CAPITULO XV
NACION LATINOAMERICANA Y CUESTION NACIONAL
La formación de la nación es el lógico
coronamiento político y jurídico del desarrollo de la sociedad burguesa en
Europa. Como el capitalismo encontró allí históricamente su centro
generador, del mismo modo la formación de las nacionalidades nos ofrece su
marco clásico en el Viejo Mundo. Dicho proceso había sido antecedido por la
precoz creación de la nación inglesa en el siglo XVII. Pero es a partir de
la revolución de 1789 en Francia, hasta la formalización de la unidad
nacional alemana en 1870, que se desenvuelve el ciclo fundamental del
movimiento de las nacionalidades europeas.
Por las vicisitudes del proceso histórico algunas naciones europeas y
euroasiáticas como Turquía, concluyen su revolución nacional democrática
hacia 1910 y 1912; las guerras balcánicas, la destrucción del Califato y del
Imperio multinacional turco, así como la primera guerra imperialista, dan a
luz tardíamente nuevos Estados nacionales. El viejo irredentismo polaco toca
así a su fin. Pero estos Estados nacionales eran el complemento rezagado de
los movimientos nacionales aludidos del siglo XIX.
1. El marco histórico de los Movimientos Nacionales
Cuando Europa ya entra en su moderna época inperialista, con la formación de
los "Trusts" y el expansivo poder de los bancos en el control
monopólico de la industria, hacia 1880, comienza el despertar nacional de los
pueblos atrasados del Asía. Avanzando el siglo XX, se producirán nuevos
movimientos nacionales en Africa y América Latina. Estos últimos ya no
responderán a una exigencia interna de las fuerzas productivas desatadas por
el capitalismo nacional, sino que brotan, al contrario, de su resistencia al
progresivo aniquilamiento económico que se cierne sobre las colonias con la
crisis del régimen imperialista mundial.
Mientras que los movimientos nacionales del siglo XIX en Europa respondían
plenamente al desarrollo de los países donde se originaban, en el marco
general de un triunfal desenvolvimiento de las fuerzas productivas, los
movimientos nacionales de nuestra época en el Tercer Mundo se originan
inversamente en la ruina del imperialismo. Esta diferencia básica en las
razones de su aparición condiciona su naturaleza y sus particularidades.
Asia, Africa y América Latina desenvolvían su historia bajo leyes distintas
que las de Europa. Eran sujetos pasivos de una marginalización tajante. No
podía concebirse siquiera la formacion de un tipo de sociedad capitalista a
la manera europea. Es cierto que en América Latina había surgido una
tentativa de crear una Nación o Confederación Latinoamericana, propuesta por
Bolívar. Pero ya hemos indicado las razones de su derrumbe: en la
"anfictionía americana" de Bolívar había de todo, menos
relaciones capitalistas de producción; estaban los ejércitos, pero había
carecido siempre del Tercer Estado y no vería la luz sino un siglo más tarde
algo parecido a la "burguesía" en su versión más impotente.
2. Capitalismo y Nación
El Estado Nacional de Europa debía asentarse sobre un territorio común. Sus
habitantes ligados entre sí por una tradición cultural análoga se
relacionaban por una lengua común y una "psicología nacional"
elaborada por un largo período de convivencia. Esa comunidad, entrelazada por
territorio, lengua, tradición cultural -particularmente religiosa- y
psicología, encontraba su fundamento dinámico para constituir su Estado
Nacional en un desarrollo previo de relaciones capitalistas de producción que
con frecuencia se remontaba al antiguo artesanado del Renacimeinto, como en
Italia, y a una historia económica donde las sobrevivencias feudales básicas
-propiedad territorial, aduanas interiores, tasas, gabelas, obligaciones
personales, producción individual de mercancías- habían sido barridas por
una larga evolución o por la "crítica de la guillotina" según el
ejemplo de la Revolución Francesa.
El Estado Nacional, preparado por el absolutismo, con frecuencia instaurado
por enérgicas revoluciones, o por guerras nacionales, daba paso al progreso
general y facilitaba un amplio desarrollo del capitalismo. La centralización
del poder económico y la aparición de la democracia política burguesa no
era menos importante que la cohesión del nuevo proletariado engendrado por la
flamante sociedad y el despliegue correlativo de la lucha de clases en el
vasto escenario del Estado Nacional. Si para Cromwell la unidad del Estado y
la supresión del absolutismo real asumía la forma de un mandato de la Divina
Providencia y una bendición para el comercio inglés, para Robespierre
constituiría un triunfo de la Razón en la realización de la humana
felicidad. Por su parte, Marx daba por supuesto, ante el desarrollo
capitalista que se producía ante sus ojos, que el mundo periférico no
alcanzaría a pasar por esta etapa burguesa y que la revolución socialista de
las naciones civilizadas lograría triunfar mucho antes que las colonias y
semicolonias entrasen a la historia universa l
El triunfante socialismo europeo, con su
poder económico centuplicado por la desaparición de las fronteras
nacionales, ayudaría entonces a las colonias y territorios atrasados en
"estado de naturaleza", a evolucionar de modo incruento hacia la
civilización socialista. Europeo al fin y a pesar de su vigor profético, no
estaba en condiciones de adivinar la aparición del imperialismo, ni de
concebir el surgimiento de nuevos movimientos nacionales en el próximo siglo
XX, justamente en los Nuevos Mundos de esa lejana frontera histórica.
Excepción hecha de los cónsules ingleses y de los naturalistas alemanes,
toda la Europa ilustrada poseía una idea muy vaga del continente colombiano.
Como en los tiempos de Hegel, los pensadores de Europa, Marx entre ellos,
consideraban a la América Latina como un hecho geográfico que no se había
transmutado todavía en actividad histórica.
3. Marx y La idea de Patria.
La sacralización de Marx ha contribuído a forjar la imagen de un dios
infalible, en la cuestión nacional como en muchos otros importantes
problemas. Recordemos que al día siguiente de escribir su Manifiesto
Comunista (1848), en el que puede leerse la frase: "Los obreros no tienen
patria", Marx, Engels y los hombres del Club comunista de París viajaban
a la Alemania revolucionaria a incorporarse junto a la burguesía en la lucha
por la democratización y la unidad de la nación feudalizada. Para cumplir
esa tarea Marx dirigió la Nueva Gaceta del Rin, con los fondos que lograron
extraerle a la medrosa burguesía renana, cuyo mayor temor en este mundo era
hacer su propia revolución ..
Con toda razón Trotsky escribía noventa años después del Manifiesto
Comunista, al analizar el envejecimiento y modernidad del célebre documento:
"Los problemas de la estrategia revolucionaria en los países coloniales
y semicoloniales, no son tratados ni siquiera someramente en el Manifiesto.
Estos problemas exigen soluciones particulares. Así por ejemplo, es
evidentísimo que si la "patria nacional" ha llegado a ser el peor
freno histórico en los países capitalistas desarrollados, constituye
todavía un factor relativamente progresivo en los países atrasados que
están obligados a luchar por su existencia independiente ..
La relativización de Trotsky del grave error cometido por Marx en el
Manifiesto Comunista es insuficiente y aún inaceptable que la idea de la
patria resulte todavía "relativamente progresiva". En realidad todo
el texto del Manifiesto Comunista es un resumen brillante de las utopías
nacidas con la Revolución Francesa y cuyo centro es el "hombre
abstracto" de la Ilustración.
La desvalorización de la idea de patria en lugar de profética, resultaba
anacrónica. Sólo podía encontrar un punto de apoyo en la Europa de
Carlomagno o en la idea de los Imperios medievales paneuropeos. La idea de
patria, por el contrario, sustituyendo a la lealtad a la monarquía absoluta,
comenzaba su triunfal carrera en Europa y se prolongaría a lo largo del siglo
siguiente al Tercer Mundo. Patria, Estado y Nación, mucho más que el
supuesto espectro del comunismo que según Marx recorría Europa, aparecía
como el movimiento revolucionario que buscaba terminar con la parálisis del
Congreso de Viena y de Metternich realizando la unidad nacional de Alemania,
Italia, y la eliminación de los imperios multinacionales opresores de
nacionalidades. Era, pues, el nacionalismo y no el comunsimo el protagonista
de la historia europea cuando Marx escribió el Manifiesto Comunista y lo
sería para el mundo subyugado de Asia, Africa y América Latina hasta el fin
del siglo XX.
4. La unidad nacional de Alemania
La candente cuestión de la unidad alemana para escoger un ejemplo clásico de
la Europa del siglo XIX, fue resuelta inesperadamente por los junkers bajo la
dirección de Bismarck. Esa gran causa histórica cayó en manos de la
camarilla dinástica de los Hohenzollern y de los terratenientes prusianos.
Formados en la tradición intelectual renana, que había mirado siempre desde
arriba a los rudos militares de Prusia, Marx y Engels veían en la dinastía
de Guillermo un instrumento de la diplomacia zarista. Abrigaban excesivas
ilusiones sobre el fuego revolucionario de la burguesía alemana, en la que
veían, con obvio rigor teórico, a la creadora de un Estado nacional que
debía interesarle ante todo a ella. Esos cálculos resultaron errados .
No fue la burguesía alemana, con sus fabricantes, intelectuales y
funcionarios la que subió sobre el escalón del "Zollverein" para
construir el imponente edificio de la Nación Alemana, sino justamente los
terratenientes armados de Prusia, reunidos alrededor de la bandera
monárquica. No se lanzaron a unificar Alemania para crear el mercado interno
único sino para expandir el poder de la dinastía.
Naturalmente, no debemos llevar muy lejos este juicio. Tampoco los junkers
desconocían la necesidad militar de contar con una interrelación económica
entre las distantes partes de Alemania, con un sistema de comunicaciones y
transportes, mediante una trabazón íntima de los Principados. A este
respecto, la burocracia berlinesa, antes de Bismarck, trabajaba tenazmente en
esa dirección. Estos prusianos: "Trabajaban en silencio en una obra
práctica de considerable alcance: eran los funcionarios de Berlín, los
representantes de esa burocracia cuya inteligencia admiraba Hegel y cuyo
éxito alabó Ricardo Cobden. Uno de ellos, Motz, había inaugurado en 1829
las pacientes negociaciones que hicieron caer una a una las barreras aduaneras
tan molestas para el comercio y la industria de Prusia y de los países
vecinos. Fue una obra difícil e ingrata: como ha dicho un historiador,
"nada se parece menos a un gran movimiento nacional que esos
interminables y sospechosos regateos, esas áridas discusiones financieras, en
las que los Estados secundarios trataban de vender lo más caro posible su
adhesión al sistema prusiano" ..
Felices de renunciar al heroísmo, los burócratas prusianos podían decir en
1829 con el burgomaestre de Magdeburgo: "Sin valernos de la espada, ese
tratado dá por fin a nuestro país un lugar en Alemania y por consiguiente
también en Europa" .
En efecto, el "Zollverein" nacía en 1833; pero la circulación de
las mercancías por el mercado unificado no lograría constituir por sí sola
la nación alemana. ¡Habría que valerse de la espada, de todos modos!
Que este factor dinástico, persiguiendo fines puramente militares, realizase
al fin y al cabo la tarea histórica de otra clase social, fue reconocido por
Marx y Engels: no era la primera vez y no sería la última que un proceso
histórico se realizase por medios reaccionarios y por una clase íntimamente
hostil a ese progreso. Como dice Mannheim: "La camarilla militar
constituía el núcleo del cuerpo social alemán. Esto a su vez se relaciona
con la situación geográfica, en especial la de Prusia, entre dos países
enemigos, lo cual llevó de un modo natural a la formación de un Estado
militar" ..
La unidad nacional alemana, en definitiva, abría un ancho campo para la
concentración e individualización política y sindical del proletariado
alemán: "Para los obreros, todo lo que centralice a la burguesía es por
supuesto favorable", comentaba Marx . Por su parte, Engels juzgaba que
este proceso había caído como un regalo "en manos de la burguesía.
Pero no sabe dominar, es impotente e incapaz de hacer nada. Lo único que sabe
hacer es vomitar furia contra los obreros en cuanto éstos se ponen en
movimiento" ..
5. Cuestión social y cuestión nacional
Sin embargo, esa guerra había sido desencadenada por una deliberada
provocación de Bismarck, al falsificar el famoso telegrama de Ems .. Pero la
provocación de Bismarck, ignorada por Engels en ese momento, no alteraba el
significado histórico de esa guerra, del mismo modo que Engels no se
engañaba con respecto al canciller prusiano que había proclamado ante la
Europa estupefacta su decisión de consumar la unidad alemana "por el
hierro y por la sangre". Los miembros de la I Internacional, por su
parte, no entendían mucho la cuestión nacional alemana, sobre todo aquéllos
que pertenecían a naciones ya constituídas.
Marx comenta irónicamente en una carta a Engels, del 20 de junio de 1866, los
incidentes de una reunión a la cual había asistido en Londres sobre la
guerra austro-prusiana:
"Los representantes de la "joven Francia" (los obreros,
subrayado de Marx) se vinieron con el anuncio de que todas las nacionalidades
y aún las naciones eran "prejuicios anticuados". Stirnerismo
proudhonizado. Todo debe disolverse en pequeños "grupos" o
"comunas" que a su vez formarán una "asociación" pero no
un Estado... Los ingleses se rieron mucho cuando empecé diciendo que nuestro
amigo Lafargue, etc., que había terminado con las nacionalidades, nos había
hablado en "francés", esto es, en un idioma que no comprendían las
nueve décimas partes del auditorio. También sugerí que por negación de las
nacionalidades él parecía entender, muy inconscientemente, su absorción en
la nación francesa modelo" ..
El representante de la pequeña burguesía, Proudhon, oponía la
"cuestión social" a la "cuestión nacional", ignorando su
interrelación y anticipándose en un siglo a muchos "cipayos de
izquierda" en América Latina.
El problema de Irlanda perfeccionó las ideas de Marx y Engels en la materia.
Marx se sumergió durante varios años en el estudio de la historia irlandesa;
Engels llegó a escribir borradores para publicar una Historia de Irlanda.
Pero si durante mucho tiempo Marx había considerado que la liberación
irlandesa del yugo británico sólo podía ser el resultado del triunfo del
socialismo en Gran Bretaña, dichos estudios lo llevaron a la conclusión
inversa .
En 1869 Engels escribía a Marx que "la historia irlandesa le muestra a
uno lo desastroso que es para una nación el haber subyugado a otra
nación" .. Las sangrientas represiones del gobierno inglés en Irlanda
movieron a la Internacional, por inspiración de Marx, a pronunciarse sobre el
asunto. Marx escribía a su amigo Kugelmann: "La condición primera de la
emancipación en Inglaterra -el derrocamiento de la oligarquía terrateniente
inglesa- sigue siendo imposible debido a que la posición de ésta no puede
ser conmovida mientras mantenga sus fuertemente atrincherados puestos de
avanzada en Irlanda... En Irlanda no se trata de una simple cuestión
económica, sino al mismo tiempo de una cuestión nacional" ..
6. Irlanda y la dominación británica
La conclusión era la siguiente: Irlanda es el baluarte de la aristocracia
terrateniente inglesa. Esa es la base de su fuerza, no sólo en Irlanda, sino
sobre todo en la propia Inglaterra. Pero el derrocamiento de la aristocracia
inglesa en Irlanda supone la posibilidad de su derrocamiento en Inglaterra.
Hacerlo primero en Irlanda es mucho más fácir porque en Irlanda la cuestión
de la tierra está ligada a la cuestión nacional y por:
"la naturaleza apasionada de los irlandeses y el hecho de que son más
revolucionarios que los ingleses" ..
Al mismo tiempo, la dominación inglesa sobre Irlanda, permite a la burguesía
inglesa disminuir los salarios en Inglaterra con la empobrecida mano de obra
irlandesa que emigra a Gran Bretaña. De aquí que la población trabajadora
inglesa estuviera dividida en dos campos hostiles: los proletarios ingleses y
los proletarios irlandeses.
"El obrero inglés común odia al obrero irlandés en cuanto competidor
que baja su nivel de vida. En relación con el obrero irlandés (el obrero
inglés) se siente miembro de la nación dominante, convirtiéndose así en
instrumento de los aristócratas y capitalistas en contra de Irlanda,
reforzando de este modo la dominación de aquéllos sobre sí mismos. Alberga
prejuicios religiosos, sociales y nacionales contra el obrero irlandés. Su
actitud para con éste es muy parecida a la de los "blancos pobres",
para con los negros en los antiguos estados esclavistas de los EE.UU. Por su
parte, el obrero irlandés, se lo devuelve con intereses en la misma moneda.
Considera al obrero inglés como partícipe del pecado de la dominación
inglesa sobre Irlanda y al mismo tiempo como su estúpido instrumento" ..
Al redactar su circular confidencial sobre la cuestión irlandesa para la I
Internacional, Marx reiteraba el aforismo del Inca Yupanqui en las Cortes de
Cádiz:
"Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre" ..
De esta manera, Marx sentaba la idea motríz de la interpretación
revolucionaria de la cuestión nacional: la contradicción entre nación
dominante y nación oprimida. Por lo demás, Marx señalaba que:
"lo que los irlandeses necesitan es un gobierno propio e independiente
respecto a Inglaterra.... una revolución agraria... y tarifas aduaneras
proteccionistas contra Inglaterra... una vez que los irlandeses sean
independientes, la necesidad los volverá proteccionsitas, como lo hicieron
Canadá, Australia, etc" ..
7. El conservatismo del proletariado inglés
Las relaciones entre el proletariado inglés y su burguesía, en las
condiciones del dominio industrial del mundo por Gran Bretaña, merece una
observación especial. En ningún momento consideraciones de
"internacionalismo abstracto" deben hacer perder de vista a la clase
obrera concreta de la Inglaterra de ese tiempo, que por tantos motivos
recuerda al actual proletariado norteamericano y europeo. Al estallar la
guerra civil entre los Estados del Norte y los Estados esclavistas del Sur en
Estados Unidos, Inglaterra apoyaba a los esclavistas, no por razones
"ideológicas" sino porque la industria textil inglesa se abastecía
del algodón empapado en la sangre de los esclavos negros del Sur.
Pero mientras el grueso de los obreros ingleses simpatizaba con Lincoln, al
que Marx en nombre de la Internacional envió un mensaje de apoyo, el autor
citado se indignaba ante la "actitud cobarde de los obreros de
Lancashire. Cosa semejante no se ha visto en el mundo... durante este reciente
período, Inglaterra se ha cubierto de vergüenza más que ningún otro país;
los obreros, por su naturaleza de esclavos cristianos; la burguesía y los
aristócratas, por su entusiasmo por la esclavitud en su forma más directa.
Pero las dos manifestaciones se complementan mutuamente" ..
Engels, a su vez, en una carta a Kautsky no se andaba con rodeos:
"Usted me pregunta lo que piensan los obreros ingleses de la política
colonial. Pues exactamente lo mismo que piensan acerca de la política
general: lo mismo que piensa el burgués. Aquí no hay partido obrero, sólo
hay conservadores y liberales-radicales, y los obreros comparten gozosos las
cadenas del monopolio inglés del mercado mundial y las colonias" ..
8. Errores de Marx sobre la colonización de la India
Para Marx como para Engels la cuestión nacional se planteaba solamente en la
Europa civilizada, donde algunas nacionalidades no habían logrado aún erigir
su Estado nacional por las supervivencias feudales o por el dominio
retrógrado de los Imperios multinacionales (Austria, Hungría, Turquía y
Rusia zarista). Si no siempre alentaban y apoyaban los movimientos nacionales
(cuando juzgaban por ejemplo que algunos de éstos formaban parte de las
intrigas dinásticas de la época), su actitud frente a Polonia, el movimeinto
irlandés y otras naciones europeas oprimidas era inequívoca. Más ambigua
era la actitud de Marx y Engels en lo que concierne al mundo colonial y
semicolonial extra-europeo.
En lo tocante a la India, por ejemplo, Marx incurrió en un error notable.
Rehusando ver en el pasado del Indostán "una edad de oro",
describía minuciosamente el pavoroso espectáculo del despotismo asiático,
cuyas finanzas eran el pillaje organizado hacia adentro, así como su
administración militar era el pillaje organizado hacia afuera y cuyo único
mérito histórico, derivado de las condiciones climáticas y la naturaleza
del suelo, consistía en la organización de grandes obras hidráulicas, riego
artificial, etc. Sin olvidar la descripción de la cruel penetración
británica en la India y dejando a un lado los aspectos morales del proceso
histórico, se preguntaba si "al realizar una revolución social en el
Indostán", Inglaterra no era "el instrumento inconciente de la
historia al realizar dicha revolución ..
En 1853 la naturaleza del imperialismo y sus resultados no estaban a la vista
y ni siquiera Marx podía adivinar ese proceso.
"Inglaterra tiene que cumplir en la India, escribía, una doble misión:
destructora por un lado y regeneradora por otro. Tiene que destruir la vieja
sociedad asiática y sentar las bases materiales de la sociedad occidental en
Asia." ..
Marx suponía que la penetración de una potencia capitalista en el mundo
atrasado debía acarrear necesariamente la introducción del capitalismo en
ese mundo, lo que estimaba justamente como un gran progreso histórico ..
"Si introducís las máquinas en el sistema de locomoción de un país
que posee hierro y carbón, ya no podréis impedir que ese país fabrique
dichas máquinas ... El sistema ferroviario se convertirá por tanto en la
India en un verdadero precursor de la industria moderna".
Un siglo más tarde sabemos que no fue así y por qué razones el imperialismo
se convirtió en el principal obstáculo no sólo para desarrollar la gran
industria sino también para asegurar la pervivencia del atraso agrario. Al
predecir tales resultados en la penetración inglesa en la India, Marx
observaba la propensión natural de los hindúes para las artes mecánicas.
Además, "la industria moderna, llevada a la India, por los
ferrocarriles, destruirá la división hereditaria del trabajo, base de las
castas hindúes, ese principal obstáculo para el progreso y poderío de la
India" ..
El ferrocarril británico en la India, como lo hizo en la América Latina, no
llevó sin embargo a la creación de la industria hindú, sino a la
destrucción de las viejas artesanías nacionales y a la introducción de los
productos terminados de la industria inglesa. Las castas hindúes, no sólo no
fueron suprimidas, sino que por el contrario fueron fortalecidas por el
conquistador y subsisten hasta hoy, como resultado del apoyo inglés a los
príncipes y déspotas orientales. En ese orden de las ideas las previsiones
de Marx no se han verificado.
9. Engels aplaude la agresión yanqui a México
Engels, por su parte, formuló aventurados juicios en la misma época sobre la
anexión norteamericana a México, que han sido utilizados posteriormente como
justificación teórica de una posición antinacional. Pero para el joven
Engels, las operaciones de anexión llevadas a cabo por la rapaz burguesía
yanqui a costa del territorio mexicano eran episodios del proceso mundial de
expansión del capitalismo; gravitaban en su espíritu, no sólo estas
consideraciones, que para su época parecían estar justificadas desde Europa,
sino también los propios y clásicos prejuicios europeos sobre los pueblos
atrasados.
En este sentido, ni siquiera Marx y Engels podían emanciparse bajo ciertos
aspectos de las "ideas dominantes" de su tiempo. Sólo así puede
concebirse que Engels aplaudiese el pillaje de las minas de oro de California,
pertenecientes a México, por "los enérgicos yanquis" más aptos
para explotarlas que los "perezosos mexicanos" .. La cuestión
nacional les resultaba clara en Europa, no en América Latina. Lo monstruoso
no son estos errores de Engels, sino que todavía existan marxistas en
América Latina, que desdeñen la cuestión nacional irresuelta con la
autoridad que proporcionan los errores de tales clásicos. En un artículo
publicado por Engels en 1848, el año del Manifiesto Comunista, se regocijaba
de la marcha irresistible del capitalismo mundial, que a sus ojos suponía el
fortalecimiento de la clase obrera (europea). En él decía lo siguiente:
"Hemos presenciado también, con la debida satisfacción la derrota de
Méjico por los Estados Unidos. También esto representa un avance. Pues
cuando un país embrollado por guerras civiles y sin salida alguna para su
desarrollo, un país cuya perspectiva mejor habría sido la sumisión
industrial a Inglaterra, cuando este país se ve arrastrado forzosamente al
progreso histórico, no tenemos más remedio que considerarlo como un paso
dado hacia adelante. En interés de su propio desarrollo, convenía que
México cayese bajo la tutela de los Estados Unidos... ¿Quién saldrá
ganando con esto? La respuesta es siempre la misma: la burguesía y sólo la
burguesía..." .
Esto significaba para Engels que cuanto más rápido se operaba la
concentración del capital, más rápidamente el proletariado ajustaría sus
cuentas con la clase explotadora. Por eso concluía su artículo con un
anuncio impregnado de ingenua ironía:
"¡Continuad batallando valientemente y sin descanso, adorables señores
del capital! Todavía tenemos necesidad de vosotros... vuestra misión es la
monarquía absoluta; aniquilar el patriarcalismo... Dictad vuestras leyes,
brillad en el trono de la majestad creada por vosotros mismos, celebrad
vuestros banquetes en los salones de los reyes y tomad por esposa a la hermosa
princesa pero no olvidéis que "a la puerta os espera el verdugo" .
Engels tenía 27 años cuando escribía ese apresurado Réquiem al desarrollo
burgués. Su error era inevitable, pues a la burguesía no le esperaba aún su
verdugo, el proletariado, sino sus víctimas, los pueblos del mundo colonial,
y todavía contaba con un largo período de ininterrumpida expansión.
10. Marx difama a Bolívar
La puntualización de estos juicios de Marx y Engels sirve para poner de
relive la importancia de una conciencia crítica de lu legado. A este
respecto, la famosa condenación de Bolívar por Marx es bien conocida:
"Pero ver que comparen a Napoleón I, con el pillo más cobarde, más
vulgar y miserable, es algo que excedía todo límite. Bolívar es el
verdadero Soulouque" ..
escribía Marx a Engels . En un trabajo dictado por la necesidad de
sobrevivir, escrito para la Enciclopedia Americana, Marx describe
superficialmente las campañas militares de Bolívar. Afirma que las derrotas
iniciales del caudillo americano se debían a su incapacidad militar y sus
triunfos posteriores, a la Legión Británica. Bolívar, "como la
mayoría de sus coterráneos era incapaz de cualquier esfuerzo
prolongado"; en lugar de hacer la guerra "gastaba más de dos meses
en bailes y fiestas"; indolente, en vez de avanzar sobre el general
Morillo resueltamente, en cuyo caso "la fuerza europea de su ejército
habría bastado para aniquilar a los españoles... prefirió prolongar la
guerra cinco años más; dejó al "General Sucre todas las tareas
militares, y se decidió por su parte a hacer entradas triunfales, a publicar
manifiestos y promulgar constituciones".
En fin, con el Congreso de Panamá, Bolívar se proponía
"hacer de toda América del Sur una república federal de la que él
sería dictador" ..
Estos infortunados juicios de Marx sobre Bolívar estaban sin duda influídos
por la tradición antiespañola prevaleciente en Inglaterra, donde vivía
Marx, y por el común desprecio europeo hacia el Nuevo Mundo, cuyos orígenes
se remontaban a los filósofos de la Ilustración y a las observaciones
olímpicas de Hegel en su Filosofía de la Historia Universal.
Por lo demás, América Latina estaba fuera del foco visual de las
preocupaciones de Marx. Lo que resulta más trágico aún, es que esta actitud
hizo escuela entre muchos de sus discípulos europeos y no pocos
latinoamericanos rusificados, cuando ya América Latina había demostrado en
la historia universal que era imposible ignorarla.
11. La cuestión nacional en el siglo XX
La cuestión nacional cambia de carácter cuando la constitución del
imperialismo a fines del siglo XIX abre la época del saqueo general de
pueblos y continentes enteros. En el siglo XX la cuestión nacional se vincula
íntimamente a la cuestión colonial y a la lucha contra el imperialismo
mundial. En los tiempos de Marx y Engels la cuestión nacional aparecía como
la forma rezagada de la formación de los Estados nacionales en aquellos
países que por diversas razones aún no habían logrado su cohesión estatal:
Alemania, Italia, Polonia, Irlanda, los checos, finlandeses, servios, armenios
y otras nacionalidades europeas.
Los esclavos y semiesclavos de Asia, Africa y América Latina no entraban en
las consideraciones teóricas de los socialistas de la II Internacional
pertenecientes a las "naciones civilizadas". La cuestión nacional
se reducía a la cuestión nacional de los aludidos europeos de segunda clase.
La II Internacional se había formado como resultado del crecimiento del
capitalismo europeo en su hora de supremo esplendor; los europeos, como los
antiguos griegos, gozaban de las ventajas de la cultura occidental gracias a
la explotación inicua de las colonias. Retenían para sí las libertades
democráticas que las naciones europeas rehusaban a sus esclavos. Un
proletariado privilegiado se había formado en tales circunstancias, pero el
socialismo de este proletariado sólo abrazaba el campo de la civilización.
Tal es el carácter del reformismo de la II Internacional, (actual
Internacional Socialista) que no sólo se manifestaba por las tesis de
Bernstein con respecto a la utopía de una revolución catastrófica, sino que
tendía a repetir, en condiciones radicalmente diferentes, los juicios
primeros de Marx y Engels sobre el futuro del mundo semicolonial y colonial:
éste sería arrastrado hacia el socialismo por el proletariado triunfante de
una Europa socialista.
Sin embargo, este socialismo obeso de la II Internacional de la "belle
époque", proyectaba la revolución hacia un futuro distante. Predicaba
la filosofía del reposo y las maravillas de la evolución constante. Los
fundamentos materiales de esa doctrina eran elocuentes, pues desde la paz de
Sedán en 1870 hasta el conflicto de 1914, el capitalismo había emprendido
una asombrosa carrera: la prosperidad general, el lujo, la cultura y la paz
permitieron corromper a vastos círculos de obreros en Europa y sentar las
bases de una ideología conformista que parecía justificar los juicios de
Bernstein
Era previsible que la cuestión colonial y nacional de los países atrasados
careciera de importancia para la socialdemocracia envuelta en esa atmósfera
de incesante bienestar.
12. Un debate en el Congreso de Stuttgart
A este respecto bastará señalar un significativo episodio del Congreso
Internacional Socialista realizado en Stuttgart en 1907, al que Lenín
consideró:
"el mejor congreso internacional que se haya celebrado jamás" ..
Se habían reunido en Stuttgart 884 delegados de 25 naciones. Estaban
presentes dos épocas: los grandes dirigentes de la socialdemocracia europea,
Augusto Bebel, Clara Zetkin, Kautsky, Rosa Luxemburgo y los jefes
revolucionarios de ese Imperio multinacional situado entre Europa y Asia,
entre la revolución socialista y la revolución nacional: Lenín, Trotsky,
Martov, Plejanov. Las resoluciones sobre el militarismo, el imperialismo y las
perspectivas de la guerra fueron perfectas. Sólo un "hecho sorprendente
y lamentable" veía Lenín en el brillante Congreso de la Internacional:
la discusión sobre la cuestión colonial.
En la Comisión que estudió el asunto la mayoría adoptó un proyecto de
resolución en el que se leía lo siguiente:
"El Congreso no rechaza por principio en toda ocasión una política
colonial, que bajo un régimen socialista, puede ejercer una influencia
civilizadora".
Lenín calificó de "monstruosa" la frase. El dirigente socialista
alemán Eduard David había sostenido esa tesis. Afirmaba que
"no se puede combatir algo con nada. Contra la política colonial
capitalista, los socialistas deben proponer un programa positivo de
protección de los derechos de los indígenas" ..
El expositor de la posición colonialista en el Congreso Socialista fue el
holandés Van Kol (en aquella época todavía la pequeña y civilizada Holanda
gozaba los frutos de tres siglos de explotación de millones de indonesios
semi-esclavos)
El socialista Van Kol fue de una lógica rigurosa: afirmó que:
"el anticolonialismo de los congresos no había servido para nada y que
los socialdemócratas debían reconocer la existencia indiscutible de los
imperios coloniales... y presentar propuestas concretas para mejorar el
tratamiento de los indígenas, el desarrollo de los recursos naturales y el
aprovechamiento de estos recursos en beneficio de toda la raza humana.
Preguntó a los contrarios al colonialismo si estaban realmente preparados,
teniendo en cuenta la situación real, para prescindir de los recursos de las
colonias, aunque sus pueblos los necesitasen mucho. Recordó que Bebel había
dicho que nada era malo en el desarrollo colonial como tal y se refirió a los
éxitos de los holandeses al conseguir mejoras en las condiciones de los
indígenas" ..
Estos confortables socialistas europeos de 1907 no se apiadaban de los
indígenas hasta el extremo de poner en peligro sus chalets con techo de
pizarra, su buen licor de Guinea, sus chimeneas humeantes y sus gabanes
peludos. Van Kol, con esa insinuante pregunta, persuadió a numerosos
delegados de que, relamente "no podrían prescindir de los recursos
naturales necesitados por sus pueblos".
Naturalmente Van Kol tenía sus propias ideas sobre la mejor manera de
conquistar una colonia:
"Todas las fuerzas socialistas deben impedir la consumación de estos
regímenes salvajes de conquista y procurar que si se hace colonización, se
haga para dignificar hombres y no para atrofiar y envilecer los pueblos"
..
Excelente consejo. También el holandés se permitió agregar que en
"circunstancias determinadas, la política colonial puede ser obra de
civilización", aunque discretamente se reservó el describir tales
afortunadas circunstancias para el socialismo. Concluyó su exposición
señalando el porvenir:
"Hay muy pocos socialistas que se atreverían a afirmar que en el
régimen socialista no serán necesarias las colonias, ¿Qué se hará de la
superpoblación de Europa"? ..
El delegado alemán Eduard David no estuvo por debajo del holandés. Recordó
al Congreso que "en un manifiesto electoral, el grupo socialista
parlamentario ha declarado que los pueblos de civilización superior tienen el
derecho y el deber de dar educación a los pueblos atrasados" ..
Desde el otro punto de vista este "socialista" añadió:
"La Europa tiene necesidad de colonias. No tiene, a pesar de todo,
bastantes. Sin colonias seríamos asimilables, desde el punto de vista
económico, a la China" .. Resultó espectacular el resultado de la
votación, pues a pesar de tales opiniones el Congreso rechazó la moción
colonialista por sólo 128 votos contra 108. La victoria, aunque por un margen
estrecho, fue lograda por los votos de los países más atrasados, mientras
que la moción colonialista, como cabía esperar, contó con el apoyo de los
grandes partidos socialistas de Europa. Los rusos votaron, naturalmente, en
contra.
El único partido de América del Sur representado en el Congreso de Stuttgart
fue el Partido Socialista de la Argentina. De ahí que su voto fuera más
representativo aún, pues dio su apoyo a la moción anticolonialista. ¿El
partido del Dr. Juan B. Justo, notorio partidario de las expediciones
civilizadoras al Africa y de la supremacía de la raza blanca? Esto sería
realmente inexplicable si no fuese por el hecho de que el Dr. Justo y sus
amigos no viajaron a Alemania aquel año. Dicho partido debió ser
representado por su delegado permanente en la Oficina Socialista
Internacional, Manuel Ugarte. Ugarte dio su voto, junto a Lenín, los polacos,
los búlgaros, los servios, los españoles y otros, contra el descarado
colonialismo de los partidos europeos. ¡Como para que resulte inexplicable el
entierro histórico de Ugarte! Los suizos, cuyo socialismo se impartía en las
escuelas de hotelería, expresaron su infinita moderación absteniéndose.
Educado en una actitud reverencial hacia la socialdemocracia alemana, Lenín
advirtió estupefacto al cínico oportunismo de los grandes jefes de ese
país. Al comentar los resultados del Congreso de Stuttgart escribía poco
después:
"En este caso ha hecho acto de presencia un rasgo negativo del movimiento
obrero europeo, rasgo que puede ocasionar no pocos daños a la causa del
proletariado... el vasto poder colonial ha llevado en parte al proletariado
europeo a una situación por la que no es su trabajo el que mantiene a toda la
sociedad, sino el trabajo de los indígenas casi totalmente sojuzgados de las
colonias. La burguesía inglesa, por ejemplo, obtiene más ingresos de los
centenares de millones de habitantes de la India y de otras colonias suyas que
de los obreros ingleses. Tales condiciones crean en ciertos países una base
material, una base económica para contaminar de chovinismo colonial al
proletariado de esos países" ..
Los mismos colonialistas de la II Internacional que proponían justificar
desde el ángulo "socialista" la política colonial de sus Imperios
fueron los más resueltos partidarios de la primera guerra imperialista.
Este tipo de debates disgustaba al fundador del socialismo cipayo en la
Argentina. El Dr. Justo daría su juicio sobre el Congreso de Stuttgart años
después en los siguientes términos:
"Las declaraciones socialistas internacionales sobre las colonias, salvo
algunas frases sobre la suerte de los nativos, se han limitado a negaciones
insinceras y estériles. No mencionan siquiera la libertad de comercio, que
hubiera sido la mejor garantía para los nativos y reducido la cuestión
colonial a lo que debía ser..." ..
El librecambismo como garantía para los indígenas esclavizados: he ahí al
"maestro" del socialismo argentino en toda su sabiduría.
No hemos mencionado el nombre de Manuel Ugarte como delegado al Congreso
Socialista de Stuttgart por azar. Mientras que el ruso Lenín se sorprendía
ante el colonialismo de los delegados europeos, Ugarte no tenía motivos para
mayores sorpresas. Los conocía muy bien, por sus frecuentes visitas a Europa
y de primera mano estaba informado sobre los librecambistas argentinos. En
todos sus libros estableció Ugarte una diferencia radical entre los países
llamados civilizados, o sea las grandes potencias imperialistas y los países
débiles, conocidos como coloniales o semi-coloniales. Esta misma distinción
esencial había sido marcada por Lenín, mucho antes que los dirigentes rusos
establecieran después de su muerte un antagonismo nuevo: el Estado socialista
y el mundo capitalista.
Posteriormente, los chinos de la época de Mao-Tse-Tung coincidieron en
clasificar los grandes dilemas de nuestra época en el enfrentamiento entre
los países del Tercer Mundo y las potencias imperialistas, más bien que la
lucha entre el Este y el Oeste.
Considerados los movimientos nacionales desde el punto de vista puramente
económico (peligrosa reducción que es preciso manejar con prudencia), el
contenido de los movimientos nacionales puede ser resumido de este modo:
"En todo el mundo, la época del triunfo definitivo del capitalismo sobre
el feudalismo estuvo ligada a movimientos nacionales. La base económica de
estos movimientos estriba en que, para la victoria completa de la producción
mercantil, es necesario que territorios con población de un solo idioma
adquieran cohesión estatal, quedando eliminados cuantos obstáculos se
opongan al desarrollo de ese idioma y a su consolidación en la literatura. El
idioma es el medio esencial de comunicación entre los hombres: la unidad del
idioma y su libre desarrollo es una de las condiciones más importantes de una
circulación mercantil realmente libre y amplia, que responda al capitalismo
moderno; de una agrupación libre y amplia de la población en todas las
diversas clases. Es por último, la condición de una estrecha ligazón del
mercado con todo propietario, grande o pequeño, con todo vendedor y
comprador" ..
13. Naciones oprimidas y naciones opresoras
Hemos dicho ya que en el siglo XIX la cuestión nacional se planteaba en los
países rezagados de Europa -Alemania, Italia, Polonia, etc.-. Los movimientos
nacionales en el siglo XX en cambio no se manifiestan en Europa sino fuera de
ella, esto es, en los países coloniales y semicoloniales, donde aparecen no
en virtud del desarrollo las fuerzas productivas internas sino por la crisis
mundial del imperialismo que los oprime. En tales condiciones, los movimientos
nacionales de los países atrasados ya no libran su lucha contra el feudalismo
interno sino contra el imperialismo exterior, al que debilita en sus propios
cimientos.
Para desmentir a aquéllos que confiaban en una progresiva
"pacificación" y "ablandamiento" del imperialismo a causa
de la prosperidad adquirida después de 1945, sus rasgos agresivos y
expansivos no han hecho más que aumentar. Las intervenciones norteamericanas
en Cuba, Santo Domingo, Grenada y Nicaragua, la agreción militar inglesa en
las Malvinas, del mismo modo que la intrusión yanqui en Corea y en Vietnam,
para no olvidar el conflicto del Canal de Suez en 1956, demuestran
categóricamente el carácter agresivo del imperialismo moderno.
Transformada la Unión Soviética en gran potencia de la era misilística, sus
postulados de "internacionalismo proletario" no han podido ocultar
la invasión militar a Hungría, Checoslovaquia y Afganistán, así como la
presión militar y política sobre Polonia. Los conflictos fronterizos entre
la URSS y China, que mantienen sobre las armas a centenares de miles de
hombres, lo mismo que el estado de guerra casi permanente entre Vietnam y
Camboya, constituyen la demostración más acabada que la conquista del poder
y la creación de un Estado considerado a sí mismo como socialista, fundado
en la propiedad estatal de los medios de producción, no ponen punto final a
las aspiraciones nacionalistas y territoriales de cada una de dichas naciones.
Si la URSS ha llegado a ser un país imperialista, como afirman los chinos, es
un tema que dejaremos para su tratamiento por los politicólogos o
"marxólogos", si es que hay profesiones semejantes. De la historia
contemporánea en todo caso, se desprende que mientras rusos y norteamericanos
procuran un "equilibrio" que preserve su respectivo poder y áreas
de influencia, para los pueblos del Tercer Mundo y de América Latina el
objetivo supremo no es el equilibrio sino la ruptura del equilibrio. En ello
radica su propia salvación.
Que dicha lucha está lejos de ser simple, racional y transparente, lo
demuestra la serie de movimientos nacionales que irrumpen en el Tercer Mundo
bajo los ropajes más diversos y muy lejos de la tipología política
concebida por los europeos.
En nombre del Islam, bajo la conducción del Ayatollah Komeini, del
"socialismo árabe" con el Coronel Kadhafi o del Ejército peruano
con el General Velazco Alvarado, las viejas nociones sobre el carácter
"revolucionario" de los movimientos nacionales y sociales han
perdido todo valor. El propio concepto occidental de lo "progresivo"
o "reaccionario", o de la "izquierda" o la
"derecha" de idéntico origen exige su empleo con escrupuloso
cuidado. Sobre las fuerzas reales en presencia y sus máscaras ideológicas
León Trotsky ha escrito lo siguiente:
"El imperialismo sólo puede existir porque hay naciones atrasadas en
nuestro planeta, países coloniales y semi-coloniales. La lucha de estos
pueblos oprimidos por la unidad y la independencia nacional tiene un doble
carácter progresivo, pues, por un lado, prepara condiciones favorables de
desarrollo para su propio uso, y por otro, asesta rudos golpes al
imperialismo. De donde se deduce, en parte, que en una guerra entre la
república democrática imperialista civilizada y la monarquía bárbara y
atrasada de un país colonial, los socialistas deben estar enteramente del
lado del país oprimido, a pesar de ser monárquico, y en contra del país
opresor, por muy "democrático" que sea ..
Espontáneamente viene a la memoria la guerra de Malvinas. Fue un conflicto
sostenido entre un gobierno militar de una dictadura en la Argentina
semi-colonial contra un país imperialista gobernado democráticamente, como
el Reino Unido. Sin embargo, como resultó notorio para toda América Latina,
menos para gran parte de la "inteligencia" argentina, las
"formas" políticas velaban el desnivel histórico-social de ambos
países. Y del mismo modo que en el interior de una nación las fuerzas
revolucionarias, nacionalistas o socialistas, apoyan siempre las aspiraciones
de justicia de las mayorías obreras y populares contra las minorías
oligárquicas, en escala internacional es su deber apoyar al país
injustamente relegado contra las potencias que ejercen la injusticia a escala
planetaria, cualesquiera sean transitoriamente los regímenes políticos de
ambos países ..
Por los textos reproducidos puede observarse que los teóricos y políticos
rusos, habían comprendido los problemas de Oriente de un modo penetrante. Sus
sucesores en la Unión Soviética poco han ahondado en la materia. Sus
intereses de gran potencia les sugiere una conducta básicamente dirigida a
presentar tal condición. Así como el librecambismo es una doctrina
imperialista para la exportación, para la Unión Soviética el artículo de
exportación es el "socialismo internacionalista" pero el
nacionalismo gran ruso su metro de oro.
Que la democracia formal no es el elemento para valorar los movimientos
nacionales sino que para juzgarlos se impone estudiar las consecuencias
prácticas derivadas de su lucha contra el imperialismo; y de que el mundo
moderno presencia la oposición mundial entre países opresores y países
oprimidos, tales son las tesis principales del debate en el socialismo europeo
y asiático del período mencionado. Se comprende que la Internacional
Socialista y los socialdemócratas de hoy rehusen aceptar tesis semejantes que
ya habían rechazado sus antecesores de la II Internacional. Eso significaría
condenarse a sí mismos y a la propia Europa "socialista" donde
asientan su poder.
14. Consecuencias en América Latina del
desconocimiento de sus problemas por los teóricos marxistas-leninistas
En los 40 volúmenes de sus Obras Completas, Lenín sólo alude tres veces a
la América del Sur, seis veces a la Argentina, cuatro al Brasil, cuatro a
México y en una sola oportunidad se refiere a Chile. Se trata, por lo demás,
de alusiones incidentales, muchas veces incluídas en una mención
estadística. A los restantes Estados de América Latina no los menciona
jamás. En un artículo escrito en 1916, dice: "No vamos a
"sostener" la comedia de la república en algún principado de
Mónaco o bien las aventuras "republicanas" de los
"generales" en los pequeños países de la América del Sur o en
alguna isla del Océano Pacífico, pero de esto no se deduce que sea permitido
olvidar la consigna de la república para los movimientos democráticos y
socialistas" ..
En las discusiones de los primeros Congresos de la Internacional Comunista,
América Latina fue omitida por completo. El Presidente de la Internacional,
Gregori Zinoviev, en el V Congreso de 1924 dijo en su discurso: "Poco o
nada sabemos de la América Latina".
El delegado por México era un escritor norteamericano, Bertram Wolfe, quien
protestó por esa ignorancia. Zinoviev contestó: "Es que no se nos
informa" ..
Antes de radicarse en México, donde formuló juicios notables sobre la
revolución latinoamericana, León Trotsky tampoco tenía conocimientos serios
sobre América Latina. En su Historia de la Revolución Rusa escribía:
"Las revoluciones crónicas de las repúblicas sudamericanas nada tienen
de común con la revolución permanente; en cierto sentido, constituyen su
antítesis" ..
¡En América Latina había tenido lugar la revolución mejicana! Sandino
combatía con las armas en la mano contra las tropas yanquis, la Columna
Prestes marchaba a través de todo el Brasil, el movimiento nacional
yrigoyenista llevaba al poder a la pequeña burguesía nacionalista, pero los
notables teóricos y jefes de la Revolución Rusa "carecían de
información".
La impenetrabilidad de la teoría marxista en América Latina no sólo
derivaba de la indiferencia hacia ésta de las grandes figuras euro-asiáticas
del socialismo. La propia doctrina se oponía a "americanizarse".
Pues lo que conocemos como "doctrina marxista" nunca fue concebida
como tal por Marx, quien solamente se consagró a pensar y escribir sobre
multitud de las más variadas cuestiones sin remontarse jamás a sistema
alguno. La inmediata posteridad tomó a su cargo formular una especie de
"codificación" de sus ideas pero enseguida la familia se dividió
en múltiples y antagónicos herederos. Lo esencial del pensamiento marxista,
no obstante, que permanece inmutable en sus diversos intérpretes, salvo en la
"práctica" de Lenín y de Mao, es su universalidad y su
internacionalismo. De este modo entró la "doctrina marxista" en
América Latina, que sufría de universalidad y de internacionalismo hasta el
martirio, pues había sido despedazada en su integridad nacional e incorporada
al mercado mundial del imperialismo. A fin de que esa "doctrina
marxista", fuese útil, había que destruírla y reutilizarla en sus
elementos vivientes para volver reconocible a la realidad latinoamericana. Es
lo que habían hecho Lenín en Rusia y Mao en China. Pero constituía una
tarea excesiva para los hombros frágiles de los partidos comunistas
latinoamericanos, que rendían culto ritual a los rusos y a los chinos y
repetían como loros barranqueros a ambos, sin entender a ninguno de los dos y
mucho menos a la América Criolla.
Excepción hecha de Haya de la Torre y de José Carlos Mariátegui, ninguno de
los partidos comunistas latinoamericanos pudo brindar una generalización
teórica y creaciones originales a las grandes experiencias revolucionaria
latinoamericanas.
La prensa imperialista europea había sometido a su burla despiadada las
"crónicas revoluciones sudamericanas", producto directo de la
"balcanización" impuesta y usufructuada por esas mismas potencias.
La información de los revolucionarios de Europa debía nutrirse, a falta de
otras más responsables, de esas fuentes contaminadas.
Pues los problemas de la revolución latinoamericana, en definitiva, debían
ser estudiados y resueltos por los propios latinoamericanos. Al fin y al cabo,
eso mismo había ocurrido en todas las revoluciones.
Si cada revolución es "peculiar" y "excepcional", en los
países semicoloniales se cruzan diversos niveles técnicos y edades
históricas de sorprendente antagonismo; esta combinación de atraso y
progreso, de industria y barbarie produce fenómenos sociales y políticos
determinantes de la acción política y de sus grandes fines. Aún dentro de
la América Latina balcanizada dichos niveles revelan diferencias muy acusadas
que exigen múltiples métodos políticos de acción revolucionaria.
15. Las Repúblicas Quechua y Aymara
Cuando el proceso conservador de la Unión Soviética afectó el
funcionamiento de la Internacional Comunista, se manifestaron en América
Latina los cambios producidos en la dirección latinoamericana del comunismo.
Si Lenín y Zinoviev confesaban que nada sabían de América Latina, Stalin
pretendía saberlo todo. La situación empeoró, como era de esperar.
Se inició la edad "stalinista". De las vaguedades y abstracciones
de los inexpertos comunistas latinoamericanos magnetizados por los primeros
años de la Revolución rusa, se pasó a la aplicación de fórmulas resecas
extraídas de Moscú y aplicadas implacablemente a la realidad de América
Latina. De este modo, el stalinismo del Perú pudo proclamar en 1931, la
teoría de separar a ese país en dos Repúblicas, una quechua y otra aymará.
El Partido Comunista de la Argentina, al registrar la presencia de miles de
chacareros italianos en Santa Fe, que todavía hablaban piamontés y de
chacareros judíos en las colonias de Entre Ríos, declaraba que dichas
"minorías nacionales" estaban oprimidas por la "nacionalidad
argentina dominante" y afirmaban el derecho de los colonos italianos y
judíos a "la autodeterminación nacional", y a la creación de
Estados autónomos. En Bolivia uno de los últimos fragmentos separados del
virreinato del Río de la Plata, y que simbolizaba el fracaso del Libertador
para unificar América Latina, debía aparecer todavía otra teoría de la
balcanización llevada esta vez al delirio mismo.
Un teórico del stalinismo boliviano, Jorge Obando, realizó un examen de la
estructura "nacional" de Bolivia y descubrió que esta República,
compuesta por las viejas provincias altoperuanas del virreynato del Río de la
Plata, que la oligarquía porteña lanzó a una autonomía suicida y a la que
Chile en la guerra del Pacífico arrebató su salida al mar, además del
territorio de Antofagasta, sería un "Estado Multinacional", opresor
de decenas de nacionalidades.
La "Nacionalidad boliviana dominante", oprimiría a 34
nacionalidades, tribus y esquirlas etnográficas "subyugados" por
aquélla. Dice el señor Obando:"Si Bolivia es un Estado multinacional,
¿Qué naciones, nacionalidades, tribus y grupos etnográficos entran en su
composición? Nosotros consideramos que Bolivia está constituída por: una
nación: bolivianos; cinco nacionalidades principales: aymarás, quechuas,
chiquitos, moxos, chiriguanos; ocho nacionalidades pequeñas: chapacuras,
itonamas, canichanas, movimas, cayuvavas, pacaguaras, iténez, guarayos;
varias tribus y grupos etnográficos: chipayas, urus, yuracarés, mocetenes,
tacanas, maropas, apolistas, tobas, mataguayos, abipones, lenguas, samucos,
saravecas, otuques, curuminacas, covarecas, curavés, tapiis, curucanecas,
paiconecas y sirionós" ..
El General Belgrano, apoyado por el General San Martín, proponía en 1816 el
establecimiento de una monarquía incaica para la América en emancipación.
La tesis monárquica perseguía el objetivo de contar para la revolución con
las grandes masas del extingido imperio incaico y de facilitar un grado tal de
centralización política que volviera imposible la dispersión de los nuevos
Estados.
Si hubiera triunfado esta tesis, quizás el quechua con el español habrían
sido las lenguas dominantes de la América criolla, unida e independiente,
quizás con una tercera, la que hablaban los mexicas. Grandes naciones, como
Canadá, son bilingües, y Estados prósperos como Suiza son cuatrilingües,
para no hablar de la Unión Soviética, donde se hablan y se escriben decenas
de lenguas.
En ese caso, no habría sido imposible un marquesado incaico para el señor
Obando y la posibilidad de que Stalin no hubiera entrado jamás en la vida del
Marqués. Pero no pudo ser.
Aquejado de grave rusificación, Obando ha degradado la cuestión nacional
latinoamericana a la condición de pura etnografía. Esta reivindicación
abstracta de los derechos indígenas -de que no goza Bolivia en su conjunto-
tiende a erigir a las diversas etnias en factores independientes del destino
de Bolivia y de América Latina.
La tradicional resistencia de los aymarás y quechuas a emplear la lengua
castellana no es solo psicológica (por tratarse de la lengua de los antiguos
dominadores) sino que ante todo reconoce una causa social, económica y
cultural. La segregación del campesino indígena de la economía moderna, la
subsistencia del régimen del "pongueaje", su reclusión en la
economía natural, su secular separación de la ciudad monetaria y del mundo
mercantil eran las causas que fijaban a las lenguas tradicionales al segregado
y explotado campesino quechua o aymará.
Ya Mariátegui había identificado indio con campesino y había situado el
problema en su verdadero terreno al transferir la cuestión racial a la
cuestión agraria. Bastó el triunfo de la revolución nacionalista de 1953 y
la resolución elemental de la cuestión mediante la distribución de la
tierra entre los campesinos para ampliar la influencia lingüística española
en Bolivia. La necesidad de comerciar los excedentes en las ciudades y el
descubrimiento conmovedor de su libertad personal, así como de su inédito
poder de compra, impulsó a centenares de miles de campesinos propietarios a
aprender el castellano. Las escuelas en las zonas rurales prepararon desde
entonces a las nuevas generaciones en el empleo de la lengua nacional de
América Latina, junto al portugués.
En el caso que nos ocupa, sólo al imperialismo disgregador, cuyas
predilecciones "indigenistas" son bien conocidas, así como su sutil
campaña anticatólica y antihispánica, puede beneficiar la tendencia a
multiplicar los grupos nacionales o lingüísticos o, mejor aún, los nuevos
Estados, en una América Criolla fragmentada dede la muerte de Bolívar y cuya
última República de Panamá, en 1903, resultó una invención del
imperialismo yanqui para construir el Canal de Panamá contra la oposición
del Senado de Colombia, país del que Panamá era su provincia norteña.
Bien es cierto que el enunciado de Mariátegui era algo simple y que el
título de propiedad de su predio no trasformaba de un día para el otro a los
melancólicos y humillados hijos de Atahualpa en "farmers" del Medio
Oeste norteamericano. Pesaba sobre ellos un doloroso fardo de siglos y la
mirada hostil de una cultura diferente.
Después de la acción del imperialismo disgregador, correspondería al
stalinismo rusificante realizar un esfuerzo regresivo de la clase a la raza,
de la Nación latinoamericana al Estado Boliviano y del Estado Boliviano al
Estado Multinacional (o pluri-tribal). Esta grotesca y a la vez trágica
teoría, precisamente por su pueril exageración, permite inundar de luz el
debate y apreciar sus verdaderas proporciones.
16. El Insularismo stalinista
Una teoría fragmentadora de índole indigenista como la propuesta por el
autor citado sólo tiende a debilitar el vínculo idiomático esencial para la
formación del mercado y la Nación latinoamericana. Si al imperialismo le
bastaba con las 20 repúblicas, al stalinismo ya no le parecían suficientes;
las repúblicas indígenas operarían maravillas. Esta versión burlesca de la
cuestión nacional en Perú, Bolivia y Argentina era la manifestación no
sólo del servilismo político de la era de Stalin, sino la degradación sin
paralelos del pensamiento marxista en América Latina.
Como Stalin había escrito un libro sobre la cuestión nacional (en Rusia) en
el que describía las diversas nacionalidades que la Unión Soviética había
heredado del zarismo y se exponían las tesis de Lenín sobre el derecho a
separarse de dichas nacionalidades oprimidas, los stalinistas
latinoamericanos, ni cortos ni perezosos, aplicaron con indudable energía ese
mismo criterio, formulado en un Imperio multinacional opresor de múltiples
nacionalidades, a las condiciones de una gran nación semicolonial fragmentada
en veinte Estados .. Pretendieron multiplicar la balcanización mediante la
creación de nuevos Estados, por más fantásticos que fueran .
Otros "teóricos", como Rodney Arismendi, del Partido Comunista del
Uruguay, pasaban de la etnografía a la geografía y consideraban a la
revolución latinoamericana no como el fruto de una necesidad
histórico-social, sino como un hecho geográfico: la revolución
latinoamericana es
"una revolución continental" y su "unidad esencial está
determinada, en primer término, por el hecho de quién es el principal
enemigo: el imperialismo norteamericano" ..
En otras palabras, sólo por el imperialismo yanqui existe la revolución
latinoamericana. Esto es rigurosamente falso. Su "unidad esencial"
ya existía en tiempo de Bolívar, cuando la nación latinoamericana luchaba
por su existencia en la época de la hegemonía inglesa. La "unidad
esencial" de la revolución latinoamericana no procede de un enemigo
exterior, por principal que sea, sino de la íntima exigencia de 600 millones
de latinoamericanos para emerger de la miseria y la humillación. Para el
stalinismo extranjerizante toda acción histórica debe obedecer siempre al
"factor externo". En este juicio, vemos al diligente comisionista
sirviendo a la diplomacia soviética.
Pero al mismo tiempo, dicho stalinista no ha leído a Stalin sino en los
"misales" de la época, pues no encuentra en América Latina el
menor rasgo "nacional". Por el contrario, se refiere pluralmente a
"los procesos nacionales" de sus Estados, exactamente igual que los
imperialistas. Como lógico corolario, el confortable diputado del Uruguay se
pronuncia "contra las utopías pequeño burguesas que parlotean acerca de
una unidad o confederación latinoamericana en el marco de las actuales
estructuras" pero Arismendi no se pronuncia a favor de esa unidad ni
siquiera en el futuro socialista .. ¡Muy curioso el insularismo stalinista!
Las grandes potencias no podrían objetarlo.
Obando, el ya mencionado stalinista tribal, coincide con el orondo burócrata
uruguayo de este modo:"Existe, por ejemplo, la teoría que sustenta que
no hay diferencias nacionales entre los pueblos de América Latina, que todos
constituyen una sola nación... precisa ser denunciada como la variante
latinoamericana con que el imperialismo yanqui tiende a extirpar el
patriotismo de nuestos pueblos. Es una variante del consmopolitismo que tiende
a negar la existencia de las naciones, las nacionalidades y tribus de América
Latina... Esta teoría es un emparedado de nacionalismo, cosmopolitismo,
trotskysmo y franquismo muy a gusto de Washington" .
Para quien ha descubierto que Bolivia no es un Estado sino en realidad 34
naciones, la evidencia de que América Latina es una Nación debe resultarle
una horrible pesadilla. La idea de que al imperialismo debe seducirle la
unidad de los pueblos latinoamericanos, con el multuplicado poder económico y
político que ese hecho supone, es una idea, entre cochabambina y siberiana,
cuya paternidad exclusiva debe reclamar el Sr. Obando.
Para comprender el triste destino del marxismo en América Latina y el Tercer
Mundo, fuera de las curiosidades etnográficas de Obando que acabamos de
describir, convendría recordar que la dictadura del General Batista contó
con la colaboración de los comunistas cubanos durante la segunda guerra
mundial, en las personas de los intelectuales stalinistas Juan Marinello y
Carlos Rafael Rodríguez, Ministros del dictador. Rodríguez es el actual Vice
Presidente de Cuba. En la Argentina, Vittorio Codovilla, Jefe del Partido
Comunista, con el apoyo activo del Embajador norteamericano Spruillie Braden,
contribuyó a forjar la Unión Democrática que enfrentó al Coronel Perón en
las elecciones de 1946. Ese mismo año, los stalinistas de Bolivia, bajo la
protección de la Embajada norteamericana en La Paz y las felicitaciones de
Pablo Neruda, intervenían en el derrocamiento del gobierno revolucionario del
Mayor Gualberto Villarroel, organizador de los mineros y de los indios,
ahorcado por la "turba democrática" en un farol de la Plaza
Murillo, frente a la Casa de Gobierno. En 1944, en un acto realizado en
Managua para apoyar al dictador Somoza se fundaba el Partido comunista de
Nicaragua. En toda América Latina, los partidos comunistas predicaban la
ruptura de relaciones con Alemania y la participación militar en la guerra
mundial junto a las "democracias".
En la India, por la misma época, el dirigente comunista inglés Palme Dutt,
"experto en asuntos hindúes", calificaba a Gandhi "genio
pacifista del mal de la política india". Al mismo tiempo que Gandhi,
Nehru y los dirigentes nacionalistas eran encarcelados por los ingleses en
1942 o pasaban a la clandestinidad, los militantes comunistas eran entrenados
como fuerza voluntaria por la oficialidad británica para actuar en la segunda
guerra mundial. El Secretario del Partido Comunista de la India denunciaba las
huelgas obreras. Al día siguiente de la independencia, en 1947, los
comunistas dirigieron una revuelta campesina armada contra el gobierno hindú,
que acababa de conquistar la independencia nacional. En 1948 el Nizam de
Haiderabad levantó la prohibición que pesaba sobre el Partido Comunista para
utilizarlo contra el Congreso Nacionalista. Lo mismo ocurrió en Indonesia,
donde los comunistas fueron manipulados por los colonialistas holandeses para
debilitar el movimiento nacionalista. La lista de las aberraciones
"antinacionalistas", de los comunistas y de sus alianzas con el
imperialismo, antes y después de la segunda guerra mundial, sería
interminable. Preferimos limitarnos a los ejemplos ya citados.
17. Vindicación de Bolívar
Lo que no podía entender este género de teóricos que fundaba sus
especulaciones sobre los textos de la Academia de Ciencias de la U.R.S.S., es
que si en la Rusia zarista, "cárcel de pueblos", la esencia de la
política nacional del proletariado era el "derecho a separarse", en
América Latina la médula de la posición marxista en la cuestión nacional
consiste en el "derecho a unirse".
Para existir como naciones normales, los pueblos atados al yugo autocrático
debían separarse de ese yugo que les impedía el desarrollo económico y
cultural; para obtener los mismos fines, por el contrario, los pueblos de
América Latina deben federarse. El enemigo de los pueblos alógenos de la
Rusia zarista era la autocracia, que ejercía su poder reuniéndolos en su
puño; el enemigo fundamental de los pueblos latinoamericanos es el
imperialismo, que mantiene su control económico directo y su dominio
político indirecto fundado en la separación de las partes constituyentes de
la nación latinoamericana. Si la creación de una industria pesada en la
Argentina resultó muy difícil, sea por los límites del mercado, por las
dificultades de la comercialización en las condiciones del mercado mundial
competitivo, o por la escasez de capitales, conviene imaginar qué tipo de
industria pesada podría construirse aisladamente en Cuba, en Honduras, en El
Salvador o en el Ecuador, para dar sólo algunos pocos ejemplos, y de qué
manera, a menos que Ecuador sea condenado eternamente a plantar bananas,
podrían los Estados latinoamericanos por sí mismos escapar al flagelo del
monocultivo como no fuera por una unidad económica y una planificación
nacional de todos sus recursos ..
Ni desde el punto de vista del capitalismo, ni desde la perspectiva del
socialismo puede concebirse un desarrollo aislado de las fuerzas productivas
en cada uno de los 20 Estados.
Uno de los fenómenos habituales del "izquierdismo cipayo" de
América Latina, consiste en su manifiesta perplejidad ante la unidad
latinoamericana: ¿Se trataría de federar a los Estados después de hacer la
revolución en cada uno de ellos o antes? ¿La lucha por la unidad de América
Latina supone la postergación de la lucha por la revolución en cada uno de
los Estados balcanizados?. Basta plantearse estos insensatos interrogantes
para comprender cómo responderlos.
El triunfo revolucionario en la Isla de Cuba (¡en una isla!) implicó
inmediatamente la necesidad de romper la soledad insular del pueblo cubano.
Todas las esperanzas de los cubanos se depositaron en un rápido triunfo
revolucionario en Venezuela. Es completamente natural que esta espontánea
actitud se fundara en la evidencia: si la revolución triunfaba en Venezuela o
en Centroamérica, se impondría una planificación conjunta de sus economías
con la de Cuba, quizás una moneda común, una política aduanera semejante,
probablemente una federación política a corto plazo. Este acercamiento no
tendría un carácter supranacional, como el Mercado Común Europeo .,
constituído por antiguas naciones de lengua e historia diferentes, sino
esencialmente nacional, integrado por partes separadas de un mismo pueblo y
que solamente unidas pueden alcanzar rápidamente las diversas etapas del
crecimeinto económico. La lucha se entabla, como es natural, en los cauces
inmediatos creados por la balcanización; pero esa lucha debe tener una meta:
la unidad, federación o confederación de los pueblos de habla
hispano-portuguesa. Esto no excluye el Estado de Haití, cuyo francés es
menos importante que su "créole", hablado por el pueblo y que
vincula a los haitianos a la patria común, para no referirnos a los derechos
históricos que corresponden a Haití gracias al papel desempeñado por
Alexandre Pétion en la independencia de América.
De otro modo, la lucha por la creación de 20 Estados "socialistas"
de América Latina supondría la inauguración de la "miseria
marxista" o el establecimiento de algún "tutor" (Brasil o
Argentina) rodeado de una nube de pequeños Estados enclenques.
Pero esta unión no será el fruto de los razonadores estériles de la
diplomacia, de los técnicos híbridos que semejan "cuchillos sin
hoja", ni de las conferencias incesantes de la CEPAL, que sólo ha
logrado el autodesarrollo de los bien remunerados desarrollistas, sino el
resultado de la revolución triunfante. La unidad de América Latina llega
demasiado tarde a la historia del mundo como para que sea el coronamiento del
desenvolvimiento automático de las fuerzas productivas de su anémico
capitalismo.
La categórica necesidad de esa unión se abre paso aún a través de los
gobiernos más reaccionarios: la Cuenca del Plata, las grandes represas que
intercomunican al Brasil, Uruguay, Paraguay y la Argentina, el Pacto Andino,
la crónicamente postergada canalización del Bermejo, la conexión de las
Cuencas del Orinoco, el Amazonas y el Plata, el Mercado Común Latinoamericano
y la moneda común, no podrán ser detenidas por fuerza alguna. La
coincidencia y la unidad política de los Estados permitirán el pleno
despliegue de los grandes proyectos que permitan a la América Criolla
desenvolver el formidable emporio físico que descubrió Alejandro de
Humboldt. Pero esa unidad política pasa por el meridiano de la revolución
nacional latinoamericana.
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