CAPITULO V
LA LUCHA DE CLASES EN LA
INDEPENDENCIA
"Los funcionarios españoles dijeron: 'Los franceses antes que la emancipación` y los criollos respondieron: `La emancipación antes que los franceses`"
Indalecio Liévano Aguirre
La revolución hispanoamericana salta como una chispa de la fulminante invasión napoleónica. Aunque la hoguera revolucionaria se propaga como el dictado de una orden, una larga gestación la había precedido en la historia de España y las Indias. La ruina irresistible del Imperio español se fundaba en la impotencia de su burguesía para barrer a fondo las instituciones de la arcaica sociedad española, conjurar los particularismos feudales y regionales, establecer el régimen capitalista en la peníncula y sus dominios ultramarinos e incorporar España al nivel de los tiempos modernos. Bonaparte abrió inesperadamente una vía de salvación al pueblo español mediante la forma de una guerra de independencia nacional que adquiere inmediatamente una perspectiva de reforma interior.
1. La guerra civil en América.
Las Indias habían sufrido el mismo proceso de atraso que la metrópoli,
aunque agravado por su carácter dependiente, la esclavitud de los indios y el
yugo absolutista redoblado. Las Juntas que se forman en España se reproducen
en todo el territorio de la América Hispánica. Si la "máscara de
Fernando" llega a ser realmente una fórmula, se debe a que la cobardía
del liberalismo español y el retorno del absolutismo de Fernando VII por la
caída de Napoleón, cierra toda posibilidad de mantener el imperio
hispanoamericano con bases igualitarias.
El fracaso de la revolución española abre la etapa de las guerras de la
Independencia en América; la guerra civil se traslada a este continente,
donde combaten en bandos enfrentados españoles contra españoles y criollos
contra criollos. La profundización y democratización de la lucha incorpora
luego a la guerra a las masas indígenas, gauchas, negras o mestizas, con lo
que la independencia adquiere un carácter verdaderamente popular. Esta guerra
perseguía al principio un doble objetivo: impedir que América Hispánica
recayera bajo el yugo absolutista y conservar la unidad política del sistema
virreinal bajo la forma de una Confederación de los nuevos grandes Estados.
Quien ofrece la formulación más categórica, razonada y resuelta de esta
última posición es Simón Bolívar. Su formidable programa parece en un
momento próximo a realizarse; pero se hunde rápidamente y la muerte del
Libertador simboliza ese fracaso de mantener la unidad en la independencia.
2. La revolución de los Marqueses.
Los centros disociadores de la unidad latinoamericana son básicamente Buenos
Aires, Caracas, Bogotá y Lima . A esa disolución contribuyen las ciudades
menores, centros de intereses regionales de campanario que habrían podido
doblegarse por las armas. Tal es el caso del patriciado rural de la Banda
Oriental, del comercio altoperuano vinculado al Pacífico, de los
terratenientes y mineros chilenos.
En el antiguo Reino de Quito la revolución de 1809, a título de ejemplo, la
encabezan cuatro marqueses criollos: el Marqués de Selva Alegre, el Marqués
de Solanda, el Marqués de Villa Orellana y el Marqués de Miraflores.
Rompían con la autoridad local española para
"la conservación de la verdadera religión, la defensa de nuestro
legítimo monarca y la propiedad de la patria" . Como en otras regiones
de la América Hispánica, la revolución chocó con la indiferencia u
hostilidad de las masas populares.
"Fue tan evidente el espíritu de casta que inspiró el movimiento y tan
notorio el menosprecio que profesaban al pueblo los aristócratas quiteños,
que no tardaron los autores de la conjura en enfrentarse a la hostilidad de
las clases populares y hasta les fue imposible reclutar unos cuantos soldados,
para defender su causa contra las fuerzas militares despachadas desde Lima,
Pasto y Popayán" .
El Rey era un poder lejano para los mestizos y negros, pero los aristócratas
criollos estaban demasiado cerca; así pudo verse el rechazo popular de
criollos pobres o mestizos "en sorprendente armonía con los
peninsulares" . Reprimida la revolución de los marqueses por la barbarie
sangrienta de las fuerzas españolas, que sembraron el terror en Quito, la
segunda oleada revolucionaria lanzará a la lucha esta vez a las fuerzas
populares: la causa de la Independencia ahora será invencible.
3. Lima y Buenos Aires.
Entre los grandes virreinatos se destacan los de Lima y Buenos Aires. En Lima
sobrevive el poderío de la aristocracia colonial hispanocriolla: es la Lima
frívola y mundana de la Perricholi y del marqués de Amat, viejo verde y
rigurosamente dieciochesco, cliente de palio y jarana, paradigma de la Lima
charrigueresca que goza alegremente de la servidumbre indígena, la Lima de
los marqueses de Torre-Tagle, serviles de la Revolución que pronto
traicionarán . Porque en realidad en Lima toda o casi toda, la clase
"decente" es goda o agodada.
En cuanto a Buenos Aires, en ese puerto ínfimo, tan gris como las aguas
servidas del Río de la Plata, juzgado en los siglos coloniales como lugar de
destierro para los funcionarios del Rey, se ha constituído una clase
terrateniente y comercial de reciente alcurnia. No desciende de
conquistadores. Su grupo influyente se compone de peninsulares ávidos y
prestos, prácticos en el contrabando y en todo comercio ilícito, llegados
después de 1750 y que forman la clase principal de "solar
conocido". Se han enriquecido más o menos rápidamente, pues de la pampa
inmensa ha brotado un yacimiento mejor que el Potosí. La ganadería es
inextinguible y aunque carece de dueño, pronto aparece quien la reclame.
Inglaterra encuentra al producirse la Revolución su más seguro aliado en
estas dos clases sociales: ganaderos y comerciantes.
Las peculiaridades del puerto, su poder aduanero y rentístico, su
indiferencia por las provincias y América Latina, su condición de productor,
exportador e importador convertirá a los intereses de Buenos Aires en uno de
los factores motrices de la balcanización . De la voluntad porteña nace la
"Nación" uruguaya, la "Nación" boliviana, la
"Nación" paraguaya. Buenos Aires hostiga la convocatoria del
Congreso de Panamá y el esfuerzo de San Martín por liberar el Perú,
gestiona un príncipe europeo para coronar en el Plata, combate a Artigas
aliada a a los portugueses y concluye por exterminar al Paraguay en 1865 con
los mismos aliados.
4. Factores de la balcanización.
La "clase mantuana" traiciona a Bolívar y deshace la Gran Colombia,
los estancieros de la Banda Oriental apuñalan al artiguismo, los hombres de
pro barren a Carrera y asesinan a Manuel Rodríguez en Chile, Artigas se hunde
en la selva paraguaya, Paraguay se enclaustra defensivamente bajo el puño de
hierro del Dr. Francia, San Martín emigra, Morazán es asesinado y la
República de Centroamérica estalla en cinco pedazos, México se aísla y
agoniza un siglo bajo los terratenientes.
Las potencias extranjeras, Estados Unidos y Gran Bretaña, se disputan el
territorio y la economía de las veinte repúblicas que Bolívar había
soñado unidas. Después de la independencia, sobreviene la balcanización.
América Latina se convierte en una nación inconclusa.
5. La idea nacional hispanoamericana.
Al iniciarse la revolución todos los grandes jefes llevan en su cabeza el
proyecto nacional. Egaña en Chile, Bolívar en la Gran Colombia, Artigas,
Monteagudo, San Martín y el deán Funes en las Provincias Unidas, Morazán en
Centroamérica. Los iniciadores, por lo demás, son hijos del siglo que
presencia el movimiento de las nacionalidades. Las dificultades, sin embargo,
superaron todo lo previsible.
La extensión inmensa, las débiles comunicaciones terrestres o marítimas, el
bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, la carencia de un centro
económico y político capaz de arrastrar a todos los restantes hacia un foco
centralizador conspiraron contra el proyecto. Parecía que la única solución
era puramente militar y que sólo la espada podía asegurar la unidad nacional
en el proceso de la independencia. La forma política óptima, para muchos de
ellos, como San Martín y Belgrano, destinada a mantener por un largo período
la continuidad de la unión, era el régimen monárquico. La obsesión de
todos los jefes era la anarquía, el caos y la servidumbre consiguientes.
El rioplatense Belgrano sugiere coronar un Inca peruano, para asegurar la
adhesión de los millones de indios de los viejos virreinatos al nuevo orden
de cosas. El proyecto es rechazado, no por un particular
"democratismo" de muchos "próceres" sino por la
repugnancia de la minoría blanca criolla hacia los "cuicos", como
los diputados porteños llaman a los representates de indios o mestizos del
Alto Perú. El contenido social de este "desprecio" se nutría de
los intereses de los estancieros de origen español de la pampa húmeda del
Plata, a los que sólo importaba el comercio exterior o de los
abogados-terratenientes de Perú o Alto Perú, explotadores de los
"pongos" indígenas.
6. San Martín como político.
Había en el Ejército español un "indiano", de rasgos que evocaban
al mestizo. Era hijo de un Capitán español. En Bailén luchó heroicamente
contra los franceses. Bajo la influencia de las Logias fundadas en Inglaterra
por Miranda resolvió volcarse a la causa de su patria de origen y embarcó
hacia América. Es San Martín, que encabezará en el Río de la Plata el
"partido hispanoamericano", contra el localismo porteño de los
Rivadavia .
Con Bolívar, será San Martín el más notable luchador por la Confederación
de Estados en las guerras por la independencia. Bajo su presión directa, el 9
dejulio de 1816 las Provincias Unidas del Río de la Plata, reunidas en
Congreso General en la ciudad de Tucumán, proclaman la independencia del Rey
de España y de "todo otro poder extranjero". Firman el acta de la
independencia las "Provincias Unidas en Sudamérica", denominación
significativa, lo mismo que la adhesión de San Martín a la tesis de Belgrano
sobre la necesidad de coronar a un descendiente de los Incas para mantener en
las anárquicos territorios de antiguo dominio hispánico un poder
centralizador. El plan político de San Martín es el de la Logia Lautaro, por
él organizada. Su objetivo era inequívoco, según las
"Instrucciones" que recibió el Jefe del Ejército de los Andes:
debía lograr que Chile enviara "su diputado al Congreso General de las
Provincias Unidas, a fin de que se constituya una forma de gobierno general,
que de toda la América unida en identidad de causas, intereses y objeto,
constituya una sola nación." .
Aunque San Martín sugería el establecimiento de una monarquía
constitucional presidida por un rey incaico para atraer la simpatía de las
masas indígenas del Alto y bajo Perú, mientras que Bolívar aspiraba a una
República con una Presidencia vitalicia, ambos Libertadores acariciaban
idéntico propósito, una "Nación de Repúblicas", estrechamente
unidas ante la dispersión de la inmensa geografía y las intrigas
disgregadoras de los Imperios extranjeros. En su fugaz visita a Montevideo,
años después de su renuncia al poder en el Perú, San Martín dijo a Manuel
de Pueyrredón que Bolívar, tanto como él, aspiraban a lo mismo:
independencia y unidad hispanoamericanas.
7. La juventud de Bolívar.
Bolívar era el vástago de una familia de largo arraigo en Venezuela. Un año
antes de nacer el futuro Libertador, Miranda recibía una carta de tres
aristócratas venezolanos ofreciendo sus servicios para la emancipación de
América. Uno de ellos era Juan Vicente Bolívar, hombre principal de la clase
de los "mantuanos" 9 criollos en las horas febriles que preceden a
la declinación española. Por su cuna, pues, Bolívar era un mantuano. Por su
maestro, Simón Rodríguez, un perfecto roussoniano, un hijo del siglo. Don
Simón será toda su Universidad, su tutor y su guía en el teatro del mundo
que era entonces Europa.
Maestro y discípulo contemplan absortos la coronación del Emperador
Napoleón y ven desfilar a las tropas francesas ante su jefe por las calles de
Montechiaro, en Italia. Bolívar, de la mano de Rodríguez, ingresa a las
logias masónicas de Europa. Ya tiene un Julián Sorel en el corazón: el
espectáculo de Bonaparte y el movimiento de las nacionalidades que despiertan
ante la vieja Santa Alianza, inflaman el espíritu del joven heredero. Simón
Rodríguez ha guardado celosamente, por lo demás, la inmensa fortuna de los
Bolívar. A los 21 años el futuro Libertador se entera que su maestro bohemio
custodió los 4 millones de pesos, herencia del discípulo .
Bolívar se lanza en Europa a una vida alegre y disipada.
"Rodríguez no aprobaba el uso que yo hacía de mi fortuna, escribía a
una prima, le parecía que era mejor gastarla en instrumentos de fisica y en
experimentos químicos; así es que no cesa de vituperar los gastos, que él
llama necesidades frívolas. Desde entonces, sus reconvenciones me molestaban,
y me obligaron a abandonar Viena para libertarme de ellas. Me dirigí a
Londres, donde gasté ciento cincuenta mil francos en tres meses. Me fui
después a Madrid, donde sostuve un tren de príncipe. Hice lo mismo en
Lisboa; en fin, por todas partes ostento el mayor lujo y prodigio el oro a la
simple apariencia de los placeres" .
Hastiado al fin de esa vida de placeres, el joven mantuano reinicia sus paseos
y discusiones con el maestro Don Simón, el viejo conspirador de 1797. Un
día, en 1805, suben a una colina romana, el Monte Sacro y en una invocación
donde abundan los Rómulos y los Gracos, los Césares y Brutos y Tiberios,
Trajanos y Augustos, como ordenaba la simbología heredada de la Revolución
Francesa, Bolívar jura allí libertar al Nuevo Mundo . Muchos años más
tarde don Simón Rodríguez recordaba el episodio y comentaba a un joven
interlocutor: "Tú sabes, hijo, que el muchacho cumplió su palabra"
.
8. Don Simón Rodríguez.
Este don Simón Rodríguez era un genial y extravagante personaje que
ejercerá gran influencia moral e intelectual sobre Bolívar. Como es de
práctica en América Latina, Don Simón yace olvidado y ni Caracas lo
recuerda con una estatua . Había abierto su biblioteca al discípulo:
Rousseau, Voltaire, Plutarco, Montesquieu, Cervantes. Era una especie de
socialista ("primer socialista americano" lo llama un biógrafo),
cuya originalidad consistió en percibir agudamente la peculiaridad social de
América Latina.
Su acción en América fracasa al mismo tiempo que la de Bolívar y por las
mismas razones que se explicarán. Despreciaba sin énfasis la vieja
estructura social y las convenciones coloniales que subsistirán después de
la Independencia. Cuando Bolívar decide regresar al Nuevo Mundo para luchar
por la emancipación, Don Simón permanece en Europa, frecuenta a Humboldt y
viaja a Rusia, donde funda una escuela. Pasarán más de quince años sin
verse maestro y discípulo.
Ya en 1810 Bolívar entabla en Londres relaciones con Francisco de Miranda. El
anciano revolucionario otorgará al joven mantuano su primer grado militar.
Allí nace el Bolívar histórico. Se recordará que Miranda no era pura y
simplemente "un agente británico", sino el creador de la idea de
una América Hispánica unida.
Su aventurera existencia, su epílogo infortunado y su fatal disidencia con
Bolívar pertenecen a otra historia. Lo que importa al presente relato es que
al desaparecer Mitanda de la escena, Bolívar lo sucede. Recoge de su jefe el
proyecto de un gran Estado hispanoamericano y de su viejo maestro Don Simón
el contenido moderno de la revolución nacional que avanza orgullosamente en
Europa.
9. De la patria boba a la gran Colombia.
Al día siguiente de la formación de las Juntas en América hispánica se
manifiestan las tendencias centrífugas en todo el continente. Las
aristocracias criollas asumen el control en todas las regiones. La
fragmentación política hace su aparición bajo el manto del
"federalismo" o de las satrapías locales. Durante cinco años, el
antiguo Reino de Nueva Granada (actual Colombia), vive una era que la historia
conoce con el nombre de la "Patria Boba". Cada provincia proclama
sus autoridades, cada aldea tiene su Junta independiente y soberana, la
palabra federalismo se convierte en la soberbia doctrina de la impotencia. Las
derrotas iniciales de Bolívar, el conservatismo oligárquico del Perú
virreinal y la política centralista de Buenos Aires en el Sur, que engendra
la segregación y el separatismo de las provincias del Río de la Plata,
ofrecen un mismo espectáculo de división y caos. Por el contrario, desde el
comienzo de su acción el Libertador expresa en sus proclamas y en su
correspondencia una idea central: la unidad latinoamericana. Su edecán, el
general O'Leary, recordará luego la frase que repite mil veces: "Unión,
unión, o la anarquía os devorará".
A medida que sus fulgurantes triunfos militares se sucedían, Bolívar
comienza a llevar a la práctica sus grandiosos proyectos unificadores. Era
una doctrina común en América Hispánica, desde los precursores. A fines del
siglo XVIII el jesuita D. Juan Pablo Viscardo y Guzmán, natural de Arequipa,
y que como muchos otros mienbros de la Orden de Loyola expulsados por los
Borbones, adoptó el partido americano contra la Metrópoli, escribía una
carta célebre "a los españoles americanos", en la que decía:
"El Nuevo Mundo es nuestra patria, su historia es la nuestra" . La
Junta de Chile se dirigía en 1810 al gobierno de Buenos Aires planteando la
necesidad de establecer un Plan o Congreso para "la defensa general"
.
En Caracas, en abril de 1810, la primera Junta, bajo la máscara de Fernando,
reclamaba la "obra magna de la confederación de todos los pueblos
españoles de América" .
El Chileno Juan Egaña componía en la primera década revolucionaria un Plan
cuyo primer capítulo establecía la formación de "el Gran Estado de la
América Meridional de los Reinos de Buenos Aires, Chile y Perú y su nombre
será el de Dieta Soberana de Sud América" .
Desde el Perú, Monteagudo escribirá su Ensayo sobre la necesidad de una
Federación general entre los Estados Hispanoamericanos y plan de su
organización .
En el Alto Perú, Castelli, uno de los raros revolucionarios porteños, lanza
un manifiesto: "Toda América del Sur no formará en adelante sino una
numerosa familia que por medio de la fraternidad pueda igualar a las
respetadas Naciones del mundo antiguo" .
La primera Junta, encabezada en 1811 por Fulgencio Yegros proponía la
Confederación del Paraguay con las demás provincias de América de un mismo
origen "y principalmente con las que comprendían la demarcación del
antiguo Virreynato" .
Todos los Jefes revolucionarios, de un extremo a otro de la Nación
latinoamericana, proclamarán su condiciópn de "americanos", sean
caraqueños, neogranadinos, argentinos, altoperuanos, orientales o chilenos.
Para todos, la ciudad o región natal será, por todo un período, "la
patria chica". De todos ellos, es Bolívar quien expresa más
categóricamente la conciencia nacional común. En una arenga a la División
de Urdaneta, Bolívar dice en 1814: "Para nosotros la patria es
América" .
Bolívar tenía la convicción de que la independencia había sido prematura,
precipitada por la invasión napoleónica. Era obvio que la Independencia de
las colonias americanas, con su debilidad económica y social podía y debía
ser presa de la disolución interior y la dependencia económica de algún
gran poder mundial, en este caso, Gran Bretaña.
10. Ideología y realidad social.
Un desenvolvimiento del Imperio español-americano mediante el progreso del
capitalismo en la metrópoli, podría haber proporcionado a las colonias un
nacimiento histórico más sano.
"América no estaba preparada para desprenderse de la metrópoli, como
súbitamente sucedió, por el efecto de las ilegítimas cesiones de
Bayona", escribe en su famosa carta de Jamaica en 1815. Cuando las
águilas francesas"sólo respetaron los muros de la ciudad de
Cádiz" y desaparecieron los gobiernos de la Península, "quedamos
en la orfandad" .
Pero era imposible históricamente volver atrás. "Yo deseo más que otro
alguno ver formar en América la más grande nación del mundo".
Desconfía de los gobiernos representativos, aunque rechaza la monarquía.
Advierte que las formas democráticas tomadas en préstamo de Europa carecían
del fundamento social que había en Europa ya que no existía en América el
desenvolvimeinto de las fuerzas productivas y de la "democracia
económica" de la América del Norte. En tales condiciones, para Bolívar
se imponía formar gobiernos centralizados, que acelerarían el progreso
económico y social de los nuevos Estados. "Los Estados americanos han
menester de los cuidados de gobiernos paternales que curen las llagas y las
heridas del despotismo y la guerra. La metrópoli por ejemplo, sería Méjico,
que es única que puede serlo por su poder intrínseco, sin el cual no hay
metrópoli" .
Se advierte aquí el ideologismo fatal de Bolívar, la irremediable
limitación de sus propias fuerzas de sustentación le imponían y que, salvo
en el caso de Artigas, reduce la visión realista de casi todos los jefes
americanos de la época. La disputa sobre los regímenes políticos suplantaba
a la disputa en torno a la estructura económica y social, que empíricamente
sin embargo San Martín y Bolívar se vieron forzados a considerar en sus
guerras revolucionarias. Monarquía y república en la América Hispánica de
la época eran perfectamente compatibles con el latifundismo agrario, el
sistema servil del indio, la esclavitud o la dependencia del capital
extranjero. Justifica a Bolívar, sin embargo, el objetivo supremo que se
asignó y que estaba determinado por el conjunto de las circunstancias
mundiales: en primer lugar la independencia, luego todo lo demás. ¿Podía
crearse una nación latinoamericana sin la interrelación económica de un
mercado nacional común? Podía la espada sustituírse a una economía
nacional que la respaldase? Bolívar se proponía fundar una Nación americana
llamada Colombia, palabra creada por él en homenaje al descubridor de
América y cuya capital sería una ciudad a fundarse llamada Las Casas, como
tributo al defensor de los indios.
11. La carta de Jamaica.
Por lo demás, en su carta de Jamaica, "contestación de un americano
meridional a un caballero de esta isla", es preciso observar que el
"caballero de esta isla" era un caballero inglés, y que bajo la
retórica ampulosa del Libertador y sus visiones literarias se escondía un
político práctico descarnado, con un sentido crítico muy alerta. Bolívar
supo siempre cómo tratar a los extranjeros, en particular a los británicos,
en quienes veía aliados de importancia decisiva. En la misma carta afirma que
"es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola
nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya
que tiene un origen, una lengua, unas costumbres, y una religión, debería
por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes
estados que hayan de formarse; más no es posible, porque climas remotos,
situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres semejantes, dividen a la
América. Que bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que
el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de
instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas,
reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y la
guerra!" .
Cuando escribía esas líneas, Bolívar era un "general retirado",
un puro soñador solitario, recluído en una isla inglesa, que mataba sus
ocios con una hermosa mulata y que parecía repetir sonbríamente el mismo
ciclo que su firme amado y detestado Miranda: escribir memoriales a los
ingleses soñando con un utópico retorno a tierra firme. Era en 1815 y estaba
derrotado, negado por sus amigos, sin dinero, sin soldados y sin futuro.
"Ya no tengo un duro -escribe Bolívar a un amigo- ya he vendido la poca
plata (objetos de ese metal) que traje. No me lisonjea otra esperanza que la
que me inspira el favor de Vd. Sin él, la desesperación me forzará a
terminar mis días de un modo violento, a fin de evitar la cruel humillación
de implorar de hombres más insensibles que su oro mismo. Si Vd. no me concede
la protección que necesito para conservar mi triste vida estoy resuelto a no
solicitar la beneficencia de nadie, pues es preferible la muerte a una
existencia tan poco honrosa" .
Cuatro años más tarde es un triunfador, Libertador y Fundador de Colombia.
Pero sus ideas no han cambiado. Al preparar el Congreso de Panamá, envía a
Chile a su embajador Mosquera y dice en una carta al Director Supremo de Chile
que las provincias americanas "han recobrado su libertad, dándose una
existencia nacional. Pero el gran día de la América no ha llegado. Hemos
expulsado a nuestros opresores, roto la tabla de sus leyes tiránicas y
fundado instituciones legítimas; mas todavía nos falta poner el fundamento
del pacto social, que debe formar de este mundo una nación de
repúblicas" .
La irresistible tendencia posterior a la independencia, a fragmentar en
"republiquetas", como Bolívar las llamaba irónicamente, los
grandes Estados, le arranca esta observación sobre la "manía de
federación provincial": "se quiere imitar a los Estados Unidos sin
considerar la diferencia de elementos, de hombres y de cosas... Nosotros no
podemos vivir sino de la unión" .
A Santander, su vicepresidente en Colombia, le repetía su frase a Páez:
"Yo le he dicho a usted que el único pensamiento que tengo es la gran
federación de Perú, Bolivia y Colombia .
12. Las clases sociales en la revolución.
Pero esa revolución burguesa que había triunfado en Francia con los
jacobinos y que había sido derrotada en España por la tenaza de hierro de
franceses y de Fernando VII, no podía reproducirse en la América rebelde sin
afectar profundamente la estructura social establecida por la España
absolutista: en primer lugar, por la abolición de la esclavitud y por la
igualdad social de las razas.
Si en la España revolucionaria se trataba de elevar al pueblo a depositario
de la soberanía política, en América Hispánica, después de tres siglos,
se imponía emancipar socialmente a los oprimidos y humillados, es decir a los
negros, indios zambos y mulatos que constituían la mayoría de la población,
sea como esclavos, como siervos o campesinos sin tierras. El contenido social
de la revolución era la condición preliminar para impulsar las
reivindicaciones nacionales contra los españoles.
Bolívar repitió, en la primera etapa de su lucha, el error fatal de su
antiguo jefe Miranda: mantener la quimera de una República Abstracta, cara a
los mantuanos y que consistía en romper el yugo político con España sin
despojarse de su hegemonía social sobre las "castas infames" como
llama Pereira a las clases de color . La crisis española se transforma en
Venezuela en guerra civil (guerra de razas y guerra de clases) antes que en
revolución de la Independencia.
Durante siete años, desde 1810 hasta 1817, los patriotas mantuanos
representan las clases criollas privilegiadas, opuestas a las masas de
llaneros, esclavos y plebe de color que, al mando de jefes españoles que les
han prometido la "libertad de clase" desdeñan la "libertada
nacional". Los primeros años de la Independencia, presencian así una
sangrienta lucha de clases enmascarada de lucha de razas. La ferocidad
distingue a los dos bandos. Los hombres de los llanos, gauchos de Venezuela,
constituyen una fuerza irresistible. Es la mejor caballería a lanza que
cuenta América: los aristócratas criollos son arrollados. Su jefe es Boves,
un asturiano rubio e implacable, antiguo contrabandista y ex presidiario,
traficante de ganado en los llanos, elevado rápidamente en el caos de los
jinetes nómades al rango de caudillo .
Lucha a la par de sus hombres y su fuerza inmensa en los llanos de Venezuela
resultará totalmente lógica si se considera que al levantar el pabellón
español contra los aristócratas criollos, no sólo declaraba la guerra a
muerte contra los blancos, sino que abolía la esclavitud y la servidumbre,
entregaba las propiedades y bienes de los blancos ejecutados a sus
combatientes zambos, pardos, negros y mestizos "dándoles papeletas de
propiedad" y repetía en todas sus campañas la divisa: "Las tierras
de los blancos para los pardos!" .
Al mismo tiempo, ascendía a las altas jerarquías militares a los más rudos
soldados zambos o mulatos de su ejército, la que llamaba "la legión
infernal". Este curioso caudillo de los llanos, era al mismo tiempo
notoriamente desinteresado y no guardaba para sí ni un alfiler en los
saqueos; de ilimitada osadía en los combates, era luego el más sencillo
soldado entre sus hombres, con quienes compartía la carne cruda y sin sal de
la sabana .
13. Esclavos, libertos y mantuanos.
En el ejército llanero de Boves, compuesto de 7.500 hombres, sólo podían
contarse de 60 a 80 soldados blancos y unos 40 ó 45 oficiales entre
españoles y criollos. Por el contrario en las fuerzas de Bolívar, la
mayoría aplastante estaba compuesta por criollos blancos.
Refiere Páez en su Autobiografía que en 1821, al librarse la batalla de
Carabobo, en las fuerzas que guarnecían a Caracas había 700 negros, mulatos
y zambos de infantería. Cuando Bolívar concedió la capitulación, sólo 6
de ellos pasaron al ejército patriota. Las fuerzas de caballería realista,
en cambio, formadas en su mayor parte por europeos, abandonaron en masa las
filas para sumarse a las tropas bolivarianas .
En cuanto al número, en la guerra civil de la primera etapa los llaneros
oponían generalmente el doble de combatientes a las fuerzas de la
Independencia. Los propios testimonios españoles son perfectamente claros.
El regente de la Real Audiencia, Don José Francisco Heredia informa que
"niños delicados, mujeres hermosísimas y matronas respetables"
solicitaban protección "al zambo Palomo, un valentón de Valencia,
despreciable por sus costumbres"; en el bando patriota, agrega, se
"oye nombrar los apellidos más ilustres de la Provincia, como contra
ellos se ha encarnizado la persecución de la gente soez que forma la mayoría
del otro partido" .
Bolívar escribía significativamente en 1813, desde un punto de vista
mantuano, que abandonará después de ese período terrible: "Viéronse
los hombres más condecorados del tiempo de la República arrancados del seno
de sus mujeres, hijos y familias en el silencio de la noche; atados a las
colas de los caballos de los tenderos, bodegueros y gente de la más
soez..." .
Los factores sociales de la guerra no podían ser más claros. Pero como los
españoles son pocos en Venezuela, y en su mayor parte están con los
terratenientes criollos, que constituyen la clase dominante, la lucha entre
Boves y Bolívar en los primeros años no es la expresión del enfrentamiento
entre la España absolutista y la América libre sino el combate entre los
ejércitos llaneros de peones y esclavos y los cultos terratenientes
exportadores cuyo jefe supremo es Bolívar. Esta lucha se prolonga hasta 1917
y concluye con la derrota total de Bolívar y su fuga a Jamaica y Haití. Gran
parte de la "grey mantuana" es exterminada.
Lo mismo ocurre en México. En México "desgraciadamente la guerra se
convirtió en guerra de castas; no se trató ya de los empleados europeos
abusivos; los entonces llamados criollos, que son la mayoría de los
americanos... se vieron amenazados de exterminio" .
Las grandes ciudades de Venezuela son saqueadas por los esclavos y peones en
armas. "Los defensores de la Corona, escribe Pereira, ya no eran jefes
regulares, sino caudillos que se alzaban con los elementos más bajos, desde
lo negros esclavos de las fincas rústicas, los zambos y los mulatos de las
ciudades y los llanos, para aniquilar a la grey mantuana de los criollos
aristocráticos que representaban la causa independiente" .
Los ejércitos republicanos apenas podían sostenerse "contra el
inagotable flujo de las masas rurales semi bárbaras que capitaneaban los
jefes realistas" , dice un autor moderno.
14. El conflicto íntimo del patriciado.
El patriciado criollo está horrorizado por las consecuencias de su
atrevimiento: "veían el porvenir cargado de sangrientas nubes y
retrocedían; habían querido regenerar conservando. Todos anhelaban llegar a
la tierra prometida sin pasar por el Mar Rojo", escribía Juan Vicente
González .
Esa oligarquía americana satisfecha de sí misma, libresca y orgullosa,
ociosa y voluble, deseaba una revolución a la girondina, como Miranda, y
mientras leía a los hombres de la Enciclopedia y declamaba los Derechos del
Hombre, sus esclavos trabajaban en las ricas plantaciones pues "el sudor
del esclavo daba para todo" .
En Cartagena los blancos eran los únicos caballeros y sus mujeres las únicas
señoras. En esa sociedad provinciana y opulenta anterior a la Revolución,
las mujeres se dividían en tres clases, recuerda el general Posada
Gutiérrez: las señoras blancas, llamadas "blancas de Castilla";
las pardas, comprendidas las mezclas acaneladas de las razas primitivas y las
negras libres. Cuando se realizaba un baile, la concurrencia se dividía en
tres salones, para las tres clases y razas señaladas. Los caballeros blancos
tenían el privilegio de danzar en los tres salones; los pardos, en el suyo y
en el salón de las negras; y los negros, sólo podían bailar con sus negras.
No es extraño que cuando Fernando VII es privado de su trono, muchos sectores
del patriciado criollo exigieran de España la igualdad de españoles y
americanos blancos: pero esta igualdad no conmovía a las negras del tercer
salón. La rebeldía criolla no pasaba de allí. Pero cuando el rey José
Bonaparte se encaramó al trono español, ese mismo patriciado criollo se
plegó a la lucha por la Independencia de España, no por antiespañol, sino
por antifrancés, es decir por su odio contra la Revolución Francesa, cuyos
rasgos, aún desfigurados, veían asomar detrás de los oropeles
napoleónicos. Don Indalecio Liévano Aguirre describe el estado de espíritu
de estos patricios criollos y la incertidumbre del partido realista español
con dos fórmulas significativas: "Los funcionarios españoles dijeron:
'Los franceses antes que la emancipación' y los criollos respondieron: 'La
emancipación antes que los franceses' " .
La guerra de Independencia contra una España cuyos jefes como Boves otorgaban
la libertad a los esclavos mientras los mantuanos criollos se la negaban,
estaba condenada, a menos que Bolívar cambiara radicalmente su estrategia
social. Su residencia en Haití y su amistad con el presidente mulato
Alejandro Pétion aparece como decisiva para la transformación del brillante
mantuano en jefe revolucionario.
15. La revolución nace en Haití.
La Revolución Francesa despertó a la vida a los esclavos haitianos y
difundió en el mundo entero las ilusiones de sus retóricos. La esclavitud
fue abolida, ante el furor de los plantadores franceses que rehusaban leer la
Declaración de los Derechos del Hombre bajo el cielo ardiente de Haití.
Toussaint Louverture, el antiguo esclavo negro, funda la independencia
haitiana. Cuando se inicia el Thermidor y aparece Bonaparte, la Gran
Revolución de París era sólo una burla para los esclavos haitianos. El
Artículo 1o. del Decreto de 30 Floreal del año XI (20 de mayo de 1802)
decía lo siguiente: "En las colonias restituídas a la Francia en
ejecución del Tratado de Amiens del 6 germinal, año X, la esclavitud será
mantenida conforme a las leyes y reglamentos anteriores a 1789" .
Para los hijos de Haití, de la Revolución Francesa sólo quedaba el pomposo
calendario, más artificial que nunca.
A fin de restablecer la esclavitud, un cuñado de Napoleón, el general
Leclerc, ocupó Haití con 25.000 veteranos. La resistencia de los antiguos
esclavos y su intrepidez militar desconcertó a los franceses, acostumbrados a
vencer en Europa. La mujer de Leclerc era Paulina Bonaparte, la hermana del
Emperador, que combatía el hastío tropical organizando grandes fiestas. Su
propensión escandalosa a conceder sus favores a los negros, muchos de ellos
jefes rebeldes, era explicada por Paulina con el plausible argumento de que
era preciso "mantenerlos sometidos a Francia" .
Toussaint Louverture se rinde, es enviado a Francia y muere misteriosamente en
prisión . Ya han surgido nuevos jefes: los negros Dessalines y Christopher y
el mulato Pétion, que conducen con energía inquebrantable la lucha nacional
contra las tropas esclavistas. La fiebre amarilla se añade a las desventuras
militares de las fuerzas napoleónicas. Se comprende bien que las derrotas
francesas irritaran al General Rochambeau. En el oficio que envía al
comandante Ramel, el 6 de mayo de 1803 escribe: "Le envío, mi querido
comandante, un destacamento de 50 hombres de la Guardia Nacional del Cabo,
comandada por M. Bari; lleva 28 perros dogos. Esos refuerzos le permitirán
asimismo terminar enteramente vuestras operaciones. No le dejaré ignorar que
no le será abonada ninguna ración ni gasto para la alimentación de esos
perros. Usted debe darles negros para comer" .
Era previsible que los jefes haitianos sacaran las consecuencias políticas y
militares más extremas ante la ferocidad de los civilizadores franceses.
"Dessalines, el antiguo esclavo, estableció la doctrina de que el mal de
Haití estaba en el color blanco y en consecuencia degolló a todos los
blancos, y como sucedía que en Haití no había haitianos blancos, blanco y
francés quería decir lo mismo. En Haití, pues, la guerra de razas fue al
mismo tiempo la guerra contra la metrópoli; y eso no sucedió en Venezuela,
donde los ricos blancos criollos se habían declarado en lucha contra
España" .
El exterminio de los blancos franceses, que eran los propietarios de la
tierra, dejó en poder de Haití la totalidad de su suelo. Dos nuevos jefes,
Christopher y Pétion, se dividieron el poder haitiano. La República del
Norte, con Christopher (que luego se coronó rey con una corte orgiástica),
restableció el latifundio del tiempo de los franceses, usufructuado ahora por
una nueva nobleza negra por él creada; la esclavitud resucitó esta vez en
una perfecta igualdad racial, puesto que amos y esclavos eran negros. En la
República del Sur, Alejandro Pétion dividió las tierras entre la población
campesina y estableció un Estado agrario democrático: "La República de
Pétion vivió de manera sencilla y pacífica en una especie de democracia
patriarcal, a la vez nacionalista y sosegada" .
Christopher tenía por los mulatos un odio profundo e implacable, nacido
quizá de la superioridad cultural de éstos; aspiraba a exterminarlos a
todos, así como MDessalines había degollado a todos los blancos. La atroz
monarquía establecida por Christopher en el Norte era un remedo militar
feudal del antiguo régimen y duró tanto como la vida de su creador, que
concluyó suicidándose en 1820. El verdadero fundador de la República
haitiana es Alexandre Pétion, factor decisivo a su vez en la emancipación
del Nuevo Mundo.
Con Pétion la revolución de los esclavos se incorpora a los tiempos
modernos. Por primera vez en la historia de Haití los obreros rurales reciben
el pago de su salario en dinero y la Constitución establece la enseñanza
pública y gratuita. Pétion entrega tierras a los campesinos e introduce el
concepto de la democracia agraria en la Constitución, exactamente después
que la tierra ya estaba en manos de los haitianos. Con razón se dirá de él
"que no hizo derramar lágrimas sino a su muerte" En efecto, se debe
al apoyo decisivo brindado por Pétion a sus proyectos, que el fracasado
Bolívar pueda regresar de Jamaica a Venezuela al frente de una nueva
expedidión militar . En el tratado firmado entre el Presidente Pétion y
Simón Bolívar en febrero de 1816, se establecía claramente que a cambio de
esta ayuda en hombres, víveres, naves y armas, Bolívar se comprometía
solemnemente a abolir la esclavitud en el mismo momento de pisar Tierra Firme
. El ex esclavo no sólo brindaba al futuro Libertador los elementos
materiales de la lucha, sino hasta el punto capital de su programa. Mucho
debió reflexionar el jefe mantuano, en sus amargas horas de solitario, sobre
las funestas experiencias vividas y que tanta analogía revestían con las
primeras aventuras de su jefe Miranda.
Bolívar había incurrido en el mismo error que su maestro. Pero ahora el ex
esclavo impartía al ex aristócrata su primera lección de política
revolucionaria. Al desembarcar en tierra venezolana, cumplía su promesa.
El 2 de junio de 1816 declaraba en Carúpano la liberación de los esclavos y
su incorporación al ejército libertador. En 1819 ratificaba la abolición de
la esclavitud: "Todos los hombres que antes eran esclavos se presentarán
al servicio para defender su libertad" .
16. Bolívar liberta a los esclavos.
En el mismo Congreso de Angostura afirmaba dramáticamente ante los
legisladores la necesidad de satisfacer su pedido abolicionista del mismo modo
"como imploraría mi vida y la vida la de República" .Bolívar
había dado el ejemplo al libertar a sus propios esclavos, heredados del
patrimonio paterno. Pero los ardientes roussonianos y benthamianos del
Congreso rehusaron escuchar al Libertador, optando por la extinción paulatina
de la esclavitud. El insinuante argumento espuesto en el decreto del 11 de
enero de 1820 consistió en que "en el estado de ignorancia y
degradación moral a que esta porción desgraciada de la humanidad ha sido
reducida" era preciso "hacer de los esclavos hombres antes de
convertirlos en ciudadanos" .
Esta hipocresía pedagógica se vería luego en la Argentina, cuando Sarmiento
enviaba libros a gauchos analfabetos o, con más frecuencia, los mandaba
degollar. Los diputados esclavistas de la Independencia finjían tener la
pretensión de educar a los esclavos a ser hombres libres, para libertarlos
después, en lugar de libertarlos para hacerlos simplemente hombres. Esta
devoción educativa les permitía a los legisladores liberales exponer ante el
mundo sus luces y continuar explotando indefinidamente carne humana. También
los sarmientinos en la Argentina deseaban "educar al soberano" antes
de otorgarle sus derechos, afectando ignorar que el pueblo no se educa sin el
real ejercicio de su soberanía. Al parecer, el mecanismo lógico de las
oligarquías latinoamericanas no ha cambiado ni con el tiempo ni con el clima.
Parcial como fue, la abolición de la esclavitud operó milagros en el orden
militar, aunque menos que el profundo carácter reaccionario de la política
puesta en práctica por las tropas procedentes de la península.
Cuando fue presidente de la República, Sarmiento envió al indio Guarumba que
tenía el grado de coronel en la provincia de Entre Ríos, unos libros de que
era autor. Algún tiempo después Sarmiento visitó esa provincia y al
preguntarle a Guarumba si los había leído, el indio le respondió que no,
pero que guardaba los libros con cuidado, aunque cono eran de tamaño
irregular los había cortado con un cuchillo todos, para que se conservaran
parejitos. Sarmiento trató al coroner Guarumba con su palabra favorita de
maestro, que era "bárbaro". Guarumba era analfabeto, pero prolijo.
Más bárbaro era Sarmiento que en vez de enviarle libros al General
Peñaloza, el Chacho, caudillo popular de La Rioja, lo mandó degollar e hizo
clavar su cabeza en una pica en la Plaza de Olta. ¡Y es la fama de próceres
semejantes que la oligarquía porteña ha echado a rodar por América! .
17. El regreso de Fernando VII.
Estamos en 1815. Al regresar Bolívar de Haití mediante la ayuda del
presidente negro Pétion, en la situación española se había operado un
vuelco decisivo: el absolutismo de Fernando VII. El miserable Borbón, que
vivió su destierro arrastrándose por las antecámaras de Bonaparte, sumido
en la adulación más abyecta, regresaba al poder con su pequeño cráneo
rebosante de odio. Desconoció entonces la Constitución de 1812. Fusiló a
los mejores generales y oficiales de la guerra nacional contra Francia y
declaró "el principio de que los años transcurridos desde 1808 a 1813
debían darse como no existentes .
Su actitud hacia las colonias americanas fue la que correspondía a esa
política absolutista. Envió inmediatamente a Venezuela 10.000 soldados al
mando del general Morillo . Ahí lo esperaba Morales, el sucesor de Boves, que
había muerto en combate poco antes, al frente de 5.000 llaneros. Morillo
incurrió en el error fatal de despreciar a esa caballería andrajosa que
había reconquistado para el Rey una rica provincia. ¿En que podían ayudarlo
esos miles de guerrilleros irregulares, equipados a la buena de Dios, unos con
botas y otros descalzos, donde era imposible contar su variado armamento,
fuese cuchillo, sable o machete, salvo en la lanza genérica de tres metros de
largo, vestidos con harapos, tan indisciplinados como orgullosos? . Resolvió
licenciarlos a todos, pese a las advertencias de Morales: se corría el
peligro de que se pasasen a los patriotas. Pero la relación íntima y
recíproca de la revolución en España con América debía manifestarse una
vez más y ahora de una manera decisiva. Las tropas del absolutismo habían
llegado al Nuevo Mundo y evidenciaban, como en la represión de los marqueses
criollos de Quito, el verdadero rostro del poder español.
"España había vencido en América porque contra la fronda de las clases
pudientes, había encendido la revolución. Esto había sido posible porque la
metrópoli misma, como tal, no había hablado oficialmente. Más ahora que
hacía acto de presencia el representante del auténtico y legítimo don
Fernando VII, la revolución era licenciada. Lo inevitable tenía que ocurrir.
La fronda estaba muerta. Y era la misma revolución lo que cabalmente revivía
.
Los antiguos llaneros y esclavos, muerto Boves, se desplazaron poco a poco
hacia los ejércitos de Bolívar, puesto que el ejército absolutista no
estaba dispuesto en modo alguno a conceder el autogobierno de la plebe montada
ni a tolerar sus radicales expropiaciones. Por el contrario, Bolívar otorga a
los llaneros la posiblilidad de elevarse militar y socialmente en la lucha
contra los absolutistas. De este modo, el Libertador encuentra por primera vez
la base social y política para su lucha contra España, de la que antes
había carecido. El propio Bolívar lo reconoce en una carta: "Por un
suceso bien singular se ha visto que los mismos soldados libertos y esclavos
que tanto contribuyeron, aunque por fuerza, al triunfo de los realistas, se
han vuelto al partido de los independientes, que no habían ofrecido libertad
absoluta, como lo hicieron las guerrillas españolas. Los actuales defensores
de la independencia son los mismo partidarios de Boves, unidos ya con los
blancos criollos" .
Entre 1817 y 1824 se abre el período de los grandes triunfos militares y
políticos de Bolívar. Por primera vez en la guerra de la Independencia se
sella una alianza militar entre terratenientes criollos y pueblo de color que
infunde un sentido a la lucha contra España. Ese frente de clases se
desmoronará tan pronto América hispánica sea libre de España y los propios
jefes llaneros de color -Páez, Padilla y otros- se conviertan luego en
terratenientes. Quedará así frustrada la revolución en el orden económico,
así como sucumbirá el plan de unidad hispano-criolla de Bolívar.
18. La fundación de Colombia.
La actual República de Colombia se denominaba durante el período colonial
Virreynato de Nueva Granada. Su jurisdicción incluía la Audiencia de Santa
Fe de Bogotá, las provincias de Panamá y San Francisco de Quito y la
Comandancia de Caracas. En 1773, durante los Borbones, se otorgó autonomía a
la Capitanía General de Venezuela, así como a la de Guatemala. Esta última,
aunque dependía del virreinato de Nueva España (México), tenía en la
práctica vida propia. Al día sigueinte de la batalla de Boyacá, en el
Congreso de Angostura de 1819, Bolívar propone reunir las provincias
liberadas de Nueva Granada a las provincias de Venezuela: "La reunión de
la Nueva Granada y Venezuela es el objeto único que me he propuesto desde mis
primeras armas: es el voto de los ciudadanos de ambos países y es la
garantía de la libertad de la América del Sur".
El antiguo diputado a las Cortes napoleónicas de Bayona, Francisco Antonio de
Zea, precursor de la Independencia, le respondió extasiado en nombre del
Congreso: "Si Quito, Santa Fe y Venezuela se reúnen en una sola
república, quién podrá calcular el poder y prosperidad correspondiente a
tan inmensa masa? .
De este modo, Bolívar rebautiza al antiguo Reino y Capitanía con el nombre
de Colombia . Se trataba de rendir justicia histórica a dos hombres. Bolívar
decía a sus amigos íntimos, refiere O'Leary: "El plan en sí mismo es
grande y magnífico; pero además de su utilidad deseo verlo realizado, porque
nos da la oportunidad de remediar en parte la injusticia que se ha hecho a un
grande hombre, a quien de este modo erigiremos un monumento que justifique
nuestra gratitud; llamando a nuestra República Colombia y denominando su
capital Las Casas, probaremos al mundo que no sólo tenemos derecho a ser
libres, sino a ser considerados bastantemente justos para saber honrar a los
amigos y bienhechores de la humanidad; Colón y Las Casas pertenecen a la
América" .
La ciudad de Las Casas no se fundó nunca; en cambio, la Ciudad Bolívar y la
República de Bolivia fueron el eco sarcástico del fracaso de Bolívar.
19. El lugarteniente de la patria chica.
La nueva y gigantesca república (unos 2.600.000 kilómetros cuadrados),
incluía las actuales repúblicas de Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador.
Se dividía en tres departamentos, Venezuela, Quito y Cundinamarca, con tres
vicepresidentes y un presidente general, que era el mismo Libertador. El
vicepresidente por Cundinamarca (actual Colombia) era el general Santander, un
bachiller en leyes, que encarnará al poco tiempo las aspiraciones puramente
regionalistas del partido liberal, aquellos heroicos exportadores de cacao,
café, añil, tabaco, algodón, quina y oro interesados en las supresión de
los derechos de exportación y de las tasas de importación. Exportadortes y
burguesía comercial, fueran bogotanos, caraqueños o guayaquileños, tales
eran los factores del separatismo regionalista que harán estallar en mil
pedazos la Gran Colombia. Santander veía con sospecha y sorda irritación los
grandiosos proyectos del Libertador. El soldado poeta deliraba con su
Anfictionía americana; la ralea santanderina ajustaría las cuentas en el
momento oportuno. Como todos los abogados lanzados al ciclón de la guerra
civil, Santander adoraba los galones, que sólo ganó en sus batallas de
bufete, gracias a la protección del Libertador.
"Santander nunca sintió con exaltación el patriotismo colombiano",
dice Blanco Fombona: "Quería a Cundinamarca, su patria chica, como Páez
quería al Apure, como Mariño quería al Oriente. Estos mediocres localistas
fueron, andando el tiempo, los nacionalicidas de la gran patria que nos legó
Bolívar. Ellos querían patrias del tamaño de su ambición: patrias
microscópicas" .
Fue Santander quien aprobó y firmó el tratado de comercio con Gran Bretaña,
por el cual los ingleses reconocían a Colombia y se cobraban largamente el
reconocimiento diplomático, como de costumbre. Los efectos del tratado y del
empréstito británico del 30 de junio de 1824 pasaron desapercibidos en medio
de la intranquilidad general reinante en América por las maquinaciones de
Francia y otras potencias aliadas de España que acababan de enviar a la
península los 100.000 hijos de San Luis, al mando del duque de Angulema, para
sentar en el trono, depurado de liberales, al fétido Fernando VII.
20. Los ingleses y la emancipación.
En tales circunstancias, toda la estrategia de Bolívar consistía en alentar
a los ingleses, adversarios de la Santa Alianza europea, a estrechar lazos con
la América revolucionaria, tentando la codicia de Albión con los apetitosos
mercados sudamericanos. Lo que en Bolívar era puro cálculo
político-militar, para Santander, ese Mitre Bogotano, era su verdadero
programa. Al escribirle a Santander sobre el Tratado, dice Bolívar: "No
he visto aún el tratado de comercio y navegación con la Gran Bretaña, que,
según usted dice, es bueno; pero yo temo mucho que no lo sea tanto, porque
los ingleses son terribles para estas cosas" .
Una semana más tarde, el 27 de octubre de 1825, Bolívar ya lo había leído:
"El tratado de amistad y comercio entre la Inglaterra y Colombia tiene la
igualdad de un peso que tuviera una parte oro y de la otra plomo. Vendidas
estas dos cantidades veríamos si eran iguales. La diferencia que resultara,
sería la igualdad necesaria que existe entre un fuerte y un débil. Este es
el caso; y caso que no podemos evitar" .
Baste decir que la amenaza de una intervención europea en América no había
desaparecido por completo y que Gran Bretaña era una pieza clave en la
estrategia bolivariana. Fernando VII preparaba una conferencia en París con
la participación de Francia, Austria, Rusia y Prusia, las principales
potencias legitimistas de Europa, para estrangular a la América en lucha.
Sólo Gran Bretaña rehusó concurrir a dicha conferencia, guiada por el
interés de su comercio. Canning debió vencer la repugnancia de Jorge IV por
los rebeldes coloniales, imponerse al monarca y agitar ante sus ojos
avariciosos el vellocino de oro de los nuevos mercados . Los documentos del
Foreign Office muestran un siglo y medio más tarde que los cálculos de
Bolívar no eran infundados. El peligro de una intervención europea después
de la batalla de Ayacucho no era una mera hipótesis. Frenar las exigencias
comerciales de Inglaterra en tales circunstancias, habría resultado fatal
para la independencia política de las colonias sudamericanas. Por esa razón,
Bolívar aceptó los tratados sin observarlos.
21. Un coronel británico en Bogotá.
Los agentes diplomáticos de Gran Bretaña en Colombia, por añadidura, eran
dignos del Imperio. El coronel Hamilton paseaba sus miradas por las calles de
Bogotá, esa aldea española de 14.000 habitantes, nutrida de iglesias y
salones, cuya "vida se desliza entre los placeres y las prácticas
religiosas" .
Había una sola librería; las artes manuales se reducían a las zapaterías y
sastrerías. El único herrero de Bogorá era un inglés. Las industrias
tradicionales del Oriente colombiano agonizaban con las mercaderías
importadas por el interesado amigo que le había salido a la América en
armas. En las ferias se encontraban zarazas de India e Inglaterra, sedas de
Asia, Italia y Francia, paños delicados de Yorkshire, Rouen, Filadelfia y
Baltimore. El agente británico se paseaba por las callejuelas bogotanas:
asistía a los toros, esa sangrienta herencia española, a los reñideros de
gallos y carreras de caballos, la quema del diablo y los cohetes de los días
festivos, pues eran muchas las fiestas de guardar. Las señoras, con sus
mantillas y sombreros de fieltro, se distingían de las sensuales negras y
coquetas mulatas por sus zapatos de seda y raso, pues éstas caminaban
descalzas. El coronel Hamilton lo veía todo y lo contaba todo: "Los
criollos, en general, son mezquinos y extremadamente aficionados al dinero.
Tanto los hombres como las mujeres gastan mucho en el vestir" , escribía
a su jefe Joseph Planta. Se quejaba del Ministro de Hacienda colombiano
Castillo por "sus métodos comerciales ociosos y dilatorios" lo que
induce a pensar en el patriotismo de Castillo, ya que de acuerdo a nuestra
tradición, todo ministro dilatorio ante un inglés merece un certificado de
honradez provisional. En ese momento se firmaba el Tratado, condición previa
para el reconocimiento diplomático de Gran Bretaña. El coronel Hamilton, a
pesar de sus críticas a los criollos, no parecía lerdo en cosas de dinero:
"¿Puedo hacer algo por usted en lo que respecta a la compra de perlas o
esmeraldas? Estas últimas, provenientes de la mina de Meussa, son en
ocasiones notablemente hermosas".
El virtuoso coronel sabía apreciar asimismo las ventajas terrenas de la
religión: "Hace mucha falta un clérigo aquí", urgía. "Me
complace saber que pronto llegarán aquí muchísimas Biblias traducidas al
español; tengo el convencimiento de que la moral de las clases media y baja
del pueblo mejorará notablemente con la lectura de la Biblia" . La sed
metafísica del coronel no se saciaba sólo con esmeraldas y Biblias. Había
costado bastante persuadir al ministro Gual para que firmara el tratado
anglo-colombiano. Acorralado por las difíciles circunstancias
internacionales, el gobierno bolivariano había en definitiva aceptado sus
términos. El general O'Leary sostiene en sus Memorias que Santander y los
negociadores metieron la mano en la bolsa hasta el codo; los rumores de
corrupción corrían por toda Colombia . Los términos del convenio sometían
a Colombia al monopolio marítimo británico y a su industria, a una
extinción radical. El coronel Hamilton escribía al Foreign Office el 19 de
abril de 1825: "Tengo la seguridad de que será muy beneficioso para este
Estado el suministrar al pueblo artículos de consumo a un precio más bajo en
virtud de la escala de derechos inferior, y fomentará necesariamente un
espíritu de consumo y producción. Esta sabia medida de Mr. Canning
implicará una economía considerable para el comercio británico, y
mantendrá el espíritu de los comerciantes de las Antillas, especialmente los
de Jamaica, que está decayendo .
Será instructivo conocer el pensamiento de Bolívar sobre los políticos del
Imperio más en detalle para comprender en su complejidad a este hombre
notable. Pero antes veamos a estos políticos.
22. Terratenientes y burgueses en el gabinete
de Londres.
La crisis española brindó al gobierno británico la posibilidad de acercarse
a su objeto central: la conquista de los mercados latinoamericanos. Pero a la
política cautelosa de Castlereagh, que se había suicidado en 1822
degollándose con su navaja de afeitar (la liviandad de su mujer era notoria),
había sucedido la acción audaz de George Canning, un plebeyo cuya historia
familiar lo inmunizaba contra el pecado de infidelidad.
El puritanismo británico soportó estoicamente este nuevo escándalo, propio
de la libertad de costumbres de la nobleza, pues los ingleses moralizaban para
la exportación; la enviaban a los mercados junto a su quincallería. Byron,
ante el suicidio de Castlereagh, esculpió estos versos poco románticos: La
posteridad no verá nunca una tumba que más noble sea; aquí yacen los huesos
de Castlereagh detente, viajero, y mea.
Sospechoso por su talento y elocuencia, Canning reunía contra él la opinión
adversa del rey y de la mayoría del gabinete aristocrático. Canning era
diputado por Liverpool. Sus electores, los fabricantes y exportadores de la
gran industria inglesa, esperaban de él una política realista hacia las
antiguas colonias españolas. Los aristócratas del gabinete era veteranos de
las guerras napoleónicas, viejos cortesanos penetrados de un odio profundo
hacia todas las revoluciones.
Aunque tampoco Canning simpatizaba con la subversión, su ojo estaba abierto
sobre el nuevo mundo de los negocios: cuando las tropas del duque de Angulema
invadieron España para reponer en el trono a Fernando VII, Canning escribía
a su enviado en Francia con ironía: "Vuestra sea la gloria del triunfo,
seguida por el desastre y la ruina; nuestro sea el tráfico sin gloria de la
industria y de la prosperidad siempre creciente".
Como observa Kauffmann, este hombre podía legítimamente recoger la sentencia
de Burke: "La edad de la caballería ha pasado; y ha sucedido una edad de
economistas y calculadores" .
De modo que este burgués demasiado brillante para los duques, pero que les
era insustituible, se dirigió rectamente hacia el reconocimiento de los
Estados latinoamericanos y barrió a su paso, con los métodos más variados,
todos los obstáculos. Como un verdadero político, sólo él eligió el
momento. Rechazaba así las presiones de la industria de Liverpool tanto como
la intrusión de la Banca Baring, que urgía por el reconocimiento: "No
creo que la opinión de los señores Baring, o de cualesquiera otros
comerciantes, tenga que guiar nuestra política", dice duramente al duque
de Wellington . Cuando lo juzgó oportuno de acuerdo con la relación de
fuerzas en la Europa legitimista, lanzó el reconocimiento casi simultáneo de
México, Colombia y Buenos Aires. Mucho tiempo antes había redactado en el
Foreign Office una lista con los cónsules británicos para América Latina.
Disponía, por lo demás, de agentes no oficiales que le tenían continuamente
informado de los asuntos de las antiguas Indias. La decisión de Canning
levantó una verdadera tempestad en el Gabinete y la Corona misma. El Rey se
oponía de modo inflexible. Como venganza, Jorge IV, que debía leer el
discurso anunciando la medida el 7 de febrero de 1825, se negó a hacerlo,
pretextando los sufrimientos que le ocasionaba su célebre gota. Acorralado,
llegó hasta decir que había extraviado sus dientes postizos. Todo parecía
postizo en este individuo.
Canning reprochó agriamente al duque de Wellington las intrigas que se
tejían en los aposentos del Rey y le declaró de modo tajante "que de no
aceptarse inmediatamente sus miras en cuanto a la América del Sur, se
retiraba desde luego del gabinete". El burgués de Liverpool hacía pesar
así su amenaza ante los legitimistas abstractos del gabinete. El Rey
"prorrumpió en un violento enojo; pero acabó por someterse y por
consentir que la medida se consignase en un párrafo del mensaje. Sin embargo,
cuando vio lo que tenía que leer en el Parlamento se echó atrás. Entretanto
la cosa no tenía remedio: ¡Había que leer el párrafo terrible!
Afortunadamente para Jorge IV, 'tuvo que sacarse una muela', dice un grave
historiador. El Canciller Lord Eldon tuvo que suplirlo; de tan mala gana
también que al terminar dijo en voz perceptible: 'Lo he leído mal porque me
indigna'".
Al defender su política ante la Cámara de los Comunes, Canning expresó con
toda claridad la situación con estas palabras: "La Gran Bretaña no
reconoce el derecho de los sudamericanos a ser independientes, sino el hecho
de que lo son en este momento; y que este hecho está fuera de la
jurisdicción y de la buena o mala voluntad de las potencias extranjeras"
.
Dos hombres veían todo este confuso proceso desde lo alto, uno en Europa y el
otro a caballo, desde el Nuevo Mundo: Bolívar y Canning.
Cada uno de ellos respondía sea a la América revolucionaria, sea al Imperio
británico. Nadie podrá ver en Bolívar, al utilizar la ayuda inglesa, sino a
un verdadero patriota, que toma las armas que corresponden a cada momento
allí donde las encuentra.
23. La política bolivariana ante Inglaterra.
Por lo demás, el testimonio inequívoco de la resolución británica de
terminar con el poder español en América no debía leerse tan sólo en la
confusa trama de la papelería diplomática . Para Bolívar contaba otro
hecho, previo al reconocimiento diplomático formal. Cuando el Libertador
lanza la guerra revolucionaria en 1816 y comienza su gran marcha triunfal
hacia Ayacucho, que durará ocho años, a los ingleses les resulta evidente
que sólo es capaz de llevar la empresa a su término. Comienza a desplazarse
desde Londres una marea de aventureros y soldados disponibles que la
conclusión de las guerras napoleónicas había dejado fuera de servicio. El
comercio del Imperio tiene sus ojos puestos en esa remota y fascinante
Sudamérica. Se abren en Londres "oficinas privadas" de enrolamiento
y solícitos empresarios vuelcan generosamente sus recursos en la adquisición
de armas. Los ingleses trasladan el armamento hasta la isla de Trinidad, bajo
su control. Desde allí se abastecía al ejército del Orinoco. Un ex
compañero de armas de Wellington, el general English comanda la Legión
Británica de 1.200 hombres; Uslar, la Legión Alemana. Una de caballería, al
mando de los ingleses Heppisley y Wilson, lucha en las guerras bolivarianas. A
su lado marchaba una Legión Irlandesa. En total, los soldados europeos,
llegan a unos 6.000 hombres . A la puerta de la tienda del Libertador servían
de centinelas dos soldados británicos . Tales fueron las claras razones para
que Bolívar aceptara los tratados de comercio leoninos que le imponían los
mercaderes de Gran Bretaña .
En un artículo escrito en la Gaceta de Caracas en 1814, Bolívar explicaba la
situación internacional: "Los derechos de los Borbones, de que tanto han
hablado los ingleses, de algún tiempo a esta parte, no han sido más que el
objeto ostensible de su política. El fin es asegurar su preponderancia
marítima, destruyendo el poder colosal que tarde o temprano podía
arruinarlo. Si convenimos que los intereses de la Gran Bretaña son
enteramente opuestos a los de las Potencias Continentales, ¿cómo incurrir en
la demencia de creer que siendo hoy Inglaterra la única nación marítima del
Universo, vaya a prestarse a que la España vuelva a afianzar aquí su
dominación? ... Es por esta razón que la emancipación de América ha estado
siempre en los cálculos del Gabinete Inglés" .
En esta penetración política residía la amplitud estratégica del
pensamiento bolivariano. Naturalmente, el intercambio de una independencia
política formal por la dependencia económica del nuevo imperio implicaba
graves peligros. Pero eran los peligros del día siguiente, que Bolívar no
estaba en condiciones prácticas de considerar:
"Nosotros por mucho tiempo no podemos ser otra cosa que un pueblo
agricultor, y un pueblo agricultor capaz de suministrar las materias más
preciosas a los mercados de Europa, es el más calculado para fomentar
conexiones amigables con el negociante y el manufacturero" .
No juzguemos las ideas del pasado con el metro del presente. Es el jefe
militar y político quien habla. Lo hace en 1814, cuando el teórico del
proteccionismo industrial europeo, Federico List, aún no ha iniciado su
prédica; Alemania está dividida en una treintena de principados y reina
sobre Europa el liberalismo económico de Adam Smith. El proprósito de
Bolívar era alentar por todos los medios a su alcance la codicia inglesa y
contar con ella para un respaldo político capaz de cubrir sus operaciones
militares. A otro inglés de Jamaica le hacía brillar el oro ante los ojos en
1815, cuando residía como emigrado en la isla: "La pérdida incalculable
que va a hacer la Gran Bretaña consiste en todo el continente meridional de
la América, que, protegido por sus armas y comercio extraería de su seno, en
el corto espacio de sólo diez años, más metales preciosos que los que
circulan en el universo. Los montes de la Nueva Granada son de oro y plata; un
corto número de mineralogistas explotarían más minas que las del Perú y
Nueva España; ¡qué inmensas esperanzas presenta esta pequeña parte del
Nuevo Mundo a la industria británica! Ventajas tan excesivas pueden ser
obtenidas por los más débiles medios: veinte o treinta mil fusiles, un
millón de libras esterlinas; quince o veinte buques de guerra; municiones,
algunos agentes y los voluntarios militares que quieran seguir las banderas
americanas; he aquí cuanto se necesita para dar la libertad a la mitad del
mundo y poner al universo en equilibrio" .
24. Europa y América.
Todo parecía poco al exilado para despertar el interés británico en ese
reluciente Potosí que describía en sus cartas. Pero una cosa era el gran
tentador como vencido y ciudadano privado, sin soldados ni poder, y muy otro
el lenguaje que adopta el Libertador muy poco después, cuando encabeza los
ejércitos gran colombianos y ha fundado repúblicas de la nada. Gran Bretaña
"tiene razones más eficaces; ella teme la revolución de Europa y desea
la revolución de América; una le da cuidados infinitos, y la otra le
proporciona recursos inagotables" .
Cuando preparaba el Congreso de Panamá, del que esperaba ver surgir una liga
defensiva de Repúblicas latinoamericanas, alertaba al argentino Bernardo
Monteagudo sobre un plan de Buenos Aires, preparado en Lisboa, para reunir en
Washington otro extraño congreso hispanoamericano donde intervenían desde
Estados Unidos hasta Grecia. Bolívar veía en ese proyecto porteño una
maniobra inglesa que nos costaría "algunas mortificaciones nacionales.
Luego que la Inglaterra se ponga a la cabeza de esta liga, decía, seremos sus
humildes servidores, porque, formando una vez el pacto con el fuerte, ya es
eterna la obligación del débil. Todo bien considerado, tendremos tutores en
la juventud, amos en la madurez y en la vejez seremos libertos... Yo creo que
Portugal no es más que el instrumento de la Inglaterra, la cual no suena en
nada, para no hacer temblar con su nombre a los cofrades; convidan a los
Estados Unidos por aparentar desprendimiento y animar a los convidados a que
asitan al banquete; después que estemos reunidos será la fiesta de los
Lapitas, y ahí entrará el León a comerse a los convivios" .
Bolívar no sólo había vivido en Europa y presenciado la política inglesa
en relación con España y con Bonaparte. Las intrigas británicas y
norteamericanas dirigidas a ejercer su influencia en los nuevos Estados le
resultaban muy claras. En una carta a Santander define a los anglosajones:
"Los ingleses y los norteamericanos son unos aliados eventuales, y muy
egoístas . Los españoles, para nosotros ya no son peligrosos, en tanto que
los ingleses lo son mucho, porque son omnipotentes; y, por lo mismo,
terribles" .
Su opinión con respecto a los Estados Unidos no era mucho mejor y su
correspondencia es muy franca en la materia. Critica a su vicepresidente
Santander uno de los mensajes al Congreso Colombiano: "No me gustan
porque se parecen a los del presidente de los regatones americanos. Aborrezco
a esa canalla de tal modo, que no quisiera que se dijera que un colombiano
hacía nada como ellos" .
En otra carta a Santander, que procuraba siempre adular a los poderosos,
Bolívar reitera su juicio sobre Inglaterra y el Imperio del Brasil:
"Cada día que pasa (el gobierno inglés) lo considero más en estado de
decidirse a todo. El no estaba preparado para nada, en tanto que cada día se
prepara más y más a tomar su posición natural en el mundo: dominarlo. Ya he
dicho a usted que el Brasil va a ser protegido de la Inglaterra, para poner en
dependencia al Portugal ... El Brasil nos ha insultado, y no ha querido
todavía darnos reparación alguna; por tanto he creído político quejarme
amargamente de su conducta, porque si nosotros nos dejamos insultar hasta de
los más débiles, no seremos respetados de nadie, y no merecemos ser
naciones" .
Estas palabras del Libertador conservan todavía todo su valor. El peligro de
que Gran Bretaña pudiese alcanzar una excesiva influencia en el Congreso de
Panamá lo estimaba Bolívar del siguiente modo: "La alianza de Gran
Bretaña nos dará una grande importancia y respetabilidad. A su sombra
creceremos y nos presentaremos después entre las naciones civilizadas y
fuertes... nacer y robustecerse es lo primero; lo demás viene después. En la
infancia necesitamos apoyo, que en la virilidad sabremos defendernos. Ahora
nos es muy útil, y en lo futuro ya seremos otra cosa" .
El juicio preciso sobre el aliado inmediato y el enemigo remoto definían al
Jefe de Estado y al revolucionario.
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