Domingo 03 de Abril de 2005

DIEZ AÑOS DE JUSTICIALISMO


En los últimos años se ha venido hablando acerca de si mi gobierno fue fiel o no al pensamiento de Perón y su obra. Si interpreté cabalmente el legado político del General que transformó decisivamente la vida de los argentinos, o si por el contrario vulneré los principios liminares de su doctrina que hoy es patrimonio de todos.
Sin duda el asunto no es nada fácil y trataré de abordarlo desde la más absoluta honestidad política e intelectual que el caso merece.
Para comenzar a recorrer el difícil laberinto de las ideas, justo es señalar que jamás dos épocas fueron iguales, y en consecuencia las respuestas ofrecidas por mi partido estuvieron signadas por el cambio y debieron asimilarse a esta cruda realidad.
La Argentina de l946 fue muy distinta a la que recibí en 1989.
Aquella, emergía en un mundo destruido por la guerra, con millones de hambrientos a quienes había que alimentar y estábamos, por su puesto, en condiciones de hacerlo.
El Ministro de Economía de Perón, Miguel Miranda afirmaba por aquellos años:
" Si la gente tiene que comer, como yo creo que pasa, tendrán que encontrar dólares y traerlos aquí para comprarnos alimentos a nosotros."
Eramos un país pujante y poderoso, acreedor de las principales potencias aliadas de Europa, con superávit comerciales tan formidables que nos daban una fortaleza extraordinaria.
Por aquellos años el General Perón dibujó frente a una delegación de la Federación Agraria Argentina una imagen que reveló en toda su magnificencia la realidad del país, en esa oportunidad les dijo:
" Esto no puede decirse en los periódicos, pero es la verdad: tenemos el Banco Central lleno de oro y ya no sabemos donde ponerlo. Los pasillos están hasta el tope con pilas de oro. Tenemos 2.000 millones de pesos congelados para no aumentar la inflación."
Perón hizo lo que había que hacer. Las realizaciones emprendidas en esa época iban en la dirección de los acontecimientos mundiales. Las naciones se encerraban tras vigorosas fronteras aduaneras, transformándose en fortalezas impenetrables, para lamer las heridas que la crisis y la guerra habían ocasionado en el tejido económico. La Argentina no fue una excepción, ni podía serlo, de cara al mundo entendió rápidamente el mensaje que las grandes potencias emitían.
Perón fue la continuidad del proceso de industrialización iniciado en el 30' por los conservadores pero lo llenó de justicia social y soberanía política. La independencia económica fue un signo mundial de los tiempos, que respetó e impulsó.
El ciclo de sustitución de importaciones ganaba adeptos y se expandía por el planeta, sin embargo, en la Argentina, el General entendió que los estrechos mercados nacionales no solucionarían los graves problemas que se avecinaban, y por eso fue más lejos, y planteó la unidad con Brasil llegando a sostener la necesidad de "suprimir las fronteras si es preciso" y pícaramente a sostener:

"Estamos prontos a decirles: son ustedes más grandes, más lindos y mejores que nosotros" a condición de lograr el bien más preciado: la unidad.
Pero el Presidente del Brasil se suicidó, a nosotros nos derribaron, y el país entró en una decadencia sostenida hasta bien entrada la década del 70.
Después vino la noche y con ella la muerte.

Cuándo emergimos de la tragedia el mundo ya no era el mismo. Avanzaba vertiginosamente derribando las barreras que a su paso impedían el crecimiento de la economía.
El ciclo que había visto nacer a Perón y a nuestro movimiento se caía irremediablemente. La economía mundial reclamaba mercados globales. Los avances tecnológicos y científicos, modificaban las comunicaciones acercando a los hombres y haciendo del planeta una sola extensión. Una época se desvanecía.
O nos fagocitaba la historia o hacíamos política a lo grande. Opté, bajo las enseñanzas del General, por esto último.
Siempre observé a Perón como un político brillante, porque entre otras cosas, entendió cabalmente a su tiempo.
Me propuse lo mismo. Miré el mundo y comprendí que no debíamos aislarnos sino todo lo contrario, y al hacerlo se abrieron posibilidades extraordinarias para el país. Pero antes había que apagar el fuego.
La Argentina de l989 estaba quebrada económica y socialmente, y nos propusimos ponerla de pie con todos aquellos argentinos de bien, dispuestos a acompañarme.
No hubo banderías ni distingos políticos. Aquellos que comprendieron los nuevos cambios mundiales tuvieron un lugar en mi gobierno. Vinieran de donde viniesen.
No hacía falta tener ideología para comprender que la Argentina estaba en peligro. Solo se necesitaba ser patriota y esto último no es patrimonio de partido o corriente de pensamiento.
La Argentina que recibimos no tenía reservas, apenas 10 millones de dólares y estábamos en cesación de pagos. En el sistema financiero había tan solo 530 millones en depósitos. La deuda externa significaba ocho veces las exportaciones anuales. La paz social había desaparecido. Los desbordes de la pobreza desmantelaban supermercados y el Ejército Argentino dividido y soliviantado.
De ese piso partimos y cuando llegamos, diez años después, el país tuvo: diez mil kilómetros más de caminos, 92.000 millones entre depósitos y circulante. El PBI aumentó el 40 % y las exportaciones 400%, significando cuatro veces la deuda externa y mejorando en consecuencia su perfil en un 50%.
De 98.000 automóviles que se producía por año en 1989, llegamos a 304.000. Las exportaciones manufactureras de origen agropecuario aumentaron un 100%, en fin el listado sería enorme y no es el caso enumerarlo en esta oportunidad.
La Argentina hoy es otra y el país que hemos entregado está en orden y considerado a nivel internacional.

No obstante, y a pesar de lo señalado nos acusan de haber dejado un abultado déficit fiscal, es una vileza y una patraña. Tan solo una mentira para justificar la inoperancia.
También, con intenciones aviesas y acusatorias se esgrime la idea de descalificarme como liberal o neoliberal. ¿ Pero que significa esto? ¿Acaso se puede, con semejante desatino, oscurecer la labor realizada?
Por otro lado y sin espíritu de polémica, ¿no fueron liberales San Martín, Monteagudo, Belgrano, Urquiza, Alberdi, Roca, Yrigoyen y el mismísimo Perón, a pesar de haberle tocado actuar en un período de retroceso de estas ideas, y sin embargo nadie duda de su patriotismo?
No seamos estrechos y menguados, los tiempos cambian y los hombres debemos estar hechos para comprender aquella frase de Martín Fierro:
"La pucha que trae liciones / el tiempo con sus mudanzas".

DR CARLOS SAUL MENEM.

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