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Hay
políticos que lideran la
opinión
pública; otros la
siguen. Y
algunos
son
perseguidos por ella.
ANONIMO
(Argentina, siglo XXI)
Néstor Kirchner –tanto como su
señora esposa- es el auténtico motor de la rebeldía nacional, que volvió a
exhibirse el sábado 14, tras el intento oficial de despejar a los palos la ruta
14 y de la detención de Alfredo De Angeli y otros dirigentes agrarios. Ha sido
la pretensión gubernamental de doblegar a los sectores del campo lo que mantuvo
viva la protesta durante más de noventa días, lo que obstaculizó y postergó en
repetidas ocasiones el diálogo con las entidades y en fin, lo que determinó el
progresivo debilitamiento y encierro del oficialismo en una burbuja de obtusa
autocomplacencia.
El lunes 9 de junio, cuando la
señora de Kirchner –elegantísima con su pañuelo palestino de seda al cuello- se
dirigió por cadena nacional a argentinos y argentinas para comunicar que había
decidido destinar a la construcción de hospitales, viviendas y caminos el
excedente de retenciones móviles a la soja tan pronto estas superen el 35 por
ciento, la mesa chica del gobierno sintió que había dado un mazazo inapelable a
las entidades rurales: había pintado el conflicto entre el oficialismo y el
campo en términos de una lucha entre la benevolencia de un poder que procura
distribuir "rentas extraordinarias" entre los pobres y las provincias, y la
avaricia de quienes, amén de no dar trabajo ni invertir, se vuelven
extorsionadores en su presión por quedarse "con todo". ¿Iban acaso a alzarse
contra los pobres? En la Casa Rosada presumen con ciertos motivos que mentar la
pobreza o la defensa de los derechos humanos es un remedio infalible para
silenciar adversarios, más eficaz aún que acusarlos de golpistas y
conspiradores.
Néstor Kirchner, estratega de
la contraofensiva oficialista, consideró que la irrupción escénica de los
camioneros transportistas de granos, con sus bloqueos totales de rutas de todo
el país, ya había dejado sentidos a los chacareros. Pese a que las entidades
rurales habían levantado el paro a instancias de la Iglesia, del pedido del
gobernador de Santa Fé y de la exhortación del Defensor del Pueblo, y aunque se
mantenían al costado de los caminos, hacía rato ya que no hacían piquetes, el
gobierno no vaciló en culpar al campo por los bloqueos y el paulatino
desabastecimiento suscitado por las protestas camioneras. La blitzkrieg
propagandística de la Casa Rosada, encuadrando el conflicto agrario en los
términos de un reclamo egoísta, desproporcionado, insensible, chantajista y
desabastecedor debía ser el triunfal epílogo de la pelea. "De retenciones no se
habla más".
Sin embargo, esa ilusión tuvo
la vida de un lirio. "La política-dijo Metternich- puede compararse a una obra
de teatro cuyo desarrollo se vuelve inevitable una vez que se levantó el telón.
Declarar, entonces, la representación no tendrá lugar es un absurdo. La
obra será representada, ya sea por los actores…o por los espectadores, que
subirán a escena".
Los camioneros, que el
gobierno quiso instrumentar contra el ruralismo, se quedaron en las rutas y
prosiguieron su bloqueo cuasi salvaje. El gobierno no ha encontrado la forma de
sacarlos de allí, mientras crecía el desabastecimiento de alimentos y
combustible, se paralizaban el transporte de pasajeros y el turismo. Sucede que
el gobierno se ha negado a resolver el conflicto, esto es, a dar una
satisfacción constructiva a los reclamos del campo. Sin dialogar y dar una
respuesta a ese problema, los productores – no como fruto de una decisión
colectiva o "corporativa", sino en función de resoluciones empresariales
particulares- no venden (ni compran) porque no consideran favorables las
condiciones actuales. Resultado: no contratan a los camioneros para transportar
la producción a puertos y mercados; los camioneros, sin trabajo por ese motivo,
ocupan los caminos. Lo que los transportistas le exigen al gobierno es que
dialogue con el campo y que ambas partes encuentren las vías de un acuerdo
razonable. El campo se ha mostrado dispuesto. Es más: lo ha reclamado con
insistencia. La intransigencia ha sido monopolio del gobierno. La intransigencia
y la cortedad de miras.
En plan bélico, Néstor
Kirchner ha tratado de atrincherarse políticamente en el PJ, pero esa es una
trinchera que se está perforando desde dentro. El ex presidente comprende que
las cosas son así, por eso esta semana, para evitarse una derrota en la interna
santafesina ante Carlos Reutemann, Kirchner tiró la toalla anticipadamente y
forzó a su protegido, el jefe del bloque oficialista de diputados nacionales,
Rafael Rossi, a renunciar a su postulación y dejar el campo de batalla. Esa
retirada kirchnerista no le impidió, sin embargo, presionar fuertemente a
intendentes de varias provincias, usando un lenguaje y un tono que no admiten
réplica en el momento, pero que alientan muchísimas resistencias íntimas. El
peronismo se desgrana, la trinchera imaginada por Kirchner se desarma, mientras
las acciones impulsadas por el gobierno desatan el desorden. La terquedad y la
política del gobierno estimulan la creciente ingobernabilidad. El viernes 13,
cuando aún no había ocurrido la detención de De Angeli ni se había destado la
pueblada destinada a protestar por su encarcelamiento, el socialista Miguel
Lifschitz, intendente de Rosario, advirtió: "Nos vamos acercando al precipicio
y nadie atina a hacer nada, nadie aprieta los frenos o dobla el volante. Parece
que los que tienen a su cargo la tarea de conducir el país no tuvieran capacidad
de reacción (...)"Parece que no tienen conciencia de la gravedad de la situación
y de las consecuencias que puede traer. El riesgo en que se pone, no ya la
Economía, sino la institucionalidad".
Los argumentos sociales con
que la señora de Kirchner prretendió -¡tres meses después!- justificar las
retenciones móviles impuestas en marzo se disolvieron en pocas horas. No resulta
coherente que se prometa financiar hospitales y viviendas con los réditos de un
cultivo que el gobierno maldice y anuncia que combatirá por dañino. Ni resulta
consistente que se proyecten obras dependientes de un ingreso aleatorio. Se
insiste en el centralismo fiscal y en la distribución paternalista y caprichosa
de los fondos. Las promesas de obras del gobierno son, por lo demás, tan poco
creíbles como el índice de inflación que produce el INDEC. En cuanto a la opción
por los pobres, que ha proclamado, el diputado Claudio Lozano, vinculad a la
Central de Trabajadores Argentinos (CTA), le respondió que "esto requiere
abandonar la mentira que supone ocultar 4.800.000 pobres y 2.800.000 indigentes"
y agregó que "desde 2007 para acá el hambre crece junto a la economía".
Las argumentaciones que el
oficialismo juzgaba el lunes 9 irrefutables y noqueadoras, fueron rápidamente
discutidas y denunciadas. El arma de los bloqueos camioneros destinados a
desacreditar la protesta campesina, se convirtió en un bumerán e incrementó un
desorden que, en las ciudades, asume el temible rostro de la inseguridad y la
impotencia oficial para hacer retroceder el crimen y la delincuencia. La Corte
Suprema hizo lugar a la impugnación de incosntitucionalidad de las retenciones.
El Defensor del Pueblo, ignorado por el Poder ejecutivo, promete acciones
legales contra los funcionarios del gobierno que obviaron esa instancia, en la
que el diálogo podría haberse canalizado.
Con las rutas bloqueadas por
los camioneros y varias de ellas flanqueadas por los campesinos, el gobierno dio
la orden de reprimir en Gualeguaychú. La réplica social fue masiva, obligó más
tarde, responsablemente, a retroceder a la Gendarmería (que no pudo o no quiso
enfrentarse con una pueblada) y lanzó a las calles y las rutas a centenares de
miles de argentinos, en pueblos y ciudades. El oficialismo quiso responder con
una contraconvocatoria, pero no encontró eco en el peronismo: movió a la plaza a
unos cuantos funcionarios y a los grupos que organiza Luis D'Elía. Pero no
expresó, oficialmente, ni una palabra sobre la espontánea respuesta que la
Argentina interior le dio a la represión. Tampoco contestó al renovado llamado
al diálogo que De Angeli, ya liberado, elevó desde Gualeguaychú, pidiendo a los
suyos la continuidad en paz de la protesta.
La ilusión de doblegar al
campo a los panzazos y la quimera de divorciar a la opinión pública rural de la
opinión pública urbana por la vía de la manipulación propagandística se
eclipsaron al promediar junio. El gobierno ingresa a la segunda mitad del mes
con más frío social que el que lo rodeaba al ingresar. Hoy añoraría hacer
realidad la vieja fórmula de Alsogaray: "Hay que pasar el invierno". Aunque sea,
junio.
Jorge Raventos
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