Domingo 03 de Abril de 2005

LUCES, CÁMARAS, GARZÓN

por Luis DE LION

Desde la inculpación de Guillermo II, pasando por Nuremberg y Tokio, los Tribunales Penales Internacionales por Yugoslavia y Rwanda, y la Corte Penal Internacional, en Roma; han sido momentos en que ha convergido la necesidad absoluta de sancionar crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio. Hoy cuando la soberanía nacional sigue obstaculizando la represión de crímenes atroces, el establecimiento de una justicia penal internacional, seguirá siendo solo ficción jurídica.

Sin embargo, en medio de esa sed de justicia universal; vemos como un juez de la Audiencia Nacional de España, Baltasar Garzón, pareciera haberse autoasignado una jurisdicción global. Garzón, quien comenzó su carrera como magistrado de un Juzgado en Almería, desde que llegó a la Audiencia Nacional en 1988, la polémica ha presidido muchos de sus mediáticos actos. Ansias de poder, afán de protagonismo, e ingenuidad política, es la combinación que ha hecho de Garzón un juez de escándalo. 

Una mezcla que comenzó a agitarse en la campaña electoral de 1993, cuando Felipe González, necesitado de aire fresco para las filas socialistas, convenció a Garzón para que fuese como número dos en la lista del PSOE por Madrid. Garzón fracasó en su incursión política de poco más de diez meses. Días después, en rueda de prensa, dijo que se iba porque González le había engañado, que le había utilizado como «ardid electoral».

Hoy existe la impresión de que no hay un caso judicial de importancia sin que Garzón esté a cargo. Muchos se preguntan cómo este incansable magistrado tiene tiempo para llevar tantos sonados casos a la vez. La lucha contra el terrorismo en España y la desarticulación de la cúpula de Herri Batasuna, el brazo político de ETA; está llevando todo lo referente al caso BBV; en el 1998, Garzón ordenó la detención de Pinochet; pretendió interrogar a Kissinger, viajo a Perú para interrogar a Vladimiro Montesinos; y Garzón acaba de obtener de México la extradición del militar argentino Ricardo Caballo. El fiscal venezolano Danilo Anderson, es un niño de pecho en cuanto a la instrucción y colección de expedientes espinosos.

«En el trabajo de Garzón prima la precipitación y el afán de acaparar la prensa sobre la rigurosidad de sus investigaciones», declaró en su momento Francisco Santaella secretario general del Sindicato Profesional de Policía Uniformada (SPPU). Opinión compartida por otros muchos, abogados y jueces entre ellos, que no suelen identificarse públicamente.

Así mismo, en cuanto a la reciente extradición del genocida Cavallo, el criterio de la Fiscalía de la Audiencia Nacional de España, es que los Magistrados españoles no tienen competencia para intervenir judicialmente en asuntos que conciernen a la soberanía Argentina, y que ya fueron en su día solventados por los tribunales y las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Pilar Urbano, escribió en el libro biográfico; "Garzón: el hombre que veía amanecer", que las ambiciones políticas de Garzón no se habían colmado, más bien todo lo contrario: habían quedado frustradas.

¿Será en razón de esas inconclusas ambiciones políticas de Garzón, que éste juez no toca ni con el pétalo de una rosa a los genocidas franquistas?

 

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