Martes 14 de Junio de 2005

Hace 50 años Bombardearon Plaza de Mayo

 

EL CROMAÑON DEL SIGLO VEINTE


                                                         

Nuestra recuerdo sobre una barbarie que es necesario mantener en la memoria de todos, para que no pueda ser repetida.

 

Hace medio siglo, el 16 de junio de 1955, en la ciudad de Buenos Aires  se consumó la mayor masacre del siglo XX contra una  población civil e indefensa . Sin embargo, los nombres de aquellas víctimas aún no salieron completamente del olvido. Una cerrada trama de los intereses que impulsaron a los ejecutores de la barbarie, fue tejida férreamente para mantener  el ocultamiento y un silencio que desdibujaran en la memoria de nuestro pueblo, los hechos y los responsables. 

Se trató de un levantamiento de unos cien oficiales de la Marina, sofocado ese mismo día, que  tuvo apoyo de Comandos Civiles armados, dirigidos por el radical unionista Miguel Angel Zavala Ortiz, luego miembro destacado de la Junta Consultiva de la llamada ‘Revolución Libertadora’ y mas tarde, canciller del gobierno de Arturo Illía.

También se habían sumado oficiales aeronáuticos de la base de Morón y algunos de Ezeiza.

El plan tenía el objetivo principal de asesinar al presidente Juan Domingo Perón y a partir de allí  infantes de marina se apoderarían de la Casa de Gobierno para ordenar un gobierno de ‘facto’. En la mañana, un comando se apoderó de Radio Mitre y dio a conocer un bando de los sublevados.

El ministro de Marina, Aníbal Olivieri, se había internado el día 15 en el policlínico del arma. Lo hizo para disimular su complicidad con los golpistas. Por eso, recién al comenzar  los ataques y saber del copamiento de la sede ministerial, abandonó el hospital. Lo acompañaron sus tres asistentes: Eduardo Massera,  Horacio Mayorga y Oscar Montes. Los tres reaparecerán el primera línea de la dictadura de 1976.

La situación se había agravado cuando el 14 de junio,  una marcha por ‘Corpus Christi’ hacia el Congreso Nacional y bajo la consigna Cristo Vence, recorre la avenida de Mayo y reúne  hasta los comunistas.

Los manifestantes arrancan placas del frente al edificio del Congreso y llegan a izar dos banderas amarillas del Vaticano. Y tras esos incidentes, la policía halló una enseña nacional quemada. Así, la oposición quedó inculpada gravemente.

Aunque sus dirigentes de inmediato atribuyeron el agravio a un plan urdido por el jefe de la policía federal.

El enfrentamiento, entre el gobierno peronista y el sector conservador de la Iglesia Católica, venía tensándose hacía unos meses a causa del proyecto de ley para separar la Iglesia del Estado presentado por el oficialismo(*).

En ese marco, aquel 16 de junio, Perón decide organizar un desfile, en tierra y aire, para desagravio a la bandera nacional.

Esa circunstancia es la que acelera los planes de los conspiradores. Vieron que la salida de sus aviones iba a pasar desapercibida para los otros mandos militares.

A las 12:40 de aquel día lleno de bruma,  el capitán de fragata Néstor Noriega inicia el bombardeo al mando de un avión Beechcraft y le sigue el capitán de corbeta Santiago Sabarots. Cada uno lanzó una bomba de 50 kilos.

Abajo, en nota firmada del diario Clarín el estallido “incendió y transformó en chatarra dos automóviles estacionados junto al cordón de la vereda, mientras la segunda destruía a otros dos vehículos”. Las esquirlas  habían matado a las primeras ocho personas, a las que “manos piadosas les cubrieron el rostro con diarios”(**)

La cuadrilla, integrada por cuarenta aviones,  había salido  de la base aeronaval de Punta Indio y durante tres horas, cubrió de muerte la histórica plaza. En medio de las corridas envueltas por el pánico, los disparos sin descanso de las ametralladoras dejaron huellas que aún hoy se ven, por ejemplo, en el frente del edificio del ministerio de Economía que da a la avenida Leandro Alem.

En la Casa de Gobierno impactaron 29 bombas, seis sin estallar: Allí hubo 12 muertos y  55 heridos, entre civiles y miltares.

Tras la caida de unas 100 bombas de entre 50 y 100 kilogramos la masacre quedó consumada:  350 personas muertas y otras mil, heridas. La inmensa mayoría, trabajadores que caminaban o viajaban en transporte automotor.

Un trolebús repleto, frente a la plaza Colón, detrás de la Casa de Gobierno, fue perforado por una bomba: sólo allí hubo 65 muertos, muchos despedazados. Otro transporte recibe un  bombazo en avenida Las Heras y Pueyrredón, en cercanías de la antigua residencia presidencial, donde disparos dieron en varios frentes de vivienda y produjeron muertos y heridos. El predio era el conocido “Palacio Unzué” , es el mismos sobre el que se levanta la biblioteca Nacional en el barrio Norte.

En otro sitio, en el conurbano bonaerense, una columna de soldados del Regimiento de Infantería de La Tablada, también fue bombardeada desde aviones rebeldes. Tres fueron los muertos y seis los heridos.

Los alrededores de la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT), en Azopardo e Independencia, son también ametrallados, cuando comenzaban a reunirse los trabajadores que eran movilizados en camiones para defender al gobierno justicialista.

El símbolo de esa desigual lucha, entre miles de manifestantes y los militares golpistas, fue quizá el obrero Héctor Passano. “Cayó partido por la mitad cuando intentaba abatir un avión Gloster Meteor con un revolver” .

La del 16 de junio, era la segunda intentona militar para matar a Perón. El 28 de setiembre de 1951,  el general Benjamín Menéndez había encabezado un levantamiento, dentro del cual, el entonces “capitán Alejandro Agustín Lanusse tenía asignada la misión de atentar contra la vida del general Perón”. (*)

También había fracasado, no obstante contar con aviación naval.

“Menéndez era el capo, pero también había un Julio Alsogaray, un Sánchez de Bustamante, un Lanusse, ese que después iba a ser presidente. Era joven y jefe del Puesto Uno de la guardia, por donde iba a pasar Perón. Ahí lo iban a matar” contó el suboficial Marcelino Sánchez, en declaraciones periodísticas.

Aquella mañana de junio, un grupo del Cuarto Batallón de Infantería de Marina, al mando de Juan Carlos Argerich, se apoderó del edificio del ministerio de Marina. Los infantes  tenían los nuevos fusiles semiautomáticos  belgas, recién ingresados de contrabando en el último viaje de instrucción de la alumnos de la Escuela Naval de Río Santiago, que dirigía el contraalmirante Isaac Rojas.

Casi a las dos de la tarde, esos infantes de Marina, atrincherados en las cercanías de la Casa Rosada,  en el sector de la Plaza Colón, tras disparar a mansalva a la población, tuvieron que capitular al ser rodeados por cuatro tanques Sherman.

Las tropas leales estaban al mando del general de Ejército, Ernesto Fatigati y se desenvolvían  en medio de los  miles de trabajadores que habían comenzado a rodear el edificio de los marinos y amenazaban con linchamientos.

Entonces, los jefes golpistas, contralmirante Samuel Toranzo Calderón y el comandante de la fuerza, vicealmirante Benjamín Gargiulo, tuvieron que  rendirse. Caían junto con el sol: Eran las seis menos cuarto de la tarde.  Apresados todos, Gargiulo  se suicidó con un tiro en la sien.

Los restantes sublevados, incluido Zavala Ortiz, el jefe de los comandos civiles, habían huido al Uruguay en treinta y seis  aviones.

La masacre prenunciaba, exactamente para tres meses después, el sangriento levantamiento de la llamada “Revolución Libertadora” que tuvo desde un comienzo un fuerte olor a petróleo. Los intereses británicos, viejos intrigantes, aprovecharán la disputa del Gobierno con la Iglesia, e  impulsarán un golpe final triunfante en setiembre de aquel mismo año, para impedir que intereses estadounidenses pudieran desplazarlos de la explotación del oro negro patagónico.(RM)

 

(*) La Masacre de Plaza de Mayo de Gonzalo Chavez.Ediciones de la Campana.Octubre 2003 

El Color del Petróleo

El Segundo Plan Quinquenal del gobierno justicialista ponía énfasis en la consolidación industrial de nuestro país y en particular el desarrollo de la industria pesada. Pero las inversiones eran insuficientes en la producción del petróleo que se iba a necesitar.
Desde 1953 la ley de Radicación de Capital había permitido el establecimiento de las empresas automotrices: la italiana Fiat y la estadounidense Industrias Kayser Argentina (Ika). Luego fue la alemana Mercedes Benz.
En 1955 Perón propuso al parlamento un proyecto de ley para ratificar el contrato que en abril de 1955 se había firmado con la Compañía California Argentina de Petróleo S.A., subsidiaria de la Standard Oil Co., para  la exploración y explotación petrolera en la Patagonia.
“El país tiene que resolver el problema energético si no quiere ver, en cualquier momento, expuestas sus industrias a la paralización casi total” argumenta el presidente.“Ni aún los perores gobernantes entreguistas se atrevieron con YPF” señaló Frondizi.
La indudable intervención de intereses petroleros británicos contra estos contratos tuvo su expresión mayúscula, cuando en 1956, ante el Parlamento inglés, Winston Churchill afirma que el derrocamiento de Perón “Es el hecho más imporTante para Gran Bretaña, después de la Segunda Guerra”.

El conflicto con la Iglesia Católica

La quema de la bandera durante la marcha de Hábeas Christi el 11 de junio de 1955 fue respondida con la deportación de los obispos Manuel Tato y Ramón Novoa. La crisis había comenzado a profundizarse desde que el 10 de noviembre de 1954  Perón había señalado a monseñor Fermín Lafitte, obispo de Córdoba, de tener acciones conspirativas contra el gobierno naciona, en alusión a sus críticas al proyecto de ley para reformar la Constitucional Nacional a fin de separar la Iglesia del Estado. En una entrevista a la Agencia Reuters refirma:”La Argentina necesita estabilidad. En diez años de esfuerzos conquistó independencia económica y social, figurando hoy entre las naciones más adelantadas. Pero no puede dejar la puerta abierta a injerencias externas en el plano político. Las relaciones de una Iglesia Católica y un Estado deberían ser imagen de los vínculos que unen a un padre con sus hijos. Vela sobre sus primeros pasos; alcanzada la mayoría de edad, se establece una separación”. “El pueblo que libremente me eligió-destaca- que elija también libremente su culto”.
Al proyecto en cuestión se sumaban otros dos de similar efecto urticante para los sectores reaccionarios de la Iglesia: cese de la enseñanza religiosa obligatoria en escuelas públicas y Ley de Divorcio.
Así, los bombardeos de Plaza de Mayo, llevan a un plano más violento la pugna y es por eso que, una vez sofocado el levantamiento del 16 de junio, grupos de manifestantes provocan incendios en varias iglesias céntricas y en la Curia Metropolitana. Hecho que investigaciones posteriores permitieron establecer que esos incendios habían sido obra de grupos masónicos.En la bancada parlamentaria justicialista revistaban, por ejemplo, el cura Virgilio Filippo y Hernán Benítez, a la vez confesor de Evita.
Lo cierto que el Vaticano excomulgó a Perón y otros responsables de su gobierno.
El 16 de junio y luego el 16 de setiembe la consigna Cristo Vence será bandera del sector que encabezaba el general Eduardo Lonardi.

Contradicciones en el radicalismo

La gran conmoción política que produjo el bombardeo de Plaza de Mayo en junio de 1955, reflejó a la vez las contradicciones dentro de las fuerzas políticas mayoritarias. Miguel Angel Zavala Ortiz, dirigente radical de la corriente Unionista, había perdido la conducción nacional partidaria a manos de Arturo Frondizi. De allí que el bloque de diputados nacionales de la UCR expresa  entonces públicamente su repudio por los ataques y deslinda responsabilidades. Pero más tarde, la Convención Nacional , también en un comunicado declara: “La Unión Cívica Radical afirma que la revolución del 16 de junio es producto del Régimen. Mientras no cese el sistema totalitario que lo caracteriza, subsistirán las causas del estallido. Sólo se evitarán con la libertad. Las explicaciones oficiales son incumpletas y falsas...” Y agrega en otro párrafo:”La finalidad de tal supresión (de la libertad) es impedir las reacciones populares ante la corrupción y la crisis económica originada por la política oficial y contra el intento de consumar la entrega del patrimonio y la soberanía de la Nación”.

Deporte y Publicidad

La Prensa, el diario de mayor circulación en aquellos años, reflejaba en sus páginas la realidad del comercio y el deporte de la Argentina.
En aquel 1955 Juan Manuel Fangio con el Mercedes –Flecha de Plata ganaba su tercer campeonato mundial de Fórmula 1, dejando en el camino a su adversario inglés, Stirling Moss. Y un años antes, Pascual Pérez había traído la primera coronal mundial de box para la Argentina. En tanto, el ciclista Jorge Batiz, se consagraba sub campeón mundial en velocidad en pista. Enrique Omar Sívori y Angel Labruna, eran las estrellas de un River Plate que parecía embatible. Así, mientras la fábrica de lavarropas Selmar, ofrecía sus productos en un aviso de cuarto de página, Maple recordaba en otro que era fabricante de muebles clásicos.
“No diga ola, diga Olavina, el mejor aceite” repetía un aviso radial.  “El mejor peinado” quedaba para Glostora, un fijador aceitoso que era el “sponsor” del famoso programa “GlostoraTango Club” con la orquesta típica de Afredo De Angelis. El Fernet Branca ya era “Único en el mundo”. Por fin un aviso con una pareja abriendo la puerta de una enorme heladera, consignaba:”Decididamente General Electric”. A su vez, la Editorial Codex publicitaba su nuevo Diccionario Enciclopédico. Mientras que Campari acompañaba su presentación aconsejando:”Tome un Negroni” brindaba la receta que combinaba, en tercios iguales, vermouth, Dry gin y Campari, con cáscara de limón. En los cines céntricos, el público tenía dos películas argentinas  favoritas. “El último perro” con Hugo del Carril y Nelly Meden, bajo la dirección de Lucas Demare y “El barro humano” que intepretaban Zully Moreno, el mexicano Carlos Moctezuma y el actor Juan José Miguez. Dirigidos por Luis César Amadori.
Entre las películas extranjeras, el estreno resonante era para “Juana de Arco” con Ingrid Bergman y  José Ferrer.Diez años de Peronismo (***) Cuando en 1946 el general Juan Domingo Perón asume la presidencia , el 35 por ciento de las exportaciones de la Argentina eran hacia Gran Bretaña. El resto se  repartía de modo parejo entre  EEUU, Bélgica, Francia, Brasil, Italia, Alemania y los Países Bajos.
Desde el Banco Central hasta las compañías de electricidad y la comercialización de las carnes y los granos eran patrimonio de los grandes monopolios ingleses. Para aquel año la distribución del ingreso neto interno era 45,2 % para los sectores del trabajo. En 1955 esa participación había trepado al 55 %.
Y al cabo de esa década lo realizado era:
1)Nacionalización de la economía. Créditos para la industria, plena ocupación y altos salarios.
2) Aumento del 55 % de la renta nacional. La deuda pública disminuyó del 67 al 57%
3)Casi inexistente dependencia de mercados extranjeros y libertad para comerciar.
4)Participación de la CGT en la vida política a través del parlamento.
5)Derecho a votar de las mujeres.
6) Construcción de grandes centrales hidroeléctricas,y plantas siderúrgicas: San Nicolás,     Río Turbio, Represa del Nihuil, diques, gasoductos, refinerías de petróleo, usinas eléctricas, altos Hornos de Zapla, entre otras obras.
7)Un millón de hectáreas pasaron a ser propiedad de chacareros arrendatarios.
8)Se construyeron 500 mil viviendas para cerca de 5 millones de personas. La    población argentina no llegaba a los 18 millones de habitantes.
9)Se construyeron 8 mil escuelas, mayor cantidad que en toda la historia.  El analfabetismo bajo al 3 % y se creo la Universidad Obrera, luego UTN
10)Dignificación del trabajo: convenciones colectivas de trabajo, aguinaldo, jubilaciones y pensiones para todos los argentinos.
11)Desarrollo de la industria atómica.
12)Se realizaron 76.000 obras públicas.
13)Se repatrió la deuda externa. Mil millones de dólares salían para pago de servicios. Representaban 6 mil millones de pesos y la recaudación del país era de 10 millones. Trabajábamos para el extranjero

(***) “La formación de la conciencia nacional”.  J:J: Hernández Arregui. Bs.As. 1970.

  Por Roberto Muñoz

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