EL RETORNO DE LOS RADICALES
En los últimos años el radicalismo nunca se
alejó demasiado del poder. En los interregnos militares inaugurados por la
Revolución Libertadora de 1955 siempre se pueden encontrar ministros,
gobernadores e intendentes radicales, en grado tal que es posible hablar de la
Unión Cívica Radical como brazo civil del golpismo militar de las décadas
del 50, 60 y 70.
En 1963 el radicalismo era -en la descripción de Arturo Jauretche- "un
rodeo de vacas secas". Los terneritos recién aparecieron en 1983 con
Alfonsín. ¡Y tenían hambre!..
¿Es De La Rúa el regreso de un alfonsinismo descolorido? No. Gobierna hoy
una fracción de la pequeña burguesía aliada al imperialismo y la
oligarquía.
El camino que recorre De La Rúa a través de su ministro Machinea y su ex
asesor Santibáñez, es el mismo de Martínez de Hoz y hasta el de Alberto
Hueyo, aquel presidente de la Sociedad Rural que en 1956 pronunció su famosa
frase "sobra gente en la Argentina", que hoy repite el terrateniente
y banquero fundido De Santibáñez. Y tienen razón. Para el tipo país que
ellos proponen siempre va a quedar gente afuera.
La ecuación campo-energía solo puede dar trabajo a 1.500.000 personas;
quedan 36 millones afuera. Este pensamiento liberal es el reflejo dentro de
los partidos tradicionales de la influencia de la oligarquía.
La sociedad moderna ofrece una abundancia de bienes y servicios jamás
conocida antes en la historia de la humanidad. No solo hay mas bienes sino que
hay muchos que no se conocían, surgidos en esta época de progreso. Hoy
sabemos que esa riqueza material es el producto y la consecuencia del sistema
fabril. La industria es la base material de la estructura productiva sobre la
que se apoya el desarrollo económico. El fenómeno es tan evidente que se
llama sociedades industriales a las naciones desarrolladas.
Afuera del mundo de las sociedades industriales está el tercer mundo que
abarca a todos los que no entraron en la sociedad industrial y quedaron fuera
del mundo moderno.
La sociedad industrial no es un conjunto de fabricas sino un sistema social y
económico. Es un sistema porque la industria para crecer necesita
instituciones, empresas, tecnología y políticas específicas que aseguren su
implantación primero y su florecimiento después. Es social porque la
industria reorganiza todas las relaciones humanas, crea el trabajo fabril
asalariado, el obrero y el ingeniero modernos, desplaza a la gente de campo a
la ciudad y reconstituye a las clases medias. La sociedad industrial es
moderna porque porque tiende a imaginar el cambio utilizando el saber, en
lugar de resignarse a la fatalidad eterna e inmutable. Es una forma de
organización económica, porque modifica el método de creación de bienes y
multiplica la riqueza producida.
Pues bien, de estas cosas el radicalismo sabe muy poco, ya que su área de
implantación es la zona agropecuaria de la Provincia de Buenos Aires y la
zona de servicios de la Capital Federal. Vinculado a la estructura mas
atrasada, al sistema agro exportador, el radicalismo ve con preocupación a
las masas obreras y a la industria en general. Y esto es herencia del pasado.
En efecto, la industria argentina se caracteriza por haber nacido en una
comunidad que no fue pobre antes de entrar en la senda fabril. La Argentina
fue rica desde fines del siglo pasado, cuando la fértil pampa húmeda le
permitió gozar de una alta renta diferencial. Como el país tenía escasa
población el cociente entre su gran riqueza y su reducido número de
habitantes, arrojaba un elevado ingreso per cápita. Pero estas circunstancias
eran excepcionales, estaban llamadas a terminar. A medida que pasó el tiempo,
los precios de esos productos primarios tendieron a la baja. El país podía
comprar cada vez menos bienes por su misma oferta agraria. Para peor, la
población fue aumentando, así que se debía repartir entre más gente una
menor riqueza. La solución al dilema era pasar al sistema fabril y alentar la
producción de nuevos bienes, crear mas riqueza.
Esta salida fue trabada a lo largo de los años por diversas causas y fuerzas
sociales. La debilidad de los promotores de la industria se enfrentó durante
mucho tiempo al poder de quienes se oponían. La añoranza al pasado de la
oligarquía y la presión de ideas e intereses contrarios al cambio, hicieron
que la transición a la sociedad fabril resultara un combate que todavía se
lleva a cabo con suerte adversa y poca claridad.
Partido arcaico, el radicalismo ha descendido sobre la cumbre del poder en una
época que ya no es la suya. Las grandes tormentas de una sociedad que no ha
resuelto sus problemas fundamentales lo llevaran tan lejos del poder como
estaba antes de su golpe de fortuna. Escribía Jorge Abelardo Ramos en
"La era del peronismo": "Medroso ante la oligarquía, áspero
hacia el proletariado, sin disimular su odio hacia el peronismo, incapaz de
combatir al imperialismo sino en palabras, yrigoyenista en el pasado y liberal
en los tiempos actuales, el radicalismo vive prisionero de todas las
categorías formales de la democracia oligárquica e hipnotizado por un
nirvana rural irrealizable. La historia Argentina no se interrumpe con
el".
Rubén Totere
| Página Principal |
© Copyright 2000 La Patria Grande - Todos los derechos reservados |
|