Domingo 03 de Abril de 2005

CRISTINA NOS QUIERE GOBERNAR


En la última semana la  Senadora Cristina Fernandez de Kirchner en una disertación ante un público, a mi gusto,  poco exigente afirmó que las razones últimas del delito había que encontrarlas en la profunda desigualdad social existente en la Argentina y América Latina. Como un gran aporte a la antropología urbana  agregó, luego, que no es la pobreza la que empuja a los desamparados a la huella del delito, si fuera así ¡caramba! el continente africano sufriría como nadie las consecuencias de su miseria. Polemizando ¡vaya a saber con quién! Es Latinoamérica, concluyó satisfecha la mujer del Presidente, el epicentro mundial de los maleantes.

Es posible que el conocimiento de la realidad africana que posee la señora provenga de sus lejanas lecturas de la novela de E.R. Burroughs sobre Tarzán de la Selva y la mona chita. Bueno... es que  ¡han pasado tantos años de aquel idílico mundo de iguales que hoy África se hace irreconocible para viejos lectores!. Con leer cotidianamente las noticias que nos llegan del magnético continente negro sobre dictadorzuelos que huyen cada tanto con sus fortunas y amantes a cuestas, reproduciendo en el paraíso europeo el goce que mantenían en origen, se podrían ahorrar disparates. ¿No oyó nunca la Señora   hablar  de Hallie Sellasie, de Idi Amin Dada o el Rey Faruk?. En África hay una inmoral y grosera desigualdad social que en la Argentina no existe, devaluación mediante.

Las causas del delito seguramente son muchas pero hay una –hoy por hoy- que no podemos dejar en la sombra y  es la impunidad por un lado y el clima ideológico construido en torno al mundo del hampa por el otro. ¡Rebeldes primitivos!, pareciera ser que la vida de un ladrón merece más admiración y respeto que la de un trabajador. Cantautores y periodistas  irresponsables  construyen un halo de romanticismo en torno a la vida de asesinos y ladrones. Ni que decir de políticos parlanchines cuyo discurso remite a la injusticia y la desigualdad de una sociedad impiadosa.

Para ciertos progresistas posmodernos luego la caída del muro de Berlín el capitalismo triunfante  ha recibido  golpes, sólo, cuando el Gordo Valor o el Hígado Muños actuaron. ¿Será por aquello de Bertol Brecht peor que robar un banco es fundarlo.?

Claudio Chaves

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