“
Inscribieron
en el imaginario conceptos tales como el de intervencionismo de Estado,
sustitución de importaciones, autonomía y mercados herméticos,
planificación centralizada, regulación
de la vida cotidiana, tanto, como de la actividad económica, y finalmente
supremacía del espacio público sobre el privado. En estas ideas
coincidieron tanto le izquierda como el nacionalismo. Sin embargo no siempre
ni en todo lugar estas dos corrientes políticas se llevaron bien. Alemania
fue un buen ejemplo de los malos entendidos,
en este caso pagó caro la
izquierda. Persecuciones, cárceles y asesinatos obligó al comunismo a
desaparecer de la escena al menos mientras gobernó el Führer.
En
América Latina, de igual modo, el desencuentro fue la constante. Líderes
nacionalistas y populares como Lázaro Cárdenas en México, Vargas en Brasil,
o Victor Paz Estensoro en Bolivia no contaron con el apoyo de la izquierda,
muy por el contrario, contaron con su tenaz oposición.
El
caso argentino fue emblemático. Con Perón la izquierda enfureció. El
caudillo militar los madrugó
tempranamente y llevó adelante un programa
social osado quedándose con su clientela “tradicional”: los obreros.
La
izquierda y el arco progresista hostilizaron a Perón cuanto pudieron.
Ocurrida
Fueron
estos algunos de los conflictos de una época signada por el retroceso del
capitalismo en crisis hostigado por el comunismo.
Las
voces más oídas proclamaban el inminente triunfo del socialismo y el ocaso
definitivo del capitalismo. En este marco transitaron setenta años de
historia reciente.
Como
síntesis podríamos afirmar que durante la etapa mundial de la sustitución
de importaciones, mercados cautivos y fronteras infranqueables, el
nacionalismo y la izquierda a pesar de compartir puntos de vista
disputaron sin acuerdos el poder. Un dirigente comunista, el único que
hizo una revolución que se precie de tal,
miraba el problema de otra manera.
Lenin
afirmaba en 1920 que: “La dominación extranjera impide el libre
desenvolvimiento de las fuerzas económicas. Es por esta razón que su
destrucción es el primer paso de la revolución
en las colonias y es por esto que la ayuda aportada a la destrucción
de la dominación extranjera en las colonias no es, en realidad, una ayuda
aportada al movimiento nacionalista de la burguesía nativa, sino la apertura
del camino para el propio proletariado oprimido”
Al
definir de esta forma, desde la
izquierda, el conflicto mundial (naciones opresoras y naciones oprimidas)
invitaba a quien quisiera oír a replantear el sistema de alianza social en
los países pobres o subdesarrollados. En una palabra y según Lenin en el período
histórico narrado la izquierda podría acompañar el desarrollo del
capitalismo conformado frentes
nacionales, para saltar al socialismo
como etapa superadora en el momento oportuno. Lenín resignificaba al marxismo
al corregir a Marx.
La
izquierda latinoamericana y la argentina, heredera del pensamiento de Justo,
por el contrario, afirmaban que la lucha era definitivamente por el
socialismo, sin alianzas de clases. En consecuencia el peronismo fue su mortal
enemigo.
Esta
discusión llenó páginas en el diccionario de todo buen revolucionario. La década
del
La
década del 80 y la del 90, fin de una época, vio a la vieja
izquierda argentina fusionada al nacionalismo.
En
1989, además y como no podía ser de otra manera, el comunismo desapareció
como alternativa.
Los
tigres Asiáticos demostraban que era posible un crecimiento capitalista con
el apoyo del capital multinacional y
Otros
paradigmas exigen un nuevo esfuerzo intelectual. El
ciclo capitalista abierto en los
El
nacionalismo ya no puede, al menos por algún tiempo, explicar ni solucionar
los problemas actuales.
Por
ello resulta anacrónico y huele a naftalina la energía malgastada por la
izquierda argentina y latinoamericana en Chavez.
De
ninguna manera creo que los debates del 60 hayan persuadido a la izquierda de
sus errores estratégicos, de allí
su nuevo rumbo junto Chavez, por aquello de más vale tarde que nunca.
Por
el contrario me inclino a creer que su novedoso derrotero
es justamente esto: tarde.
El
futuro debe encontrarse hacia delante. Si escuchamos bien a Lenin, en el artículo
citado dice: “La dominación extranjera impide el libre desenvolvimiento de
las fuerzas económicas” Podría ser antes, a comienzos del siglo XX. ¿Es
esto así en la actualidad? ¿puede considerarse dominación extranjera a la
inversión de capital fuera de las metrópolis? ¿Acaso los países pobres no
deseamos mayores inversiones? ¿China no revela un recorrido diferente?. ¿La
globalización no se procesa como fenómeno novedoso?
Se
trata de pensar de nuevo. La vieja izquierda y sus amigos los progresistas de
siempre lo hacen en antiguo.
En
la década del
Claudio
Chaves
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