La Guerra
de Malvinas no ha sido un buen ejemplo de estrategia
militar, hubo peores. Ni siquiera podría ser considerada
una opción internacional recomendable, quedaban otros
caminos por explorar. Sin embargo a la hora de un repaso
histórico lo peor que se puede hacer con aquella gesta es
promover su denigración y descalificación.
El odio y
el desprecio a las Fuerzas Armadas, sentimiento arraigado
en minúsculos sectores intelectuales argentinos, no pueden
cegar de forma tal, que impida comprender los intereses
generales del país más allá de quienes lo gobiernan.
La
película Iluminados por el Fuego que pretende abordar
aspectos de esta guerra cae en errores imperdonables e
inmerecidos. Incorpora a su guión condimentos
superficiales y hueros, propios, del pensamiento
progresista: algunos gramos de alma justiciera comprometida
con los valores universales de la humanidad doliente, y
sensiblería barata, como resaltar la juventud inexperta de
soldaditos, arrancados brutalmente de las faldas de sus
madres por la prepotencia cuartelera.
Sorprende
este último discurso, atento a que Director y guionista son
firmes defensores de los combatientes del 70’, tan jóvenes
como los de Malvinas.
Sin
embargo pareciera que la corta edad en los 70 fuera garantía
de pureza, entrega desinteresada y justicia ¡al fin y al
cabo eran jóvenes idealistas valientes y aguerridos!,
empero, en Malvinas los párvulos devienen en niños
inexpertos, temerosos y bautismales.
¡Francamente hay que tener el alma torcida para sesgar la
mirada de esta manera!
Los
jóvenes, a criterio de estos intelectuales, pueden asimilar,
adultamente, la teoría del foco y la lucha armada en aras de
vagas sociedades igualitarias. Ahora, cuando se trata de la
defensa de la patria, de valores vinculados a la soberanía y
a nuestra historia se transforman en niños de pecho a los
que hay que proteger como si fueran de cristal.
Tristán
Bauer, Director y co guionista, junto a Bonassso, nos
brindan una versión de la guerra tan injusta como
incorrecta, tan infantil como atrabiliaria, tan anti
argentina como inhumana.
Es, tan
solo, un perfil más de la ola desmalvinizadora. No proponen
nada nuevo. Apenas una retahíla de monsergas como:
Los
intentos de perpetuación en el poder por parte de la
Dictadura Militar, que al lograr una resolución decorosa
del problema de las islas zafarían de la responsabilidad
política del golpe del 76’.
La
insistencia sobre mal trato a los jóvenes soldados por
parte de una oficialidad perversa que desarrolla el orden
cerrado en medio del campo de batalla, negándose a ver en
ellos, a noveles guerreros sino a “tagarnas” muertos de
miedo y frío.
Finalmente la idea de que nada patriótico, digno y altruista
puede partir de esas Fuerzas que aniquilaron lo “mejor” de
nuestra juventud.
Así las
cosas, la película transita en una medianía que, con
notables esfuerzos técnicos, no alcanza a sobrecoger al
espectador. Al menos conmigo no lo han logrado.
Iluminados por el Fuego
es una excusa, vil e insincera, para denigrar lo mejor del
alma argentina: la entrega sin cortapisas al destino común
expresado, en este caso, en la defensa irrestricta de la
soberanía territorial y también cultural, por parte de
unas Fuerzas Armadas plagadas de contradicciones, de
jóvenes soldados cuyas vidas trascendían a la heroicidad,
de intelectuales que interpretaron las circunstancias y de
un pueblo que acompaño la situación.
Frente a
esta patraña se hace preciso recordar que en historia no se
juzgan las razones ocultas y personales de tal o cual hombre
o gobierno, sino la importancia y el valor de la acción
misma. Se evalúa, sólo, la justicia o injusticia de los
hechos.
¿Qué
importancia tiene para la historia la factura moral de sus
personajes? ¿acaso nobles y loables labores no han sido
llevadas adelante por hombres y mujeres de vida personal
dudosa? ¿Y tremendas crueldades por personajes impolutos y
admirables por su conducta cotidiana?
¿Con que
ética juzgamos a los militares, a los políticos, con la
misma con la cual juzgamos, a los sacerdotes, los médicos o
las maestras jardineras?
Por otro
lado ¿merecen condenarse todos los actos de las Fuerzas
Armadas por su incalificable error con el golpe de Estado
del 76’. ¿Es posible tanta ligereza de análisis? ¿Todo se
hace mal o todo se hace bien?
Veamos lo
que quiero significar, nuestra historia está cargada de
ejemplos, compartamos uno.
El
General Lavalle tuvo un desempeño excepcional en la Batalla
de Riobamba, inflingiéndole una formidable derrota al
Ejercito español. Algunos años después, en plena guerra
civil porteña, ordenará el fusilamiento de Dorrego y la
matanza de gauchos e indios en el interior de la provincia.
¿Alguna de estas acciones anula a la otra?
Para ser
más preciso ¿su conducta criminal contra hermanos de
provincia y enemigos políticos opaca u oculta su
patriotismo?
Como
decía un entrañable humorista “una cosa es una cosa y otra
cosa es otra cosa”.
Por una
se lo condecorará y por la otra pagará. ¡Así de
sencillo!
Por otro
lado y a mí entender lo más grave y desolador del film es
negar o restar mérito a la heroicidad de las jornadas. Lo
aseguro, convencido de mis palabras, por haber sido Director
de la única escuela secundaria para excombatientes, por
dónde pasaron a lo largo de cinco años doscientos de ellos y
conozco de lo que escribo.
Entiéndase bien lo que quiero señalar. No me refiero a la
valentía y al coraje personal que unos exageraron y otros
carecieron, apunto a la heroicidad de la gesta.
Es que
Director y guionista encerrados en su hermético mundo
ideológico remiten todo a lo individual y se les escapa lo
trascendente.
Bauer y
Bonasso con esta película devastan la estructura emocional
del guerrero. Al desvalorizar o minimizar la gesta
pulverizan su moral y el sentido de sus actos. Con los
argumentos ofrecidos por la película ¿de que sirvió haber
estado allí? ¿A qué tanta muerte y tristeza?
En su
pretendida reivindicación de los excombatientes lo único y
perverso que logran es abandonarlos inermes, desnudos y
desolados.
Huérfanos
de razones y vacíos de heroicidad ¿qué queda de ellos? Bauer
y Bonasso corrompen de esta manera el acto más generoso,
más extraordinario, más voluminoso en la vida de los
individuos y de los pueblos, como es el sacrificio y la
entrega por una causa común, como es la Patria.
De aquí
al suicidio hay un paso muy corto.
CLAUDIO CHAVES