niegan que Perón haya escrito, al atribuírselos se equivoca.

No sabemos bien porque lo hace. ¿Prejuicios acerca del origen del peronismo? ¿Consecuencias de creer que ha sido el nacionalismo el único componente ideológico en la formación del movimiento? Quizás.

Varias podrían ser las razones de Fermín Chavez. Lo grave es que en los escritos que este autor atribuye erróneamente a Perón se puede leer una manifiesta desconfianza y prevención contra el pueblo judío que jamás el General Perón profesó ni llevó a la práctica en su actividad política.

Aseveraciones de esta naturaleza son las que exponen al peronismo a críticas y condenas inmerecidas.

Maniobra peligrosa, esta de desvirtuar las ideas y forzar la realidad. El partido peronista a demostrado
durante medio siglo ser un gran movimiento integrador en donde han encontrado cabida, como en un mosaico bizantino, todos los colores de todas las etnias que conforman nuestro pueblo, sin distinción de credos ni discriminación por motivo alguno.
El peronismo fue entre otras cosas, un movimiento inclusor e integrador dónde se articulaban las diferencias, jamás profesó ideologías de muerte.

Eva Perón amiga de artistas, homosexuales, judíos, pobres, discriminados y excluidos, fue el más claro ejemplo de esta realidad. Mal se puede afirmar entonces, que su marido, al que jamás le importó la opinión del Ejército para vivir con ella, profesara ideologías cerradas y prejuiciosas.
Como decía Jauretche: "al peronismo siempre lo impulsó el amor".

El enfrentamiento entre Nacionalismo y Liberalismo ha sido en los últimos sesenta años una variante de la historia política de los Argentinos.

La década del 30 vivió con furor el origen de este conflicto, sin embargo nada hace creer que Perón se haya embanderado, con el fervor propio de los fanáticos, en alguno de los bandos. Nuestra hipótesis es, como luego intentaremos demostrarlo, que su amplitud de miras, su talento natural, la ductilidad y flexibilidad de su inteligencia lo hicieron navegar en las aguas procelosas de las fronteras, tomando de uno y de otro en función de las necesidades, sin embargo sus amigos o sus maestros como a él le gustaba decir se hallaban, por aquella década, en el sector liberal, entre los amigos del General Justo.

He aquí mi hipótesis, la de un Perón Liberal, que recorreré reinterpretando algunos documentos y declaraciones uniendo líneas de pensamiento actuales con el pasado.

Uno de sus biógrafos más fervorosos escribió, allá, por la década del '70, un clásico de la literatura político partidaria. En ese libro: "Perón El Hombre del Destino" se afirmaba:

"Perón supo ver claro y se desembarazó definitivamente del ropaje liberal" inmediatamente después de haber participado en la Revolución del '30.

Esta observación de un Perón asimilado a los sectores liberales es singularmente muy valiosa: por lo cierta. Sin embargo es exagerada cuando afirma enfáticamente que Perón abandonó definitivamente "su ropaje liberal". A los autores no les importó demostrar esta afirmación porque partían de la premisa universalmente aceptada, de un Perón fascista o en el mejor de los casos nacionalista.

Que el futuro General sabía en qué sector político del Ejército participaba, no queda ninguna duda, basta consultar su libro Tres Revoluciones para convencerse de la firmeza de sus actos, en consecuencia no se puede asegurar rotundamente su abandono del campo liberal; esto es decididamente indemostrable.

Durante su extenso período de vida, Perón evidenció vaivenes ideológicos propios que acompañaron a un mundo urgente de cambios; nada le impidió incorporar principios o conceptos de los distintos modelos o cosmovisiones.

En su actitud siempre hubo una constante, un común denominador: su pragmatismo, o para ser más justo su penetrante y aguzado sentido de la realidad; que si para algunos no fue otra cosa que oportunismo político, para otros fue sencillamente una enorme capacidad para leer el momento. En Perón la realidad era la única verdad de ahí su urgencia por interpretarla.

Sin embargo en este desplazamiento armónico por las distintas corrientes ideológicas no se confundió. Jamás navegó a tontas y a locas, siempre lo hizo en el campo de las ideas nacionales.

EL LIBERALISMO

En los últimos doscientos años Occidente generó variados sistemas de ideas o cosmovisiones, que posibilitaron a la humanidad abordar y resolver los grandes enigmas que envolvieron y acompañaron el desarrollo de las sociedades.

El liberalismo uno de ellos fue básicamente, en la primera mitad del siglo pasado, la gran ideología del cambio y la transformación.

Demolió, desde el campo de las ideas, el sistema de valores construido en la antigüedad, pero fundamentalmente el conformado a lo largo de todo el Medioevo.

Cuando las nuevas ideas interpretaron el malestar de los pueblos, su fuerza se hizo incontenible y la voluntad revolucionaria arrasó primero con la Monarquía Inglesa y luego la Francesa. Se expandió por el mundo y alumbró el nacimiento de una nueva sociedad, plena de realizaciones económicas, de libertades y derechos humanos, fundando la primera República del mundo: los EEUU.

Este sistema de ideas, el Liberalismo, con sus variantes y perspectivas, según su lugar de origen, llegó a las colonias americanas por dos caminos: vía España y como herencia del Despotismo Ilustrado, magistralmente expresado por Carlos III y un selecto grupo de intelectuales que lo acompañaron, y desde Francia e Inglaterra.
Si bien hablamos de un mismo sistema de ideas: el liberalismo, en América tuvo su perfil distintivo.

Es muy interesante el planteo de un excelente historiador mexicano:

"El contagio de la Revolución Francesa también venía a los criollos en aquella década 1790-1800 por la vía de España. Un grupo de maestros españoles empapados de Rousseau y de ciega esperanza en el poder de las ideologías, fraguaron en la península la llamada

conspiración de San Blas ( primer sueño de crear una República democrática hispana). Descubiertos y hechos cautivos estos "afrancesados" se les señala como presidio las bóvedas de la Guaira en las lejanas costas del Caribe.
Era precisamente este puerto de la Guaira uno de los lugares de América más contaminados por el naciente espíritu de agitación. Los prisioneros políticos españoles en la guaira reciben numerosas visitas...".

Se puede decir, entonces con Mariano Picón Salas que el más grande movimiento libertario de América, el que emprendió la tarea titánica de la guerra de la Independencia, de la unidad de América del Sur, encontró su inspiración en el liberalismo Español.

El mismo General San Martín halló en la península las razones de su posterior conducta, no sólo en la decisión de combatir, sino en las ideas que lo impulsaron a la acción.

En consecuencia el Liberalismo que no era un sistema homogéneo, ni tampoco monolítico, posibilitó por su flexibilidad la adecuación de los principios a la realidad americana y transformarla.

Ahora bien, esta diversidad se agudizaba según fuera la fuente de origen.

Las ideologías copiadas, contrabandean secretamente en la argamasa de los principios, valores culturales de la civilización que las creó.

Por otro lado el Liberalismo Español (que como hemos visto inspiró a gran parte de nuestros patriotas) fue la ideología del Absolutismo Monárquico (en España se denominó Despotismo Ilustrado) que desde el poder intentó una revolución desde "arriba" (todo para el Pueblo sin el Pueblo) mientras que el liberalismo anglo-francés fue la ideología de la burguesía llana, que en su lucha por transformar la sociedad, arremetió con bríos contra la Monarquía y el Estado Absolutista imponiendo desde abajo el nuevo modelo.

Estas diferencias, más otras que luego veremos, configuraron concepciones antagónicas en la historia del pensamiento argentino, fundamentalmente en el campo del liberalismo. No todos los liberales argentinos, por el solo hecho de serlo se encontraban en el mismo bando.

Veamos algunas diferencias, tomando ejemplos de autores conocidos.

Juan Bautista Alberdi al establecer la filiación de la Independencia Americana afirmaba:

"La Revolución fue en gran parte, obra de la Europa, realizada en Europa, dónde estaba la autoridad de que dependía la América. Dónde desapareció esa autoridad, allí desapareció esa dependencia, allí se operó de hecho la Revolución de América".

Esta idea del origen español de la Revolución de Mayo la ampliaba al afirmar:

"La Revolución Argentina es un detalle de la Revolución de América, como esta es un detalle de la de España; como ésta es un detalle de la Revolución Francesa y Europea. Sólo empujados por las circunstancias de la invasión napoleónica a la península ibérica vino a los argentinos la idea de revolucionarse contra España.".

Esta manera de interpretar la Revolución de Mayo difiere en lo fundamental de la visión que tenía Mitre, liberal también, pero de distinta escuela.

Alberdi comenzaba así el replanteo de nuestra historia, el debate a fondo contra el otro liberalismo, el mitrista, que consideraba los hechos de mayo circunscriptos a la realidad de Bs.As., con una visión local y remitida al puerto. El Tucumano iniciaba, entonces, el arduo camino del revisionismo que como vemos tenía una raíz liberal.

Aguzando su ingenio, Alberdi aseguraba:

"Mitre cree que la idea de la Revolución, la idea revolucionaria, la idea de independencia, ha germinado y surgido en Bs. As. desde mucho antes a su explosión, en l810, y que la Revolución es hija de esa idea así formada en los porteños".

"Mitre explica toda la Revolución Argentina por los hombres de Bs. As. y sus ideas, y no en la acción general de las cosas que gobiernan a esos hombres".

"El ve en las expediciones inglesas en Bs. As., a principios de este siglo, otro germen de la idea de Independencia, explicando las causas que levantaron el partido de los nativos, germen del partido patriota, otro error".

"Los polemistas de la historia revolucionaria olvidan completamente el estudio de los hechos que pasaban en España, la situación de su gobierno, el estado de su tesoro y recursos, cuya decadencia y ruina eran la causa principal de la independencia de América".

"Si Belgrano adquirió de España y llevó de España al Plata sus ideas de libertad, igualdad, seguridad, etc, que enseguida inoculó en su País de Bs. As. ¿Porqué sería la Revolución de origen patrio? ( como dice Mitre) y no español".

El formidable esfuerzo intelectual de Alberdi por poner "patas para arriba" a nuestra historia, no se agotaba en su visión de la Revolución de Mayo, toda su línea de pensamiento y conducta fue un enfrentamiento con el otro sector del liberalismo.

Su militancia junto a Urquiza y a favor de la Organización Constitucional, su severo enfrentamiento con la política de Bs. As. y en contra de La Guerra al Paraguay, su amistad con Roca, así lo revelaban.

Para no abundar en demasía, resta poner en palabras de Alberdi la valoración que el intelectual tenía por España al reconocerle incluso la inspiración de nuestra Bandera.

"Los colores argentinos (azul y blanco), como el pueblo argentino son de origen español. Los lleva la orden de Carlos III y los lleva la Reina misma en la banda que atraviesa diagonalmente su pecho".

Podría argüirse, siguiendo esta línea de pensamiento, que en los orígenes y a comienzos del siglo XIX se desarrollaron en nuestro País dos liberalismos, que denominaremos nacional y antinacional, para utilizar categorías ya instaladas en el imaginario político argentino.

Otra característica que los distanció fue el rol que cada una de las corrientes le asignó a las fuerzas populares. Veamos que nos dice el mismo autor:

"Una causa es bárbara no por la calidad de los hombres que la sirven, sino por su tendencia a la barbarie".

"Bien puede, en este caso, estar servida por ángeles o por genios, no por eso dejará de ser bárbara. Dad, al contrario, por servidores a una noble causa la gente más humilde o indigna; no por eso dejará de ser una noble causa. Tal fue la de América al principio de la Revolución. ¿Con quién estaba la gente más rica, más noble, más bien educada de la sociedad americana? Con el Rey y por el Rey.
¿Quién sostenía el noble pendón destinado a quedar señor del nuevo mundo? Los criollos, los colonos, los libertos, todo lo ínfimo, lo secundario, lo oscuro".

El pensamiento de Alberdi es riquísimo en opiniones similares acerca de los sectores populares, no corresponde a este estudio, pero es recomendable la lectura de su trabajo "Grandes y Pequeños Hombres del Plata".

Estas dos líneas del liberalismo promovieron los enfrentamientos más agudos del siglo XIX. o para decirlo de otro modo, los sectores políticos enfrentados adoptaron según sus necesidades una u otra forma de pensamiento.

Las dos grandes vertientes tuvieron sus hombres y sus proyectos: Alzaga, Moreno, San Martín, Belgrano y en general el pensamiento del federalismo y unitarismo provinciano se inclinaron por un liberalismo popular de raíz hispana; por el contrario Liniers, Rivadavia , Agüero, Salvador María del Carril, Sarmiento, Mitre y el unitarismo porteño, por un liberalismo sin pueblo y de raíz británica.

El caso del rosismo que merecería un capítulo aparte, no hace al objetivo de este trabajo, razón por la cuál nos abstenemos de su análisis, sin embargo podemos afirmar que su porteñismo acendrado, y su desdén por las provincias lo acerca más al liberalismo mitrista que al nacional, no obstante tomar algunos elementos de la otra corriente.

El caso de los Caudillos de provincias requiere una explicación extra, porque si bien es harto clara las razones de su enemistad con los porteños ¿desde que vereda de las ideas cuestionaban a los porteños?.

Es interesante, al respecto, la pregunta que se hacía el historiador Salvador Ferla:

"Con distintas tonalidades, con diferentes facetas, las figuras argentinas tildadas de liberales son nomás liberales. ¿Pero qué son sus antagonistas? ".

Y finalmente se contestaba:

"Es que no había entre los liberales, por lo general porteños y sus antagonistas "nacionales" y federales, por lo general provincianos, conflicto ideológico alguno, por lo menos en una dimensión significativa que nos permita visualizar nítidamente una faz ideológica en el enfrentamiento. No había una contraideología en danza...".

Para Ferla la diferencia radicaba en lo siguiente:

"Los caudillos eran liberales con pueblo, y con patria. Se sentían americanos, y lo eran mientras sus rivales se creían europeos sin serlo".

Profundizando esta línea de pensamiento, es cierto que no había una contraideología, lo que había eran dos liberalismos.

Por aquellos años, algunos aguzados observadores de la realidad captaban ciertas afinidades ideológicas de sus contrincantes, que hoy nos sirven para ilustrar lo aseverado.
Un político e intelectual de lo que dio en llamarse la Generación del Paraná, provincianos ilustrados que abrazaron el proyecto de Urquiza, Don Vicente G. Quesada exponía una opinión que creemos puede ayudar a identificar, en otros aspectos, las características del liberalismo antinacional. Sus opiniones sobre Salvador María del Carril, genuino representante de esa vertiente, son claras y significativas:

"Todos han conocido aquí (en Paraná) al Sr. Del Carril, que ha muerto muy anciano, millonario y convertido al seno de la Iglesia Católica Apostólica Romana, después de haber profesado teorías filosóficas volterianas y aún ateas...". "Tenía la figura de un creyente de los viejos tiempos de Rivadavia. Sentencioso y autoritario en la expresión de sus ideas, tenía el dogmatismo de un maestro. Fue una figura teatral, sentada bien en el escenario modestísimo de esta Nación, (...)era un carácter débil para los poderosos, petulante para con los inferiores, infatuado en su valor y desdeñoso del ajeno".

Luego de Caseros, cuándo la Confederación intentó desde el Interior la construcción de la Nación, se hacía más necesario que nunca la elaboración de un pensamiento nacional.

El General Urquiza, rodeado de un selecto núcleo de intelectuales, construyó desde Paraná y el Colegio de Concepción del Uruguay una mirada criolla a los graves problemas nacionales, enlazada a las necesidades y a las tradiciones provincianas.

"Una de esas obras de segura grandeza fue la creación del Colegio Entre-Riano de Concepción del Uruguay. Esta obra, y las atenciones que Urquiza siempre le dedicó, demuestran la visión del político y del estadista, y su capacidad para proyectarse más allá de las urgencias y limitaciones inmediatas".

"Al convocar a Concepción del Uruguay a la juventud provinciana, no hacía sino poner la simiente para la formación de una elite a escala nacional. El carácter político de este plan no estaba en contradicción con la forma puramente pedagógica de la empresa".

Los principios fundantes del pensamiento que encaró la gran obra de educar a generaciones de argentinos desde el benemérito Colegio de Concepción no eran otros que el Liberalismo Nacional y Popular del cuál venimos hablando.

El más vivo exponente de esta Generación fue Juan Bautista Alberdi, pensador monumental, educado en el Tucumán del General Heredia y en el seno de una familia de hondas raíces hispanas.

Su perfil ideológico y las dificultades para entender su pensamiento en el contexto de las luchas políticas argentinas, lleva a que autores eruditos, sin embargo, tengan que clasificarlo como un "Liberal Sui Géneris" es decir extraño e inasible, difícil de encasillar al no avizorar la existencia de dos liberalismos.

Autores provenientes de la izquierda "progresista", o de lo que luego veremos como izquierda antinacional, (porque al marxismo le pasó exactamente lo mismo que al liberalismo), confunden de la misma manera los principios y valores ideológicos enfrentados en el conflicto entre Interior y Bs. As.:"...el paralelo de Hernández con Sarmiento se hacía inevitable (a raíz de los dos clásicos de la Literatura Nacional -Facundo y Martín Fierro - tan enfrentados en sus escencias -) el más alto poeta y el más grande prosista de la literatura argentina del Siglo XIX, participaban con obras de muy distinta naturaleza y con ideologías opuestas (oposición entre lo culto y lo popular, lo europeo y lo nacional, el liberalismo y el federalismo, etc.) en la configuración de una cultura nacional".

Aqui Tarcus siguiendo la línea de análisis de Milcíades Peña, habla de dos ideologías opuestas que denomina liberalismo a la de Sarmiento, y Federalismo a la de Hernández, algo francamente asombroso puesto que en las grandes escuelas filosóficas universales el Federalismo no figura y menos como la negación del Liberalismo, ni siquiera como una alternativa. Que dirían sobre esto Adams Smith, Jeremy Bentham o el mismísimo Carlos Marx.

La izquierda tradicional en nuestro País continúa sin percibir, en lo profundo, las ideas políticas argentinas, su conformación y etiología, sin avizorar que el liberalismo fue la ideología de los hombres del Interior.

Sin embargo, justo es decirlo, el autor se acerca a un aspecto del problema al caracterizar a uno como europeizante y al otro como nacional. Los dos Liberalismos de los que venimos hablando.

Fue Juan Bautista Alberdi el hilo conductor y el intelectual que iluminó el camino de Urquiza a Roca. Su influencia ideológica se hizo sentir en todo el interior, pero, fundamentalmente, en el Colegio de Concepción del Uruguay, matriz de la futura generación del 80. Junto a José Hernández, Victorica, Vicente F. López, Olegario V. Andrade, Vicente G. Quesada, Blanes y tantos otros, cuya enunciación sería interminable, le dieron contenido y sabor a la extraordinaria obra del General Roca, otro vástago formidable del Colegio de Concepción.

Fue la generación del 80 la responsable de llevar a los niveles más altos la política de estos principios.

"Los hombres de Paraná fueron aquellos que rodearon a la Confederación Argentina cuándo la oligarquía porteña rehusó plegarse a la unidad del País. No eran todos provincianos los que apoyaron a Urquiza durante aquella larga separación. Por el contrario había numerosos porteños y bonaerenses, a quienes más tarde veríamos unirse a las tendencias nacionales de Avellaneda y de Roca".

Sin embargo entorno a la Generación del 80 se ha levantado un cerco de acusación acerca de su carácter antinacional y europeizante:

"¿Europea la generación del '80? (Se pregunta Ramos). Esa generación es quizás la única verdaderamente argentina, en el sentido de que obró y pensó en las condiciones creadas por la unidad política del joven estado conquistado por el roquismo".

Debemos hacer aquí una nueva disgresión, aunque más adelante analizaremos la denominada izquierda antinacional, una cita de Milcíades Peña (enrolado en esta vertiente) se hace imprescindible para interpretar más significativamente el problema:

"No solo los artículos periodísticos de Hernández, sino la propia lectura del Martín Fierro revelan, con su apología del trabajo, o su imagen idílica de la relación entre estancieros y peones, que no está reflejando los intereses del gaucho, a quién quiere no como gaucho sino como peón de estancias, es decir gaucho domado por el estanciero. Y es precisamente a la clase estancieril a la que viene a servir el nacionalismo liberal de Hernández" (la bastardilla es nuestra).

El izquierdismo llevado a estos niveles promueve una sonrisa, por lo ingenuo del planteo, y porque la lucha de clases al infinito no es marxismo, es exacerbación de la doctrina; lo interesante es que descalifica a Hernández por su nacionalismo liberal, invirtiendo la realidad, como lo ha venido haciendo en general hasta nuestros días la mentada izquierda rosa, su peyorativo nacionalismo liberal es lo que nosotros denominamos con orgullo: liberalismo nacional.

"Nuestros grandes problemas políticos no han sido resueltos, porque no han sido planteados", decía, hace ya muchos años Olegario Victor Andrade, político y pensador del liberalismo nacional.

En vísperas de las elecciones nacionales de l867, y cuándo el General Urquiza aspiraba a presentarse nuevamente, publicó un opúsculo denominado "Las Dos Políticas", este trabajo pasaba revista a los últimos cincuenta años de historia argentina y aspiraba a ser una especie de declaración de principios del Urquicismo.

En ese extraordinario trabajo, donde se percibe la influencia Alberdiana, Andrade profundiza el revisionismo liberal:

"Rivadavia había sido el ídolo del partido localista. ...en su nombre y en su servicio, creó las instituciones de aislamiento, que sirvieron al despotismo de Rosas, y que en la mano de la mazorca fueron el hacha destructora de las vidas y de las libertades del pueblo".

Luego vino Pavón que sólo fue un cambio de hombres y la restauración del ascendiente perdido después de Caseros, la ruina y el desquicio para las provincias, la riqueza y el poder para Bs. As..
La misma política de todos los tiempos aciagos de la República.
Rivadavia, Dorrego, Rosas y Mitre, han sido sus instrumentos.
¡Política sin entrañas! ¡Política fría y egoísta cómo un cálculo, tenebrosa y encarnizada como una venganza, árida y sombría como una duda, yo te maldigo!.
¡Oh, si, yo te maldigo con todas las fuerzas de mi alma!".

De un lado el liberalismo antinacional de los hombres de Bs.As., del otro, el nacional del interior ¡he ahí ! "Las Dos Políticas".

Ingresados al siglo XX dos nuevas ideologías o cosmovisiones se incorporaron a nuestro sistema de pensamiento: El Nacionalismo y el Marxismo.

Ambas padecieron el inconveniente de la territorialización, es decir, la capacidad de adecuarse a nuestra realidad para servir como herramienta de comprensión y cambio, pero les ocurrió el mismo accidente que al liberalismo y así tuvimos un nacionalismo nacional ligado a tradiciones y costumbres populares de honda raíz hispana, democrático en esencia y formas y ubicado en el mismo campo intelectual que el liberalismo nacional, y un nacionalismo antinacional deslumbrado por los nacionalismos europeos de corte autoritario y elitista, heredero del mitrismo, justo en el mismo momento en que en el mundo se ponían de moda los autoritarismos militares.

La izquierda no fue ajena el mismo fenómeno y así tuvimos una antinacional, inspirada en un marxismo británico con fresco aroma parisino, discípula del mitrismo, heredera de sus tradiciones, vacía y sin pueblo, como el Partido Socialista, llevada al extremo más tarde ( al menos un sector) por la brutalidad stalinista, prima hermana de la brutalidad mitrista. Y también una izquierda nacional que contaba tras de sí con todo un pasado ideológico americano y heredera de las mejores tradiciones del liberalismo nacional y del nacionalismo nacional, una izquierda que intuía que tras las barbas de Facundo Quiroga se encontraban las barbas de Carlos Marx.

EL NACIONALISMO

Como dijo Juan José Hernández Arregui: "El Nacionalismo en nuestro País, nació como oposición al Gobierno de Hipólito Yrigoyen".

Este movimiento de marcado carácter aristocrático y elitista era la continuación del mitrismo, exactamente en el momento en que el nacionalismo se ponía de moda en el mundo, como una necesidad, y al mismo tiempo como una respuesta a la crisis económica internacional.

"Las ortodoxias liberales de la competencia en un mercado libre habían desaparecido hasta tal punto que la economía mundial podía considerarse como un triple sistema formado por un sector de mercado, un sector intergubernamental (en que realizaban sus transacciones economías planificadas o controladas como Japón, Turquía, Alemania y la Unión Soviética) y un sector constituido por poderes internacionales públicos o semipúblicos que regulaban determinadas partes de la economía".

El viejo sistema mundial se derrumbaba estrepitosamente, y la aparente fortaleza del capitalismo caía abatida por sus propias miserias, como luego le ocurría al socialismo real, viviéndose en el mundo un "sálvese quién pueda y como sea".

No había una fórmula universal para salir del conflicto. Algunos países encontraron en la izquierda la solución a sus problemas y en otros fue la derecha la responsable de la tarea. Sin embargo algo era común a todos: el alto intervencionismo de estado, que recomendaban los mas talentosos economistas, incluso aquellos provenientes del liberalismo clásico como Keynes.

Tanto el nacionalismo como el comunismo se ofrecían como salvadores de la humanidad, desatándose un furioso enfrentamiento entre sus cuadros.

En nuestro País la situación no se vivía de manera diferente, el nacionalismo había crecido como "resultado de la inquietud espiritual dominante en Europa después de la primera Guerra Mundial y en disconformidad con nuestro régimen individualista que fomentaba la anarquía en una época en que el clima de la sociedad sufría grandes conmociones en el mundo".

El autor se refiere en este texto, concretamente, al temor que la Revolución Bolchevique de l9l7 generaba en ciertos grupos de poder y particularmente en algunos jóvenes inquietos, de pasar acomodado, que observaban preocupados el crecimiento de las huelgas, las manifestaciones callejeras, las banderas rojas, los modales desagradables y lenguajes atrabiliarios en la "criolla" y elegante ciudad, de manera que no se dejaron estar y:
"El 19 de enero de l9l9 se celebró una reunión en el Club Naval presidida por el Contraalmirante Domecq García y a la que asistieron representantes de todos los clubes aristocráticos importantes de Bs.As. y de algunas destacadas asociaciones militares; entre ellos cabe mencionar al Jockey Club, el Círculo de Armas, el Círculo Militar, el Yatch Club, la Asociación de Damas Patricias y miembros de la jerarquía eclesiástica".

De maneras elegantes, y promovida por tan distinguido público nacía el Nacionalismo y la Liga Patriótica, asociación de pitucos y niños bien, que atormentados por el aluvión inmigratorio y las huelgas anarquistas, se habían juramentado, para poner en vereda a los ácratas y revoltosos extranjeros; al fin y al cabo la Patria sabría cómo agradecerles la pedagógica tarea de enseñarles nuestras más sagradas tradiciones mediante el infalible método "de la letra con sangre entra".

Sin embargo su "patriotismo" no les impedía recibir suscripciones individuales de los grandes grupos económicos de la época como el criollísimo "Samuel Hale Pearson y Santiago O. Farrel (Directores del Central Argentino y el Ferrocarril Pacífico) y miembros de la familia Mihanovich, Lacroze y Chevalier Boutell".

Juan Carulla, uno de estos estrafalarios nacionalistas, con el tiempo vinculado a Uriburu, a los hermanos Irazusta, al periódico Nueva República y a los golpistas del 6 de setiembre, es decir a lo más antinacional y reaccionario del nacionalismo "argentino" describió en páginas memorables el cruel y despiadado accionar de la Liga Patriótica, allá en sus orígenes, por l9l9 y en medio de la conmoción de la Semana Trágica:

"...Oí decir que estaban incendiando el barrio judío y hacia allá dirigí mis pasos. Caminé por las calles Junín, Uriburu y Azcuénaga, al principio sin hallar signos patentes de disturbios, salvo la presencia en puertas y esquinas de grupos de hombres, mujeres y niños en actitud expectante. Fue al llegar a Viamonte, a la altura de la Facultad de Medicina, que me tocó presenciar lo que podría denominarse el primer programa en la Argentina.
En medio de la calle ardían piras formadas con libros y trastos viejos, entre los cuáles podían reconocerse sillas mesas y otros enseres domésticos y las llamas iluminaban tétricamente la noche destacando con rojizo resplandor los rostros de una multitud gesticulante y estremecida.
Me abrí camino y pude ver que a pocos pasos de allí se luchaba dentro y fuera de los edificios. Inquirí y supe que se trataba de un comerciante judío al que se culpaba de hacer propaganda comunista. Me pareció sin embargo que el cruel castigo se hacía extensivo a otros hogares hebreos. El ruido de muebles y cajones violentamente arrojados a la calle, se mezclaba con gritos de mueran los judíos, mueran los maximalistas.
De tanto en tanto pasaban a mi vera viejos barbudos y mujeres desgreñadas. Nunca olvidaré el rostro cárdeno y la mirada suplicante de uno de ellos al que arrastraban un par de mozalbetes, así como el de un niño sollozante que se aferraba a la vieja levita negra, ya desgarrada, de otro de aquellos pobres diablos.
El disturbio provocado por el ataque a los negocios y hogares hebreos se había propagado a varias cuadras a la redonda".

Este nacionalismo elegante, elitista, antipopular y antijudío, también era antinacional, su inspiración descansaba en la cultura europea que, sin proceso ni adecuación a la realidad, ingresaba en la cabeza de la juventud dorada.

"En Francia, cuya cultura y mentalidad ejercía poderosa influencia entre nosotros, la acción y la prédica del gran político y nacionalista Maurras y de la Action Francaise provocaba revuelo en estos momentos, lo que trajo aquí profundo interés en muchos jóvenes seduciéndolos y determinando tendencias políticas y sociales definidas en cuanto a combatir el liberalismo y el parlamentarismo, a la necesidad de organizar un Estado vigoroso y un gobierno representativo del país real y no de los comités electoralistas, a los anhelos de la implantación de una democracia funcional basada en las fuerzas sociales y no en los partidos manejados y usufructuados por demagogos y oligarquías de políticos profesionales. Ejercían también influencia las ideas difundidas por Mussolini, y si bien repudiábanse las dictaduras sostenían la necesidad de gobiernos fuertes que mantuvieran enérgicamente el orden social, las jerarquías y la disciplina. Se señalaba el peligro que en esa hora significaba la continuación del demoliberalismo individualista bajo cuyo imperio se desató la guerra universal de l9l4-l8, sistema que parecía derrumbarse y que nos trajo la calamidad del personalismo Yrigoyenista".

El historiador es sumamente claro, Europa y especialmente Francia no había perdido aún su magnetismo en el gran mundo de la intelectualidad argentina, el mimeógrafista no dudaba en exaltarlo, en esto no se diferenciaban de sus ancestros, repetían como loros a sus filósofos admirados.

Marchaban a Europa de francachelas y juergas, los museos y las bibliotecas eran un detalle indeseable, y la lectura medulosa una imposibilidad visceral, esta juventud ligera y profana se acercaba rápidamente a la novedad nacionalista temerosa de la barbarie extranjera.

Este nacionalismo reaccionario y antinacional recuperaba para el presente la memoria de Don Juan Manuel de Rosas, como héroe de una argentinidad perdida. Representaba para estos doctores el orden y la jerarquía de un pasado pastoril, sin obreros, ni inmigrantes, ni anarquistas. Orden y silencio parecía la consigna del momento.

Mala fariña al decir de los españoles.

Don José María Rosa, - el notable historiador -, pilar fundamental del revisionismo histórico e hijo de uno de los fundadores del movimiento nacionalista, que como correspondía provenía del mitrismo, cuenta en un libro los motivos que lo acercaron al rosismo.

Vivía en Santa Fe, donde daba clase y participaba del movimiento cultural de la provincia, allí conoció a un tal Sr. Bello, pero dejémoslo a él que nos lo cuente:

"Había leído a Saldías, después hacia l930 leí el libro de Carlos Ibarguren sobre Rosas. Era muy cierto pero no me pescaba.
Sí me daba cuenta de que había algo en la historia argentina que no coordinaba bien con lo que se enseñaba en los libros de texto, discursos escolares y homenajes académicos. También había oído conferencias de Julio Irazusta en el centenario de la suma del poder público en l935, y el libro de él y de su hermano Rodolfo sobre el imperialismo británico". "Me gustaban, pero. les voy hablar de una persona que tuvo una gran influencia en mi conversión, al rosismo. Un santafesino muy original, muy personal, muy localista Don Alfredo Bello.
Bello no era exactamente un historiador, pero estaba lleno de anécdotas y cuentos históricos. El era muy rosista sin haber leído mucho sobre Rosas. Tal vez nada. Pero le gustaba de alma por criollo, por original, y porque acababa con los cajetillas. Lo que más le gustaba de Rosas era que degollaba gringos y gallegos" (Sic.).

Este era todo su nacionalismo: el desprecio y el odio al inmigrante. Mientras el prejuicio y la xenofobia invadían los hogares argentinos sin importar su condición social. En los sectores criollos más humildes, dónde el contacto con el extranjero formaba parte de la vida cotidiana, los conflictos se multiplicaban en escenas que tenían más que ver con lo risueño que con lo agresivo.

Tanto el sainete como el teatro se inspiraban en este choque cultural que en la mayoría de los casos se resolvía con la integración porque ese era el ejemplo que venía del poder político. Al fin y al cabo el radicalismo en el gobierno no era otra cosa que la incorporación de los sectores medios de origen extranjero al País.

Sin embargo dónde el resentimiento y el desprecio aumentaba con el correr de los años era en los sectores medios altos y altos:

"Mis padres y tías abuelas trataban con visible consideración a quienes los servían y nos enseñaban a comportarnos con ellos de la misma manera. Los hijos de los servidores, blancos o negros, que jugaban con nosotros lo hacían en pie de igualdad.…
Con esto no pretendo dejar sentado que en mi familia no había prejuicios de clase. Los había. Incluso creo que había en la generación de mi padre, un ligero, muy ligero tinte de xenofobia.
No creo que mi padre se hubiese alegrado de que una de sus hijas se casara con un "gallego", o un "gringo" o un "franchute".

Lo de muy ligero tinte de xenofobia puede ser un manto de piedad sobre su familia.

El fantasma de la xenofobia recorría la clase alta argentina y su reacción y defensa era el nacionalismo que en estos casos era ofensivo y excluyente.

Al mismo tiempo este nacionalismo xenófobo presentaba otras variables retrógradas, de subido tono antidemocrático aún en figuras que aspiraban a "crear un nacionalismo argentino, y no imitar simplemente un modelo europeo" como el caso de Ernesto Palacio, quién también se comprometió, en sus orígenes, con el elitismo autoritario de sus pares, al reivindicarlos y justificar su comportamiento intelectual y político:

"Invocaban (los nacionalistas) la vuelta a la tradición nacional para encontrar los remedios que el País urgentemente reclamaba. Su persistente ataque a la democracia se dirigía, sobre todo, contra el prurito de convertirla en religión, con olvido de su carácter instrumental: religión expresada en la creencia de que el simple funcionamiento del sistema constituía una panacea para todos los males.
El Gobierno de Yrigoyen era, justamente, la prueba experimental de lo contrario, demostraba que el hecho de gozar del auspicio de la mayoría electoral no aseguraba la infalibilidad, ni siquiera la eficacia".

En una palabra, este nacionalismo revisionista manifestaba un profundo sentimiento discriminador, aristocrático y europeizante, una reacción enferma al fenómeno de las grandes migraciones mundiales de fines del siglo pasado y del XX, y un esfuerzo por recuperar para las "clases decentes" el espacio cultural perdido por la irrupción de las nuevas capas sociales que accedían al conocimiento y al saber, gracias a la Ley 1420 y a la Reforma Universitaria.

Son estas razones las que me llevan a disentir con la investigadora Quattrocchi-Woisson, quién en una parte de su obra, (profunda en la investigación pero ligera en conclusiones), sostiene que los intelectuales nacionalistas eran un grupo de jóvenes anticonformistas que se rebelaban contra el sistema liberal positivista, y que su reacción al modelo capitalista, al borde del abismo, nacía del análisis meduloso y la critica certera y de la angustia existencial por la decadencia del sistema, al que, los jóvenes virtuosos vendrían a rescatar, desdeñando su mayor impulso vital, la verdadera razón de su existencia política, como era su odio visceral al extranjero.

De ellos dice:
"Apoyándose en una vigorosa reacción espiritual contra el positivismo y el progreso basado en el desarrollo del mundo material, los anticonformistas argentinos intentan retomar contacto con una tradición que sirva de punto de apoyo a la expresión de su desacuerdo. Sin necesidad de buscar muy lejos la encontrarán en los movimientos políticos que, durante el siglo XIX, habían podido oponerse, inclusive puntualmente, al proyecto europeo de civilización. En este movimiento ven una alternativa - poco importa si real o imaginaria - que si bien fracasó, les parecía más cercana de las necesidades de la nacionalidad argentina. ¿Qué mejor modo que cicatrizar las heridas del narcisismo argentino en crisis que atribuirle un pasado glorioso?. El carácter moralizador y terapéutico de esta iniciativa le da al movimiento revisionista su aspecto abiertamente movilizador".

Es una mirada optimista, el rosismo, por aquellos años no ha sido otra cosa que desdén al extranjero.

¿A que movimientos políticos argentinos del siglo XIX se refiere la autora como opositores al proyecto europeo de civilización?, ¿acaso al de los caudillos federales del interior?, se equivoca la investigadora si piensa que Ramirez, López, Artigas, Bustos, Heredia, Urquiza y el mismísimo Rosas eran enemigos del progreso y la civilización, ni siquiera lo eran de Europa, a quien valoraban y respetaban y de la cuál pretendían obtener todo lo que el viejo continente estuviera dispuesto a darles.
El mito del odio al europeo por parte de los caudillos, fue un invento del liberalismo antinacional, que luego tomó la escuela revisionista, sin procesarlo y sin entender que los hombres del interior también eran liberales, pero un liberalismo distinto, genuino, propio, definitivamente nacional.

Volviendo a los nacionalistas, su resentimiento y desconfianza al extranjero fue descripto con vivacidad y elocuencia por el historiador francés Albert Mathiez, quién en solo dos meses de permanencia en el país, comprendió las razones de su existencia:

"El viejo patriciado, descendiente de los colonizadores que poblaron y cultivaron la tierra, ha sido despojado del poder que ejercía desde la guerra de la Independencia (por el Presidente Yrigoyen) Ha sido poco a poco reemplazado en las funciones y en los honores por los recién llegados, inmigrantes que vienen de europa central y oriental, hombres sin bienes, sin tradición y sin cultura. Hipólito es producto de estas nuevas capas sociales, cuyos apetitos sirve".

"El cambio se ha hecho en todos los servicios públicos, en la Universidad tanto como en otras partes. Los viejos profesores, que pertenecían a la aristocracia tradicional, han sido eliminados: Los que administran hoy son gente sin nacimiento, muchos de origen italiano. Hoy he conocido los sentimientos de la vieja aristocracia terrateniente, que sigue siendo muy poderosa aún cuándo ha perdido el poder político".

Por otro lado el Nacionalismo nacional, tiene un origen democrático y genuino, hunde sus raíces en la vertiente político cultural del Yrigoyenismo conocida como personalismo. Pensadores como Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Ricardo Rojas (que se hizo Yrigoyenista luego del golpe de estado del 30) Diego Luis Molinari, el General Mosconi, el General Savio, Homero Manzi y tantos otros, encontraron en el radicalismo el cause a sus ideas.

Los componentes culturales del radicalismo alimentaron a esta corriente y le dieron forma e identidad singular.

El historiador Jorge Abelardo Ramos desarrollo una idea interesante acerca de los orígenes ideológicos de la UCR:

"La Unión Cívica Radical descansa en la contradicción que define al movimiento desde su origen: mitrismo o nacionalismo, transigencia o intransigencia, dilema que ha subsistido hasta nuestros días.
El radicalismo admitió siempre en los hechos esta dualidad. Oligarquía y Revolución nacional, clericalismo y liberalismo, Alemn e Irigoyen, todo nació al mismo tiempo, jamás pudieron escindirse por completo y juntos continúan".

Esta dualidad, esta ambivalencia en las simpatías y antipatías que sus fundadores mantenían sobre lo que denominaban El Régimen se fundaba en que para Leandro N Alemn el Régimen era Roca, símbolo de la corrupción, del despotismo y la inmoralidad de un sistema que debía ser demolido, con ellos era imposible acordar, sus simpatías estaban con la otra vertiente del Régimen: el mitrismo.

Hipólito Yrigoyen, por el contrario tenía una visión distinta del problema, cuanto más se alejaba del mitrismo, (por su condición extranjerizante), más se acercaba al roquismo.

"Yrigoyen siempre vio en Roca, no al escéptico político del régimen de que hablan sus curiosos exégetas póstumos, sino a la corriente más nacional y progresiva que su tiempo admitía..." su política práctica se orientó invariablemente contra los enemigos de Roca, en primer lugar contra el mitrismo. El asociado político de Roca era Pellegrini, a su vez amigo personal de Yrigoyen, lo mismo que su amistad con Roque Sáenz Peña".

Sintetizando, el nacionalismo democrático, que se conformó en las postrimerías del radicalismo y que apareció con todas sus fuerzas luego del 30, hundía sus raíces en el liberalismo nacional de Roca y profundizó sus formas ante la emergencia del nuevo mundo que se abría.

La crisis internacional obligó a los países a encontrar una solución dentro de sus fronteras y así se establecieron murallas entre las naciones, desentendiéndose del proceso de mundialización que le había precedido, especialmente desde la segunda mitad del siglo anterior.
En consecuencia el nacionalismo se transformó, por aquellos años, en una ideología de moda capaz de dar respuestas a muchos de los problemas que afligían a la humanidad.

En nuestro País, fue la década del 30 su período de esplendor, se afirmaron en la oposición y aspiraron a ser gobierno, aunque jamás lo lograron.

La crisis encontró en el poder a los viejos liberales, fueron ellos quienes abrieron la "caja de Pandora" del intervencionismo viéndose obligados a bucear en sus mochilas agotadas, el bagaje de ideas capaces de resolver los nuevos problemas.

A pesar de sus ideas debieron adoptar recetas reñidas con su mundo intelectual, vinieron a gobernar el País, en el momento en que ya nadie creía en su mensaje de laissez fair y laissez passer ni siquiera ellos mismos.

Debieron hacer lo que el mundo reclamaba: intervención, proteccionismo, sustitución de importaciones, estado de bienestar y no se habían preparado para ello.

No eran dueños de hacer lo que querían, la historia no les daba tregua ni escapatoria, estaban en el poder y no deseaban perderlo.

La revolución copernicana en la que entraron debió haber sido similar a la que muchos años después vivió el peronismo bajo la conducción de Menem, que habiendo sido educados para intervenir y controlar la economía desde el centro del estado, llegaban tarde y con recetas viejas, a un mundo que esperaba de ellos otras propuestas, había que cambiar todo y sobre la marcha.

Volviendo a los años '30, el nacionalismo se transformó en una ideología de punta, capaz de resolver muchos de los inconvenientes planteados.

En nuestro País el nacionalismo nacional lo logró, heredero de las tradiciones del liberalismo nacional de la generación del '80, a pesar de que muchos de los pensadores de esta vertiente jamás lo sospecharon, supo sin embargo interpretar el momento.

Para terminar podríamos agregar que el Nacionalismo en la Argentina reconoce dos etapas y dos orígenes distintos:

La primera, la de la reacción contra el radicalismo y la inmigración, como movimiento reaccionario y conservador, en la vieja línea del mitrismo.

La segunda y ante la crisis y desde el interior del radicalismo, un grupo de intelectuales se vio impelido a profundizar sus análisis y sus argumentos para encontrar respuestas válidas al momento.

Se equivocaba entonces el historiador Manuel Galvez, cuando atribuía al nacionalismo aristocrático el antecedente ideológico del nacionalismo popular:

"El nacionalismo de mis amigos de la Nueva República era harto incompleto pues no figuraba entre sus ideas la justicia social. El nacionalismo autentico el que surgió en la segunda mitad de la década del 30 al 40, incluía estos puntos esenciales: recuperación nacional, defensa de la soberanía, jerarquía y justicia social: mis amigos, pues, solo eran precursores del autentico nacionalismo".

De ninguna manera podían ser considerado amigos o parientes los que militaban en campos ideológicos antagónicos; a pesar de ser reiterativos, el antecedente inmediato del nacionalismo nacional era el liberalismo nacional o sea el roquismo, como el mitrismo lo era del nacionalismo aristocrático.

EL MARXISMO

Como ya dijimos en otra parte de este ensayo al marxismo le ocurrió lo mismo que al liberalismo y al nacionalismo, hubo uno de inspiración foránea, prearmado en Europa, de perfecta aplicabilidad a otras realidades, pero de dudosa efectividad, aquí, en América.

Incorporado a la vida político intelectual argentina a fines del siglo pasado tuvo una extraordinaria influencia en las generaciones posteriores.

Hubo otro que logró "traducir" los principios generales de la teoría para aplicarlos a la realidad circundante, modificando lo que fuera necesario, para que en el cruce del océano no perdiera efectividad.

Al primero lo denominaremos izquierda cipaya o antinacional, y al segundo izquierda nacional, caracterización que tomamos de autores de la década del 60 de este siglo como Ramos, Jauretche, Puigros y Hernández Arregui entre otros.

El primero tuvo origen a fines del siglo pasado y sus principales espadas fueron Juan B Justo y Nicolás Repetto, quienes dieron sus primeros pasos políticos del brazo del mitrismo, en la Revolución del 90. Bajo su influencia armaron el ideario que iluminó gran parte de su obra.

Fervientes defensores del esquema "civilización o barbarie" creyeron ver en él, el principio fundamental del marxismo, aquel que decía que solo el progreso y el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas, lograrían a vuelta de página la instauración del socialismo.

Para Marx y Engels el Socialismo era la culminación o por lo menos el punto más alto alcanzado por el pensamiento de occidente, y al mismo tiempo la superación del capitalismo.

Juan B. Justo y sus seguidores, respetuosos de estos principios, entendían que aquí en Argentina esa ecuación, universalmente válida, era fácilmente asimilable a la famosa dicotomía planteada por Sarmiento en su libro "Facundo".

La Barbarie era para estos marxistas lo mismo que para el Mitrismo, el pasado feudal que era necesario extirpar en beneficio del progreso como decía Mitre, o para posibilitar el normal desenvolvimiento del capitalismo como decía Marx y repetía como loro Justo.

El marxista argentino al explicar las razones del fracaso del interior gaucho decía:

"Porque eran de una incapacidad económica completa...
Su triunfo hubiera significado el estancamiento económico del país, su aislamiento del resto del mundo, revolucionado ya por entonces por el vapor y la electricidad. Si los gauchos hubieran vencido a la burguesía argentina, este país hubiera sido por algún tiempo un gran Paraguay...".

Para Justo, Bartolomé Mitre representaba a la burguesía argentina, el desarrollo industrial y el progreso indefinido.

En una palabra para este pensador de izquierda el triunfo de Mitre y Sarmiento sobre Urquiza en Pavón en l86l era fundamental y en el sentido de la historia deseada: el arrollador avance del capitalismo.

Esta interpretación "marxista" del mitrismo, muy firme a comienzos de siglo, no se agotó con el pasar de los años, por el contrario fue conservada por otros pensadores de la misma escuela, que cincuenta años después continuaban afirmando:

"Con, todo es innegable, que en cierta y determinada coyuntura, Mitre planteó una política nacional burguesa".

Así las cosas y confundiendo burguesía con oligarquía, es decir desarrollo industrial autónomo con capitalismo dependiente, era entendible su posterior ubicación en el campo de las ciencias sociales y de la política. Tan absurdo como confundir proletariado con gerentes. En buenas manos dejaban la revolución socialista.

Esta asimilación o confusión hicieron del Socialismo argentino, la vertiente izquierdista del mitrismo y por supuesto de sus herederos políticos.

No fueron estos, por cierto, sus únicos errores; al insistir ortodoxamente con los principios liminares del marxismo acerca de la lucha entre burguesía y proletariado, perdieron de vista que "en un país sin un verdadero proletariado y sin una verdadera burguesía industrial su acción se dirigía a interferir y dificultar el proceso de industrialización nacional".

Viene a completar la idea Ramos al afirmar:

"Toda esta fraseología revolucionaria venía a significar que el partido Socialista de la Argentina se aislaba de la aplastante mayoría de la población del Continente, que no era obrera, que no podía adquirir una conciencia histórica proletaria y que no podía organizarse en partido de clase".

Amen de lo apuntado, ignoraron el papel que le cupo a Inglaterra como potencia imperialista. Desdeñaron este concepto, observable desde comienzos del siglo XX.

Ignoraron los grandes debates teóricos que se produjeron en el pensamiento marxista internacional, a comienzos del siglo XX, fundamentalmente a partir de una vuelta de tuerca que el dirigente ruso, Lenin, promoviera en el marxismo, al valorizar las luchas nacionales, es decir el enfrentamiento entre naciones opresoras y naciones oprimidas.

Decía el revolucionario citado:
"...que la negación de la nacionalidad en nombre del internacionalismo, con frecuencia implicaba la subordinación de una nación al nacionalismo de otra más poderosa".

Lenín entendía que la lucha por la liberación nacional era esencial para la revolución socialista. En una palabra el socialismo comenzaba, allí, donde las naciones pobres se revelaban contra las poderosas. De no sostenerse a estas guerras patrióticas, el socialismo, lamentablemente, se alejaba tras la línea del horizonte.

La rapíña de las naciones centrales, al aprovecharse de la riqueza de las periféricas, complicaba en el proyecto imperial a su proletariado, mediante el sistema de derramar la riqueza de las copas superiores a las inferiores para alcanzar al conjunto de la sociedad.

En el caso argentino y en la relación comercial con Inglaterra en el período l861-l930 la baratura de nuestros alimentos, lo que se denominaba ventajas comparativas, posibilitó al Imperio frenar cualquier demanda de aumentos de salarios obreros en su País. Sin ahogar la vida económica de los sectores proletarios, y sin producir aumentos nominales en sus salarios, sin embargo, elevaban el nivel de vida de su pueblo por el sencillo mecanismo de ofrecer alimentos más baratos en su mercado interno. Mejorando por vía indirecta el nivel de vida de su pueblo.

De modo que la clase obrera y los dirigentes políticos de los países desarrollados apoyaban el modelo imperial.

El Socialismo, expresión política de los trabajadores industriales europeos se reunió en el Congreso Internacional de Amsterdan de l907, dónde sus principales espadas trataron el problema colonial, allí el dirigente Van Kol de Holanda, país imperial, pionero en la conquista de mares y territorios que no le correspondían y expresión brutal del colonialismo primigenio, sostuvo: "colonias hubo siempre y que, seguramente, las habría también en las épocas en que el socialismo se impusiera en el mundo" justificando de esta forma el coloniaje.

Como decíamos, este concepto fundamental de Lenin, que también tomaría Trostky, desactualizaba la conocida consigna de Marx: "Proletarios del mundo uniós"; puesto que no podían ponerse de acuerdo los que vivían del trabajo ajeno y especulaban con su desigualdad.

Los tiempos cambiaban para todos, y el talento consistía en saber adaptarse, y asimilar la realidad. La novedad del imperialismo desactualizaba conceptos marxistas e imponía una inmediata revisión de la historia.

En la época en que Marx escribió su más profunda obra, "El Capital", no era observable, todavía, el fenómeno imperialista. De ahí la importancia política del planteo de Lenin que por supuesto no fue aceptado por el conjunto del universo marxista.

Las guerras nacionales del siglo XX que se gestaban, independientemente de la acción política de las izquierdas, en la mayoría de los casos, eran incomprendidas por el pensamiento marxista. Solo hubo honrosas excepciones en las que dirigentes de formación marxista impregnaron a la doctrina valores esenciales de su cultura, o para decirlo de otro modo fueron capaces de adaptar la filosofía gestada en occidente y aplicarla en la inducción de cambios revolucionarios en sus naciones. Comprendieron primero la historia de la lucha de clases en su patria, la que venía de lo profundo de sus tradiciones, las injusticias milenarias; no solo las que promovía el capitalismo - en muchos de los casos las generadas por la falta de él - sino las de siempre, las que sus pueblos identificaban, casi, de manera atávica.

Algunos de los dirigentes que supieron adaptar la teoría a la práctica fueron Mao Tse Tung y Ho Chin Ming entre otros.

Sin embargo su ejemplo, de todos modos, no sirvió, porque ya bien entrado el siglo XX y cuando promediaba la década del '60, sobrevolaban por América latina los nuevos loros barranqueros, aquellos que ya no les alcanzaba con repetir a Marx, a Engels, a Lenín y cuanto filósofo cayera en sus manos, ahora obnubilados por los dirigentes orientales, buscaban afanosamente las hambreadas masas campesinas, para iniciarlas propiciatoriamente en la gran marcha, o conducirlas hacia la muerte en alguna selva tropical. ¡Tan monos eran! que no les alcanzaba con imitar los principios, había que copiarlo todo con geografía incluida también. ¡Qué locura!.

Este disparate que hoy puede ser ironizado, sumergió al País en uno de los períodos más trágicos y aberrantes de nuestra historia, tan nefastos como los generados por la conducta de nuestros liberales antinacionales que en el siglo pasado nos pasearon por el mismo escenario de muerte y frustración.

Este nuevo error de la izquierda argentina los alejaba dramáticamente del pueblo, al que no comprendían. Su imposibilidad para hacerlo, su ideología antinacional, su poca voluntad de adecuación al país, puede ser ejemplificada palmariamente con una anécdota del dirigente socialista Nicolás Repetto, quién al visitar Santiago del Estero pudo exclamar al igual que Abelardo Castillo en su novela "Polvo y Espanto" que dicha provincia era el arquetipo de la barbarie:

"Me puse en marcha con el presentimiento de que mi viaje se reduciría a una simple excursión costeada por media docena de abnegados socialistas santiagueños. Este presentimiento se fue robusteciendo durante el viaje, por el aspecto inculto y miserable de la provincia que recorría. No concebía como el socialismo habría podido atravesar, sin perecer, aquel inmenso desierto de la civilización".

¡Que notable¡ esta manera de observar una provincia pobre, desde el balcón altivo del saber, fue muy similar a la idea que un liberal antinacional, poseía, casi cien años antes, sobre el mismo pueblo y la misma provincia.

El Dr. Manuel de Tezanos Pinto, diputado rivadaviano al Congreso de l824 fue enviado al Interior para lograr el apoyo de los Caudillos a la Constitución antiprovinciana del '26. Quedó horrorizado ante el panorama desalentador, casi un insulto al buen gusto, ofrecido por nuestros compatriotas provincianos; retornó espantado de aquel infierno. Veamos como desarrolla el tema Luis Alen Lascano:

"Rodeado de su aurora doctoral, el engolado emisario rivadaviano, hizo su aparición en la aldea capitalina el mes de enero de l827. Portaba los folios Constitucionales en sus maletas, y vestía con levita y galera alta. Tieso y erguido, parecía no sentir los fuertes calores de aquel verano, con rigurosos 40° grados normalmente.

Caminaba bajo el fuerte sol, a despecho del tierral de las calles, entre las miradas socarronas de los santiagueños ante un personaje de exótica vestimenta para el clima y el lugar. Con la calma sobradora del provinciano, a quién no impresionan los desplantes, Ibarra lo esperaba en su casona, en una esquina lateral, a dos cuadras de la Plaza.
Vestía camisa, calzoncillos y pañuelo en la cabeza, en un traje semisalvaje, tomado de propósito para poner en ridículo al Soberano Congreso, como luego informaría el Diputado".

Abelardo Ramos nos cuenta así la escena:

"...el enviado, hombre adicto a las formas, se presentó en la casa del gobernador, en una de esas tardes bochornosas de Santiago, con galera de pelo, levita abotonada, pantalones de grueso paño y puños almidonados. El caudillo lo recibió sentado en el umbral de su casa, descalzo, con chiripá y vincha, en camiseta y tomando mate".

La línea entre el liberalismo antinacional y la izquierda antinacional era directa, renegaban de una realidad que si era dolorosa no dejaba de ser nuestra.

La sicología podría aportar valiosos datos para explicar conductas negadoras y poco plásticas e impermeables a la realidad circundante. Le dejamos a ella esta formidable tarea.

Esta incapacidad para la comprensión los trasladó al terreno peligroso de enfrentar al radicalismo y especialmente a Irigoyen, a quién descalificaron por ser la expresión desvalorizada de la política criolla.

No pudieron ver en él, las posibilidades políticas de un desarrollo autónomo de la argentina, o de un atisbo de soberanía en las decisiones nacionales, o tan siquiera la posibilidad de redistribución de la riqueza en el País construido a partir de l861 por el mitrismo. Estas y otras actitudes los ubicó en una vereda distinta a la del pueblo desposeído, que en términos generales acompañaron al Caudillo radical.

En las elecciones de l9l6 prefirieron acercar sus electores a los candidatos conservadores para evitar el triunfo de Yrigoyen, atacaron sistemáticamente a su gobierno con la misma saña con que lo hacían los conservadores y participaron activamente del golpe de Estado del año '30.

En fin todo su desarrollo intelectual estuvo orientado en un sentido contrario a la dirección de los sumergidos, sector social al cual ellos creían defender. Habían perdido el camino de la redención.

El Partido comunista, escisión del Socialismo no le fue a la zaga en errores, algunos reconocidos por su propio fundador:

"...el joven partido incurrió en errores sectarios manifiestos, atribuibles a que todavía tenía ante si la tarea básica de asimilar el marxismo leninismo, y cuya falta le dificultó una comprensión adecuada del carácter de la revolución en el país y por lo tanto, de sus fuerzas motrices y del problema de los aliados del proletariado".

Es conocido en la historia política de nuestro país el dramático alejamiento del proletariado que sufrió el Partido Comunista y la interpretación que este elaboró del peronismo: Es útil recordarlo que para las nuevas generaciones que recién se asoman a la vida política y tienden a creer ingenuamente en el progresismo de ciertas formaciones políticas de izquierda.

El comunismo, como expresión política importante o alternativa de poder prácticamente ha desaparecido en el mundo (el notorio fracaso en la Unión Soviética y en los países sobre los cuales ejerció su dominación le hicieron perder credibilidad). En la argentina deben sumarse además esfuerzos propios e intransferibles para el fracaso; una voluntad manifiesta para el vacío, mas vinculado a la incomprensión del País que a la marcha general del comunismo en el mundo, en una palabra, su adversidad en la argentina de alguna manera anticipaba la otra.

Rodolfo Ghioldi influyente teórico del comunismo, para explicar el peronismo decía:

"conglomerado social incapaz de generar una revolución y en la última hipótesis, será sencillamente contrarrevolución, aún cuándo ese grupo de fuerzas contara con vastísimo apoyo popular".
Luego asimilaba el peronismo al nazismo en una página escatológica que ni los funcionarios norteamericanos de la época, como Braden, se hubieran animado a sostener, para finalmente descalificar, a los autores que sostenían el carácter popular y progresista del peronismo, por la magnitud de sus votos:

"¿Votos? Los tuvo Hitler, En julio de l932 con l3,7 millones de votos obtuvo 7,3 millones más que en l930; y en las elecciones de l933 llegó a los l7,7 millones".

La comparación no podía ser más odiosa. De todos modos el argumento sigue repitiéndose, como lo hemos señalado al comienzo del trabajo, por boca de reconocidos historiadores como Portantiero o Halperin Donghi.

Los progresistas, como se han bautizado ahora, no son nada más que los continuadores del viejo izquierdismo antinacional. Continúan pontificando sobre la justicia y la libertad de los pueblos. Ya no hablan de propiedad social y dictadura del proletariado, ahora, superado el acné juvenil, tratan de encontrar nuevos "escenarios" dónde lograr que los viejos "paradigmas" ingresen en la mente de los políticos e intelectuales "reciclados". Antes estuvieron contra Perón y ahora contra Menen. Estos progresistas, son retrógrados, su ideología: el vacío de ideas.

Parece un juego de palabras. Pero resulta grave en estos momentos y es ahora cuando mas se nota su pérdida del camino del pueblo. Ahora vienen a "descubrir" la pobreza y la injusticia social ¡Es que hay un gobierno peronista en el poder!.

Ahora justamente, cuando hay un gobierno elegido por la enorme mayoría del pueblo, que lucha denodadamente por combatir la pobreza y promover el progreso, ellos no lo apoyan ¡¡Lo pelean!!.

Desde esas usinas, hoy refugiadas en la Universidad, no se ha producido nada en el campo de las Ciencias Sociales que sea novedoso y recreativo de las nuevas realidades latinoamericanas.

Esos viejos fantasmas que en la actualidad atosigan la conciencia de los jóvenes - como el de Canterville - "esa careta idiota que tira y tira para atrás"- poco tienen para darle a la juventud que no sea la recurrencia a ideas, ya obsoletas desde los inicios del siglo.

Sin embargo y a la luz de las nuevas realidades, quizás el punto más trascendente de divergencia entre la izquierda cipaya y la izquierda nacional sea el concepto o la idea acerca de la unidad Iberoamericana.

Aspecto que creo divide aguas tanto en el campo del liberalismo como en el del nacionalismo.

Ya, en sus comienzos a Juan B Justo y al Partido Socialista le importaba poco y nada el tema de la unidad latinoamericana, es más descalificaba cualquier acción política e intelectual encaminada hacia esos rumbos.

Sus disgustos con Manuel Ugarte guardaban esta raíz. El debió irse expulsado del partido de Justo expresamente por sus ideas acerca de la unidad Iberoamericana.

La vida de Manuel Ugarte, es un ejemplo de lucha abnegada, al servicio de estos ideales.

Sus trabajos, desarrollados durante los primeros treinta años de este siglo estuvieron orientados a generar conciencia acerca de la unidad y el destino de Iberoamérica.

Sus principales escritos: El Destino de Un Continente, El Porvenir de América Latina, Mi Campaña Hispanoamericana, La Patria Grande, La Reconstrucción de Hispanoamérica, no tienen otro sentido que la difusión militante de estos temas.

Varios son los libros sobre este autor, que ilustran su ideario y conducta, a quienes remito, para obviar en este trabajo aspectos ya esclarecidos sobre Ugarte:

Ramos Jorge Abelardo: "Manuel Ugarte y la Revolución Latinoamericana". Galasso Norberto: "Manuel Ugarte". Hernández Arregui Juan J: "La Formación de la Conciencia Nacional". Marianetti Benito: "Manuel Ugarte".

Pero antes de ingresar de lleno y específicamente en el tema iberoamericano, urge resaltar, aunque no hayan sido los temas históricos el fuerte de este autor, el punto de partida desde dónde aborda su observación de América Latina:

"He pensado siempre que España debe representar para nosotros lo que Inglaterra para los EEUU: el antecedente, el honroso origen, la poderosa raíz de la cual fluye la savia primera del árbol. En medio de la desagregación política y en una etapa de cosmopolitismo inasimilado, para mantener el empuje y la hilación de nuestra historia, conviene no perder de vista ese glorioso punto de partida, esa espina dorsal de recuerdos".

Por este camino de la reivindicación española de nuestro pasado, como necesidad imperiosa de la unidad, Ugarte se acerca al punto nodal de nuestra historia, a la divisoria de aguas, ya narrada cuando abordamos el pensamiento liberal, como fue y es la interpretación conceptual de la Revolución de Mayo. Veamos como opinaba Ugarte:

"En las luchas de la independencia y en las guerras civiles que siguieron después, en el medio siglo de desorden ..."...aparecías (España) toda entera, con tu oscurantismo y con tus rebeliones, con tu cara negra y con tu cara roja ,como si por un inconcebible sortilegio, se reflejara un continente en otro y hubiera dos Españas, desgarradas al mismo tiempo por la lucha de un pueblo reformador y democrático contra una oligarquía pretenciosa y tiránica. En las alturas predominaba el autoritarismo. En la masa fermentaban ideas democráticas. Si el movimiento de protesta contra los virreyes cobró tan colosal empuje, fue porque la mayoría de los americanos ansiaba, obtener las libertades económicas, políticas, religiosas y sociales que un gobierno profundamente conservador negaba a todos, no solo a las colonias, sino a la misma España. No nos levantamos contra España sino en favor de ella y contra el grupo retardatario que en uno y en otro hemisferio nos impedía vivir".

De esta manera y profundizando los conceptos acerca del ideario de la Revolución Francesa en los patriotas españoles y su traspaso a América, Ugarte se sitúa en la línea de los autores nacionales, no importa si liberales, marxistas o nacionalistas y en la línea de pensamiento de Juan Bautista Alberdi, quizás el más trascendente del siglo XIX argentino.

Lo inquietante del pensamiento de Ugarte, como así mismo el de Alberdi, es su similitud con el de Carlos Marx, quién en su formidable trabajo sobre la Revolución Española sostenía idénticos principios que los intelectuales argentinos.

El filósofo alemán infiere, que, si bien la rebelión española es el resultado de la invasión francesa en la península, los principios de esta rebelión hay que encontrarlos en las ideas del siglo XVIII, en los principios revolucionarios del liberalismo francés, pero procesados por la cultura española.

"Examinando, pues, más de cerca la Constitución de l812 llega a la conclusión de que, lejos de ser una imitación servil de la Constitución francesa de l791, era un producto original de la vida intelectual española, que resucitaba las antiguas instituciones nacionales, introducía las reformas reclamadas abiertamente por los escritores y estadistas más eminentes del siglo XVIII y hacía inevitables concesiones a los prejuicios populares".

Al mismo tiempo caracterizaba la dualidad del fenómeno peninsular.

Luego de abordar la descripción de una España Monárquica, descompuesta bajo el imperio de una camarilla corrupta, señalaba que en:
"Los dos primeros años (de la revolución 1808-l810) una muy resuelta tendencia hacia las reformas sociales y políticas, como lo prueban todas las manifestaciones de las juntas provinciales de aquella época, que, aún formadas como lo estaban en su mayoría por las clases privilegiadas, nunca se olvidaban de condenar el antiguo régimen y de prometer reformas radicales, como el manifiesto fechado en Sevilla el 28 de octubre de l809: Un despotismo degenerado y caduco ha desbrozado el camino a la tiranía francesa. Dejar que el estado sucumba a consecuencia de los antiguos abusos, constituiría un crimen tan monstruoso como entregarnos a manos de Bonaparte".

El formidable poeta español, Antonio Machado, retratista genuino del alma popular, finísimo e intuitivo escritor hasta el embeleso, de las más enérgicas tradiciones peninsulares, en alguna oportunidad cantó a la bifrontalidad de su patria:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
Entre una España que muere
Y otra España que bosteza
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón

Finalmente, Marx y sobre la rebelión americana decía:

"Que como ya habían comenzado a sublevarse, las Cortes reconocieron a los españoles de América los mismos derechos políticos que a los de la península, proclamaron una amnistía general...".

En una palabra una extraordinaria revolución social en España, desgranada de la revolución general europea se trasladaba a América.

Desde este punto de partida, Ugarte, nítido exponente de la generación del 900, heredera de la generación del 80, pero acoplada a las nuevas ideas sociales que embargaban el corazón y la inteligencia de los jóvenes del nuevo siglo, no desmayaba en su lucha por la Unidad de América Hispana.

Pensador proveniente de la izquierda, instaló el tema, en la conciencia de los políticos del futuro. Sin embargo a la izquierda cipaya el asunto le fue indiferente y no revestía interés.

Al Partido Socialista el tema ni siquiera le rozaba, pero al Partido Comunista, ingratamente, le molestaba, uno de sus principales dirigentes Vittorio Codovilla llegó a exclamar, frente a la insistencia de dirigentes latinoamericanos que como Haya de la Torre, abogaban en el Congreso de Bruselas por una declaración favorable a los pueblos latinoamericanos "que perezcan, por último,
estos veinte pueblecitos con tal que se salve la Revolución Rusa".

En fin todo un programa que heredó lamentablemente un sector del "progresismo" al cuál el tiempo, que todo lo puede, si embargo, no logró hacer mella ni horadar su pensamiento.

Un autor que allá por los años cincuenta, se ofrecía como un robusto crítico del stalinismo, no pudo, desprenderse de sus rémoras y prejuicios; Silvio Frondizi, a quién nos referimos, profundizaba aún más el abismo que lo alejaba de un pensamiento nacional:
"Los representantes de las corrientes pequeño-burguesas, ya sea en el campo burgués o en el marxista, sostienen también la tesis de la integración latinoamericana.
El problema se circunscribe a saber si tal tarea puede ser realizada por las burguesías nacionales o por el contrario es tarea que cabe exclusivamente a las fuerzas que actúan en la revolución socialista.
Sostenemos la última alternativa, dado que: desde el punto de vista general, las burguesías nacionales son, por definición nacionales. Y esto es tanto más válido en nuestra época, en que las burguesías, para poder sobrevivir deben luchar a dentelladas entre ellas".

Esta postura ultra izquierdista lo empujaba a desdeñar (seguramente) por "burguesa", o ni siquiera a registrar, el embrión de Unidad intentado por el Gobierno de Perón con su fórmula conocida como el ABC.

De todos modos, quizás haya algo de cierto en la debilidad de las burguesías para lograr la unidad, por lo menos, en aquellos años de mercado internismo, pero esto último como consecuencia de un mundo cerrado a causa de la crisis y de la guerra y de su correlato ideológico: los nacionalismos e izquierdizmos preconizados en el período y herederos de una tradición liberal mitrista de mirada corta y vuelo rasante.

Por eso su afirmación

"La única posibilidad de realizar la unidad latinoamericana está dada por la toma del poder por las fuerzas socialistas" .

Esta frase que hoy suena estentórea y grandilocuente y además errónea, revelaba ya por aquellos años que el izquierdismo cipayo estaba atado a los férreos moldes ideológicos que imponía el período, como también a lo abstruso de su ideología.

Si Perón, Vargas o cualquier otro dirigente "burgués" arriesgaban caudal político en la carrera por la unificación iberoamericana no importaba, ni siquiera como registro intelectual.

En la década del 90, con un ciclo de sustitución de importaciones agotado en las patrias chicas, los gobiernos latinoamericanos, que no son, por cierto, genuinos representantes del socialismo revolucionario, han iniciado un camino, sin retorno, por la unidad, y paradójicamente lo hacen al compás del liberalismo.

Evidentemente hay algo que ha salido mal o mejor dicho, ha salido ¡muy bien! pero aprendido muy mal.

Es hora del replanteo de algunas "verdades" que hoy ya no tienen vigencia y que confunden a buena parte de la intelectualidad argentina, se hace necesario, hoy, más que nunca un nuevo revisionismo histórico capaz de reactualizar los mismos principios pero a la luz de los tiempos que corren.
Otro autor "marxista", aunque su caso es más delicado por el despiste ideológico en el que se sumergió, infiere que: la balcanización de América Latina es un mito. (Milcíades Peña).

Este autor en busca de polémica "prestará menos atención a la vertiente más conservadora y aristocratizante de Ibarguren o Irazusta, para centrarse en la vertiente populista del revisionismo, dados su mayor impacto popular y su penetración en la cultura de izquierda".

De manera que en esta parte de su estudio se dedicará en lo fundamental a criticar el pensamiento de Jorge Abelardo Ramos (representante de la izquierda nacional) rememorando viejas polémicas, que en otras épocas se daban dentro del campo del liberalismo y del nacionalismo según fuera nacional o antinacional. Como las de Alberdi y Mitre, Alberdi y Sarmiento y ya en el siglo XX las de Ibarguren, Irazusta con representantes del nacionalismo nacional, Jaurteche, S Ortiz, J Hernández Arregui, etc.

"Peña impugnará esta genealogía (la que Ramos ha establecido en orden a la Unidad Iberoamericana: San Martín, Bolivar, Ugarte, Perón) desde sus cimientos: en América Latina no tuvo lugar un proceso de "balcanización", de "desarticulación", pues jamás hubo una unidad nacional preexistente". Imposible es, desde luego, desarticular lo que nunca estuvo articulado".

Esta idea sirve a Peña de base para ignorar el drama enorme de Latinoamérica, que es el de su desmembramiento y desunión.

Para la izquierda antinacional no fue, este, un problema teórico ni practico, porque las revoluciones socialistas debían darse en los estrechos marcos de pequeñas provincias autocentradas, como era la veintena de países iberoamericanos, con un pequeño mercado interno sustitutivo de importaciones, dónde encontraban todos los componentes sociales descriptos por los grandes teóricos del marxismo: proletariado, burguesía, imperialismo, oligarquía; con todos estos condimentos, bien aderezados con la filosofía de moda, conformaban un modelo para armar, aunque sólo fuera una construcción en el aire, para aprender de memoria.

Valoraban al infinito la Revolución Cubana, porque en su miniatura y pequeñez creían ver el rompecabezas perfecto del pensamiento moderno. Todo precisamente encuadrado, dentro de un estrecho territorio, capaz de ser observado con sólo un golpe de vista.

Por fuera de esto, la historia no avanzaba, y ni siquiera interesaba. Beatriz Sarlo intelectual de "izquierda" Directora de la revista Punto de Vista, asesora de la candidata a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Graciela Fernández Meijide y autora de varios ensayos, demandados con avidez en estos ambientes intelectuales, cae en el mismo error al valorar en América Latina solo los procesos "revolucionarios" tradicionales e ignorar o dar la espalda a los formidables acontecimientos de unidad continental que se viven en la actualidad, por carecer para estos grupos ideológicos de algún interés.
En un reportaje realizado para el matutino Clarín (Zona 20/06/99) la autora manifestó a la pregunta del periodista sobre la nueva realidad Latinoamericana:
-"El tema de América Latina acabó, pasó. Esta zona, que pareció interesante cuando se pensaba en la revolución, se ha transformado en algo poco o nada interesante para nadie".

En consecuencia todos los esfuerzos puestos en otros temas como la consolidación de mercados ampliados o alianzas de países en aras de unidades mayores era descartado como desviaciones burguesas o problemas teóricos menores.

La desesperada campaña del CHE en Bolivia, estudiada y entendida por estos intelectuales bajo la lupa de la teoría del foco, el campesinado revolucionario, y el socialismo, ignoraba lo esencial: la fatal necesidad de salir del encierro y abrazar a una Latinoamérica unida.

Sin embargo Peña y el "progresismo" que lo heredó "buscó entender el proceso de constitución del Estado y de la Nación en clave materialista, esto es en relación a los procesos sociales de constitución de un mercado interno y de una clase dominante a nivel nacional".

Todo en pequeño y estrechamente. Que lejos están del pensamiento de los grandes teóricos y revolucionarios del marxismo.

Leon Trostky en sus escritos sobre Latinoamérica afirmaba:

"Sud y Centro América sólo podrán romper con el atraso y la esclavitud uniendo todos sus estados en una poderosa federación".

Este aserto que hoy posee una vigencia extraordinaria vinculado a otro formulado en el mismo libro, enciende una vigorosa luz que ilumina los grandes problemas a resolver en el presente:

"El México semicolonial está luchando por su independencia nacional, política y económica ( el revolucionario ruso hace referencia en estos párrafos al gobierno del General Lázaro Cárdenas) Tal es el significado básico de la revolución mexicana en esta etapa.
Qué dirección tome el posterior desarrollo económico de México depende, decisivamente, de factores de carácter internacional. Pero esto es cuestión del futuro. La revolución mexicana está ahora realizando el mismo trabajo que, por ejemplo, hicieron los EEUU de Norteamérica en tres cuartos de siglo, empezando con la guerra Revolucionaria de la Independencia y terminando con la guerra civil por la abolición de la esclavitud y la unidad nacional. El gobierno británico no sólo hizo todo lo posible a finales del siglo XVIII para retener a los EEUU bajo la categoría de colonia, sino que más tarde, durante los años de guerra civil, apoyó a los esclavistas del sur contra los abolicionistas del norte, esforzándose, en beneficio de sus intereses imperialistas, en hundir a la joven república, en un estado de atraso económico y de desunión nacional.
La tarea histórica de los del norte consistía en limpiar el terreno para un desarrollo de la sociedad burguesa democrático e independiente. Precisamente esta tarea está siendo resuelta en esta etapa por el Gobierno de México, El General Cárdenas es uno de esos hombres de estado, en su país, que han realizado tareas comparables a las de Washington, Jefferson, Lincoln y el General Grant".

La equiparación de la revolución burguesa norteamericana, que constituyó a EEUU en una potencia industrial, con la revolución mexicana y a Lázaro Cárdenas con los grandes dirigentes burgueses del Norte, es un enorme hallazgo, especialmente por provenir de uno de los grandes teóricos y políticos del marxismo, pero, quizás, lo más importante es que desliza el argumento de dejar librado a factores internacionales la posibilidad de su concreción que sólo el futuro podrá aclarar.
Habilitando de esta manera la posibilidad, aún, en este siglo de revoluciones burguesas que se planteen objetivos tan claros como la unidad nacional.

PERÓN Y LA REVOLUCION DEL 6 DE SEPTIEMBRE

La crisis del Gobierno de Yrigoyen se desplegaba arrolladoramente, no obstante haber ganado las elecciones nacionales con más del 60% de los votos.

A solo un año de ellas, sin embargo, la oposición lograba inflingirle algunas derrotas electorales que en vez de darle ánimos para esperar el normal desarrollo de la vida en democracia y vencer al Yrigoyenismo en los términos del sistema, la encabritaba sin remedio, disponiéndose a asaltar el poder, pasando por encima de las instituciones.

El clima político generado en el País, por la oposición "democrática" y por los grupos autoritarios enrolados en el nacionalismo aristocrático del periódico "La Nueva República", junto a los grupos de poder y el estudiantado en general, promovían tal enrarecimiento de la atmósfera que daba la sensación que todo valía.

Por otro lado un Gobierno, agotado en su programa, e inerme en lo político alentaba, por incapacidad, lo que se tramaba contra él.

Los grandes periódicos de la época como La Nación La Prensa y Crítica cargaban las tintas con titulares y opiniones que rozaban abiertamente el golpismo.

No había sector de la sociedad con poder organizativo que prestara ayuda al gobierno, El partido radical trabajado por la división mostraba resquebrajaduras insalvables.

El personalismo (corriente radical yrigoyenista) se encontraba inmovilizado por la desconfianza. Entre sus filas surgía la traición, la idea de desplazar del poder al viejo caudillo anidaba en el Gabinete. El sálvese quién pueda era la consigna de la hora.

Una de las pobres respuestas que el radicalismo había encontrado, contraproducente y peligrosa, fue la de promover el fraude electoral en las Provincias de San Juan, Mendoza y Córdoba, y responder con más violencia a la violencia de la oposición.

Líos en Lincoln con muertos y heridos, tumultos en Santa Fe, Mendoza y San Juan elevaban la temperatura a niveles que hacían presagiar un pronto desenlace.

Si, además, consideramos que se abatía sobre el mundo la más dura crisis que el sistema capitalista hubiera soportado hasta la fecha, arrastrando a la miseria, el hambre y la desocupación a millones de seres humanos, que desesperados no encontraban respuestas rápidas a una situación que no sabía de demoras, obtenemos un cóctel explosivo dispuesto al estallido, con solo activar el detonador.

No es la intención de este trabajo analizar el golpe militar del '30 y menos enumerar las causas que contribuyeron al mismo, al respecto existe una enorme y abultada bibliografía, que desde hace muchos años ha echado luz sobre la crisis.

Sólo pretendemos abordarlo desde un lugar, que hasta el momento creemos no se ha hecho a pesar de disponer de la documentación pertinente.

Hacia los comienzos del año '30, en los meses de enero y febrero, habrían comenzado los primeros escarceos hacia el golpe, en un sector del ejército, el que hemos identificado como nacionalismo cipayo.

Uriburu y un reducido grupo de políticos e intelectuales enrolados en esta vertiente, acechaban al Gobierno y preparaban su caída. Al respecto tenían ideas muy particulares y reñidas, en general, con las opiniones de los principales dirigentes de los partidos políticos de la época. Desechaban la Ley Sáenz Peña, la Constitución Nacional y la vida en Democracia.

No estaban solos en esta tarea conspirativa. Algunos autores creen que el golpe habría comenzado antes y además en el sector liberal del ejército:

"La Logia San Martín obtuvo el cargo para Justo (Ministro de Guerra de Alvear) y éste llevó a todos los comandos a los logistas. La situación no fue ignorada por el público y en l928 la prensa informó sobre el descubrimiento de una logia que contaba con l88 adherentes militares, su objetivo era apoderarse del gobierno y entregarlo al Coronel Justo. El plan fue desarrollado con una táctica a largo plazo. Primero los

miembros de la logia movilizaron las pocas unidades que dominaban y derribaron al Presidente Yrigoyen, enseguida colocaron en el Gobierno de transición al General Uriburu que no pertenecía a la logia, con la evidente intención de no malograr a uno de ellos en la desdichada tarea de administrar el régimen provisional. Inmediatamente prepararon la elección de Justo como presidente Constitucional que ocurrió en l932 al cabo de comicios fraudulentos".

Si bien los acontecimientos no se desarrollaron como el autor lo señala, lo cierto es que la conspiración estaba en la calle, instalada en todos los sectores.

La extensa lista a la que hacía mención el autor era encabezada por el Coronel Luis J. García, presidente fundador de la Logia y hombre de la absoluta confianza del General Justo.

Como resultado de la publicación hecha por el periódico radical La Epoca - el militar se vio obligado a renunciar y luego fue pasado a retiro.

No se quedó quieto e inmediatamente comenzó en el diario La Nación la publicación de editoriales que atacaban sin piedad al Gobierno Radical. Hasta el momento del golpe alcanzaron a 137 publicaciones.

"Es de suponer que el Coronel García comenzó a conspirar con sus primeros editoriales".

Y seguramente Justo no era ajeno a lo que pasaba.

Con menos posibilidades que Pirandelo, estos dos personajes, Uriburu y Justo, en busca de un autor, se medían y vigilaban a la espera del momento apropiado.

Lo cierto, es que promediando el año '30, el liberalismo militar, un poco rezagado en la aventura, puso a uno de sus mejores hombres al frente de los hechos.

El Coronel Sarobe, militar de la más absoluta confianza del General Justo, se había enterado de la conspiración y de la participación de su amigo, por el Teniente Coronel Molina. No salía de su asombro y su enojo, por los acontecimientos que se desarrollaban sin su participación, en consecuencia decide hacerle una visita a su jefe, en la que aprovecha para reprocharle su conducta.

"- Mi General, vengo quejoso de Ud.-
-¿Cómo? - Exclamó con voz sonora el general, con la sorpresa en el acento y en la mirada- ¿Quejoso de mi?.
Si mi General -le dije- Y con el respeto debido se lo voy a explicar".

Luego de manifestarle la conversación con Molina acerca del movimiento militar de Uriburu y que Justo estaba al tanto del asunto, Sarobe continua con el relato:

"El general justificó la razón de su reserva ampliamente. El no tenía ningún papel directivo en el movimiento, ni lo deseaba. Aún más estaba en disconformidad con el General Uriburu en ciertas ideas de su programa político".

Sea como fuere lo que haya ocurrido, si es o no creíble la narración de Sarobe, si es o no cierta la pasividad de Justo, para lo que queremos significar no tiene importancia, lo valorable es, que a partir de esta confidencia, Sarobe se establecerá como el ariete liberal en las murallas herméticas del uriburismo excluyente.

¿Cuáles eran sus diferencias? ¿Que los alejaba? ¿Que provocaba que el General Justo se negara a participar de una conspiración que deseaba y además alentaba?.

Ya hemos dicho, en otra parte del trabajo que en los alrededores de Uriburu se agrupaban sectores civiles del naciente nacionalismo extranjerizante, que veían en él al hombre con fuerza y energía, capaz de recrear en el País, las experiencias políticas de Alemania e Italia.

El Periódico la Nueva República, empresa periodística al servicio de estos ideales, agrupaba a intelectuales que como Carlos Carulla, los hermanos Irazusta, Juan P. Ramos, Carlos Ibarguren y Ernesto Palacio, entre otros, acompañaban al general dándole letra, en la aventura golpista.

"La revolución tuvo una ideología definida. El general iba a un cambio del sistema democrático. Quería suprimir el profesionalismo político y cambiar el régimen parlamentario.
Conocía a fondo la última literatura publicada en Europa procurando asentar su sistema sobre bases más estables que el simple voto de las muchedumbres usufructuadas por los políticos de profesión".

En esto consistía el programa de Uriburu, suprimir la Ley Sáenz Peña, modificar el Parlamento y si era posible conformar un Gabinete revolucionario con ocho militares.

"Así cuándo Ud. llame a un acuerdo de gabinete, que tendrá en esas circunstancias la fuerza para dictar la suprema ley de la Nación, escuchará el ruido seco de dieciséis espuelas al cuadrarse ante el jefe, exclamando a unísono: ¡Ordene mi general!".

¡Todo un programa de gobierno!.

Al igual que Lavalle, cien años antes, aspiraba a poner al País en una bota.
El grupo de oficiales que rodeaba a Justo tenía otra mirada del problema. No estaban de acuerdo con la modificación de la Ley Sáenz Peña, tampoco con la reforma de la Constitución y menos con la adecuación del Congreso al corporativismo italiano.

La propuesta golpista de los liberales proponía el respeto a la Constitución y a las leyes fundamentales vigentes, volver cuanto antes a la normalidad para colocar en la brevedad al País en condiciones electorales y reconocer en los Partidos la única representación política válida.

El mismo Sarobe, pensó en la posibilidad de que el golpe impulsara a la Presidencia al primer Vicepresidente del Senado, siguiendo la línea sucesoria que indicaba la Ley de Acefalía y la conveniencia política de contar en ese lugar con un antipersonalista enemigo de Yrigoyen, el Senador por Entre Rios Etchebehere.

Es importante hacer notar que esta solución ideada por Sarobe, que no pudo realizarse, era muy similar al remate de la Revolución del 90, cuándo el golpe cívico militar expulsó a Juarez Celman del poder, pero mantuvo la fachada institucional al asumir el Vicepresidente Carlos Pellegrini. En este sentido podría decirse que Sarobe se inspiraba en una solución roquista del problema, si entendemos que en el desenlace del 90 tuvo mucho que ver el Zorro.

Este oficial nos dice que para encontrar una solución a la decadencia del gobierno radical, el General Justo "me ayudó a buscar en su nutrida biblioteca algunas obras relacionadas con los acontecimientos políticos de aquella índole de los años l880,1890 y l905.
Y esa noche, al despedirme del General, con varios volúmenes bajo el brazo, pude decirle:
Muchas gracias, mi general. Llevó lo necesario para hacerme especialista en revoluciones".

Con este programa comenzó el peregrinar de Sarobe por las reuniones que organizaba el otro sector militar, intentando acordar una modificación, o torcer el rumbo del golpe a posiciones más cercanas a su parecer y entender. Desde ese día " todas las tardes, casi sin excepción concurrí a la casa del General Justo. El movimiento en gestación fue siempre el tema preferido de nuestros comentarios".

Lo cierto es, que el consenso para el golpe lo tenía Uriburu y su grupo de adláteres, a los liberales les quedaba el camino de sumarse y desde ahí cambiar el rumbo del movimiento, esta y no otra parecía ser la tarea política de tres oficiales inquietos, muy allegados a Justo y con una excelente relación personal, robustecida por una gran identificación ideológica, me refiero al nombrado General Sarobe, al Teniente Coronel Bartolomé Descalzo y al Capitán Juan Domingo Perón.

Este último se referiría a los anteriores como sus dos maestros, quien no titubeó en reconocer la influencia que ejercieron en su formación y al General Justo como el oficial "de más prestigio en el Ejército".

Tan fuerte era la relación de Descalzo con Perón que el Teniente Coronel había sido padrino de bodas de Juan Domingo en su primer casamiento con Aurelia Tizón en l927.

Cabe destacar que tanto Descalzo como Sarobe figuraban en la famosa lista de l88 oficiales de la logia San Martín, aquella que impulsó al Ministerio de Guerra al General Justo. Si Perón no estaba registrado, seguramente, era porque en la Logia no entraban Capitanes.

Perón se incorporó al movimiento insurreccional, como contacto de un oficial de la Logia San Martín allegado a Uriburu, pero tan pronto cómo se dio cuenta del desorden y el caos que en ese grupo reinaba se acercó a su amigo Descalzo para informarle de los hechos y al mismo tiempo pedirle su opinión, su viejo amigo le aconsejó apartarse de esa tendencia y seguidamente le informa que él "adhiere a otro núcleo al del Teniente Coronel Sarobe. Nuestra posición es mas realista". Afirmaba.

El grupo que conspiraba con Uriburu se negaba a la organización seguramente porque ella hubiera implicado sumar a los sectores mayoritarios del Ejército que sé encolumnaban con Justo y al hacerlo necesariamente se le hubiera escapado la conducción. Decía Perón acerca de la conducta de los conspiradores Uriburistas: "Parecía más bien que de simplificar las cosas se trataba por todos los medios de confundirlas".

Lo cierto es que frente a la crisis política que a diario se agravaba ya no había tiempo que perder. El gobierno no reaccionaba, todo parecía inclinarse hacía el lado de Uriburu.

O los oficiales justistas daban un vuelco a la situación o la revolución se la llevaba el demonio.

De manera que a partir del 3 de setiembre el grupo se consolida y decide firmemente tomar la iniciativa. Perón se aparta del grupo Uriburista que no tiene oficiales al frente de tropas.

"De manera que la única salvación era el pueblo y muy especialmente los estudiantes", revelando de esta manera que si algún apoyo popular había en el golpe, este estaba con Justo.
Sarobe redacta el programa y la declaración de principios del movimiento que inmediatamente es llevado para su lectura y aprobación a la Escuela Superior de Guerra y el Colegio Militar. Dice Perón al respecto:

"Quedó todo arreglado, al día siguiente buscamos adherentes y se llegó según creo al numero de trescientos. Ello prueba que los oficiales estaban francamente decididos por las lógicas ideas que surgían al margen de los que querían una dictadura divorciada con el pueblo de la Nación, que haría odioso al Ejército y encontraría una gran resistencia en la población.

Mientras tanto la Escuela Superior de Guerra "institución en la cuál se propugnaba vigorosamente el derrocamiento del senil presidente", se transformaba en el foco de resistencia liberal más importante, después de los partidos políticos.

En ella enseñaban Profesores como Descalzo, Sarobe, Mariano de Vedia y Mitre, Levene, Rottjer y al poco tiempo Perón.

"Al día siguiente, cuenta Sarobe, me entrevisté nuevamente con Descalzo, quién me refirió que en la Escuela Superior de Guerra los oficiales habían sido reunidos por grupos y en cada uno de ellos se había dado lectura al documento por mi redactado, mereciendo unánime aprobación".

Este documento fue, con algunos arreglos propios de la negociación, el manifiesto del 6 de setiembre. Hasta último momento el General Uriburu se resistía a desprenderse del escrito revolucionario redactado por su compañero y amigo Leopoldo Lugones, sin embargo los hechos y la desconfianza que Sarobe mantenía sobre el escritor lograron apartarlo.

El nexo con los partidos políticos fue el Teniente Coronel Descalzo y su ayudante el Capitán Perón quiénes a partir de la excelente relación del primero con Mariano de Vedia y Mitre profesor como él de la Escuela Superior de Guerra, organizó una reunión con los principales dirigentes para sumarlos al movimiento y condicionar con su presencia a Uriburu.

Asistieron Leopoldo Melo dirigente del Partido Radical Antipersonalista, el Dr. Antonio Santamarina, presidente del partido Conservador de Bs As, el Dr. Carlos Astrada, presidente del partido Demócrata de Córdoba, el Dr. Rodolfo Moreno del Partido Conservador de Bs.As. y Antonio De Tomaso del socialismo independiente.

Allí los convenció de la necesidad de sumarse al movimiento, ahora que un grupo importante de oficiales le habían torcido el brazo al General Uriburu.

Al respecto la corriente nacionalista del golpe observaba los acontecimientos de la siguiente manera:

"La desgracia fue la necesidad táctica de la alianza aparente con los partidos de la oposición, que querían precisamente todo lo contrario y que triunfaron al fin..."

Hacemos notar que Perón estaba por el acuerdo con los partidos políticos y de ninguna manera con los recalcitrantes del nacionalismo. Hombre maduro en su formación y en sus ideas - tenía treinta y cinco años - no dudó en toda la década de frecuentar estos amigos.

"Si el Teniente Coronel Descalzo, no hubiese pronunciado para encarecer nuestra cooperación las bellas y nobles palabras que pronunció, no habríamos estado en la mañana del 6 en los acantonamientos de las tropas".

En fin las citas abrumarían acerca del perfil ideológico de los oficiales nombrados y particularmente del de Perón, del rol que les cupo en esas jornadas y del venturoso futuro militar que se le habría al futuro Primer Trabajador, cuándo llegara al poder el general amigo Agustín P. Justo.

Mientras esto no ocurriera los principales Jefes fueron "dispersados por la maldad y la perfidia a miles de kilómetros en el extranjero y en el País" y "tan pronto como el Gobierno Provisional se hizo cargo del mando. Era dado entonces ver la más solapada persecución a todos los oficiales".

El General Sarobe fue enviado a Japón y el Teniente Coronel Descalzo internado en Formosa, y Perón enviado a la frontera norte en "tareas de demarcación de límites internacionales". Con esta moneda pagaba el nacionalismo cavernícola a los jóvenes y brillantes oficiales liberales.


PERON Y LA DECADA INFAME

El período que se abrió a partir del golpe de Estado y los sucesivos gobiernos derivados de él, fue conocido como Década Infame; al respecto existe una formidable bibliografía esclarecedora y a la cuál remito.

Nuestra aproximación al momento guarda la intención de descubrir a Perón en otro juego político al que siempre se le atribuyó.

Para Perón, sin embargo, esa década fue esencial; y a su gusto, quizás, no tan infame.

Su trayectoria y carrera militar en lo fundamental se construyó por esos años; su cercanía a Justo y a los oficiales justistas, sumado a su talento natural, le permitió ir ocupando espacios respetables y de reconocida importancia.

Nada hace pensar que Perón fuera por aquellos años un enemigo jurado del régimen o del sistema como nos lo quieren mostrar algunos autores, por el contrario, los beneficios obtenidos del mismo, hablan más de un hombre respetuoso del modelo y de un oficial obediente a los altos mandos que conformaban al mismo tiempo el gobierno nacional.

En consecuencia creemos equivocada la afirmación de Pavon Pereyra:

"Aunque es evidente que en los primeros años del gobierno de Justo la simpatía de Perón está en los grupos nacionalistas, su sentido profesional le impide enrolarse abiertamente en ninguna de las tendencias que actúan en el Ejercito.
Los oficiales superiores que han sido sus maestros y amigos -Juan V. Molina, Sarobe y, muy especialmente Fasola Castaño se colocan tarde o temprano, en la oposición a Justo, pero Perón prefiere mantener una actitud neutral…".

Nada hay que haga evidente su militancia en el nacionalismo, por el contrario, venimos demostrando su cercanía a Justo. Por otro lado no hay neutralidad, hay responsabilidades y compromisos con el gobierno.

Sin embargo y antes de enumerar los pasos dados por Perón en el período, es interesante analizar la carta que su amigo Descalzo le enviara desde Formosa, invitándolo a participar de un movimiento militar contra Uriburu y al lado de Justo, advirtiéndole acerca de un movimiento militar liderado por el Teniente Coronel Atilio Cattáneo que de triunfar los liberaría de las desgracias a los que los había sometido el Gobierno Provisional:

"...Verá Ud. que los fines son correctos a nuestra forma de pensar el actual proceso argentino; sin embargo, la inspiración es la misma que ayudamos a derrocar en setiembre ..."

"El General Justo está al tanto de estos movimientos y espera poder trabajar en alguna forma para implantar nuestros procedimientos"

"Espero su opinión".

De esta misiva se deducen varios aspectos desconocidos de los hechos y de la vida de Perón.
a) Descalzo sigue en contacto con Justo.
b) El manifiesto enojo y enfrentamiento con Uriburu.
c) El intento de repetir con los radicales revolucionarios la fórmula insurrecional del 30:torcer el movimiento hacia el Justismo.
d) La profunda confianza de Descalzo con Perón al proponerle sutilmente ponerse en campaña insurrecional nuevamente al lado de Justo.

La controversia entre distintos historiadores, Felix Luna, Juán V Orona, y Potash, acerca de la mayor o menor responsabilidad de Justo en la intentona, queda de alguna manera esclarecida si tenemos en cuenta que el Teniente Coronel Descalzo era un oficial de la entera confianza de Justo que se ponía nuevamente en movimiento juntando amigos, como ya lo había hecho para la revolución de septiembre.

Si bien el levantamiento fracasó, al gobierno de Uriburu no le fue mejor; su infortunio fue irremediable.

La intentona de Cattáneo, el levantamiento de Corrientes, el malestar en el conjunto de las fuerzas políticas, el desgaste acelerado de Uriburu y las fracasadas elecciones de abril del 31 le impelieron al
General nacionalista a convocar a nuevos comicios y de alguna manera a no ser indiferente a la candidatura de Justo.

Con la llegada del General al poder, luego de las elecciones proscriptivas y excluyentes de noviembre del 31,el grupo de viejos conspiradores justistas fue acomodándose alrededor de su jefe.

Perón, recién ascendido a Mayor, fue nombrado en un lugar estratégico, nada menos que ayudante de Campo del General Manuel Rodríguez, Ministro de Guerra de Justo y hombre de extrema confianza del Presidente, al punto que lo imaginaba su sucesor en la línea Presidencial.

"Mientras vivió, Rodríguez fue la clave del control de Justo sobre el cuerpo de oficiales: pero también fue mucho más que asesor de asuntos militares. Era el único oficial en quién Justo tenía confianza total".

El Ministerio de Guerra era una pieza fundamental en el esquema de poder del Presidente, si bien el general había armado una estrategia política y organizado la Concordancia, los políticos en ella reunidos no eran lo adecuadamente dóciles a las necesidades de la Casa Rosada, razones suficientes para considerar como válidas la opinión de Rosendo Fraga, quién afirma:

"El Ejército es la apoyatura real de Justo durante sus seis años de gobierno".

De manera que Perón ocupó en los primeros años de este gobierno un lugar estratégico en el esquema de poder, tan es así y de tanta confianza su relación con el ministro que este lo invitaba a participar de reuniones en las cuales estaba en juego la estabilidad política del Gobierno de Justo. Un Mayor del Ejército que conspiraba contra el gobierno Nacional, fue llevado ante el Ministro Rodríguez, veamos como nos cuenta ese oficial el momento:

"Descubierto el movimiento, en enero de l933, el Sr. Ministro de Guerra, entonces Coronel Manuel A Rodríguez me llamó y en presencia de su Ayudante personal, el entonces Mayor Juan Domingo Perón; requiríendome dijera si estaba complicado en la conspiración de referencia, como así lo estaban algunos otros".

La relación de Perón con su superior mejoraba día a día, y dos nuevas responsabilidades le confió Rodríguez; ya que el Mayor Perón era un conocedor de los problemas de la Patagonia como su libro Toponimia Patagónica de Etimología Araucana así lo indicaba, debía entonces asumir la tarea de convencer al Senado de La Nación de aprobar la creación de la Gendarmería Nacional.

En una extraordinaria conferencia en la Escuela Superior de Guerra, en 1936 cumplió holgadamente con los objetivos exigidos y, al poco tiempo el Senado dio media sanción al pedido.

Poco antes de la muerte del Ministro se le encomendó otra labor de vital importancia: la de agregado militar en Chile. La tarea era de mucha responsabilidad y muy significativa para el gobierno argentino. Implicaba entre otras cosas, relevar la situación de las fuerzas armadas chilenas; sin embargo un confuso episodio ensombreció para siempre su relación con el entonces Mayor Lonardi y por algún tiempo empañó su imagen.

Al retorno su viejo maestro el Coronel Sarobe le encomienda una nueva actividad en la Patagonia, que pareciera estar más relacionada con el estado emocional de Perón, tras la muerte de su mujer -Aurelia Tizón- que con necesidades estratégicas del Ejército. En este nuevo viaje visita nuevamente a su madre y parientes más cercanos.

Paralelamente a sus actividades militares, Perón desarrollaba una vastísima actividad intelectual con epicentro en la Escuela Superior de Guerra, dónde se desempeñaba como Profesor. Ahí se relacionó con hombres del pensamiento liberal como Mariano de Vedia y Mitre, autor de una notable biografía del General Roca, el Coronel Rottjer, con quién escribe un libro, y es al mismo tiempo autor de una exaltante biografía del General Mitre, y con Ricardo Levene historiador oficial del Justismo, Presidente de la Academia Nacional de la Historia, e intelectual muy allegado al General Presidente, con quién mantenía una cordial relación personal y comunión de ideas.
"El historiador Levene es un asesor apreciado del Presidente Justo (...)un presidente con fuerte vocación histórica, y un historiador con fuerte vocación presidencial".

Por su firme relación con el Presidente logra la creación de la Comisión Argentino Brasilera para la revisión de los textos de historia en l935, revolución copernicana en el campo de la historiografía, que coincide plenamente con la política exterior de Justo en su pertinaz acercamiento al Brasil.

Este historiador le propone al Mayor Perón la realización de un trabajo sobre el General San Martín y la Guerra del la Independencia para ser editado en la reciente publicación de la Academia Nacional de la Historia. Por falta de tiempo no puede asumir la responsabilidad, sugiriendo otro nombre.

Sólo la confianza y el respeto que el aparato político e ideológico del justismo tenía por Perón, puede explicar los beneficios y las ventajas que obtuvo a lo largo de estos años.

En el Gobierno del Presidente Ortíz y cuando el Ministro de Guerra era el General Marquez, otro conocido de Perón y amigo de Justo, se le encomienda una delicada misión, debe viajar a Europa y mantener informado al gobierno sobre la situación internacional.

No hay dudas que el futuro General creció a la sombra de Justo, quizás, como Roca lo hizo a la sombra de Urquiza.
Hemos señalado que la incursión de Perón en las jornadas de septiembre, al lado de los oficiales justistas, abrió su camino de ascensos en el ejercito.

Si bien Perón, muchos años después, reconoció el error de haber participado en esas jornadas:

"A poco de asumir el actual Presidente de la República (Justo), muchos de nosotros nos dimos cuenta que las intenciones y el rumbo de la primigenia revolución se había torcido; y pensar, mi querido General que fuimos algunos, utilizados en los designios y en los provechos de aventuras personales".

No pueden tomarse estas declaraciones echas muchos años después como ejemplo de su militancia en las filas opuestas al gobierno.

El tenor de la carta bien podría tener que ver con una concesión para con quién estaba hablando, un oficial de reconocida militancia en el antijustismo o por que Perón lentamente viraba a una posición critica, en la medida que al haber acompañado al General Justo en la primigenia revolución, seis años después se sintiera defraudado por la política del gobierno.

La trayectoria de Perón sufre, luego, los vaivenes naturales de un gobierno que se desgastaba por ausencia de una vivificante vida en democracia, la atomización del Ejército en minúsculas fracciones o pequeñas influencias sectoriales y el auge del nacionalismo Yrigoyenista (ideas, la del nacionalismo en franco crecimiento en el mundo); finalmente la muerte del General Rodríguez hacen que el Mayor se quedara sin padrino a pesar de contar con amigos en el ejército como Sarobe, Descalzo, Tonnazi y el futuro Ministro de Guerra: Marquez.

Bien podría este estado de ánimo ir configurando un lento alejamiento del justismo que a mi juicio se produce algún tiempo después, a fines del 42 cuándo el Presidente Castillo despacha a su Ministro de Guerra General Tonazzi, poniendo punto final a la carrera política de Justo. Quién moriría en enero del '43 por un ataque cerebral.

Y es precisamente, por aquellos meses, a fines del '42 cuándo se conforma el GOU y Perón pasa a ocupar un espacio fundamental en esa logia. Desaparecido el Justismo - su referente político - había que buscar nuevos rumbos, especialmente para un oficial que ambicionaba ocupar lugares expectable en el Ejército Argentino.

Particularmente en el caso de Perón, pero generalizable a cualquier acontecimiento histórico, no es conveniente preguntarle a los actores que opinan de ellos mismos y del rol que les cupo jugar. Es más pertinente observar los acontecimientos desde el ángulo de la hermeneutica.

El historiador Martín Noel en una biografía sobre el General Justo, no solo afirma que Perón era su protegido sino que al elaborar un supuesto dialogo entre el General

Justo y su mayordomo Justiniano, poco antes de fallecer imagina:

"- Este Perón…algo me dice que va a llegar lejos Justianiano-.
- Es hombre de grandes ambiciones ese Coronel, Agustín tu candidato para futuro Ministro de Guerra. Si no te jugás Perón se va a pasar a los golpistas…-".

El Coronel Sarobe, su "maestro" y a esta altura más un padrino, relacionado con la Academia Nacional de la Historia, institución a la cuál ingresara como miembro en enero de l939, colaborando en la redacción de la Historia de la Nación Argentina, ha tenido - como luego intentaré demostrar- de manera directa o indirecta una importante influencia en Perón insuflándole los principios del liberalismo nacional substrato fundamental del pensamiento peroniano.

Consideramos útil señalar una anécdota que define terminantemente la altura moral e ideológica de Sarobe, su rol en la Revolución de Septiembre y la importancia que le asignaba a la reconciliación nacional.

Hacía menos de un mes que la Revolución contra Irigoyen había triunfado, cuándo dicho Coronel en compañía de Justo concurren al despacho del Intendente Municipal: "Mientras el Intendente Guerrico departía con el general, me aproximé a un grupo de personas conocidas, entre las cuales estaba el Dr. Antonio Santamarina, que platicaban en un extremo del salón.

Tenía la palabra un vocero de uno de esos grupos de tendencia reaccionaria surgidos en víspera del pronunciamiento y movilizados al calor oficial, como la fuerza civil puesta al servicio de los ideales renovadores. Se refería en ese momento a la necesidad urgente de tomar medidas para reprimir todo intento de reacción de los elementos desplazados del poder. Como a mi ver, la regularidad y el orden públicos estaban garantizados, por el conocimiento que tenía de la situación en mi carácter de Secretario del Comandante en Jefe del Ejército, me pareció carente de fundamento la argumentación de esa persona, cuyas ideas conocía y contra las cuales naturalmente estaba predispuesto.
Mediando la conversación le dije lo que pensaba en estos o parecidos términos:
-¿A qué objeto, Dr. aconseja tomar medidas de represión si la tranquilidad pública es satisfactoria, el pueblo acompaña al gobierno provisional y éste cuenta con la adhesión del Ejército?".

El funcionario, representante del nacionalismo reaccionario niega estos argumentos y profundiza su opinión contraria a la paz y el acuerdo.

Continua entonces la narración Sarobe:

"Mientras tanto el doctor Santamarina, conocedor de la influencia de esa persona en las esferas oficiales, y a quién desde un principio no he nombrado porque si bien tengo la presunción, carezco de la prueba de que haya actuado como lo supongo, me hacía señas como para advertirme fuera más cauto en mis manifestaciones".

Lo que no pudo evitar el Coronel Sarobe, fue la brutal represión del grupo de reaccionarios encaramados en el poder. El l0 de setiembre de l930 fue fusilado, en Rosario sin juicio previo el catalán anarquista Joaquín Penina, por el solo hecho de ser comunista, en octubre fueron ejecutados José Gatti y Gregorio Galeano, este último menor de edad, además de los casos más conocidos de Di Giovanni y Paulino Scarfó.

La cárcel y la tortura fue el destino de una importante grupo de dirigentes obreros y anarquistas a manos de la Sección Especial comandada por el Comisaro Lugones, hijo del poeta.

¡Qué diferencia había entre este liberalismo que aspiraba a la pacificación y el reencuentro y aquel otro del 55 que exclamaba "se acabó la leche de la clemencia!".

JOSE MARIA SAROBE y RAMON J. CARCANO REPRESENTANTES DEL LIBERALISMO NACIONAL

El General Sarobe expresó una tendencia ideológica de un formidable arraigo en la historia argentina. Ya hemos comentado al comienzo de este ensayo lo que dimos en llamar liberalismo nacional, una corriente de pensamiento que ocupó prácticamente todo el siglo XIX argentino.

Sin embargo a partir de la década del 30 de este siglo y hasta nuestros días el liberalismo ha tenido mala prensa, ha sido sinónimo de egoísmo y reacción.

Expresión genuina de los grupos de poder para sojuzgar impiadosamente a la nación y a los desposeídos.

De esta idea han sido cómplices y responsables no conscientes - en algunos casos- gran parte de lo mejor de nuestra historiografía de este siglo; que vieron en el liberalismo una ideología decadente, agotada y plagada de injusticias, frente a otras que se revelaban capaces de construir un mundo más sano y justo.

No fueron hábiles para comprender la bifrontalidad del liberalismo y en algunos casos la superioridad de esta corriente, específicamente en lo que atañe a la unidad continental americana. El nacionalismo en sus dos vertientes fue preso de sus discursos y dentro de la izquierda solo la nacional dio respuestas categóricas.
Analizaremos a continuación algunas de las ideas vertidas por Sarobe, en su trabajo "Iberoamérica" Mensaje a la Juventud Americana que conceptuamos valiosísimo por sus aportes para la conformación del pensamiento del General Perón. No importa si de manera directa o indirecta o porque estaba en el núcleo de intelectuales que rodearon a Justo o porque era docente en la Escuela Superior de Guerra.

El trabajo que analizaremos a continuación fue una conferencia pronunciada por el General Sarobe, en el salón del Museo Social Argentino en conmemoración del 25 de Mayo de 1944, especialmente orientada a la juventud. Veremos a continuación las ideas sobresalientes del mismo:

"España y Portugal incorporan a sus dominios los elementos esenciales de su cultura: las instituciones políticas, la religión. la familia. Al juicio parcial de algunos contemporáneos tales legislaciones o costumbres pueden aparecer atrasadas, pero, en realidad, son tan buenas como las mejores de su tiempo". (Pág.22).
Luego de resaltar el esfuerzo de España por la instrucción en América señala:

"Se prestó más atención a la enseñanza elemental en América que en la misma metrópoli". (Pág.23).

"Mucha tinta y muy amarga se ha vertido en acusaciones contra la conducta española para con los aborígenes. Pero los hechos demuestran que, tanto en la teoría como en la práctica, España colonizó de modo muy superior a como lo hubieran hecho los demás gobiernos contemporáneos". (Pág.24).

Esta clara y genuina reivindicación de España, realizada en los años cuarenta, pleno auge del nacionalismo, por alguien enemistado con esa corriente, lo ubica a Sarobe en un espacio intelectual ajeno al del liberalismo vulgar, lo instala en la línea nacional del liberalismo, que si para algunos autores se había agotado con el siglo, sin embargo a la luz de lo que analizamos, no era así. La fina serie que arrancando del liberalismo español se internó en nuestra historia con Moreno, Belgrano, SanMartín, los caudillos provincianos, Urquiza Alberdi, el viejo Sarmiento, y Roca emerge vigorosa con Sarobe y en ella abrevará también Perón.

"¡Que lección permanente de civismo y de amor a la Patria brindan la abnegación y la modestia inmaculadas de San Martín, la viril austeridad de Moreno, la pureza ascética y el fervor patriótico de Belgrano, y más tarde, siguiendo igual norma de conducta, la visión institucional y social de Alberdi o el civismo vigoroso y el talento constructivo de Sarmiento".

Ante la claridad de la exposición, los comentarios huelgan, el hombre no se equivoca y al enumerar una línea de próceres con las que sin duda se siente identificado no encontramos en ella ni a Rivadavia, ni a Rosas ni a Mitre.

"La unidad espiritual y moral de la América Ibérica surge de la gesta de su descubrimiento y de su conquista, del ideal de libertad acariciado por sus precursores, de la acción de sus guerreros y del pensamiento de sus estadistas a través de más de una centuria de vida independiente". (Pág.34).

"Los americanos se sienten hijos de una gran familia, no importa que hayan nacido en el norte, en el centro o en el sur del continente. Bolivar no es solamente un prócer Venezolano, sino a la vez argentino, como lo es también O'Higgins. De uno a otro confín del continente se saludan los hombres libres, con los dictados de hijos de América, ciudadanos de América, o compatriotas de América". (Pág.37).

Luego de pasar revista al ideal de los próceres, reivindicando el pensamiento continental de Miranda, San Martin, Moreno y Bolivar añade:

"La Patria de los americanos debe ser una sola. Muy distinta sería la realidad presente de esos países y las perspectivas de su porvenir, si esa doctrina y nobles preceptos hubieran triunfado". (Pág.39).

"Iberoamérica, de espaldas a su tradición y su destino, se convirtió en un conglomerado de estados, de precaria personalidad internacional. Y así, como en el campo económico, no fue capaz de defender lo más preciado de su patrimonio, en la esfera de las ciencias, de la técnica, de la filosofía, no creó salvo pocas y honrosas excepciones, algo verdaderamente original y digno de la cultura, de la vida, del espíritu, del alma de América". (Pág.46).

"El vasto continente, baldío, desunido, se halla poco menos que indefenso, frente a los imperialismos que no conquistan a los pueblos con la guerra, sino mediante otros procedimientos, el avasallamiento económico, el de absorber naciones envileciendo la ciudadanía, porque es más fácil comprar la conciencia de los hombres venales que conquistar a los pueblos". (Pág.46).

"Unirse es la misión perentoria y trascendente de América. Nunca como ahora, fue tan imperativo ese deber. Unión por arriba de las fronteras nacionales en resguardo del mismo ideario político y social". (Pág.47).

"Mientras más aparcelada esté América en pequeños y débiles estados, más fácil será el predominio político y económico a su costa y en desmedro de su soberanía, por las tituladas grandes potencias" (Pág.48).

Este concepto de Unidad Iberoamericana en boca de un liberal es la mejor prueba de lo que venimos afirmando. En una década en que el nacionalismo estrecho nos empujaba a recelar de nuestros hermanos iberoamericanos, una voz planteando el acuerdo, era la mirada de la patria que emergía de la conciencia y el sentimiento de uno de sus mejores hijos.

Reivindica, luego, Alberdi por situarse en la misma línea del pensamiento analizado, ubicándolo en la generación siguiente a la de los grandes Generales. De sus escritos Póstumos tomamos una cita que fundamenta la aserción:

"Yo aplaudiré toda mi vida, el sentimiento de aquellos estados que sacan su vista del recinto estrecho de sus fronteras, y se levantan hasta la esfera de la vida general y continental de la América". (Alberdi).

¡Qué lejos está este autor de la imagen que cierta escuela historiográfica armó acerca del liberalismo!.

Unión Iberoamericana por encima de las fronteras nacionales, defensa del patrimonio económico y cultural frente a los imperialismos, reivindicación de nuestras tradiciones como garantía de unidad. Era lógico que al haber estado Perón en contacto con esta generación de hombres, incluimos al Teniente Coronel Descalzo, poco y nada se necesitaba del nacionalismo nacional que, en definitiva, era una derivación de aquel.

¡Que necesidad había de romper con el liberalismo para ser un patriota!.

En otra parte de su luminoso libro emerge un decálogo de principios de solidaridad americana, que merecen una lectura amplia y generosa. Señalaré solo algunos por lo reveladores remitiendo al lector a un recorrido total por la obra.

"Todos los Estados Americanos son iguales, no hay países débiles y Estados poderosos.
La solidaridad iberoamericana se establecerá sobre las bases generales siguientes:
Desarrollo de una política de cooperación económica, con vistas a la Unión Aduanera de todos los Estados.
Para estimular el turismo y facilitar el conocimiento de los países americanos, podrá crearse una documentación especial de identidad titulada ciudadano americano.
Fundación de una Universidad Americana e intercambio recíproco de profesores, maestros, escritores, artistas y alumnos.
Sin embargo, creemos que unos de los aspectos más interesantes del pensamiento de Sarobe, fue comprender que la unidad Iberoamericana debía comenzar con un acuerdo entre Argentina y Brasil:
La amistad argentina - brasileña es el eje de la política continental.
El solo comercio, bien coordinado, entre la Argentina y el Brasil - como los hechos de la actualidad lo demuestran por imperio de la guerra mundial- puede suplir, en el intercambio del Plata, a la primera de las potencias europeas.
Las economías del Brasil y de la Argentina son complementarias en lo fundamental y es tan importante el comercio entre ambas naciones que se lo puede considerar como el eje sobre el cuál rota todo el plan revisionista sudamericano".

Con estas ideas ingresamos al núcleo magmático de la política del General Perón, quién convencido, cuando era Presidente, que la profundización de su revolución y en consecuencia su triunfo, pasaba por los acuerdos que se lograran con los países iberoamericanos, inició una política intensa de contactos con el Brasil y Chile, su famosa fórmula del ABC, que por otro lado no había sido una creación suya sino que la tomaba de la iniciativa política de Figueroa Alcorta y luego de Roque Sáenz Peña, es decir, en lo esencial del roquismo.

Esto revela una vez más la fuente de inspiración del pensamiento estratégico de Perón.
Un pequeño grupo del justismo que podríamos denominar liberalismo nacional iluminó algunos de los aspectos de este gobierno que fue una alianza entre un sector mayoritario del Ejército Argentino, un sector del radicalismo antipersonalista, los socialistas independientes y los conservadores que por primera vez en la historia del siglo XX pudieron lograr la unidad política.

Fueron estos últimos quienes percibieron primeramente que el General Justo podía ser un buen candidato Presidencial y una posibilidad real de poder, luego se agregaron a esta idea los partidos restantes.

No le resultaba fácil a Justo dominar e imponerse al conjunto de los dirigentes políticos conservadores, al fin y al cabo su trayectoria política no tenía antecedentes partidarios más que haber sido ministro de Guerra de Alvear. Su trayectoria guardaba mas compromiso con el radicalismo antipersonalista que con otras fuerzas. Sin embargo los radicales lo observaban con mucha desconfianza, especialmente desde que Alvear intentara reorganizar su partido.

En consecuencia los Demócratas Nacionales, como así se llamaron los conservadores organizados, lo veían a Justo como una buena figura decorativa para alcanzar la Presidencia, dentro de ellos el sector cordobés, dejó una profunda huella cultural y pueden ser identificados con la línea del liberalismo nacional. Nos referimos al grupo que representaba Ramón J. Cárcano, embajador en Brasil durante la Presidencia de Justo y quién fuera el candidato de Don Miguel Juarez Celman para sucederlo en la presidencia en l892.

El hijo de Ramón, Don Miguel Cárcano fue en su momento el candidato de Justo para la Vicepresidencia, cuando Ortíz, pero no tuvo poder para imponerlo.

Este sector de los conservadores identificado con el gobierno de Justo, aportó a posteriori un capital importante en la conformación partidaria del peronismo.

Los Demócratas cordobeses enemistados desde siempre con el radicalismo de su provincia, frente a la coyuntura de polarización electoral de l946 abandonaron su partido acercándose al peronismo naciente.

"Muchos dirigentes demócratas estaban sensibilizados al ver como disminuían sus votos frente al avance del sabattinismo. Plausible resulta suponer, entonces, el repliegue de algunos caudillos conservadores perdidosos a las filas del peronismo, única forma visible de frenar el peligro radical y a la vez conseguir una nueva vigencia política.

Hay que tener en cuenta, también, que los conservadores habían sido dejados fuera de la Unión Democrática por pedido expreso de la UCR a pesar de la oposición del Partido Comunista, lo que ponía al conservadorismo fuera de la contienda, excepto que establecieran acuerdos con las fuerzas en pugna, al no ser aceptados en la Unión Democrática, la vía al peronismo quedó expedita.

"Esa alternativa (de ingresar al peronismo) era estimulada por el patriarca del Partido Demócrata de Córdoba, el Dr. Ramón J. Cárcano. La colaboración de la familia Cárcano con el Gobierno militar se había iniciado con el nombramiento de Miguel Angel como vicepresidente de la delegación argentina a la Conferencia de San Francisco.

De manera que esta vertiente del conservadorismo ha tenido a nuestro juicio una importancia decisiva en la conformación del peronismo político, tanto en sus cuadros partidarios como en los aportes teóricos y en la conformación del pensamiento de Perón.

Una de estas líneas de acción fue la de instalar en el ideario político la conveniencia de un acuerdo con Brasil, tal cual lo imaginaba Sarobe, funcionario de Justo en Río. La idea, sólo podía provenir de esta corriente, que hundía sus raíces en el Urquisismo, y que arrastraba una visión iberoamericana más amplia y generosa. (En un próximo trabajo desarrollaré más ampliamente el tema a la luz de los nuevos acuerdos Latinoamericanos).

La histórica sospecha de un Brasil enemigo y al acecho recorría los laberintos ideológicos de casi todas nuestras escuelas históricas. El prejuicio antibrasileño anidaba tanto en el liberalismo antinacional como, en lo fundamental, en todas las vertientes del nacionalismo y de la izquierda.

"Los militares nacionalistas, que al principio sólo proyectaban su ideología al campo político, empiezan a llevarla al terreno económico, proponiendo políticas de autarquía tendientes a tener un País autosuficiente para la guerra, resaltando para ello la hipótesis de que la Argentina podría enfrentar simultáneamente dos guerras (contra Chile y Brasil)".

¿Era este el pensamiento de Perón? ¿Acaso su programa de Gobierno?.

De ninguna manera, su estrategia sería la Unidad Iberoamericana.

"La tradición de nuestros pueblos y de nuestros gobiernos se fortalece con la preocupación de Brasil y de la Argentina en su trabajo de todos los días por la civilización de nuestro continente. No puede hablarse de las historias de nuestras patrias, sino de una sola historia. Tampoco puede hablarse de impulsos nacionales sino de un solo impulso americano...".

"Nosotros con ello (la unidad con Brasil) no tenemos ningún problema, como no sea ese sueño de la hegemonía, en el que estamos prontos a decirles: son Ustedes más grandes, más lindos y mejores que nosotros; no tenemos ningún inconveniente".

Nosotros renunciamos a todo eso, de manera que ese tampoco va a ser un inconveniente "Cuándo Vargas subió al gobierno me prometió que nos reuniríamos en Bs. As. o en Río y haríamos ese tratado que yo firmé con Ibañez después.
Ese fue un propósito formal que nos habíamos trazado. Más aún dijimos: Vamos a suprimir las fronteras si es preciso.
Yo estoy por la constitución inmediata de una unión aduanera sudamericana, a fin de que formemos un bloque económico capaz de discutir sobre un pie de igualdad con las grandes masas económicas que se constituyen en otras latitudes".

¿De dónde entonces tomó Perón esta idea? ¿En qué corriente de pensamiento se iluminó para impulsar uno de los hechos revolucionarios más sobresalientes de este siglo?. Evidentemente del mundo cultural y de relaciones que frecuentó en la denominada Década Infame, que no ha sido para él tiempo perdido, y de sus amigos que ya hemos nombrado. Y nuevamente Sarobe que fue un amigo de Brasil:

La política exterior de Justo, especialmente en su relación con el Brasil debió haber sido, para Perón, la matriz de su futura política. El Embajador Dr. Ramón J. Cárcano quién ya había sido enviado por otros gobiernos a componer relaciones con los cariocas fue el elegido por Justo para desempeñar tan importante tarea.

En una primera oportunidad, en l907, se desempeñó en la Legación Argentina en el Brasil a pedido de su amigo, el Presidente Figueroa Alcorta para acercar posiciones con el hermano País, si bien la cancillería, ocupada por un mitrista como Estanislao Zeballos era enemiga de todo acuerdo de integración, como correspondía a la visión que el mitrismo tenía de iberoamerica, Cárcano se esforzó en acercar posiciones, y cumplió ampliamente sus objetivo e incluso más, restableció en un ámbito de confianza las difíciles relaciones bilaterales.

Al respecto decía el diplomático:

"Considero que la legación en Río es por el momento la más importante que tiene la Nación...".

Tan buena impresión dejó en Río que el nuevo Presidente Roque Sáenz Peña le encomendó una nueva responsabilidad, tan difícil como necesaria, la de lograr el equilibrio naval sobre la base de una perdurable confianza.

Hacia allá marchó nuevamente el político cordobés. Su amigo el Barón de Río Branco, Canciller del hermano País y unos de los políticos de mayor relevancia del país Carioca, lo nombra socio del Instituto Histórico y Geográfico del Brasil y comienzan las negociaciones; una vez llegado al acuerdo, el Barón: "Ampliando la conversación me dice que la concordancia con la Argentina podría tener una amplitud americana eficaz y oportuna.
Pide al secretario el legajo que el día anterior prepararon en Petrópolis, y lee el proyecto de acuerdo que le propuso al Ministro de Chile.
Me comunicó después el contraproyecto presentado por su parte. Su carácter dominante lo constituyen las condiciones especiales establecidas para imposibilitar la guerra entre las naciones signatarias.
- Si conseguimos -agrega-firmar el A:B:C: así concebido, habremos asegurado para siempre la paz en Sudamérica -.
Ante las dificultades que Cárcano observa en su País respecto de la aprobación del acuerdo, seguramente porque despertaríamos alarmas en el Perú y observaciones en EEUU, el Barón de Río Branco vuelve a la carga:
- Ruegue Ud -me contesta -a mi eminente amigo el Presidente Sáenz Peña que suscriba el ABC y Brasil le garantiza que no habrá discordias en Sudamérica, ni protesta del Perú y que el Presidente de EEUU Th Roosevelt y su Ministro Mr. Root invitarán especialmente a los tres Presidentes del ABC que le acompañen con su presencia en la próxima inauguración del Canal de Panamá".

En su libro "conversaciones con Perón", Enrique, Pavón Pereyra le preguntaba al General:

"- Él primer visitante que tuvo Ud, en la Secretaría de Trabajo, si mal no recuerdo, fue don Ramón J. Cárcano:
- Así es. Era cofrade mío desde l926, en que lo consulté por vez primera. Como contemporáneo de Joaquín V. González, don Ramón, que era el prototipo nato del hombre de Estado, vino a traerme su adhesión entusiasta y su experimentado consejo. No embalde había vivido sus primeros ochenta años"-.

Ocupaba el cargo de Secretario del General Manuel Rodríguez, Ministro de Guerra de Justo de ninguna manera podía desconocer y menos ignorar la trayectoria política de Cárcano y las intencionalidades de Justo al nombrarlo en el Brasil.

No fueron solo el aporte de Sarobe, Cárcano, Levene, De Vedia y Mitre, Rottjer, Descalzo y tantos otros que, como Bunge, influyeron en el pensamiento de Perón, sino la contundencia de un período que se negaba a ser resuelto por los viejos paradigmas quién modeló, al mismo tiempo su ideario.

La década del '30 ha sido un tiempo muy controvertido, especialmente para el mundo intelectual por los inconvenientes que debieron remontar: adecuar el pensamiento a la realidad. Que otra cosa, sino puede explicar la conducta de los liberales en el poder. Debieron flexibilizarse y aggiornarse, no estaban preparados para intervenir ni para regular y menos para impulsar un desarrollo industrial autónomo y sin embargo no dudaron en hacerlo ¡Que difícil debió resultar para ellos, esta pesada tarea!. Que ha sido, sin dudas, la principal herencia del período y también su mejor enseñanza.

Federico Pinedo, dos veces Ministro de Economía, en esta etapa, fue quien mejor ejemplificó lo apuntado anteriormente.

Mordiéndose el alma fue capaz de asegurar en su informe al Senado de la Nación:

"No se concibe un solo sector responsable de la opinión nacional, que frente a semejantes acontecimientos (la crisis propia del período) preconice la actitud de dejar que ellos sigan su curso natural. El país, por el contrario, requiere un programa de acción. Hay que darle un programa simple, de buen sentido...".

Y por las dudas que su planteo causara horror en sus filas culminaba:

"...sin trascendencia doctrinaria".
"Podrá pensarse que una acción de esta naturaleza presupone la intervención directa del Estado en los negocios. Ni se tiene ese propósito ni se justifica esa intervención...Pero es indispensable que el Estado cree las condiciones favorables y ofrezca el incentivo necesario, a fin de que esas actividades adquieran todo el impulso de que son capaces para combatir eficazmente la depresión que comienza".

Pero sin embargo allí estaban las Juntas de Regulación, la C.A.P., El Instituto movilizador, Fabricaciones Militares, Vialidad Nacional, la Reforma Bancaria y Monetaria, etc.

El mundo cambiaba, la convulsión venía del exterior y como ya dijimos en otra parte del trabajo, los "liberales" eran gobierno, al ubicarse en la cresta de la ola no podían poner los principios por delante de la realidad, en consecuencia:
"Nuestro país no ha tenido, pues, como en épocas más favorables de su historia económica, la alternativa de dedicarse preferentemente a la exportación de cantidades cada vez mayores de productos agrarios. Por el momento el país no tiene esa opción en su política económica.
Han de plantearse entonces, sin duda alguna, difíciles problemas ...Mientras llega ese momento el país necesita recurrir decididamente a su industria para suplir en lo que sea posible lo que no puede importar o pagar".
Hasta en esto puede señalarse que el peronismo fue la continuidad de una línea de acción comenzada en años anteriores.

Es interesante resaltar que Pinedo hacía hincapié en desarrollar la industria cuya materia prima fuera nacional, el Ministro se orientaba preferentemente al crecimiento de la agro industria. Algunos años después el Coronel Perón al asumir la Presidencia del Consejo Nacional de Posguerra sostuvo la misma tesitura:

Desarrollo industrial: en primer lugar de industrias de materias primas argentinas, luego y si es fundamentalmente necesario otras industrias, reconociendo sin embargo que si son caras no convienen.

Participación del capital privado en el proceso económico, Dirección económica del Estado.

"Al diario La Nación le parecieron auspiciosas las propuestas de Perón sobre la conveniencia de fomentar industrias utilizadoras de materias primas nacionales Coincidió también en la importancia de adoptar criterios adecuados para discernir acerca de que actividades fabriles debían preservarse preferentemente y destacaba el insustituible rol que debían cumplir el Estado y el Consejo presidido por Perón".

Muchísimas serían las citas que podrían agregarse en consonancia con nuestra tesis; para no abrumar al lector sólo me detendré en un aspecto, que a nuestro juicio fue de vital importancia en la construcción del ideario peronista.

Pinedo, también, impulsó desde su gabinete un acuerdo e incluso mucho más: una unión aduanera con Brasil. En su viaje a Río de Janeiro en pos de ese objetivo:

"...subrayaba la conveniencia de una unión aduanera, como paso previo para el ulterior establecimiento de una zona de libre comercio.
Buscaba promover gradualmente mayores posibilidades de intercambio con Brasil de modo tal de ir consolidándolo.…
Recomendaba que todos los artículos que no se producían en ninguno de los dos países y los que se producían en uno de los dos y en otro no se producían o se producían en escasa cuantía, circulasen en ambos países como en un solo territorio económico, sin abonar derecho aduanero alguno".

De alguna manera, Pinedo se adelantaba a Perón y al mismo Menem en la necesidad de conformar mercados ampliados que dieran respuesta a procesos de sustitución que llegaban rápidamente a su agotamiento.

En síntesis, la Política del ABC intentada por Perón en su Gobierno fue la continuidad del proceso político anterior y la herramienta fundamental para romper con la estrechez de mercados pequeños y autocentrados que asfixiaban cualquier desarrollo industrial autónomo. La sustitución de importaciones había dado todo lo que podía dar y había que seguir avanzando en un nuevo modelo industrial. Los acuerdos para la ampliación de mercados eran esenciales, el no haberlos logrado significo para Perón una gran adversidad que provoco su caída.

Esta es la tesis de un trabajo que se encuentra en imprenta y que ha llegado a mis manos gracias a la deferencia de su autor Víctor Jorge Ramos, quién afirma que el suicidio de Vargas fue para Brasil, lo que la Revolución Libertadora para La Argentina: La
imposibilidad de un mercado estratégico ampliado que nos hiciera indemnes a las presiones externas.

Estas ideas de ninguna manera estaban en el imaginario de quienes se arrogaron el patrimonio del pensamiento peroniano. Sepultaron bajo el peso de millones de páginas, lo esencial del General. No pudieron penetrar su pensamiento y en algún aspecto jamás comprendieron sus verdades.

Jorge Abelardo Ramos, con esa rara capacidad de comprender con una sola mirada los hechos acaecidos -habilidades que escasean en el campo científico de la historia- afirmaba como ya lo hemos dicho en otra parte de este trabajo que en el origen el radicalismo se conformó con una dualidad ideológica expresada por sus dos dirigentes más conspicuos, dando origen a las dos vertientes del radicalismo.
En el caso del peronismo esta bifrontalidad ideológica se dio en su creador, quién después del '55 y ante la desgarradora crisis abierta parecía inclinarse peligrosamente hacia posturas de un nacionalismo cerrado y sin visión estratégica.

EPILOGO

En los últimos veinte años han ocurrido en el mundo y en la Argentina transformaciones formidables, muchas de ellas, aun no comprendidas ni asimiladas.

Ideas y tendencias desvalorizadas hasta las vísperas y a lo largo de los últimos cincuenta años, de pronto se instalaron en el centro de la escena dándonos la sensación de vivir en el peor y más injusto de los mundos.

Así las cosas, el pasado desaparecido se revelaba en el imaginario colectivo como el paraíso perdido. Sin embargo ya nada sería como antes. Al decir de la célebre antropóloga norteamericana Margaret Mead: "cuando habíamos aprendido todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas", y despojados de certezas deambulamos atolondrados por las orillas del pensamiento comprensivo. Los años 90 se parecen cada vez más a la década del 30, había que crear e improvisar y al mismo tiempo construir, sin verdades reveladas ni profundas convicciones.

Cada época de cambios trajo aparejados conflictos en el mundo de las ideas, en lo esencial las grandes transformaciones ocurridas en otras latitudes repercutieron siempre en nuestro país de manera decisiva y estaba en nosotros la manera de asimilarla.

Desde l8l0 y hasta la actualidad los grandes hitos de nuestra historia estuvieron signados por acontecimientos de orden mundial, la intelección de los mismos, la manera de procesarlos, configuraron el derrotero institucional y político.

Como ya lo dijimos, la Revolución de Mayo fue un aspecto de la Revolución Española.

La Batalla de Pavón y el definitivo triunfo de Bs. As., se asimilaba a las grandes transformaciones promovidas por la segunda revolución industrial que empujaban al País, de la mano de los vencedores, a la conexión y al ensamble de nuestra economía agroalimentaria con la de Inglaterra, mientras en otros lugares del mundo como EEUU, Japón, Alemania e Italia, el mismo acontecimiento promovía su autarquía. El fenómeno era mundial, pero cada País lo resolvía según sus posibilidades.

La crisis del 30 fue otro momento clave, la política mundial inducía las políticas nacionales y no fuimos una excepción, adoptamos las medidas correctivas que configuraron un modelo de País que se desenvolvió en el sentido que el mundo lo requería, agotado este modelo en las postrimerias de los años 70, el Proceso militar vino a instalar torpemente el final de una época, sin identificar las nuevas realidades.

Fue el Gobierno del Presidente Menem quién resolvió el proceso de adaptación.

En cada uno de los grandes períodos señalados, la historia política de nuestro País discurrió sin ignorar los aportes ideológicos de las generaciones pasadas y de las tradiciones políticas.
La argentina de l8l0 a l86l, en lo esencial se miraba en las corrientes ideológicas del período anterior, pero actualizada a las nuevas necesidades. Lo mismo puede decirse para el período l86l-l930, estos cortes de ninguna manera fueron abismos insondables.

Los políticos que acompañaron a Urquiza en su firme lucha contra los porteños, una vez vencidos, debieron adecuarse a las nuevas realidades que rápidamente interpretó Roca. Y en consecuencia lo rodearon, conservando sus recuerdos y también sus tradiciones, pero seguramente estableciendo otro tipo de alianzas sociales.

Lo mismo podría decirse del período abierto a partir de l976, vencido el peronismo por el cruento golpe de Estado, el País ingresaba a un nuevo orden mundial y a un proceso de acumulación distinto.

El Peronismo no podía volver a ser el mismo, la historia no había pasado en vano, lo que la Argentina necesitaba para el período l930-76 de ninguna manera lo reclamaba para las nuevas realidades, pero sus actores eran los mismos. Educados para administrar otro País, debían hacerlo en este; el estrepitoso fracaso del radicalismo en el poder, ponía al peronismo en el nivel de su mayor responsabilidad histórica. O se adecuaba o desaparecía.
Y de la misma manera que los liberales se vieron en la obligación de administrar un País en épocas de intervencionismo, resolviendo el problema con Pinedo los

"intervencionistas" debieron administrar el País en la ola liberal, con Cavallo".

De ninguna manera creemos que estos últimos años hayan sido un corte con nuestra historia y con nuestros valores.

El país y el peronismo guardan reservas ideológicas en sus entrañas para cuándo las circunstancias lo reclaman.

Creemos firmemente que se hace necesario un nuevo revisionismo histórico que aborde nuestro pasado reciente desde un ángulo que hasta ahora permaneció en penumbras. Un revisionismo heredero de aquel que supo comprender la Argentina anterior, alcanzando el mayor nivel de profundidad con pensadores como Hernández Arregui, Ramos o Jauretche.

Un revisionismo que se proyecte con lo mejor de nuestras tradiciones ideológicas puestas al servicio de la Patria y del Pueblo.

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