ENIGMA
Y el enigma de siempre.
Andar,
volver calles arriba persiguiendo niños,
ascender la manzana hasta la misma flor que se ha deshecho.
Reencontrarnos de pronto en la mañana
y creer que no somos aquel que está sentado
esperando la muerte,
creer
que mas allá esperan barcos.
Quién nos iba a pensar recibiendo el diploma
de tenedor de libros,
buscando un empleo en los diarios
junto a una mesa de café, con frío,
mojando la medialuna en el tazón de leche.
Hacia allí y hacia acá, como un madero, flotando.
Rabiando por el maldito dinero que nos dolía en el alma.
Después la adolescencia nos tumbó en una gloria
que dictaba medidas de agrimensor enloquecido.
Y no encontrar el camino.
Quién nos iba a pensar
en una mesa de café, con frío,
buscándonos un puesto de tenedor de libros.
Hector Yanover
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