Un grupo de activistas de izquierda,
encaramados en la conducción formal de la FUBA, se ha propuesto
impedir que el doctor Atilio A. Alterini se convierta en el próximo
rector de la Universidad de Buenos Aires.
Por convicción o conveniencia, esgrimen que el decano de la Facultad
de Derecho no reúne la idoneidad moral requerida para ser rector de
la UBA, ya que al instaurarse la dictadura, el 24 de marzo de 1976,
continuó desempeñándose durante un año como juez de la Cámara de
Apelaciones en lo Comercial y, adicionalmente, en 1981 ocupó un
cargo municipal. Al parecer, el no haber renunciado a la
magistratura en la madrugada misma del golpe de Estado convierte al
doctor Alterini en un " cómplice del genocidio ". Esta
descalificación es compartida por Madres de Plaza de Mayo (sector
Bonafini) y algunos grupos piqueteros
Formulada
la cuestión en estos términos extremos, todo vale, todo se
justifica. Así resulta de una lógica irresistible apelar a la fuerza
para impedir que la Asamblea de la UBA se constituya, ni aun
siquiera para analizar la procedencia o razonabilidad de la
impugnación al doctor Alterini.
Adviértase que los impugnadores del doctor Alterini, convocados a
opinar por el decreto 222/03 del presidente Kirchner, no objetaron
que los doctores Eugenio Zaffaroni y Elena Highton de Nolasco se
convirtieran en ministros de la Corte Suprema de Justicia aunque
también hubieran continuado su carrera judicial durante la dictadura
del 76/83. Los fiscales Strassera, Moreno Ocampo y la mayoría de los
cinco camaristas que condenaron a las Juntas tampoco pasarían ese
test moral.
Ha llegado así a la Universidad la patología que desde hace años
carcome a nuestra sociedad: la entronización de la doble moral.
Depende de quién se trate será la regla a aplicar. Lamentablemente,
este curioso cartabón impera ya hace tiempo en nuestros debates
públicos y, lo que es más grave, en el Poder Judicial. Si el
culpable de un homicidio es miembro de ETA, la justicia argentina
encontrará prescriptible su delito. Si se trata de un militar
criollo, su delito será un crimen de lesa humanidad e
imprescriptible. El indulto será válido si beneficia a un integrante
del ERP o Montoneros, pero de nulidad insanable si quien escapa a la
condena es un miembro de las fuerzas de seguridad. Si Carlos Menem
omite en su declaración jurada patrimonial una cuenta bancaria en
Suiza la Oficina Anticorrupción lo querellará por el delito de
declaración jurada maliciosa. Si se le descubre el mismo olvido a un
candidato a la Corte Suprema, se tratará de una desprolijidad
atribuible a su contador público.
Cuando el ex marino Astiz se jacta de ser " el mejor para matar a
un político o a un periodista " la Justicia lo encontrará
culpable de apología del delito. Pero si es Hebe de Bonafini quien
celebra el atentado a las Torres Gemelas o condena al papa Juan
Pablo II a la hoguera, no le cabrá reproche penal.
Ya todos sabemos que hay piqueteros malos y buenos. Ocupaciones de
comisarías que catapultan hacia subsecretarías de Estado y tomas de
casinos que llevan a peregrinar por lejanos estrados judiciales.
La misma conducta es aprobada o repudiada según la filiación
ideológica o partidaria a la que coyunturalmente adscriba su autor.
Nada está bien o malper se sino en función de qué intereses se
sirve.
Sin igualdad ante la ley, sin respeto, no tenemos República. Sin
honestidad intelectual, tampoco tenemos Universidad. Nadie debe
beneficiarse con la ruptura de las reglas de juego. Es hora de que
los restantes candidatos al Rectorado adopten una posición clara
frente al sedicioso atropello que impide sesionar al máximo órgano
de gobierno de la UBA. A estas alturas, ganarle a la violencia es
más trascendente que el nombre del nuevo rector.
El autor es representante del claustro de graduados en la
Asamblea de la UBA.
Por Juan Curutchet
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