martes 09 de mayo de 2006


 

            Carne y corsodromo
 


 

 

 

En sus tres años de gestión la figura presidencial ha conseguido concentrar adhesiones sonoras  y rechazos fervorosos. Mientras el viernes 5 de mayo, en Gualeguaychú,  el escenario del corsódromo (la pista de desfile de las comparsas carnavalescas) no escatimó aplausos a Néstor Kirchner por su gestión en el conflicto de las plantas papeleras que se siguen construyendo en Fray Bentos, República Oriental del Uruguay, unas horas antes, en 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, un millar de productores ganaderos y hombres de campo reunidos en asamblea apuntaban contra el Presidente los dardos del sarcasmo más filoso y las críticas más calientes a las medidas que castigan la producción y exportación de carne. Ellos responsabilizaron sin intermediarios a Kirchner de promover la muerte la ganadería argentina.

A esa concentración personal de apoyos y cuestionamientos, de alineamientos disciplinados y de ácida protesta resume el fenómeno que los analistas han bautizado como poder presidencial. Se atribuye al doctor Kirchner un poder muy grande porque hasta ahora el balance de tan encontrados sentimientos favorece a quien los suscita.

Una mirada más atenta a ese fenómeno de concentración quizás debería registrar algunos matices. Los sectores críticos, aunque dispersos y aparentemente en minoría parecen nutridos por sentimientos más vigorosos, más densos (aunque también más cautelosos) que los que se ven en el campo de enfrente. Es muy probable que la práctica del hostigamiento y la confrontación áspera que ejercita el Presidente para imponer sus políticas provoque, como contrapartida, una hostilidad  reconcentrada que sólo espera un momento oportuno para expresarse.

El campo de los adherentes más notorios al gobierno está bastante bien representado por las personalidades que colmaron palco y las plateas preferenciales del corsódromo de Gualeguaychú: gobernadores, ministros y funcionarios nacionales, intendentes, legisladores, representantes de la CGT y de algunas organizaciones muy próximas al oficialismo, como algunos grupos piqueteros con dirigentes ubicados en cargos públicos o Madres de Plaza de Mayo.

No es fácil de constatar, aunque no es improbable, la versión periodística de que para el acto de Gualeguaychú "se tomó lista" o que, como señaló Joaquín Morales Solá en La Nación, "las ausencias se pagarían con un precio muy alto". Es que el dispositivo de poder del Presidente se basa en el empleo de instrumentos que funcionan como fuerte coacción disciplinaria. "A diferencia de Alfonsín y de Menem –acaba de señalar el sociólogo Marcos Novaro- Kirchner prefiere que le teman a que lo amen, y eso lo predispone a hacer un uso mucho más intenso de la presión y también de la amenaza".

Un rasgo del modelo económico kirchnerista cumple con esa función en varias direcciones: el   anclaje en el dólar alto. Suele afirmarse que  ese recurso está destinado a facilitar las exportaciones argentinas, dando un suplemento cambiario para vitaminizar la competitividad de producciones que no no la tienen por capacidades propias. En verdad, basta ver el comportamiento del gobierno en relación a la carne para comprender que las exportaciones no son algo que lo desvele: las ha prohibido ocasionando daños en mercados ya adquiridos y obstaculizando la conquista de otros precisamente en un instante en que la Argentina puede ocupar plazas importantes. En realidad, el dólar alto es antes que nada una plataforma para incrementar la recaudación del Estado central a través de las retenciones a la exportación. Como las retenciones son el ingreso principal del Tesoro central y no son coparticipables, el gobierno nacional cuenta con recursos para otorgar premios y castigos a discreción a provincias y municipios. Las atribuciones especiales concedidas graciosamente por el Poder Legislativo al Ejecutivo, que le permiten a éste modificar partidas del presupuesto nacional y cambiar destinos de los fondos, así como la aprobación de un mecanismo de tributación irregular ("cargos específicos" y manejo de fideicomisos) que carecen de controles institucionales, incrementan la discrecionalidad y la concentración del poder en manos del Presidente y su entorno más cercano. El manejo de las obras públicas es uno de los mecanismos de presión: "Pasamos del tiempo de la obediencia debida a la época de la obediencia a De Vido", bromea con más amargura que humor un gobernador. El nombre del abarcativo ministro de Infraestructura es una metáfora, claro: De Vido es virtualmente un seudónimo de Kirchner.

El gobierno centraliza, disciplina, induce obediencia, coopta: en Gualeguaychú consiguió que se subieran al palco algunos gobernadores radicales (uno de ellos, el de Mendoza, consintió inclusive en ser orador), se agencia de innumerables pseudopodos que actúan como representaciones virtuales de sectores sociales y políticos. ¿No ocurre, sin embargo, que esas incorporaciones se arrastran fundamentalmente a sí mismas y dejan a la sociedad donde estaba, aunque cada vez con menos vasos comunicantes con el sistema político y las instituciones estatales? Un ejemplo: el gobierno empleó en cargos públicos, varios de ellos de jerarquía, a un gran número de líderes piqueteros. Sin embargo ese hecho no disminuyó el número de piquetes. Más bien al contrario, lo que puede observarse es una piqueterización paulatina de la sociedad. La acción directa no sólo se expresa en un sentido, sino también en el opuesto: los piquetes de la Federación Universitaria de Buenos Aires han impedido en cuatro oportunidades la elección del rector de la mayor casa estatal de studios del país; en la última semana, un piquete formado por personal no docente ejerció también la acción directa, pero contra los militantes fubistas. Antes de eso, los piquetes ambientalistas de Colón, provincia de Entre Ríos habían sido desalojados por la acción directa de vecinos y comerciantes de esa ciudad y en Neuquén obreros petroleros y de la construcción desalojaron por la fuerza a piqueteros docentes que impedían el acceso a una refinería. La sociedad acude cada vez más habitualmente al piquete y la acción directa para conseguir objetivos, porque desconfía de instituciones que parecen vaciadas de contenido y eficacia. Las instituciones de la seguridad lucen ausentes o pasivas ante la acción directa;  las instituciones representantivas llevan a cabo tareas cada vez más residuales: el Congreso le asegura disciplina al Ejecutivo y le transfiere atribuciones  propias (presupuesto, cargas impositivas) hasta límites dudosamente legales, no es demasiado irrazonable que la sociedad  se aparte de ese modelo. Hay, así un Presidente cada día aparentemente más fuerte, aunque asentado sobre un Estado y un sistema político cada vez  más carcomidos por la osteoporosis: ¿podría un Estado así mantenerse sólido en una situación crítica?

Debilidades del Estado: un ejemplo palpable está en el mismo caso de las papeleras. La preocupación por acumular poder en el centro del dispositivo y de manejar los asuntos en función de los registros de opinión pública llevó seguramente a que, en su momento, se actuara con negligencia en materia de controles sobre la eventual contaminación del río Uruguay. Lo cierto es que el gobierno nacional en 2004 dejó asentada en documentos públicos binacionales su aprobación a la instalación de las papeleras. El gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saa, lo puntualizó minuciosamente en la carta que dirigió al Presidente Kirchner para explicarle por qué no estaría presente en Gualeguaychú: "Sr. Presidente, durante su gobierno, Argentina y Uruguay celebraron   un acuerdo en el ámbito de la Comisión Administradora del Río Uruguay, que se conoce como Plan de Monitoreo de la Calidad Ambiental del Río Uruguay de Plantas Celulósicas. En el mismo puede leerse al comienzo del acta: " Teniendo en cuenta la implantación futura de plantas celulosas…." Y más adelante establece una serie de controles especiales del Río, a la altura de Fray Bentos y Gualeguaychú . Es fácil deducir, Sr. Presidente, que durante su gestión la CARU ya había acordado sobre la instalación de papeleras a la vera del Río y también acerca del monitoreo sobre la calidad ambiental a partir de la construcción y funcionamiento de las plantas".

Agrega el gobernador puntano: "Esta información, negada o silenciada por su gobierno, se encuentra disponible en el sitio de Internet de la propia CARU, de cuya impresión me permito remitirle una copia. Una vez leída recomiendo que, en caso de ser exacta al original, se la haga conocer a la ciudadanía argentina, en virtud del derecho que tiene nuestro pueblo de acceder a la información y a la verdad. En su momento el Canciller Rafael Bielsa, en el Congreso argentino, expresó con orgullo que el problema de la instalación de plantas papeleras   en las orillas del R.U. estaba resuelto, y que la Argentina había acordado el monitoreo de la construcción y funcionamiento de las mismas".

Parece claro que el debilitamiento de las instituciones y el vaciamiento de los controles generaron un daño a los intereses del país´daño que ahora se agrava con el enfrentamiento torpe y anacrónico con Uruguay, una postura que refuerza la tendencia al aislamiento externo de Argentina y es inconducente desde el punto de vista de la defensa del medio ambiente.  El "ambientalismo instantáneo" que exhibe ahora el gobierno antes que  acción política es una reacción política hacia la opinión pública (principalmente la entrerriana), procurando capitalizar en términos de proselitismo interno (y más concentración de poder) lo que es un debilitamiento y aislamiento del Estado. Con todo, la opinión pública vacila: "El Presidente no convenció a Gualeguaychú" titulaba el sábado 6 el diario La Nación. El "desencanto con el discurso" parecía fundado en parte en que el Presidente no remató el show del corsódromo con el apoyo taxativo que esperaban los vecinos más activos. Pero también porque la naturaleza del ambientalismo de ocasión que adoptado el Ejecutivo quedó ejemplificada por la defensa de las papeleras que actúan en territorio argentino. Nadie ignora que si puede dudarse de la modernísima tecnología de las plantas de Fray Bentos, la que se utiliza en las fábricas argentinas no requiere de dudas en cuanto a su carácter contaminante.

El gobierno atrapa toda consigna y bandera que, a su juicio, puede dar réditos para la concentración de poder. Ejercitado en la conjugación de un presente perpetuo, reaccionando ante las situaciones con la mirada puesta en las encuestas, ahora se ha colgado al hombro la bandera verde.

Pero hay una diferencia entre virtualidad y realidad. Entre ambientalismo de ocasión y política ambiental.

También hay diferencia entre el control del índice precios y la contención de la inflación.

Una acción gubernamental concentrada en cada situación presente, concebida como una   confontación y una oportunidad para la acumulación de poder personal combina íntimamente con la lógica mediática y conlos dispositivos que genera la inflación, que obliga a vivir sin otro horizonte que la actualidad rabiosa, borra el largo plazo.

El gobierno se concentra en el índice, que es lo que mes a mes sale en los diarios. El secretario de Comercio, Guillermo Moreno, llegó a solicitar a autoridades del INDEC el listado de comercios en los que se realiza la encuesta de precios. Le costó entender la negativa de los funcionarios a los que interpeló, cuando ellos alegaron que esa información estaba resguardada por la Ley del Secreto Estadístico. ¿Para que necesitaría ese listado?

Ya que no podrá presionar en los locales donde se recoge la información de la encuesta, Moreno ha decidido avanzar más sobre las empresas formadoras de precios. El columnista Marcelo Bonelli afirma en Clarín que el secretario de Comercio, en el curso de una reunión amable con empresarios de la alimentación, les dijo: "Todos ustedes me deberán presentar y justificar una estructura de costos antes de poner en vigencia cualquier aumento en los precios". El funcionario completó: "Cualquier movimiento me lo deben informar primero a mí como mínimo tres semanas antes, para que evaluemos su viabilidad". Y remató: "También les quiero decir que no vemos bien ningún intento de las empresas de recomponer los márgenes de utilidad".

Así, el gobierno avanza en la política de controles, uno de los tres pilares en los que parece decidido a asentarse. Los otros dos son: subsidios y probablemente racionamiento (en el campo energético, la escasez por la falta de estímulo a la inversión empuja en ese sentido). Junto al manejo discrecional de recursos y el control de la obra pública, parece establecerse la tendencia a que la economía de los particulares ceda espacio a una creciente administración del aparato estatal.

¿Poder fuerte? Más bien gobierno hiperconcentrado. La obsolescencia de un Estado fofo y atontado, loteado por los mecanismos prebendarios  y coronado por el espíritu faccioso no puede ser la expresión de una nación adaptada e integrada a la complejidad de la sociedad globalizada. Es, por el contrario, el impulsor de la desintegración y el aislamiento.

 

Jorge Raventos

 

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