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Domingo 03 de Abril de 2005 |
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Reportaje a Jorge Abelardo Ramos
LOS ORGANISMOS INTERNACIONALES AL SERVICIO DE LOS PODEROSOS
"El nacimiento de las grandes potencias se
expresa en la protección de sus propios pueblos. Y aborrecen y atacan el
nacionalismo de los pueblos débiles que aspiran a hacer lo propio".
México D.F. (Daniel N. Moser, Corresponsal). Las recientes reuniones del GATT y
ALADI, sus características y la perspectiva de la unidad e integración de
América Latina en el contexto de reagrupamiento de los bloques mundiales, fue
motivo de conversación con el embajador argentino en México, Jorge Abelardo
Ramos.
-La Patria Grande: Frente a la dramática crisis económico social de América
Latina ¿Qué papel han jugado la reunión del GATT en Puerto Vallarta y días
después la de ALADI aquí en Distrito Federal?
Jorge Abelardo Ramos: Las grandes potencias industrializadas, muchas de ellas de
añeja tradición colonialista, organizaron después de la Segunda Guerra
Mundial diversas instituciones. Una fue el Banco Mundial. Otra fue el Fondo
Monetario Internacional. Así nació también el GATT (cuyo objetivo es el
ordenamiento del comercio internacional, de las tarifas y aranceles). De esta
manera las grandes potencias mantuvieron a los países del Tercer Mundo
sometidos a las reglas que ellas imponen.
A la reunión del GATT concurrieron delegados de 31 países entre los que estuvo
la Argentina con una delegación de especialistas presidida por el Canciller
Cavallo...
-LPG: Usted también formó parte de la misma. ¿Cuál es su evaluación?
-JAR: Acompañé al Canciller y presencié el debate.
La reunión del GATT se parece a una vieja película que yo vi muchas veces, y
cuya característica esencial es esta: a pesar de tratarse de nuevas versiones,
cambia el argumento pero el final es siempre el mismo. En otras palabras, no
ocurre nada que beneficie a los países del Tercer Mundo o, para decirlo de otro
modo, a aquellos que están lejos de controlar el comercio o las finanzas
internacionales.
Para sintetizar lo que aparentemente es un debate inacabable sobre determinados
flujos de mercancías, podríamos decir que la esencia de la discusión que se
da en el GATT (como en otros ámbitos entre, por caso, el Mercado Común Europeo
y países de América Latina) es el siguiente: primero, los grandes países
industrializados son proteccionistas en el campo de los productos alimenticios y
materias primas. Por ejemplo EE.UU. subsidia con 100.000 millones de dólares
anuales a sus chacareros; en otras palabras, establece precios políticos
destinados a mantener el nivel de vida de esa clase agraria norteamericana con
precios que no responden a los del mercado internacional. Otro tanto hace el
Mercado Común Europeo (MCE) subsidiando a los agricultores, productores de
quesos o de leche, y también a los ganaderos. En números redondos, sacado del
bolsillo de sus contribuyentes, otros 100.000 millones de dólares...
- LPG: Contribuyentes que gozan de un muy buen nivel de vida, y dinero que queda
en el mercado y se reinvierte en él.
- JAR: Sí. Circula en el ámbito de la comunidad Económica Europea.
La esencia de la discusión en el GATT, en segundo lugar, manifiesta que estas
mismas potencias son librecambistas y aperturistas en el orden de la producción
industrial. Han acumulado capital y tecnología gracias al saqueo del Tercer
Mundo en los últimos 500 años. Utilizan ese poder para ingresar al mercado del
Tercer Mundo con sus productos.
De esta forma, mantienen sujetos a su industria a los países mineros o agrarios
de América Latina, al tiempo que los someten a través de la deuda externa.
Cabe agregar que el GATT, modelo ideal de librecambio comercial, si se lo
examina más de cerca, es infinitamente reducido en sus propósitos reales. Esto
no obedece a un simple azar.
El GATT no contempla entre sus platónicas aspiraciones la libertad de comercio
ni a los servicios, ni a la agricultura, ni siquiera a los movimientos
financieros internacionales. Por el contrario, el GATT nació y sigue siendo una
fórmula para la libertad de los intercambios de productos industriales.
Resulta evidente que las grandes potencias industriales sólo desean ingresar en
los países menos industrializados y eliminar las industrias locales. Aquí no
hay ni sombra de "competencia".
Los "países en vías de desarrollo"- como nos clasificó algún
humorista involuntario- somos proteccionistas en la industria y librecambistas
en productos agrícolas. A la inversa de los países industrializados.
Más aún en el orden de los productos industriales, hasta ahora ha resultado
imposible que los países desarrollados acepten las exportaciones de artículos
textiles o de la industria de la indumentaria, ni de la industria de
automóviles o el acero.
Esta rígida discriminación exactamente en aquellos rubros en los cuales los
países del Tercer Mundo pueden tener "ventajas comparativas", revela
claramente que el GATT es una cita frustrante.
Ya no se trata, siquiera, de rebaja de aranceles. La literatura económica ha
dado nacimiento a una metáfora: "barreras no arancelarias". Esto
quiere decir que las grandes potencias, cubiertas con la bandera de la libertad
de comercio, cuando les resulta competitiva la incorporación de ciertos
productos del Tercer Mundo, simulan algún inconveniente inesperado.
Por ejemplo, a ciertos productos de los países no desarrollados Francia sólo
les permite ingresar su mercadería a través de una única ciudad, Poitiers que
carece de puerto y se encuentra en el centro geográfico de la nación.
De modo que en le debate del GATT, corroboré el descaro de estas grandes
potencias; que son aperturistas en aquellas áreas en que ellos son fuertes y
gozan de ventajas comparativas determinadas por la tecnología y la experiencia
histórica. En cambio son proteccionistas allí donde las ventajas comparativas
y la renta diferencial (de países como Uruguay y la Argentina) brindan la
posibilidad de derrotarlos en la esfera del costo y la calidad.
-LPG: El Japón practica las mismas políticas.
-JAR: Todos los especialistas saben que el
Japón, una de las grandes potencias mundiales a pesar de haber sido derrotado
en la Segunda Gran Guerra, paga a los productores de arroz el triple del precio
mundial. Con semejante subsidio, llegan a intensificar de tal modo el cultivo
del arroz, que se ven obligados a vender como forraje parte de la cosecha y a la
mitad de su precio.
Hasta el propio Banco Mundial ha señalado que "en los EE.UU. el gobierno
paga a los agricultores para que no cultiven cereales".
"La CEE -agrega el informe- paga precios altos (a sus agricultores) aunque
su producción sea excesiva".
Por eso resulta asombroso que los Estados latinoamericanos sigan conversando
alrededor de estos temas mientras las grandes potencias acumulan capital y nos
sustraen capital por la vía financiera de la deuda externa.
Por lo que se puede observar en los foros internacionales- como el GATT- la
política general de las grandes potencias está destinada a mantener sus
intereses y practicar un nacionalismo cerrado. Ejercen el proteccionismo más
estricto y proclaman en los más variados tonos del "Bel Canto" y en
todas las lenguas del universo la necesidad de afirmar la libertad del comercio.
Hay más ejemplos pedagógicos: en 1985, los agricultores de la CEE recibieron
18 centavos de dólar por cada libra de azúcar, producto que se vendía luego
en el mercado mundial a 5 centavos de dólar la libra. Un segundo ejemplo: el
Banco Mundial informa que " EE.UU. subvenciona proyectos de riego y
desmonte de tierras, para luego pagar a los agricultores por no labrar tales
tierras". La misma entidad añade: "El principal objetivo de esta
política es simple, incrementar los ingresos de los agricultores al nivel que
normalmente alcanzarían".
Esto quiere decir que los gobiernos de las grandes potencias tienen en vista, en
primer lugar, el nivel de vida de sus propios habitantes sin preocuparles en lo
más mínimo las normas internacionales, el derecho de los países de América
Latina a vender sus productos a precios normales o de "mercado". En
otros términos, el nacionalismo de las grandes potencias se expresa en la
protección de sus propios pueblos. Y aborrecen, atacan, y si pueden,
estrangulan, el nacionalismo de los pueblos débiles que aspiran a hacer lo
propio.
LPG: A propósito de estos países que quieren desarrollarse al igual que las
grandes potencias. ALADI parecía ser el marco (según lo que nos comentaron el
canciller Cavallo y otros miembros de delegaciones de países hermanos) adecuado
para que América Latina se organice para defenderse de las grandes potencias y
se desarrolle. ¿Cuál es la perspectiva teniendo en cuenta los resultados de la
reciente reunión de ALADI en México?
JAR: En los últimos diez años de existencia
de ALADI sólo reunió a sus cancilleres en dos oportunidades. Uno de los
resultados positivos del último encuentro es que se resolvió una reunión
anual para seguir atentamente el proceso de integración. Le diré, ante todo,
que los resultados no fueron brillantes. Hubo desinteligencias en el tema
arancelario. Algunos países, como México, tienen esperanzas en un desarrollo
más intenso de sus relaciones comerciales con EE.UU. La Argentina, a su vez,
encuentra posibilidades inmediatas de integrarse en el cono sur con Chile,
Brasil y los demás países del área. Esto no debe dar lugar a desaliento en
cuanto al proceso histórico de integración en toda América Latina.
México es un gran país con una gravitante influencia en el Caribe y
Centroamérica. El carácter asimétrico y plagado de obstáculos que reviste la
unidad de la Patria Grande, no puede ser causa de decepción. Debemos marchar
hacia esa unidad por los caminos más claros y sencillos que nos presente la
historia.
Si, por múltiples razones, no estamos aún en condiciones de establecer un
arancel cero entre todos los países latinoamericanos para ayudar a crear las
condiciones de un Mercado Común avancemos en otros planos. Por ejemplo, el
plano de la ideología latinoamericana y del nacionalismo continental.
Debemos lograr en este orden (ya hay decisiones adoptadas al respecto)
transformar a los Estados de la América Latina (balcanizados por el
imperialismo en los últimos dos siglos) en un formidable ámbito común para
que Manuel Ugarte, Francisco de Morazán, Bolívar, San Martín, José Martí o
José Artigas, sean patrimonio común de todos los latinoamericanos.
Avancemos en la ciudadanía común y en el tránsito libre de personas, libros y
bienes culturales. Se pueden establecer acuerdos de transporte marítimo y
fluvial, así como bajar las tarifas de transporte aéreo para que el mercado
común del libro no sea una simple hipótesis. Si logramos, también establecer
en cada capital de la América Latina una Casa Latinoamericana, como decidieron
los presidentes del Grupo de Río. Si además, como resolvieron los ministros de
cultura en Mar del Plata, se organiza un canal de televisión latinoamericano,
yo creo que se estarían dando pasos muy importantes.
Sería un grave error considerar el proceso de integración como un simple
acuerdo arancelario. La unidad de América Latina debe marchar en la perspectiva
bolivariana y sanmartiniana de reunir en una Confederación de pueblos a todos
los iberoamericanos.
-LPG: La integración en el marco de lo cultural está por dar un paso
importante aquí, en México, a raíz de una iniciativa suya para la Universidad
Nacional Autónoma de México.
-JAR: Cuando me hice cargo de la Embajada Argentina en México, existían en el
UNAM diversas cátedras (bajo el auspicio de esta alta casa de estudios) tales
como la de Alberdi y Sarmiento, la de Raúl Víctor Haya de La Torre, la de
Simón Bolívar, entre otras, todas con el auspicio, también de los países de
origen de estos patriotas.
Me parecía positivo pero algo limitado, en el marco del proceso de
integración. Sin perjuicio de mantener con temas muy específicos cada una de
estas cátedras, consideré, junto con otros embajadores de América Latina en
México, que entre todos podríamos fundar una Cátedra de América Latina.
Esta idea de los Embajadores latinoamericanos cuenta con el firme respaldo del
gobierno mexicano y de la UNAM, no faltando demasiado para concretarla.
Si momentáneamente no estamos en condiciones de avanzar rápidamente en el
terreno de algunas cuestiones económicas, que no es lo único importante
avancemos en otros que son vitales. Sin una ideología globalizadora no podrá
construirse un nacionalismo revolucionario a escala continental. Y sin esta
conciencia nacional latinoamericana, es impensable una integración
trascendente. Es imperioso crear una ideología colectiva de los
latinoamericanos.
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