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Reportaje a Jorge Asís del diario La Capital. Para el
periodista, escritor y ex funcionario, el presidente necesita
del piquetero DElía para poder controlar la calle.
Jorge
Asís disfruta por estos días de cierto éxito editorial. Su último
libro, "La marroquinería política; desastres seriales de
un gobierno trivial", ya va por la cuarta edición. La obra
compila una serie de textos publicados en su portal de Internet
(www.jorgeasisdigital.com), un sitio donde el escritor hace gala
de su pluma filosa para castigar al gobierno de Néstor Kirchner
y su cultura seudoprogresista. En una época donde abunda el
periodismo hiperoficialista, de barniz progre casi infantil, Asís
le propone (muchas veces con éxito) a sus lectores una
mirada crítica, que rasca en la superficie para dejar al
descubierto lo que él llama la "truchada kirchnerista",
o el "sistema recaudatorio de acumulación", una práctica
utilizada no sólo para lucrar con la política sino también
para someter al otro, que pasa rápidamente de ser adversario a
un acólito sumiso.
Sirviéndose de heterónimos o jugando con epístolas a un
supuesto Tío Plinio, el autor de "Flores robadas de los
jardines de Quilmes" va construyendo día a día una red de
comentarios sumamente picantes, que constituye una suerte de
oasis para aquellos que están hartos del discurso prepotente
del kirchnerismo y de sus sujetos transmisores, que pueden ser
desde un periodista a un amanuense de filiación K. Asís
presentó su libro en Rosario, el jueves, en el auditorio de la
Fundación Libertad. Un día después dialogó extensamente en
el bar de un hotel del macrocentro con La Capital.
- ¿Pueden haber desastres seriales de un gobierno que
no sea trivial?
- Puede, pero yo hablo exclusivamente de este gobierno. El título
del libro es casi una editorial. La marroquinería kirchnerista
es una política vinculada directamente a la dependencia de la
caja. Puede sonar provocativo que alguien sostenga que este
gobierno produce desastres en serie. Sobre todo en momentos de
complacencia mediática tan alarmante. Y cuando suele
extorsionarse con encuestas que indican que Kirchner tiene el 2
mil por ciento de imagen positiva.
- ¿A qué se refiere cuando habla de la existencia del
Sistema Recaudatorio de Acumulación?
- Esa práctica, que otros llaman kirchnerismo, representa
la perfección del sistema que, de manera precaria y brutal, se
inició en Santa Cruz. Uno pensaba que lo que Kirchner hizo en
su provincia no podía trasladarse al resto de la Nación. Pero
Kirchner nos durmió a todos. Implantó un estado de
sometimiento con el resto de los gobernadores, y hacia todos los
sectores vinculados al poder. En cierto modo, Kirchner es el
presidente que la sociedad se merece. Que pide, requiere y
espera. Pero esta es, en el fondo, una sociedad volátil. De
todas formas, le va a costar mantener una cierta fuerza de
legitimidad que le permita llegar con aire suficiente hacia
fines del 2007.
- ¿Por qué?
- Porque cada vez hay más gente que toma conciencia de la
existencia del Sistema Recaudatorio de Acumulación. Incluso
dentro del propio Ejecutivo. Porque este no es un gobierno
enteramente corrupto. Hay sectores nominados que sí. Por donde
pasa lo que tiene que ver con la caja. El asistencialismo, las
obras, cuestiones estructurales.
- Pero la economía crece, no hay denuncias de corrupción...
- Es verdad. Se presentan como el colmo de la transparencia.
Sostenido por un discurso progresista. Pero en realidad lo que
propone el kirchnerismo es un gran simulacro de transformación,
la renovación de lo permanente. El descubrimiento del sistema
recaudatorio puede generar una decepción importante, y puede
llegar a ser un punto muy vulnerable de esta estructura.
- ¿Por qué motivo?
- Porque se hiere enormemente una cierta legitimidad que
necesita del progresismo, al que se le deben arrojar suficientes
caramelos de madera, ligeramente espolvoreados con azúcar
impalpable. A medida que estas situaciones se agraven, van a
tener que tirar más militares a la olla. Denunciar otra vez a
María Julia, a Menem, o a Alderete. Para cuidar la imagen del
simulacro ante el progresismo. Pero acá no se modificó nada.
No hay ninguna revolución en marcha. Lo que persiste es la
acentuación del aislamiento de la Argentina en el exterior.
Aunque ahora se le agrega el aislamiento interno. Porque
Kirchner se quedó atado a lo peor de la militancia rentada.
- ¿Se refiere a la contramarcha de D’Elía para
enfrentar a Blumberg?
- Pienso que fue uno de los momentos de plenitud de los
errores y desastres del gobierno. Porque Blumberg les marcó la
cancha, y en adelante la agenda. Ahora Kirchner sale a hablar de
seguridad. Y es tan débil que no puede bancarse una manifestación
de gente blanca, que paga sus impuestos y que se moviliza con
unas antorchas. Entonces los arremete acusándolos de fascistas,
o los vincula con el terrorismo de Estado. Aparte, no puede
admitirse que un cuadro como D’Elía, que maneja no
menos de 80 mil planes sociales, no haya podido convocar a más
de tres mil personas. Por otra parte, D’Elía es el exponente
emblemático de la estética kirchnerista. Y es el único hombre
de amianto que puede salir a defender al presidente. Porque
aquellos que participan de los beneficios del sistema
recaudatorio en el fondo lo desprecian. Y esperan el momento más
o menos propicio para ir por él. Como así también lo esperan
los medios de comunicación, los gobernadores, y hasta algunos
barones del peronismo. Estas cosas que digo logra, por ejemplo,
que las esposas o hijas de muchos de los que participan en las
apoyaturas le digan a sus maridos: "Asís tiene razón".
- Sin embargo D’Elía le asegura a Kirchner el control
de la calle.
- Exacto. Los últimos golpes, que se registraron en América
Latina, en la Argentina inclusive, se dieron en la calle.
Kirchner sabe que ningún presidente puede oler a caucho
quemado. A goma quemada, es un problema de pituitaria (secreción
de mucosas nasales). Es mucho el dinero de los contribuyentes
que se gasta en el control de la calle. Y su inutilidad quedó
demostrada con la movilización de D’Elía. La oposición
debería saber que D’Elía es el presidente. Caso contrario,
no se entiende nada.
- ¿No le reconoce nada a Kirchner?
- Tiene algún mérito. Desde una posición crítica, se lo
reconozco. Vuelve a instalar la idea del conflicto. No se puede
crecer en política sin la existencia de un conflicto. Entonces
Kirchner crece a partir del conflicto. Pero sin darse cuenta de
que él, por su propia dinámica, se convierte en el propio
conflicto. Y es exactamente con sus continuas agresiones donde
el hombre, en el fondo, se suicida.
- ¿Por qué dice usted que es un "reeleccionista
perverso"?
- Porque Kirchner tiene que ser lo suficientemente caballero
para ser él, y no su mujer, quien esté al frente cuando le
estallen sus desatinos. Cuando le exploten los desatinos de los
desastres seriales del gobierno trivial. Me permito una disgresión:
el emblema del sueño americano consistía en una horquilla y
una iglesia. Es decir, simbolizaba la idea del trabajo y la fe.
La imagen de la cultura kirchnerista es, en cambio, la de un
piquetero de D’Elía concentrado frente a una máquina
tragamonedas de Cristóbal López (por el empresario amigo de
Kirchner dueño de varios casinos).
- ¿Qué pasa con los líderes de la oposición que les
copa la parada un hombre como Blumberg, al que le cuesta
pronunciar los adverbios?
- Blumberg representa hoy la tentación del liderazgo
vacante. Aparte está lo que se ve, lo que hay. Tenemos a un
Lavagna sostenido por reportajes pero con dificultades para el
armado territorial. Son fenómenos políticos urbanos, y
televisivos. Mientras se siga así, el bipartidismo va a ser
eterno.
- ¿Pero si la UCR está cada vez más cerca de
Kirchner?
- Kirchner quiere colonizar a la UCR. Alfonsín se queja,
pero él quiso hacer lo mismo en los 80. Colonizar el peronismo
con su famoso Tercer Movimiento Histórico. Por lo tanto, Alfonsín
debe tomar la medicina que él también recetó. Ahora bien, por
lo menos Alfonsín hablaba de epopeyas. Kirchner, en cambio, es
más precario. La suya es la epopeya de la caja. Y los radicales
K, o sea los que gobiernan, necesitan tener la
marroquinería, más o menos, en la proximidad.
- ¿No cree que sea serio el proyecto de Lavagna?
- Lavagna es otro transversalista. Acotado porque se vale de
sobrevivientes del alfonsinismo, y de elementos residuales del
duhaldismo. A algunos de ellos les gusta saludablemente
presentarse como "duhaldistas resistentes". Pero también
puede sospecharse que se encuentran en la resistencia porque
Kirchner no los llamó. Asistimos, Palena, a la política del
Sprayette. Es la política del "llame ya". Llegue
primero. Porque muchos de los resistentes de la actualidad
pueden cambiar de bando
con un simple llamado telefónico, ni siquiera desde la Casa
Rosada.
- Si todo es tan precario y elemental, ¿por qué nadie
se le planta?
- Gran pregunta, Palena. Tomemos el ejemplo de De la Sota.
Tiene un correcto armado territorial, pero también tiene una
deuda de 8 mil millones de pesos. Necesita del poder central,
del que depende.
Tanto es así que hoy Kirchner se siente dispuesto a decidir quién
tiene que ser el candidato por Córdoba. Pero las jugadas en
cada provincia presentan su riesgo. En los lugares donde
Kirchner coloniza exitosamente al radicalismo, lo que va a
estallar va a ser el peronismo.
- ¿Qué lugar le asigna a Macri en el cuadro opositor?
- Macri representa la gravitante construcción política
bostera. Para su accionar es infinitamente más importante
contratar a Lavolpe o Basile, fotografiarse con Maradona, que
cualquier viaje al exterior de los que puede organizarle Diego
Guelar. Macri sabe que tiene presencia asegurada al lado de Martín
Palermo, de Tinelli, siempre asociado
a la idea del triunfo. Y en esta Argentina trivializada, con eso
le basta. Y hasta, creo, le sobra. Pero, como en el tango
"La ultima curda", todo, todo, es muy fugaz. Tanto que
el lugar que hoy ocupa Macri, Lavagna o Blumberg, mañana puede
ocuparlo otro. Intuyo que pronto van a aparecer otras
alternativas.
- En un reportaje a La Capital dijo que a Reutemann la
historia le había golpeado la puerta, pero que él no la atendió
porque se estaba afeitando. ¿Piensa que definitivamente le pasó
el cuarto de hora?
- Intuyo que a mi amigo Reutemann ya le pasó el tren de la
oportunidad por su estación. Ahora crecen pastos en los andenes,
y hasta le sacaron el ramal. En política no puede haber fotos
que te alarmen, ni programas de televisión que te saquen del
escenario. Con fuerte ironía, a Reutemann suelo llamarlo
"El Mártir de Punto Doc".
- ¿No hay nada que lo sorprenda, o que le pueda
resultar innovador?
- La Argentina es tan imprevisible que en cualquier momento
se vuelve previsible. Y previsiblemente, este gobierno es un
desastre, y cada día va a ser más notoria la sensación de que
el rey está desnudo. No hay, siquiera, discursos. Se registran
apelaciones para construir una Argentina nueva, aunque en
realidad, Palena, todo esto es muy trucho. Acá no hay nada más
que la impostura de izquierda, en el fondo todo esto es un
simulacro atroz. En Buenos Aires se construyen departamentos a
4.500 dólares el metro cuadrado. Habría que avisarles a
quienes los compran que se viene la revolución socialista. Para
que huyan, porque podrían confiscarles todo. El principal
problema que tiene el país, Palena, no es la inseguridad ni la
corrupción. Es algo peor. La insustancialidad, el truchismo. Y
tanto afuera como adentro ya se empieza a tomar conciencia de la
falta de sustento. De previsibilidad. Podemos entonces resultar
simpáticos, ser buenos para ser amigos, comer un bife, bailar
el tango. Pero nos va a costar que vuelvan a tomarnos en serio.
Walter Palena
/ La Capital
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