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El efecto acumulativo del brusco descenso de la imagen del gobierno, el
agravamiento del conflicto agropecuario y la extraordinaria demostración de
fuerza que constituyó el acto de Rosario ha provocado que el poder hegemónico de
Néstor Kirchner sufra una honda crisis de legitimidad. En el núcleo de esta
erosión está el veloz incremento de la tasa de inflación. En la Argentina el
control de la inflación es garantía de gobernabilidad, y a la inversa.
La crisis de legitimidad está presente como virtualidad en todos los sistemas
políticos. La cuestión es si sus instituciones tienen o no capacidad para
procesar esas crisis. Watergate fue un caso paradigmático de crisis de
legitimidad. Provocó la renuncia de Richard Nixon, pero la crisis fue procesada
por el sistema de instituciones estadounidenses. En diciembre de 2001 estalló la
crisis de legitimidad del gobierno de la Alianza y Fernando De la Rúa. Implicó
el colapso del sistema bipartidista vigente desde 1983.
El sistema hegemónico de Kirchner surgió de ese colapso, y del vacío de poder
que fue su consecuencia. Por eso controla las instituciones, pero no está
mediado por ellas; y en caso de crisis, como la actual, no existen mediaciones
institucionales para procesarla. En estas condiciones, la crisis se resuelve
solo en el plano del proceso político, esto es del poder efectivo, más allá del
marco institucional.
Ningún sistema de dominación perdura si desaparece el lazo de legitimidad que lo
une con los dominados. “La esencia del fenómeno político es la relación
mando-obediencia, pero su núcleo no es el mando, sino la obediencia (…) Mandar
cualquiera manda, lo difícil es ser obedecido”, constata Bertrand de Jouvenel.
En la Argentina empieza a presentarse una situación de desobediencia creciente y
generalizada, detrás de la profundización del conflicto agropecuario, del vuelco
anti-gubermental de la opinión pública y el aumento de la tasa de inflación.
Toma cuerpo ese “ánimo destituyente” que menciona acertadamente la declaración
suscripta el martes por la cúpula del Partido Justicialista presidida por
Kirchner.
Jorge Castro
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