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Miércoles 16 de Noviembre de 2005 |
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El fuego y la furia no son accidentales en Francia
En doce días, más de 6000 vehículos fueron incendiados en 300
ciudades francesas, a pesar del despliegue de 10.200 policías y
gendarmes en todo el país. Seis días después del comienzo de los
disturbios, el Secretario General del Sindicato Policial de
Francia le envió una carta publica al Ministro del Interior,
Nicolás Sarkozy, en nombre de sus 10.200 colegas: "una guerra
civil se está desplegando en Cliché Sous-Bois (suburbio de
Paris) y en toda Francia. No podemos manejar este desafío más
tiempo. Sólo el ejército, entrenado y equipado para este tipo de
misión, puede intervenir para estabilizar la situación." "La
crisis no es un rayo en un día de verano, sino el resultado del
mal tiempo persistente", dice Thomas Hobbes.
En los 15 años previos a estos doce días de fuego e
insurrección, una ola de criminalidad se desató en las grandes y
medianas ciudades francesas. Según la división de inteligencia
de la Policía ("Renseignements Generaux"), 70.000 crímenes
violentos tuvieron lugar desde comienzos de este año en los
centros urbanos de Francia. Incluyen el incendio de más de
28.000 automotores y de 17.500 camiones recolectores de basura.
Según el Ministerio del Interior, en los nueve primeros meses
del año 2005, unos 9000 móviles policiales fueron atacados por
grupos juveniles en la "Banliu" parisiense y en el resto de
Francia. Amplias zonas de los suburbios de París escaparon del
control del Estado en los últimos tres lustros. En un informe
sociológico requerido por el Ministerio del Interior, se dijo en
1998: "los policías que trabajan en estos difíciles vecindarios
se sienten y son vistos como fuerzas de ocupación en territorio
enemigo".
El producto bruto francés creció
2.1% entre el 2000 y el 2003, pero cayó a menos de 1.5% este
año; y se estima un crecimiento aún menor en el 2006. En todo
este periodo, la tasa de desocupación permanece tercamente alta,
con un nivel promedio del 10% de la población económicamente
activa (PEA). El rasgo característico del desempleo francés no
es, sin embargo, su alto nivel actual, sino el hecho de que
nunca ha estado por abajo del 8% en los últimos 20 años; y esto,
inclusive, en el momento de auge del ciclo expansivo de finales
de la década del 90. Lo notable es que la productividad del
trabajo es alta en Francia. Incluso es probable que, en el
sector industrial exportador, se acerque al promedio
norteamericano. Esta paradoja de alto nivel de
productividad/alta tasa de desocupación es el resultado de que
el mercado laboral expulsa a los trabajadores escasamente
calificados, a los que empuja al rincón excluyente de la
desocupación.
Pero la tasa promedio de desocupación no es suficientemente
reveladora: si en el conjunto del país es 9.8% de la PEA, entre
los inmigrantes, que según el censo de 1999 son 4.310.000, el
nivel efectivo de desempleo es 17.4%, según cifras del 2004. La
situación es aún más grave entre los jóvenes franceses o
inmigrantes de 19 a 29 años; allí la tasa de paro es 20, 30 o
40%. Entre los jóvenes franceses nacidos y criados en Francia de
padres magrebies la tasa es más del 40%.
El hecho es que la desocupación en Francia, en vez de disminuir,
aumenta. Era 8.3% en el 2001, y llegó al 10.1% en enero de este
año. Significa que está ampliamente por encima de la tasa
europea, previa a la ampliación de mayo del 2004, que fue de
8.1%. Es también el doble que la británica, que asciende a 4.8%.
El crecimiento económico en Francia es estructuralmente pobre en
creación de empleo. Todos los sectores trabajo intensivos se han
tornado altamente automatizados, y los trabajos que todavía
persisten son temporarios. Las estadísticas oficiales indican
que, un tercio o más de los empleos que se crearán en el 2005 y
años sucesivos, son temporarios y de corto plazo. Esto significa
que el sistema laboral galo es cada vez más flexible, sólo que
al mismo tiempo crecientemente dualista.
La economía francesa es excepcionalmente diversificada. Las
exportaciones representan el 27% del PBI, y tres cuartos del
total de las exportaciones de bienes y servicios son productos
manufacturados. El sector de servicios es uno de los más amplios
de Europa y del G-8, con una participación en el producto bruto
del 72% del total. La agricultura y la agroindustria emplean 5%
de la fuerza de trabajo y contribuyen con poco más del 3% del
PBI.
La economía francesa es profundamente proteccionista y regulada.
Pero no ocurre lo mismo, sino todo lo contrario, con sus grandes
empresas industriales y de servicios, que son protagonistas de
primera línea del proceso de globalización de la economía
mundial. Francia es la quinta economía del mundo, y también la
quinta exportadora mundial. El año pasado exportó 450 billones
de euros de mercancías, que son 560.000 millones de dólares. Su
sector privado es protagonista de primera línea del comercio
internacional (World Class) en rubros como automotores (Renault,
Peugeot, Citroen), cosméticos (L´Oreal), petróleo (Total).
Lo asombroso no son estos doce días de fuego y violencia en más
de 300 ciudades francesas. Lo notable es que sólo haya ocurrido
ahora, y con relativa baja intensidad.
Jorga Castro
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