Martes 01 de Noviembre de 2005

El ciclo de la ebriedad



Un presidente con sólo dos años de ejercicio suele obtener la confianza del electorado para continuar la política iniciada: los ciudadanos ofrecen al gobernante la chance de seguir con sus planes hasta verlo triunfar o fracasar. No ha sido éste el caso reciente.

De las muchas sorpresas que deparó el 23 de octubre, describiré las más evidentes:

1) Ningún presidente en la historia nacional obtuvo un caudal electoral tan bajo en las primeras elecciones legislativas de su mandato (un aproximado 40 por ciento en el caso de Néstor Kirchner). Ni Raúl Alfonsín obtuvo un porcentaje tan mezquino en 1985. El cheque en blanco a que se refirió Elisa Carrió es más bien una factura carísima que el Presidente deberá pagar con una gestión impecable, de la cual es ciertamente incapaz.

2) Nunca en la historia argentina se había consumado una campaña electoral tan banal y tan frívola. Más allá de las propuestas inexistentes, la vulgaridad de las candidatas y de los candidatos no tiene precedente. No hay memoria de tales destratos. Las excepciones fueron eso: excepciones.

3) Desde la llamada década infame -durante la cual el fraude patriótico hacía todo el trabajo- no se ponía a todo el Estado nacional al servicio del oficialismo y también a los Estados provinciales a través de la extorsión con recursos federales.

Pero hay una diferencia moral grande: en la década del 30 esa práctica sólo se realizaba si podía ser disimulada. Kirchner y su señora pasearon la chequera federal a la luz del día y compraron candidatos y punteros y partidos y gobiernos provinciales y municipales, sin repugnancia ética alguna. Lo más curioso es que este hecho fue comentado por algunos medios con normalidad, tal como si la extorsión de mandatarios fuera una picardía simpática y de lo más inteligente.

4) Un logro mayúsculo de los Kirchner -que celebran en secreto- fue la derrota masiva del PJ en la provincia de Santa Fe, obsequiada al socialismo con sospechosa generosidad. Los Kirchner lograron destruir al peronismo santafecino y disolver a la tradicional democracia progresista. El próximo gran aliado de los Kirchner será Hermes Binner, y juntos buscarán la forma de que el peronismo pierda en todas y cada una de las provincias argentinas con valor electoral, como sucedió en Buenos Aires. La pseudoizquierda será beneficiaria en todos los casos.

5) La derrota de ambos Duhalde en su provincia no es otra cosa que una devolución de cortesías que el tiempo le ha hecho al pequeño matrimonio de Lomas de Zamora. La trampa electoral que el Dr. Eduardo Duhalde tramó para sacarme de carrera en 2003 al impedir las elecciones internas del PJ terminó haciendo rodar su cabeza sin que yo moviera un dedo: nunca antes el destino dio una lección tan rápido.

6) A reserva de la campaña masiva que organizó el entonces presidente Duhalde con fondos federales para obtener el triunfo de Kirchner, jamás se consumó en la historia argentina campaña más espectacular como la última, con puestas hollywoodenses, grandes delirios televisivos, docenas de agencias trabajando con presupuestos multimillonarios y mucho papel picado.

7) Sólo los gobiernos militares usaban fondos públicos de modo delirante para promover sus indecencias. Todos recordamos las campañas televisivas, pedagógicas, escolares y gráficas que se organizaban con fondos obviamente públicos para enderezar la imagen del gobierno.

Desde la senaduría que ejerceré en el Congreso instaré la organización de la centroderecha. Como Perón en su tiempo, habré de ser el último conservador en el mío.

En el Congreso habrá una oposición seria formada por militantes del menemismo tradicional y simpatizantes de los gobernadores y legisladores Macri, Sobisch, Romero y Rodríguez Saá, entre otros. Lo haremos con quienes piensen de modo razonable que el peronismo no debería haberse abandonado a la suerte de un converso cuyo menemismo en los 90 era pusilánime y tenaz. No recuerdo gobernador más obsecuente.

Tradicionales instituciones nacionales, naciones ofendidas por nuestro gobierno, medios de comunicación vilipendiados, provincias que no pueden más que disimular, empresas internacionales de gran trayectoria que han sido inusualmente maltratadas y mucha gente desempleada y sumida en la miseria aguardan una reacción ante la ebriedad histérica de la pareja presidencial.

Se ha utilizado la pobreza con fines repugnantes. Esas falencias de la moral pública se pagan muy caro y muy pronto, porque nada hay más frágil que la opinión pública.

Es extraño que quiera verse como un triunfo este comienzo del final del presidente puesto por Duhalde. Ahora las dos parejas imperiales -los Kirchner y los Duhalde, viejos menemistas hasta la viscosidad y el pegoteo- tendrán que vérselas con la realidad. Y la realidad no acepta sobornos, desdice de las extorsiones y no se deja convencer con publicidad, por abundante y ensordecedora que fuere.

 

Carlos Saul Menem

 

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