Enrique Zuleta Puceiro.
“Una nueva oportunidad”
La cumbre De la Rúa-Menem ha desbordado los límites originarios del programa de diálogo interpartidario iniciado con la reciente reunión con el ex presidente Raúl Alfonsín. Menem ratificó con holgura su condición de jefe de la oposición y agregó a la agenda política nacional la posibilidad cierta de una estrategia de concertación. De la Rúa inició, por su parte, un giro estratégico de segura rentabilidad en el medio y largo plazo. Los resultados son positivos para ambas partes. Transcurrida casi una cuarta parte del período presidencial, el Gobierno ha agotado su período de gracia. La fuerte demanda social de un cambio integral no se agota en las personas y abarca orientaciones, objetivos y estilos. Baste un ejemplo: las encuestas sitúan al tope de la lista de relevos nada menos que al ministro de Economía, hoy por hoy la única figura objetivamente indispensable en el otrora “gabinete de las estrellas”, apuntando más a la política económica que a su esforzado ejecutor actual. Bajo estas condiciones, el único cambio posible consiste en lograr que el país funcione. Muy poco puede rescatarse, en efecto, de la estrategia inicial de demolición de la “herencia recibida”. El país que espera no deja márgenes para la política de adversarios promovida con torpeza desde algunos círculos cercanos al Presidente. El país exige hoy ideas y compromisos de una profundidad y envergadura que trascienden la capacidad individual de los partidos. Después de todo, en el plano estricto de las políticas económicas, las ideas y posiciones de la Alianza en casi nada difieren de las que inspiraron la etapa final del gobierno Menem. La confrontación ha sido mínima, pero su costo final ha resultado intolerable, tanto para los protagonistas como para la sociedad en su conjunto. La cumbre habilita el mejor perfil de De la Rúa: su condición de estratega impasible de grandes acuerdos nacionales. Menem fortifica a su vez su condición de interlocutor principal, de cara a una sociedad que jamás entendió las dificultades de la Alianza para concretar su compromiso de grandes acuerdos nacionales. Todo otro cálculo resulta mezquino y cortoplacista. Ninguna de las grandes cuestiones pendientes en el país puede ser siquiera intentada desde el juego de suma-cero entablado entre gobierno y oposición.
Jorge Asis*. “No todo es revisteril”
“Yo no quiero tomar una cumbre entre un presidente en ejercicio y uno que se fue como una cuestión deportiva en la que se señalan ganadores y perdedores. Fue la reunión de un número uno y otro número uno. Como el ring, segundos afuera. Tal vez haya sido un error por parte de De la Rúa el intento de privilegiar el diálogo con políticos de segunda que pretendían ser interlocutores de Menem pudiendo hablar directamente con él. La interpretación de que con esta reunión se perjudica al actual presidente es una banalidad. La gente tendría que ver el encuentro como lo que es: una reunión común en un sistema democrático. Es complicado para los segundones que vivían de la confrontación. Sólo los grandes pactan, el resto analiza. No tenemos que andar buscándole tantos pelos al huevo. Me parece muy bien que se vean. Incluso diré más: yo no sé si existió o no una reunión secreta entre ambos, pero no veo por qué tendría que alarmar. Hay que terminar con la concepción movilera de la política: no todo es revisteril, no todo tiene que ser tan público y así como los periodistas tienen derecho a tener conversaciones off de record, los políticos pueden encontrarse sin que trascienda. Si de la lectura de los analistas se desprende que la reunión fue una acotación a Alvarez, eso es ajeno a Menem. Yo digo que Chacho es el ángel exterminador de la política: todo aquel que estableció una Alianza con él termina tirado por la ventana. Alvarez, con su argumentación precoz y su cultura de vendedor de libros a crédito, un discurso precario y elemental, con cuarenta movileros marca la agenda política y establece un maniqueísmo estremecedor. Un tipo de coacción intelectual que incita a pensar que aquel que lo critique ampara la corrupción. Alvarez tiene la misma concepción de la política que la que Wilde tenía del arte. Wilde decía que el artista destruye todo lo que ama en tanto que Alvarez, en política, destruye todo lo que crea”.
* Escritor y ex embajador menemista.
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