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El 1° de mayo del
2006, mediante el Decreto Supremo 28.701, “Héroes del Chaco”, el Presidente Evo
Morales confiscó la totalidad, prácticamente, de los activos de las empresas
trasnacionales radicadas en Bolivia dedicadas al negocio petrolero y gasífero.
Es la tercera vez que Bolivia nacionaliza el gas y el petróleo en 70 años. La
primera fue en 1937 por obra del Teniente Coronel German Bush, héroe de la
Guerra del Chaco, en lo que fue la manifestación originaria del nacionalismo
revolucionario surgido de las trincheras de Nanawa y Boquerón.
La segunda, en 1969, fue ejecutada por el gobierno del General Alfredo Obando.
Ambas se realizaron en contra de transnacionales norteamericanas. Ahora, la
tercera, golpea fundamentalmente a una empresa estatal brasileña de carácter
público (Petrobras), y a otra de capitales españoles (REPSOL-YPF).
Son U$S 3500 millones los invertidos por las transnacionales en los últimos 10
años en Bolivia. De ellos, el porcentaje mayor, de lejos, es propiedad de
Petrobras. Sus activos representan unos U$S 2000 millones, incluyendo las dos
únicas refinerías del país. Además, Brasil ha invertido U$S 8000 millones en el
gasoducto de 3000 kilómetros que transporta el gas desde Bolivia a San Pablo.
El Decreto Supremo, de un extremo laconismo, tiene sólo 7 artículos operativos,
y entró en vigencia de inmediato. La ejecución fue asegurada por la ocupación de
la totalidad de las instalaciones y campos gasíferos y petroleros por el
ejército boliviano. Evo Morales dio lectura al decreto de nacionalización en una
instalación de propiedad brasileña.
Dos son sus contenidos fundamentales. El porcentaje del Estado en la producción
de los dos campos principales, cuya extracción supera los 100 millones de pies
cúbicos diarios, pasa del 50% actual (hace un año era 18%) al 82%. Significa
que, a las transnacionales, les queda 18% para pagar personal, impuestos y
mantenimiento de infraestructura. Los campos que produzcan menos de 100 millones
de pies cúbicos diarios mantienen la actual distribución de valor (50%).
En segundo lugar, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), toma el
control mayoritario (“50% más 1, como mínimo”), no sólo en las principales
empresas de producción de petróleo y gas, sino también en la totalidad de las
refinerías y gasoductos, incluyendo el que se dirige a San Pablo.
Tres días antes de anunciar el Decreto Supremo el 1° de mayo, el presidente Evo
Morales convirtió a Bolivia en el tercer miembro de la “Alternativa Bolivariana
de las Americas” (ALBA), junto a Cuba y Venezuela; se trata de una alianza
destinada a enfrentar a los EEUU y al ALCA. El contenido económico especifico
del ALBA, sustentado en el poderío financiero de Venezuela, es el comercio
administrado (soja y coca bolivianas por diesel venezolano, por ejemplo).
Bolivia tiene un acuerdo de preferencias comerciales con EEUU, como todos los
países del arco andino, por el cual exporta con arancel 0 al mercado
norteamericano U$S 160 millones anuales. Estas exportaciones han creado 100.000
puestos de trabajo, sobre todo textiles, 2/3 partes de los cuales están en El
Alto, el eje de las movilizaciones callejeras que derribaron dos de los tres
últimos presidentes constitucionales bolivianos.
El acceso privilegiado al mercado estadounidense vence en diciembre del 2006 y
no será renovado. La empresa estatal venezolana Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA)
respalda logística, técnica, y financieramente a YPFB. En los días previos al 1°
de mayo, técnicos de PDVSA e YPFB recorrieron las instalaciones que iban a ser
nacionalizadas, incluyendo las refinerías de Santa Cruz y Cochabamba de la
brasileña Petrobras.
PDVSA es la cuarta empresa petrolera del mundo, con ventas que superaron el año
pasado los U$S 50.000 millones. Comparativamente, Petrobras es
significativamente menor; es sólo la numero 15.
Brasil y Bolivia firmaron en 1989 un acuerdo entre ambos Estados por 30 años,
para abastecer con gas boliviano al mercado brasileño. En él se establece que el
gas se vende a un precio de U$S 3.13 el millar de metros cúbicos. Bolivia
exporta unos 30 millones de metros cúbicos de gas por día; de ese total, unos 25
millones van a Brasil, el resto a la Argentina. Brasil, en suma, le compra el
85% de las exportaciones de gas a Bolivia, por una cifra que representa,
aproximadamente, el 20% de su producto bruto.
Este es el tercer acuerdo interestatal brasileño-boliviano en materia
energética; y es en su marco que se han realizado las inversiones de Petrobras
por casi U$S 2000 millones. El primero fue en 1938; el segundo en 1974, por
iniciativa del entonces presidente brasileño, General Ernesto Geisel.
La nacionalización del petróleo y gas dispuesta por el Decreto Supremo tiene
arraigo en la historia de Bolivia. Es la manifestación contemporánea del
nacionalismo revolucionario surgido en las trincheras del Chaco, obra del
“socialismo militar” (Bush-David Toro-Villaroel).
El Decreto Supremo nada tiene de sorpresivo o sorprendente. Pero en términos
políticos (para la política “no hay pasado ni futuro, sólo un eterno presente”
dice Carl Schmitt), la nacionalización del 1 de mayo es ante todo una severa
derrota política de Brasil. En los grandes acontecimientos hay siempre un toque
de ironía: Petrobras fue fundada por Getulio Vargas en 1950, bajo la consigna
“el petróleo e nosso”.
Jorge Castro
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