Domingo 03 de Abril de 2005

ENTREVISTA A JORGE CASTRO PUBLICADA EN EL BOLETIN DEL INSTITUTO DE SEGURIDAD INTERNACIONAL Y ASUNTOS ESTRATEGICOS Año 2 - Número 5 - Marzo de 1999


ISIAE: Sr. Secretario, hace muy poco la Secretaría de Planeamiento Estratégico a su cargo ha cumplido su primer y muy activo año de existencia. Nos gustaría conocer su percepción del papel y la labor desarrollada.

La Secretaría de Planeamiento Estratégico fue creada para pensar los problemas argentinos desde una perspectiva de mediano a largo plazo, a partir de las transformaciones realizadas por el país y el mundo en la década del noventa.

Esta tarea fundamental de la Secretaría se realiza alrededor de tres temas o ámbitos de reflexión permanente: lo social, la lucha contra la pobreza, la marginación y la desocupación; lo institucional, la reforma del Estado y del sistema de instituciones públicas en general (las denominadas reformas de segunda generación) y; en tercer lugar, el protagonismo internacional.

Lo que ha ocurrido en los dos últimos años, es el resultado de una aceleración del ritmo de los acontecimientos por impulso de la revolución tecnológica.

En dos años el mundo ha recorrido lo que en otra fase histórica hubiesen sido veinte. Ello está relacionado con el hecho de que la evolución histórica, ha comenzado a crecer a través de verdaderos espasmos. Los medios de la transmisión de la información, fibra óptica, Internet, comercio electrónico, etc., actúan como cabeza del vector de cambio de la época.

Además existe una convergencia de tecnologías, a partir de 1993, en los Estados Unidos, que es el país en donde se produce la fuerza fundamental tecnológica de la época. Este hecho le otorga a la globalización del sistema productivo mundial un signo norteamericano, así como la revolución industrial tuvo un signo británico.

En estas condiciones de aceleración de los acontecimientos mundiales por impulso del cambio tecnológico es que tiene cada vez más importancia pensar en una perspectiva de mediano a largo plazo. Pensar en el mediano a largo plazo, en un momento de cambio histórico incesante de la evolución histórica, es imprescindible para tomar las decisiones fundamentales del presente.

Por eso es que la perspectiva de mediano a largo plazo no es lo que se refiere a lo que viene después, sino a lo que es esencial ahora.

Desde una perspectiva político estratégica, que es el pensamiento de la Secretaría de Planeamiento Estratégico, no se trata de hacer ningún tipo de análisis futurista, ni siquiera de análisis prospectivo, porque, por definición, el futuro todavía no existe.

El futuro se crea, se construye, es el cruce de las tendencias cuando se entrelazan con los acontecimientos. Entonces, lo único que se puede hacer, y esto sí es una tarea enormemente importante, es identificar las tendencias fundamentales del presente porque son aquellas que establecen lo que es esencial para luego recuperar en toda su importancia la libertad de la acción política, porque la acción política es la que crea los acontecimientos, y el cruce de los acontecimientos con las tendencias es lo que hace la historia.

La historia es, entonces, aquello en donde el futuro aparece, a partir del presente como creación constante, como resultado del cruce de las tendencias con los acontecimientos.

En esta perspectiva, la tarea de la Secretaría de Planeamiento Estratégico es como un esfuerzo por sistematizar de la manera más rigurosa posible lo que se convierte cada vez más en el sentido común de la época.

El sentido común de la época en el terreno político es cada vez más una visión estratégica de orden mundial. Entonces, pensamos la política nacional como un capítulo de la política internacional y vemos todos los acontecimientos en términos significativos mundiales.

No hay más visión política que la visión mundial, y pensamos esa visión mundial en términos de posicionamiento de la Argentina en un sistema de relaciones político, económicas, tecnológicas mundiales en las que la fuerza de un país se mide por su posicionamiento respecto a las tendencias de fondo de la época y en su capacidad para articular alianzas, tanto en el plano de los otros estados como de la sociedad civil, incluyendo al mundo empresario.

Todo esto al servicio de una característica de la cultura cívica argentina que es una honda vocación de protagonismo internacional.

El marco del Mercosur, de la alianza estratégica con el Brasil y de la asociación con Chile, que tiende también a transformarse en alianza estratégica a partir de la resolución del tema de los hielos continentales, y de la forma en que la Argentina respaldó a Chile en el marco de la crisis relacionada con la detención del General Pinochet.

ISIAE: ¿Cuales son a su entender los desafíos estratégicos de la Argentina en la actualidad?

Hay que partir siempre del análisis del presente, hay que preguntarse de qué se trata. La pregunta estratégica por definición es la del Mariscal Foch: de qué se trata, "de quoi s´agit t´il?", ¿cuál es el problema? No es la pregunta operativa que dice ¿qué hacer?

Con la crisis financiera internacional desatada en julio de 1997, el mundo vive una reformulación de la razón del Estado entendida como la búsqueda del camino de supervivencia y continuidad de las naciones y de los Estados.

Hoy la razón de Estado tiene un significado esencialmente fiscal y monetario. La razón de esto es que el ritmo de aceleración del proceso de globalización se manifiesta a través de sucesivas crisis cada vez más continuas. El concepto de crisis deja de ser excepcional frente a la estabilidad permanente y se transforma en un elemento casi constante. Hoy el destino de un país se manifiesta en la fuerza que tenga en el plano fiscal y monetario. Es el resultado directo de la revolución financiera, del hecho que el capitalismo se transformó en un fenómeno posnacional.

La única vinculación real que tiene un país como la Argentina, con este hecho estructural de la época, es su fortaleza en el terreno fiscal, en el plano monetario y en el de la solidez de las instituciones.

En este sentido, nosotros pensamos que esta crisis, por su envergadura y por su carácter de aceleración del ritmo de los acontecimientos, no deja a ningún país en la misma posición que tenía antes de que estallara. Algunos retroceden, incluso se desploman como ha sucedido con varios en el sudeste asiático, y otros, al haber permanecido firmes en medio de la crisis, dan un salto adelante, un salto de la credibilidad. Esto es lo que está en juego en este momento en la Argentina. Es un aumento cualitativo de su nivel de credibilidad, una manifestación todavía mayor de la que ya hizo en 1995 con la crisis del Tequila. En ese momento la totalidad de las consultoras y los principales analistas sugerían que después de México devaluaba la Argentina. La Argentina no lo hizo, después siguió una dura pero corta recesión, y esto le ha ganado un crédito de credibilidad muy importante que está en pie ahora.

Pero esta crisis financiera internacional desatada en julio de 1997 es más grave que la crisis del Tequila, que fue de carácter estrictamente regional. Esta es una crisis mundial de gran envergadura, por eso el hecho de que la Argentina permanezca estable en medio de la crisis tiene un significado semejante al del 1995 pero multiplicado por cinco o seis. Estamos abreviando el tiempo histórico de la Argentina al permanecer estable en medio de la crisis.

ISIAE: ¿Cual es su visión de los grandes temas estratégicos relacionados con la seguridad internacional?

Hay una tendencia a la disminución del número de los conflictos armados entre estados. Aparece como una nueva regla el hecho de que en el mundo por tercer año consecutivo casi no se han producido confrontaciones armadas entre estados.

La totalidad de los conflictos armados identificados son conflictos intraestatales. Esto es una rareza en términos de la historia de las relaciones internacionales, pero es probable que esta rareza sea la nueva pauta.

En este sentido, los conflictos internos son esencialmente conflictos derivados o surgidos de la desintegración estatal. Son conflictos donde lo esencial se refiere al problema de la fortaleza del sistema de instituciones y lo accesorio al mecanismo de defensa que es aquello que se ejerce en los Estados frente a otros Estados.

Esto está directamente vinculado al análisis de la forma en que terminó la anterior etapa histórica, la Guerra Fría. En ella aparece otra rareza histórica de extraordinaria importancia. Es la única vez en la historia de las relaciones internacionales en la que una superpotencia da por terminada la contienda por la hegemonía a nivel mundial sin haber disparado un tiro.

La Unión Soviética se autodisolvió en 1991, mientras mantenía prácticamente intacto su poderío militar que la colocaba, desde la década del 70, en condiciones de paridad estratégica con los Estados Unidos. No sólo no le sirvió para enfrentar los acontecimientos, sino que al contrario la llevó a reconocer su impotencia hasta el extremo de la autodisolución.

Esto es probablemente la pauta de la época. La pauta de la época es que el terreno estratégico decisivo está en el plano de lo institucional y la seguridad y lo accesorio en el plano de la defensa. Porque un país puede mantener intacto su sistema de defensa pero entrar en una situación de crisis sistémica de su sistema institucional. Si ello ocurre está perdido como protagonista en la política mundial. Puede permanecer como espacio geográfico, no como actor político.

Para la Argentina es un asunto crucial reflexionar sobre el fin de la Guerra Fría porque esta fue en definitiva el comienzo de una nueva época histórica y es probable que lo más importante no haya estado en el fin de la Guerra Fría en si mismo sino que este ha sido un subproducto del hecho histórico decisivo, que es el surgimiento de la globalización en la década del setenta que, al basarse en una revolución tecnológica de la información se manifiesta políticamente como un torrente horizontalizador, disemina la información y hace que haya una crisis permanente hasta el extremo del colapso o de la autodesintegración de todos los sistemas organizativos puramente burocráticos y verticales, tanto en el plano estatal público como en el plano de la empresa privada.

Y en este sentido lo que aparece es que la caída de la Unión Soviética en 1991 en vez de ser la excepción se convierte en la nueva regla. Por eso es cierto cuando se dice que el Muro de Berlín cayó de los dos lados.

Todos los sistemas burocráticos jerarquizados en los que el centro de la decisión está arriba y la ejecución abajo, están amenazados de quiebre y de colapso ante el despliegue de la revolución tecnológica del procesamiento de la información, que es el sustento de la globalización. En estos términos, la mayor necesidad estratégica de la Argentina está en su fortalecimiento institucional. Es allí donde se decide el destino del país.

ISIAE: Usted se ha referido a la necesidad de retomar la práctica del pensamiento estratégico y renovar al mismo. A modo de consideración final le agradecería un comentario.

Tiene que haber un pensamiento estratégico, el pensamiento estratégico es un pensamiento político y la estrategia es un subproducto del pensamiento político.

En este sentido es un pensamiento tópico, no ideológico, es un pensamiento global pero atento a no dejarse arrastrar por la tentación de las nuevas totalizaciones. Tópico en el mundo global de hoy. Lo tópico es global, no aislado, pero lo tópico global no es una nueva totalidad. Las totalidades son siempre el preanuncio de una nueva ideología y este pensamiento tópico, global, es un pensamiento en el que se funda la vocación de protagonismo internacional de la Argentina.

La esencia de la política es la voluntad de poder, no es el análisis ni el pensamiento político. Y la voluntad de poder es la voluntad de un país y una nación. Hoy tiene más fuerza que nunca el concepto de nación. Lo que está en crisis es la vinculación estado-nación.

El problema es que la fuerza de una nación se manifiesta en su vocación de protagonismo internacional. Esa es su voluntad de poder. En Argentina todo este esfuerzo de pensamiento y de acción realizado por la sociedad en la década del 90, es una recuperación de lo decisivo, que es su voluntad de poder, de participación en una sociedad mundial. En el convencimiento que la Argentina tiene algo que decir, algo propio que transmitir en esta sociedad mundial en crisis, donde lo que va a emerger no es una sociedad fundada en la homogeneidad de sus protagonistas sino una que afirme y acentúe las diferencias, las diversidades y la pluralidad.

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