Un presidente con sólo dos años de ejercicio suele obtener
la confianza del electorado para continuar la política iniciada:
los ciudadanos ofrecen al gobernante la chance de seguir con sus
planes hasta verlo triunfar o fracasar. No ha sido éste el caso
reciente.
De las muchas sorpresas que deparó el 23 de octubre, describiré
las más evidentes:
1) Ningún presidente en la historia nacional obtuvo un caudal
electoral tan bajo en las primeras elecciones legislativas de su
mandato (un aproximado 40 por ciento en el caso de Néstor
Kirchner). Ni Raúl Alfonsín obtuvo un porcentaje tan mezquino en
1985. El cheque en blanco a que se refirió Elisa Carrió es más
bien una factura carísima que el Presidente deberá pagar con una
gestión impecable, de la cual es ciertamente incapaz.
2) Nunca en la historia argentina se había consumado una campaña
electoral tan banal y tan frívola. Más allá de las propuestas
inexistentes, la vulgaridad de las candidatas y de los
candidatos no tiene precedente. No hay memoria de tales
destratos. Las excepciones fueron eso: excepciones.
3) Desde la llamada década infame -durante la cual el fraude
patriótico hacía todo el trabajo- no se ponía a todo el Estado
nacional al servicio del oficialismo y también a los Estados
provinciales a través de la extorsión con recursos federales.
Pero hay una diferencia moral grande: en la década del 30 esa
práctica sólo se realizaba si podía ser disimulada. Kirchner y
su señora pasearon la chequera federal a la luz del día y
compraron candidatos y punteros y partidos y gobiernos
provinciales y municipales, sin repugnancia ética alguna. Lo más
curioso es que este hecho fue comentado por algunos medios con
normalidad, tal como si la extorsión de mandatarios fuera una
picardía simpática y de lo más inteligente.
4) Un logro mayúsculo de los Kirchner -que celebran en secreto-
fue la derrota masiva del PJ en la provincia de Santa Fe,
obsequiada al socialismo con sospechosa generosidad. Los
Kirchner lograron destruir al peronismo santafecino y disolver a
la tradicional democracia progresista. El próximo gran aliado de
los Kirchner será Hermes Binner, y juntos buscarán la forma de
que el peronismo pierda en todas y cada una de las provincias
argentinas con valor electoral, como sucedió en Buenos Aires. La
pseudoizquierda será beneficiaria en todos los casos.
5) La derrota de ambos Duhalde en su provincia no es otra cosa
que una devolución de cortesías que el tiempo le ha hecho al
pequeño matrimonio de Lomas de Zamora. La trampa electoral que
el Dr. Eduardo Duhalde tramó para sacarme de carrera en 2003 al
impedir las elecciones internas del PJ terminó haciendo rodar su
cabeza sin que yo moviera un dedo: nunca antes el destino dio
una lección tan rápido.
6) A reserva de la campaña masiva que organizó el entonces
presidente Duhalde con fondos federales para obtener el triunfo
de Kirchner, jamás se consumó en la historia argentina campaña
más espectacular como la última, con puestas hollywoodenses,
grandes delirios televisivos, docenas de agencias trabajando con
presupuestos multimillonarios y mucho papel picado.
7) Sólo los gobiernos militares usaban fondos públicos de modo
delirante para promover sus indecencias. Todos recordamos las
campañas televisivas, pedagógicas, escolares y gráficas que se
organizaban con fondos obviamente públicos para enderezar la
imagen del gobierno.
Desde la senaduría que ejerceré en el Congreso instaré la
organización de la centroderecha. Como Perón en su tiempo, habré
de ser el último conservador en el mío.
En el Congreso habrá una oposición seria formada por militantes
del menemismo tradicional y simpatizantes de los gobernadores y
legisladores Macri, Sobisch, Romero y Rodríguez Saá, entre
otros. Lo haremos con quienes piensen de modo razonable que el
peronismo no debería haberse abandonado a la suerte de un
converso cuyo menemismo en los 90 era pusilánime y tenaz. No
recuerdo gobernador más obsecuente.
Tradicionales instituciones nacionales, naciones ofendidas por
nuestro gobierno, medios de comunicación vilipendiados,
provincias que no pueden más que disimular, empresas
internacionales de gran trayectoria que han sido inusualmente
maltratadas y mucha gente desempleada y sumida en la miseria
aguardan una reacción ante la ebriedad histérica de la pareja
presidencial.
Se ha utilizado la pobreza con fines repugnantes. Esas falencias
de la moral pública se pagan muy caro y muy pronto, porque nada
hay más frágil que la opinión pública.
Es extraño que quiera verse como un triunfo este comienzo del
final del presidente puesto por Duhalde. Ahora las dos parejas
imperiales -los Kirchner y los Duhalde, viejos menemistas hasta
la viscosidad y el pegoteo- tendrán que vérselas con la
realidad. Y la realidad no acepta sobornos, desdice de las
extorsiones y no se deja convencer con publicidad, por abundante
y ensordecedora que fuere.
Carlos Saul Menem