De mi mayor consideración:
Las Ciencias Agrarias comprenden el conocimiento científico de
diferentes áreas (Biología, Sociología, Economía, Edafología, etc.)
aplicado a la producción de agropecuaria, es decir, a la producción
de alimentos, de fibras textiles y últimamente, de energías
renovables. La formación de profesionales en Ciencias Agrarias en
nuestro país es principalmente función de las Facultades de
Agronomía, tanto públicas como privadas. Debido a que la carrera de
Ingeniería Agronómica es prioritaria para nuestro país y el
MERCOSUR, muchas de estas Facultades han sido acreditadas ante
CONEAU (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación
Universitaria), con el objetivo de garantizar la máxima deontología
posible en función de los (escasos) recursos disponibles.
Mi nombre es Guillermo Raúl Pratta (DNI 21654655), tengo 37 años,
soy Ingeniero Agrónomo desde 1993, Magíster en Genética Vegetal
desde 1998 y Doctor en Ciencias Biológicas desde 2004 (todas
carreras de grado y postgrado debidamente acreditadas por CONEAU).
Me desempeño como Docente de grado y postgrado en las Facultades de
Agronomía de la Universidad Nacional de Rosario (logró la mayor
acreditación posible para carreras de grado en 2004) y de la
Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires
(en proceso de acreditación), y soy Investigador Asistente del
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas desde
2005. Mi área de investigación es la Genética y el Mejoramiento de
tomate, con proyectos que incluyen aplicación de técnicas
convencionales y biotecnológicas. Cuento con 17 trabajos publicados
en revistas especializadas de nuestro país y el exterior que avalan
suficientemente mi trabajo realizado hasta el momento.
Como profesional y formador de profesionales en Agronomía, no puedo
dejar de expresar mi disconformidad y preocupación ante expresiones
vertidas por la Presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández, y
personas allegadas a ella acerca del área de mi competencia, que
representan no sólo un absoluto desconocimiento acerca de la
realidad agropecuaria, sino un desinterés y desprecio por el
desarrollo científico alcanzado por el conjunto de la Ciencias
Agrarias. A modo de ejemplo, 'la soja es un yuyo' es una
descalificación de toda la inversión intelectual realizada por un
grupo de investigadores americanos para identificar, clonar e
insertar en forma estable el gen que codifica la resistencia al
glifosato desde una bacteria de suelo hacia la soja. Esto, sin
mencionar por supuesto el trabajo realizado durante siglos por
mejoradores aborígenes anónimos que, en la zona de origen del
cultivo (China) fueron seleccionando las plantas que presentaban
mayor valor agronómico dentro de una población de soja silvestre,
hasta lograr el biotipo que conocemos y cultivamos actualmente.
Otras expresiones desafortunadas fueron '…el campo es una actividad
económica que no tiene riesgos, no requiere inversiones…', que ya
fueron rebatidas oportunamente por otros especialistas en el tema.
Mi aporte a esta cuestión es: si Ud. piensa realmente así, ¿cuál
cree que es nuestra misión, la de los Ingenieros Agrónomos, en la
Sociedad? ¿Por qué se reconoce desde el Estado como prioritaria a la
Ingeniería Agronómica, y se la acredita estrictamente para
garantizar excelencia, si después vamos a trabajar en algo que se
hace con sólo dejar pasar el tiempo, según lo que se desprende de
sus dichos? ¿O su próximo paso será arremeter contra las Casas de
Altos Estudios que forman profesionales del sector agropecuario? Y
por último, ayer escuché decir por el canal estatal a la Sra. Hebe
de Bonafini: 'los de Federación Agraria no son pequeños y medianos
productores. Los pequeños y medianos productores son esos que
siembran con la mano, cosechan y venden en los mercados públicos...'
Además de los errores gramaticales en la construcción de su
discurso, Doña Hebe, UD. manifiesta una ignorancia que no me
sorprende: 'esos que siembran con la mano, cosechan y venden en los
mercados públicos' son agricultores de subsistencia, no pequeños y
medianos productores.
Finalizo aquí mi exposición, esperando que cuando algún referente de
la opinión pública abra la boca, lo haga para decir algo importante
y sólidamente fundado (o bien, para bostezar) y que se deje de
faltar el respeto a las personas que día a día trabajamos en lo
nuestro lo mejor que podemos a fin de construir un país respetable y
digno para vivir. Sería apropiado que también los gobernantes se
pongan a trabajar cuánto antes pensando en todo el pueblo argentino,
misión para la cuál fueron democráticamente elegidos.
Mis más cordiales saludos,
Dr. Guillermo Raúl Pratta
gpratta@unr.edu.ar
17/06/2008