Domingo 03 de Abril de 2005

FASCISTAS EN LA NIEBLA

Puede que peque de quisquilloso, mas de ninguna manera de censor o intolerante, cuando afirmo que una de las más fáciles maneras de ganar "status moral" y hasta dinero en la Argentina, es la de condenar en los medios de comunicación a la actividad política. El negocio o "cruzada" consiste, fundamentalmente, en fascistizar. Es decir, en alimentar al "fascista congénito" que llevamos dentro (no acepto, por discriminatoria y falsa, la categorización de "enano fascista" que emplea Bernardo Neustad, pues -la ingeniería genética me exime de mayores comentarios- el fascismo es inmune a la talla física de los individuos).

En sentido genérico, son fascistas, los que propalan a los cuatro vientos, de manera manifiesta o tácita, que la política es corrupta en sí misma. De allí que, salir de ella es moralizarse e ingresar es corromperse o ponerse bajo sospecha. La insuperable manera de gobernar para los fascistas es a través del partido único; donde sólo los "buenos" (los ciudadanos) gobiernan, mientras los "malos" (los políticos) están en la cárcel.

Una de las fórmulas que habitualmente usan los fascistas para confundir (incluso a ellos mismos) consiste en emplear con sentidos opuestos las palabras sinónimas, "ciudadano" y "político". La primera refiere al individuo que se ocupa de los problemas de la ciudad; la segunda al que atiende los problemas de la polis. Es decir, que el político es un ciudadano que se ocupa (mal o bien) de los problemas de la ciudad; más, de ninguna manera, es ajeno a la condición de ciudadano. En todo caso, la distinción debiera pasar por los ciudadanos que se ocupan de la polis (políticos) y los ciudadanos que no se ocupan ella (también políticos). Para éstos últimos, los griegos tenían reservado el término de "idiotas"; pues, consideraban que sólo un imbécil podía predicar en contra de la política cuando en ella se jugaban sus propios intereses.

Ahora bien, para ser precisos, se debe señalar que el fascista es un género que incluye una notable variedad de subgéneros o modelos de fascista De éstos últimos, consignaré los siguientes: a) el fascista solemne. El cuál considera a su lucha contra la política y los políticos, una especie de "guerra santa al infiel". A su juicio, dicho proceder, no sólo lo distingue de los políticos sino también de los pusilánimes irresolutos que los eligen; b) otro, digno de mención, es el fascista empresario, quién transforma el repudio a la política en una mercancía. La cuál, bajo la máscara de noticia o comentario periodístico moralista vende a muy buen precio; c) el fascista guarango (más conocido como fascista de cuarta) es aquel que hace comentarios falsos, vulgares y de mal gusto sobre la vida privada de las personas. Entre otros y otras, de la señora Bolocco. El "pecado" de ésta distinguida dama es la de ser la novia del político más importante de la última década. Se la acusa, por ejemplo, de querer imitar con su peinado a Evita ¡Ojalá esten en lo cierto! ¡Me encantaría que así fuera! (entiendo que, como gran mujer que fue, Evita, quien fuera difamada por la misma clase de gorilas que se ensañan ahora con la señora Bolocco, merece ser imitada); d) el peligroso fascista nazi, que entiende como traición a la patria a algo tan valioso y eficaz, para la paz y la concordia del género humano, como la doble nacionalidad. Ahora bien, dicho argumento es cualquier cosa menos original. Ya los nazis lo usaron para justificar el asesinato de niños, mujeres y hombres que, segun ellos, tenían la doble nacionalidad (judía y alemana). Por otro lado, los padres de muchos argentinos fueron acogidos con la doble nacionalidad cuando llegaron a nuestra patria como inmigrantes (para no nombrar al general Perón, quién ostentaba la calidad de ciudadano y de General del ejército paraguayo; además, su ciudadanía española) Acusarlos de traidores por ello es afirmar, paradójicamente, que la patria fué fundada por traidores a la patria.

El fascismo se distingue, en su primera etapa, por su capacidad para difamar. De nosotros depende que de difamar no pasen a asesinar.

Mauricio Ortin


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