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Extraído de “Cartas al Tío Plinio”
De la Transversalidad hacia la Concertación Plural. Del Peronismo al
Relanzamiento hacia el vacío.
Tío Plinio querido,
Desde la prehistoria, o sea del artificio de la Transversalidad, se saltó, en la
plenitud del poder, hacia el modernismo de la Concertación Plural. Pasará a la
posteridad como el intento final de destrucción de la UCR.
Desde el artificio de la Concertación Plural se saltó, después, hacia la
reconstrucción corporativa del peronismo. Un movimiento que inspira la burlería
ingeniosa del “pase” de la Radio 10.
Desde el peronismo de la 10 se salta, tío Plinio querido, hacia el
Relanzamiento. O sea, al vacío.
A los efectos, altamente obcecados, de defender las “retenciones móviles”,
Kirchner hipoteca el gobierno de La Elegida. La conduce, de la mano, hacia el
colapso.
Y dirige al peronismo, por semejante gilada técnica, hacia el paredón.
Es la última de sus equivocaciones móviles.
Seminario: a) Transversalidad
La transversalidad, primera etapa del seminario, sirvió para entretener, durante
los dos primeros años, a los agudos columnistas domingueros.
Y para distraer, con los clásicos caramelos de madera -ligeramente espolvoreados
con azúcar impalpable-, a la línea media transversal.
Binner, Juez e Ibarra.
Sin atreverse a desafiarlo frontalmente, Binner, a Kirchner, se le desmarca.
Merced al cuento circular de la transversalidad, Binner logró, gracias a
Kirchner y Obeid, acabar con la Ley de Lemas. Y obtener, en desmedro del
peronismo que entonces se laceraba, la gobernación de Santa Fe.
El humorista inexplicable, Juez, se le transformó, a Kirchner, de pronto, en
adversario.
Sin embargo, Juez se consolida, a pesar del pucherito, como un profesional de la
derrota.
Si no se precipita en el amague, Juez puede también quedarse, de nuevo, afuera.
Pero ya no sólo del oficialismo. Juez asume el riesgo de quedarse afuera,
también, tío Plinio querido, como opositor.
Porque es desalojado, de la vereda opositora, por la astucia distante de
Schiaretti, alias El Gringo.
Schiaretti ya le ganó, a Juez, en principio, la carrera como gobernador de
Córdoba. Pero lo vuelve a vencer también en la carrera del opositor.
Mientras tanto Ibarra, el eterno fiscal Ibarra, prosigue el doble juego del
redituable aliado crítico.
En definitiva, la transversalidad resultó exclusivamente útil, en el seminario,
para asegurar algunos salarios, sobre todo de los sobrevivientes de la
civilización extinguida del Frente Grande.
b) Concertación Plural
La Concertación Plural, después, tampoco funcionó. Fue una gárgara retórica, de
apertura y tolerancia.
Como experimento, la Concertación prendió menos que una vacuna en un peceto.
La Concertación Plural sirvió para que Cobos, el Cleto, estuviera, tío Plinio
querido, en el banco de suplentes. Y mojara la medialuna como vicepresidente. A
los efectos de disfrutar, por algún tiempo, de la condición de número 3 del
escalafón. Después de Néstor, el 1, Y de La Elegida, el 2.
Desde la Concertación Plural, Kirchner logro desorientar, hasta la morbosidad, a
los descuartizados radicales. Ex aliados del Frente Grande, en aquel cementerio
de la Alianza.
A cambio de nuevas partidas, Kirchner pulverizó el viejo partido.
Un trueque contranaturalmente doloroso.
Reconstrucción del Peronismo
Para algarabía del “pase” de la Radio 10, Kirchner emerge, en vísperas del
ocaso, bastante tarde, como un líder peronista del montón. Tanta Transversalidad
y Concertación para terminar en Ezeiza. Con la entonación de la marchita. Al
lado de Curto, Cariglino, Pereira.
El peronismo le resulta recursivamente eficaz, a Kirchner, como escudo. Para
defenderse.
Para escalar en las encuestas, en general prefirió, pragmáticamente, denigrar al
“pejotismo”.
En sus euforias de ofensiva, para Kirchner, los peronistas eran ideales para
mantenerlos ocultos. Más beneficioso resultaba exhibir, en el escenario, y para
la televisión, el sentimiento inmobiliario de las Madres. La docilidad
marquetinera de las Abuelas.
La súbita pejotización de Kirchner dista de representar una demostración de
fuerza. Se convierte, tío Plinio querido, en la prueba emblemática, casi
inclaudicable, del fracaso.
Relanzamiento al vacío
El invento del cesarismo conyugal, envasado al vacío, no cerró. Tampoco abrió.
Habrá que relanzarlo.
El turno del Hombre, en el Poder, le permitió disfrutar de las causas.
El turno de la Mujer, le permitió al Hombre encajarle, en conjunto, las
consecuencias.
Tiene razón La Elegida cuando enuncia sus inconvenientes de género.
Kirchner se quedó con los aplausos. Para dejarla, a La Elegida, con las cuentas.
Y para que hable. Que inaugure y celebre. Sin, siquiera, co-gobernar.
El kirchnerismo, tío Plinio querido, implosiona.
El descascaramiento fue anticipatorio, como era previsible, del desmoronamiento.
El kirchnerismo se diluye estrepitosamente, como corolario de la sucesión de
equivocaciones móviles. O la caravana de errores de “lesa ingenuidad”.
La decadencia, en general, desde Visconti hasta Mann, supo atraer a los
extravagantes más sensibles de la estética.
Los procesos decadentes conservan, en general, algún atisbo de grandeza
elemental.
Morir por las ideas, aunque sean disparatas, siempre suele ser respetable. Como
morir por el romanticismo de la patria. O por el espejismo de la revolución.
Morir por las retenciones móviles es, tío Plinio querido, disculpe el inusual
lenguaje, una p…
Los horrores que Kirchner elaboró, durante cuatro años, le estallaron, al fin y
al cabo, a La Elegida.
Tuvo la suficiente mezquindad como para desperdiciar, en confrontaciones
vanamente heroicas, el gobierno de su Mujer.
Pero Kirchner banca, hasta cesar, las “retenciones móviles”. Las que
intelectualmente no le pertenecen. Las banca para que no se le “licue el poder”.
El que, simultáneamente, ya es un jugo amargo, que se le desvanece.
Epílogo: Parálisis y movilidad
Por la última de las equivocaciones móviles, Kirchner logra, entre tantas
proezas, la de juntar la parálisis con la movilidad.
La parálisis es, tío Plinio querido, de la economía. Pero como consecuencia de
las insolvencias de la política. En general, en los fracasos, ocurre justo a la
inversa.
La cuestión de la movilidad no atañe a las retenciones de referencia. Responden
a la dinámica de la penúltima equivocación. Despierta el global sentimiento de
protesta. La sociedad bien vestida, como dice Gelblung, pero en estado de barra
brava.
Se unifica la intensidad del hartazgo, que impera en las grandes ciudades. Con
la paciencia sobrepasada del “estresado” habitante de la llanura.
Hombres del campo, que suelen emocionar al Profesor Grondona. Y de la ciudad,
que de manera ostensiblemente creciente, reaccionan, tío Plinio querido, para
movilizarse hacia los bancos. Y aventurarse en el trayecto tenso y más breve.
Desde la ventanilla hacia la caja de seguridad.
Dígale a tía Edelma que, por un par de meses, La Elegida lo va a tener a
Saturno, en oposición a su sol. Ella va a entender.
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