Domingo 03 de Abril de 2005

La guerra de las palabras


En la prensa de nuestro país muchos periodistas utilizan conceptos prejuiciosos para referirse a personas o sectores sociales.
Peyorativamente señalan a los dirigentes gremiales como "los gordos de la CGT" o "los caciques sindicales". Cuando se trata de la contraparte empresaria, se habla de "los capitanes de la industria".
Al barrio Ejercito de los Andes, la misma prensa lo menciona como "Fuerte Apache" vinculándolo a delincuentes de la zona. Y al habitante más popular del barrio, Carlos Teves, jugador del Club Boca Juniors, lo llaman "el apache" como no podía ser de otra manera.
Tenemos el escenario casi completo: los gordos caciques, los indios ladrones y los heroicos capitanes de la industria. Lo que falta para el cuadro es un grupo mafioso. Por eso ahora llegan "los barones del peronismo" nueva categoría que pretende instalar el periodista Joaquín Morales Solá en su columna en el diario la Nación..
Despacio pero sin sutileza viene imponiendo desde hace un tiempo, el mote de "barones peronistas del noroeste" o "barones del peronismo de cono urbano" en referencia a los intendentes y gobernadores del PJ. Este sustantivo, que es aplicado con exclusividad a un partido político, está extraído de otro contexto que se viene utilizando desde hace veinte años para retratar a los narcotraficantes poderosos: "los barones de la droga". Ahora imperceptiblemente, se pretende transferir sin aviso al peronismo.
La palabra es el fenómeno ideológico por excelencia, dice en su Filosofía del Lenguaje el semiólogo Valentin Voloshinov.
¿Cuanto hay de ideología y cuanto de prejuicio en los términos aludidos?.
Los "barones del peronismo", "los gordos de la CGT" o "los apaches" no constituyen epítetos aislados de la ideología dominante. Los niños en las escuelas, sin la hipocresía de lo políticamente correcto se agraden verbalmente con lo primero que les viene a la boca: negro, villero, adoptado, gordo, maricón con los agregados escatológicos correspondientes. Toman esas palabras como insultos porque las extraen así de la fuente del prejuicio social familiar.  
En la ciudad de Rosario los profesionales de la lengua no debatieron sobre las medias tintas y los prejuicios, salvo claro está, Carlos Fuentes y Roberto Fontanarrosa que sin duda salvaron la ropa de tantos charlatanes
Los semiólogos Hodge y Kress en su libro: Language as Ideology, sostienen que las ideologías se sustentan también en la estructura sintáctica-semántica de los textos y consideran que la práctica discursiva es parte de la lucha hegemónica que contribuye a la reproducción de la vida social y las relaciones de poder.
Aunque la definición del diccionario no sea más que descriptiva, los obesos son víctimas de estereotipos descalificantes que por asociación se pretende transferir a la dirigencia sindical.
Un profesional de la palabra construye su texto con términos justos y certeros, pero también con sutiles vocablos que ocultan secretos, con medias palabras, para quien quiera entender o con doble sentido y astuta ironía. Lo inadmisible en la redacción periodística es que no se desactiven las pulsiones prejuiciosas y se las vuelque peyorativamente en los textos.
Todos tenemos prejuicios, eso es común. Lo cuestionable es no tener un espíritu crítico para minimizar y modificar las apreciaciones que entrañan una carga negativa. Salvo claro está, cuando quien escribe descargue conscientemente su dosis de veneno racista, cosa que no es unánime en el periodismo contemporáneo.
"La prensa influye poderosamente en sus lectores especialmente sobre las opiniones prevalecientes en temas étnicos", dice el sociólogo holandés Teun A. Van Dijk.
Los medios de comunicación son una herramienta cultural capaz de fortalecer e instalar prejuicios contagiando a los lectores los estereotipos más retrógrados. Puede también, contribuir a desarticularlos, a exponerlos al juicio objetivo y racional. Nuestra sociedad necesita periodistas y medios de comunicación que aporten a esta última tarea. Esa es la guerra de las palabras que debemos librar.

 

Víctor Ramos

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