Domingo 03 de Abril de 2005

EL RETORNO DE LOS RADICALES


En los últimos años el radicalismo nunca se alejó demasiado del poder. En los interregnos militares inaugurados por la Revolución Libertadora de 1955 siempre se pueden encontrar ministros, gobernadores e intendentes radicales, en grado tal que es posible hablar de la Unión Cívica Radical como brazo civil del golpismo militar de las décadas del 50, 60 y 70.
En 1963 el radicalismo era -en la descripción de Arturo Jauretche- "un rodeo de vacas secas". Los terneritos recién aparecieron en 1983 con Alfonsín. ¡Y tenían hambre!..
¿Es De La Rúa el regreso de un alfonsinismo descolorido? No. Gobierna hoy una fracción de la pequeña burguesía aliada al imperialismo y la oligarquía.
El camino que recorre De La Rúa a través de su ministro Machinea y su ex asesor Santibáñez, es el mismo de Martínez de Hoz y hasta el de Alberto Hueyo, aquel presidente de la Sociedad Rural que en 1956 pronunció su famosa frase "sobra gente en la Argentina", que hoy repite el terrateniente y banquero fundido De Santibáñez. Y tienen razón. Para el tipo país que ellos proponen siempre va a quedar gente afuera.
La ecuación campo-energía solo puede dar trabajo a 1.500.000 personas; quedan 36 millones afuera. Este pensamiento liberal es el reflejo dentro de los partidos tradicionales de la influencia de la oligarquía.
La sociedad moderna ofrece una abundancia de bienes y servicios jamás conocida antes en la historia de la humanidad. No solo hay mas bienes sino que hay muchos que no se conocían, surgidos en esta época de progreso. Hoy sabemos que esa riqueza material es el producto y la consecuencia del sistema fabril. La industria es la base material de la estructura productiva sobre la que se apoya el desarrollo económico. El fenómeno es tan evidente que se llama sociedades industriales a las naciones desarrolladas.
Afuera del mundo de las sociedades industriales está el tercer mundo que abarca a todos los que no entraron en la sociedad industrial y quedaron fuera del mundo moderno.
La sociedad industrial no es un conjunto de fabricas sino un sistema social y económico. Es un sistema porque la industria para crecer necesita instituciones, empresas, tecnología y políticas específicas que aseguren su implantación primero y su florecimiento después. Es social porque la industria reorganiza todas las relaciones humanas, crea el trabajo fabril asalariado, el obrero y el ingeniero modernos, desplaza a la gente de campo a la ciudad y reconstituye a las clases medias. La sociedad industrial es moderna porque porque tiende a imaginar el cambio utilizando el saber, en lugar de resignarse a la fatalidad eterna e inmutable. Es una forma de organización económica, porque modifica el método de creación de bienes y multiplica la riqueza producida.
Pues bien, de estas cosas el radicalismo sabe muy poco, ya que su área de implantación es la zona agropecuaria de la Provincia de Buenos Aires y la zona de servicios de la Capital Federal. Vinculado a la estructura mas atrasada, al sistema agro exportador, el radicalismo ve con preocupación a las masas obreras y a la industria en general. Y esto es herencia del pasado. En efecto, la industria argentina se caracteriza por haber nacido en una comunidad que no fue pobre antes de entrar en la senda fabril. La Argentina fue rica desde fines del siglo pasado, cuando la fértil pampa húmeda le permitió gozar de una alta renta diferencial. Como el país tenía escasa población el cociente entre su gran riqueza y su reducido número de habitantes, arrojaba un elevado ingreso per cápita. Pero estas circunstancias eran excepcionales, estaban llamadas a terminar. A medida que pasó el tiempo, los precios de esos productos primarios tendieron a la baja. El país podía comprar cada vez menos bienes por su misma oferta agraria. Para peor, la población fue aumentando, así que se debía repartir entre más gente una menor riqueza. La solución al dilema era pasar al sistema fabril y alentar la producción de nuevos bienes, crear mas riqueza.
Esta salida fue trabada a lo largo de los años por diversas causas y fuerzas sociales. La debilidad de los promotores de la industria se enfrentó durante mucho tiempo al poder de quienes se oponían. La añoranza al pasado de la oligarquía y la presión de ideas e intereses contrarios al cambio, hicieron que la transición a la sociedad fabril resultara un combate que todavía se lleva a cabo con suerte adversa y poca claridad.
Partido arcaico, el radicalismo ha descendido sobre la cumbre del poder en una época que ya no es la suya. Las grandes tormentas de una sociedad que no ha resuelto sus problemas fundamentales lo llevaran tan lejos del poder como estaba antes de su golpe de fortuna. Escribía Jorge Abelardo Ramos en "La era del peronismo": "Medroso ante la oligarquía, áspero hacia el proletariado, sin disimular su odio hacia el peronismo, incapaz de combatir al imperialismo sino en palabras, yrigoyenista en el pasado y liberal en los tiempos actuales, el radicalismo vive prisionero de todas las categorías formales de la democracia oligárquica e hipnotizado por un nirvana rural irrealizable. La historia Argentina no se interrumpe con el".

Rubén Totere

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