Domingo 08 de Junio de 2008

Desobediencia y crisis de legitimidad




El efecto acumulativo del brusco descenso de la imagen del gobierno, el agravamiento del conflicto agropecuario y la extraordinaria demostración de fuerza que constituyó el acto de Rosario ha provocado que el poder hegemónico de Néstor Kirchner sufra una honda crisis de legitimidad. En el núcleo de esta erosión está el veloz incremento de la tasa de inflación. En la Argentina el control de la inflación es garantía de gobernabilidad, y a la inversa.
La crisis de legitimidad está presente como virtualidad en todos los sistemas políticos. La cuestión es si sus instituciones tienen o no capacidad para procesar esas crisis. Watergate fue un caso paradigmático de crisis de legitimidad. Provocó la renuncia de Richard Nixon, pero la crisis fue procesada por el sistema de instituciones estadounidenses. En diciembre de 2001 estalló la crisis de legitimidad del gobierno de la Alianza y Fernando De la Rúa. Implicó el colapso del sistema bipartidista vigente desde 1983.

El sistema hegemónico de Kirchner surgió de ese colapso, y del vacío de poder que fue su consecuencia. Por eso controla las instituciones, pero no está mediado por ellas; y en caso de crisis, como la actual, no existen mediaciones institucionales para procesarla. En estas condiciones, la crisis se resuelve solo en el plano del proceso político, esto es del poder efectivo, más allá del marco institucional.

Ningún sistema de dominación perdura si desaparece el lazo de legitimidad que lo une con los dominados. “La esencia del fenómeno político es la relación mando-obediencia, pero su núcleo no es el mando, sino la obediencia (…) Mandar cualquiera manda, lo difícil es ser obedecido”, constata Bertrand de Jouvenel.

En la Argentina empieza a presentarse una situación de desobediencia creciente y generalizada, detrás de la profundización del conflicto agropecuario, del vuelco anti-gubermental de la opinión pública y el aumento de la tasa de inflación. Toma cuerpo ese “ánimo destituyente” que menciona acertadamente la declaración suscripta el martes por la cúpula del Partido Justicialista presidida por Kirchner.
 


Jorge Castro

 

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