Como cuestión preliminar y
para no escandalizar al patriarcado hegemónico - como
diría la prestigiosa Eva Giberti - he de tranquilizar a
mis lectores informándoles que he podido escribir
estas breves líneas luego de superar la censura previa y
obtener la aprobación correspondiente de mi papá, mi
hermano, mi marido y mi hijo, asumiendo por mi parte
el compromiso de retirarme de inmediato a lavar los
platos. No le pedí permiso también al cura, porque no
tengo cura.
Es que todos los
hombres de mi familia son kirchneristas, así como la
mayoría de nuestros amigos.
No es para menos, ante
el nuevo amanecer progresista que se advierte en nuestra
Patria, según informa cotidianamente el diario
Clarín, que es el único que los hombres de la casa me
dejan leer; aunque yo preferiría Página 12, que es más
paquete, pero no me lo compran porque trae poco de
fútbol. Pero yo no digo nada porque la mujer debe ser
sumisa y obediente.
Así hemos sido educadas
por el patriarcado, esa superestructura de
dominación capitalista cuyo bastión es la familia
monogámica, institución repugnante de sometimiento de la
mujer formada por un papá, una mamá y unos niños, que
fuera denunciada de una vez y para siempre por el genial
Federico Engels en su famoso libro “El Origen de la
Familia, la Propiedad Privada y el Estado” , que una vez
leí sin permiso encerrada en el lavadero. Y para dar el
ejemplo revolucionario, Engels vivía en concubinato con
dos mujeres –hermanas entre sí - ambas obreras de la
fábrica de Papi. Un capo, Federico...
Nuestra educación como
mujeres ha obedecido y obedece a la potencia dominadora
de los hombres que nos imponen como obligatorios
roles estereotipados que son construcciones culturales y
de ninguna manera se corresponden con nuestra naturaleza:
ser madres, por ejemplo:
“Papá cuida una huerta
(que a fin de cuentas es productiva), mamá sus plantas
(que son bien decorativas). Francisco tiene una tienda
de caramelos, Martina lava las papas, su mamá cocina, su
abuela amasa el pan y su hermano pone la mesa. La
maestra está contenta porque el mecánico ya arregló el
auto de su marido. Es que el hombre necesita vivir en
sociedad y rechaza las actitudes discriminatorias. La
mujer no se sabe, porque está llevando a su nena al
médico…”, escribía la periodista Soledad Vallejos el
12/3/04 en el suplemento Las/12 del diario Página/12.
Este criterio de
sojuzgamiento de la mujer es compartido por el Jefe del
Ejército, Teniente General Roberto Bendini, quien
dispuso el pase a retiro obligatorio del Mayor Rafael
Pedro Mercado, privándolo de toda retribución (de
acuerdo al diario Clarín del 30/12/05 no estaría en
condiciones de acceder a beneficio previsional por falta
de años de servicio) no sólo a él sino a sus hijos y a
su esposa, la señora María Cecilia Pando de Mercado.
Lo verdaderamente
insólito y discriminatorio es que Mercado fue pasado a
retiro por “portación de esposa”. En efecto, informa
“Clarín” que “El Ejército no dio otros detalles por el
carácter “confidencial” de estas decisiones, dijeron sus
voceros. Pero otras fuentes castrenses explicaron que
con “conducta omisiva” se recriminó al mayor “no haber
actuado como se esperaba” frente a su esposa”.
Ahora bien, ¿Cómo
esperaban Bendini-Garré-Kirchner que actuara Mercado?
¿Censurando a su mujer? ¿Encerrándola en el baño?
¿Golpeándola? ¿Ejerciendo violencia moral sobre ella?
Pando es ciudadana argentina y como civil no está
subordinada ni a Bendini ni al Mayor Mercado.
De allí se sigue que el
no haber actuado como se esperaba frente a su esposa por
parte de este último, no se refiere ni puede referirse a
su condición de militar sino a su carácter de marido.
Es decir que se lo separa de la Fuerza por no haber
violentado los más elementales derechos humanos de
Pando.
Es de esperar que las
organizaciones de defensa de los derechos de la mujer,
las de derechos humanos y el INADI reaccionen
enérgicamente contra esta medida del Gral. Bendini,
que - de ser cierta la noticia del diario Clarín
transcripta - no hace más que fomentar la violencia
familiar entre los miembros de las FF.AA.
Cabe una última
posibilidad: que Mercado y Pando estén obrando de
común acuerdo. ¡Eso es obvio! Podrá decir algún
desprevenido. No señor, no es obvio. En derecho no hay
sobreentendidos, todo debe ser probado. Si la sanción
contra el militar se aplicó porque desde el gobierno se
entiende que ella dice lo que él piensa, no se está
haciendo más que imputarle veladamente a Mercado una
conducta de peligrosidad, recientemente rechazada por la
Corte Suprema de Justicia de la Nación. Ello sin
contar con la eventual nulidad del acto administrativo
que dispuso el pase a retiro por vicios en sus
causas y motivaciones.
Por otro lado, si
Bendini entendió que la actividad política y social de
Pando no puede escindirse de la condición de militar de
Mercado, y excluyó a éste por considerar que en realidad
no son dos, sino una sola carne, la situación no es tan
grave.
¡El gobierno se hizo
católico!
Y basta, me voy a lavar
los platos.
Por ahora…
Dra. Norma Vitagliano de
Cardinali