Domingo 03 de Abril de 2005

LA IZQUIERDA Y EL NACIONALISMO: UNA ALIANZA A DESTIEMPO”


 

La Revolución Rusa   y la crisis del 30´  dieron color y argumento al siglo XX. Impusieron por  el volumen  de los hechos,  valores y principios que se desenvolvieron a lo largo de setenta años hasta oscurecerlo todo, al final del ciclo.

Inscribieron en el imaginario conceptos tales como el de intervencionismo de Estado,  sustitución de importaciones, autonomía y mercados herméticos, planificación centralizada,  regulación de la vida cotidiana, tanto, como de la actividad económica, y finalmente  supremacía del espacio público sobre el privado. En estas ideas coincidieron tanto le izquierda como el nacionalismo. Sin embargo no siempre ni en todo lugar estas dos corrientes políticas se llevaron bien. Alemania fue un buen ejemplo de los malos entendidos,  en este caso  pagó caro la izquierda. Persecuciones, cárceles y asesinatos obligó al comunismo a desaparecer de la escena al menos mientras gobernó el Führer. La Italia de Mussolini fue otro ejemplo similar; el destino carcelario de Grammci puede dar crédito a lo afirmado. En China, el Partido Comunista fue prácticamente aniquilado por el nacionalista Chiang Kai-Shek. En todos los lugares donde se lo mire el fenómeno fue el mismo, el diálogo entre estas dos corrientes fue imposible y entre ellas hubo fuego.

En América Latina, de igual modo, el desencuentro fue la constante. Líderes nacionalistas y populares como Lázaro Cárdenas en México, Vargas en Brasil, o Victor Paz Estensoro en Bolivia no contaron con el apoyo de la izquierda, muy por el contrario, contaron con su tenaz oposición.

El caso argentino fue emblemático. Con Perón la izquierda enfureció. El caudillo militar  los madrugó tempranamente y llevó adelante un  programa social osado quedándose con su clientela “tradicional”: los obreros.

La izquierda y el arco progresista hostilizaron a Perón cuanto pudieron.  Ocurrida la Revolución Libertadora tomaron por asalto universidades, sindicatos, medios de comunicación y el centro de la escena.

Fueron estos algunos de los conflictos de una época signada por el retroceso del capitalismo en crisis hostigado por el  comunismo.

Las voces más oídas proclamaban el inminente triunfo del socialismo y el ocaso definitivo del capitalismo. En este marco transitaron setenta años de historia reciente.

Como síntesis podríamos afirmar que durante la etapa mundial de la sustitución de importaciones, mercados cautivos y fronteras infranqueables, el nacionalismo y la izquierda a pesar de compartir puntos de vista  disputaron sin acuerdos el poder. Un dirigente comunista, el único que hizo una revolución que se precie de tal,  miraba el problema de otra manera.

Lenin afirmaba en 1920 que: “La dominación extranjera impide el libre desenvolvimiento de las fuerzas económicas. Es por esta razón que su destrucción es el primer paso de la revolución  en las colonias y es por esto que la ayuda aportada a la destrucción de la dominación extranjera en las colonias no es, en realidad, una ayuda aportada al movimiento nacionalista de la burguesía nativa, sino la apertura del camino para el propio proletariado oprimido”

Al definir de esta forma, desde  la izquierda, el conflicto mundial (naciones opresoras y naciones oprimidas) invitaba a quien quisiera oír a replantear el sistema de alianza social en los países pobres o subdesarrollados. En una palabra y según Lenin en el período histórico narrado la izquierda podría acompañar el desarrollo del capitalismo  conformado frentes nacionales, para saltar al  socialismo como etapa superadora en el momento oportuno. Lenín resignificaba al marxismo al corregir a Marx.

La izquierda latinoamericana y la argentina, heredera del pensamiento de Justo, por el contrario, afirmaban que la lucha era definitivamente por el socialismo, sin alianzas de clases. En consecuencia el peronismo fue su mortal enemigo.

Esta discusión llenó páginas en el diccionario de todo buen revolucionario. La década del 60’ y el 70’ se engolosinó de marxismo nacional. Finalmente y sobre el ocaso del período abierto en el 30’ la izquierda comprendió tardíamente su error. Llegaba al nacionalismo setenta años tarde, justo cuando se cerraba el ciclo de un capitalismo a la defensiva y culposo para abrirse a un nuevo período de pujanza tan o más floreciente que el del siglo XIX y un formidable salto cualitativo en inversiones, crecimiento económico y avance tecnológico regaba los nuevos tiempos.

La década del 80 y la del 90, fin de una época, vio a la vieja  izquierda argentina fusionada al nacionalismo.

En 1989, además y como no podía ser de otra manera, el comunismo desapareció como alternativa.

Los tigres Asiáticos demostraban que era posible un crecimiento capitalista con el apoyo del capital multinacional y la China ex maoísta revelaba un nuevo comportamiento pro capitalismo con  apoyo de Wall Street. Una nueva etapa se abría.

Otros paradigmas exigen un nuevo esfuerzo intelectual. El  ciclo capitalista abierto en los 80’ destrabó las fronteras y pulverizó los mercados autónomos y cautivos. La libertad como principio inherente al hombre y a la sociedad ganó espacios. Claro a todo este movimiento se lo denomina peyorativamente neoliberalismo. ¡Bueno, que así sea!.

El nacionalismo ya no puede, al menos por algún tiempo, explicar ni solucionar los problemas actuales.

Por ello resulta anacrónico y huele a naftalina la energía malgastada por la izquierda argentina y latinoamericana en Chavez.

De ninguna manera creo que los debates del 60 hayan persuadido a la izquierda de sus  errores estratégicos, de allí su nuevo rumbo junto Chavez, por aquello de más vale tarde que nunca.

Por el contrario me inclino a creer que su novedoso derrotero  es justamente esto: tarde.

El futuro debe encontrarse hacia delante. Si escuchamos bien a Lenin, en el artículo citado dice: “La dominación extranjera impide el libre desenvolvimiento de las fuerzas económicas” Podría ser antes, a comienzos del siglo XX. ¿Es esto así en la actualidad? ¿puede considerarse dominación extranjera a la inversión de capital fuera de las metrópolis? ¿Acaso los países pobres no deseamos mayores inversiones? ¿China no revela un recorrido diferente?. ¿La globalización no se procesa como fenómeno novedoso?

Se trata de pensar de nuevo. La vieja izquierda y sus amigos los progresistas de siempre   lo hacen en antiguo.

En la década del 40’ pensaban como en el siglo XIX y ahora como en el XX.   

Claudio Chaves

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