La Rioja 15 de junio de 2008
El
pueblo presente en las rutas, en las plazas o en las calles de todo
el país, delibera y decide cada vez más según su propio saber y
entender frente a circunstancias provocadas por la insensatez de un
gobierno notoriamente enajenado. Tanto es así, que la señora
presidenta decidió, como si con su discurso bastara, dar por
terminado el conflicto con el campo mientras este crecía en magnitud
y complejidad. Es que la realidad es tan verdadera como
sorprendente. El gobierno no tiene problemas solo con el campo, sino
con el conjunto de los ciudadanos.
El
gobierno ha perdido credibilidad y respeto por su autoridad. Es la
consecuencia natural de tanta mentira e irrespeto hacia los demás.
Ahora se le ha dado por convocar a la sensatez. Desde la locura no
puede convocarse a la sensatez. Desde tan cerca del suelo no se
puede exigir la “rendición incondicional” del adversario, como lo
hace D’ Elia, el grotesco vocero del matrimonio gobernante.
El
pueblo no siente ya a este gobierno como propio, todo lo contrario.
Sin embargo, con asombrosa prudencia manifiesta su rebeldía. El
movimiento es, por otra parte, independiente de la dirigencia
política opositora, que se suma pero no conduce.
No
existe en sus actos la mínima actitud golpista; es el gobierno
enloquecido el que se autogolpea. Cómo interpretar sino la ausencia
de la mayoría kirchnerista de legisladores que no se anima a debatir
el problema de las retenciones a las exportaciones agropecuarias en
el Congreso Nacional. ¿Es o no un golpe al poder legislativo, desde
adentro?
Acaso no se golpea también a los gobiernos provinciales cuando se
los arrastra a dar testimonio de obsecuencia frente a cada disparate
que se le ocurre cometer al ejecutivo nacional. Lo penoso es que lo
hacen sin complejo ni vergüenza alguna.
El
propio vicepresidente de la nación reconoce ya, públicamente, el
desgaste profundo del gobierno y clama desesperado que el Congreso
discuta el “problema del campo”. Al comienzo del conflicto el
senador Carlos Menem presentó un proyecto de ley para eliminar las
retenciones móviles y convertirlas en un impuesto a la renta
extraordinaria coparticipable con las provincias. Ahora, parece un
poco tarde para que los “representantes del pueblo”-ausentes sin
aviso- recuperen la responsabilidad y dignidad de su mandato.
Mientras tanto, la gente que no cobra por debatir ha instalado su
propia asamblea en la ruta, y va creando pacíficamente sus propios
liderazgos. El camino es incierto y pleno de obstáculos pero más
digno, más legítimo y más solidario. En definitiva: más
verdaderamente argentino.
Dr.
Carlos Santander