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domingo 09 de abril de 2006 |
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Energía Nuclear
La ”Asociación Global para la Energía Nuclear”, GNEP por sus
iniciales en inglés, es una iniciativa lanzada recientemente por el
presidente Bush y está haciendo sentir su influencia sobre la política
nuclear de los EE.UU. Las medidas que dentro de su marco se están
tomando indican la importancia que el gobierno americano atribuye al
futuro de la energía núcle-eléctrica en el país y en el resto del mundo.
Muestran al mismo tiempo el temor de que el resurgir de lo nuclear lleve
aparejado un mayor riesgo de proliferación e indican las medidas que se
procura tomar para reducir este peligro.
Ante la escasez de energía, se puede esperar que un mayor número de
países se esfuercen para lograr el dominio autónomo y completo de la
tecnología nuclear. Sin embargo es sabido que alguna de las técnicas que
se emplean con fines pacíficos, como el enriquecimiento de uranio para
la fabricación de los elementos combustibles de las centrales o el
reprocesamiento, pueden constituir un paso importante hacia la obtención
de armas nucleares. El tratado de no proliferación, TNP, que compromete
a los signatarios a no desarrollar armas nucleares y a someterse a
salvaguardias internacionales, al mismo tiempo autoriza y fomenta el uso
irrestricto de la tecnología nuclear con fines pacíficos. Podría darse
el caso, por lo tanto, que un país que es miembro del TNP y que cumple
con lo establecido por el Tratado desarrolle tecnologías de doble uso
que le permitan fabricar armas nucleares en el momento que lo considere
más conveniente. Este caso, por ahora hipotético salvo en el dudoso
asunto de Corea del Norte, podría volverse realidad en un futuro no muy
lejano.
Se ha pensado en introducir modificaciones al TNP para limitar el uso de ciertas tecnologías “sensitivas” a algunos países. Sin embargo es evidente que la dificultad de imponer estas limitaciones es casi insalvable, puesto que el principio básico del TNP ha sido la renuncia a las armas nucleares a cambio del acceso irrestricto a la tecnología con fines pacíficos. El resultado de la reunión de revisión del TNP llevada a cabo en 2005 es una prueba de estas dificultades.
Se diría que, por el momento, queda por intentar solo un camino: reforzar en todo lo posible el actual sistema de salvaguardias y procurar la adhesión voluntaria del mayor número de países al concepto de que las tecnologías “sensitivas” sean manejadas por centros que, bajo control internacional y sin ningún tipo de discriminación, garanticen el suministro de materiales y servicios a los países que los necesiten para usos civiles. Las iniciativas de EE.UU. y Rusia en este sentido son un primer paso en esa dirección.
La fusión y la reorganización de empresas que se dedican a la actividad
nuclear es otra de las características del momento y muestra claramente
la reactivación del sector. La compra de Westinghouse por el grupo
Toshiba, que se convierte así en uno de los gigantes de la industria
nuclear, es la evidencia de la importancia que se está dando al futuro
de la actividad.
En todo el mundo preocupa la falta de personal especializado en las
ciencias y en la industria nucleares. Un ejemplo de ello es la situación
revelada recientemente por la autoridad regulatoria canadiense que
declara encontrarse limitada para el licenciamiento de nuevas centrales
debido a la falta de especialistas.
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