Domingo 03 de Abril de 2005

DE KEYNES A KIRCHNER

Por Carlos Arbía

En un país donde todavía no están dadas las condiciones necesarias para que se restablezca la inversión privada, porque el Estado violó un gran cantidad de contratos con los particulares, será muy dificil poder pensar en un programa de gobierno que se fundamente en la inversión pública como modelo de crecimiento económico. La historia económica muestra que cuando la República Argentina se inclinó hacia la inversión pública, a través de un mayor gasto del Estado, le fue muy mal; pero en ese entonces había plata en el Estado para financiar esos grandes gastos, ya que la deuda pública no representaba mas del 12% del PBI y el Estado no estaba quebrado como ahora y podía hacer frente a sus gastos. Ahora la situación es diferente, ya que la deuda publica representa un 120% del PBI y será muy difícil que el Estado pueda generar los ingresos suficientes para pagar sólo los intereses de la misma, puesto que no se sabe, por el momento, cómo se renegociará la deuda defaulteada con los acreedores.

Sin embargo, una de las maneras de dilucidar qué es lo que hará en materia económica el gobierno de Néstor Kirchner es comenzar a analizar las ideas que expresaba el economista John Maynard Keynes en su "Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero", un libro que sin dudas ha ejercido una fuerte influencia en la forma de vida de las sociedades modernas capitalistas a partir de su creación en 1936. Entre otras cosas Keynes señalaba que:

  • Las decisiones de ahorro las toman los individuos en función de sus ingresos;
  • Las decisiones de invertir las toman los empresarios en función de sus expectativas;
  • No hay ninguna razón por las cuales el ahorro y la inversión deben coincidir:
  • El Estado puede impedir una caída en la demanda agregada aumentando sus propios gastos, lo que en otras palabras quiere decir un aumento en el gasto público para reactivar la economía.

Pero lo más importante que planteaba Keynes era la presencia de un Estado fuerte que estaba capacitado para comprar mano de obra e inyectar grandes montos de dinero para financiar obra pública frente a un sector privado que estaba muy golpeado financieramente como consecuencia de la crisis de Wall Street de octubre de 1929. El famoso New Deal tuvo que ver con dos componentes: un Estado fuerte y una sociedad muy debilitada.

El panorama de la República Argentina es completamente distinto al de aquel entonces ya que hoy se observa un Estado débil y en default frente a una sociedad golpeada por la crisis financiera de fines de 2001 y principios de 2002. El planteo de focalizarse en un plan de obras públicas y de viviendas para fomentar el crecimiento económico y reducir los niveles de desempleo a través de la creación de un Ministerio de Planificación Federal e Inversión Pública, junto a la posible creación de un Banco Nacional de Desarrollo similar al que tiene Brasil, podría generar un fuerte cambio en el modelo de inversión de la República Argentina, que desde los ‘90 en adelante tuvo como principal impulsor del crecimiento a la inversión privada, y ésto es lo que al parecer será el nuevo modelo kirchnesianismo que se intentará aplicar.

Lo que resulta bastante difícil de comprender es de dónde saldrán los fondos para financiar los proyectos de obra pública y de viviendas por la sencilla razón de que quien debería generar esos fondos es un estado en default. Una de las posibilidades sería utilizar parte del aumento de la recaudación impositiva de este año debido a un mayor ingreso por retenciones del sector exportador. Pero habría que tener en cuenta que el acuerdo cerrado con el FMI tiene en consideración un superávit fiscal primario de 2,5 puntos del PBI o sea unos 7.500 millones de pesos anuales.

Un Estado quebrado como el actual no está en condiciones de aumentar el gasto público a través de un mayor gasto en obras públicas y en la construcción de viviendas salvo que logre mecanismos aptos para financiarlo. Uno de ellos podría ser una asociación con el sector privado, entre los que se deben contar a las constructoras y a los bancos para financiar un plan de estas características, ya que el Estado no está hoy en condiciones de financiarlo.

Es verdad que los gobiernos que antecedieron a Néstor Kirchner nunca cumplieron con su cometido de concretar un Plan de Obras Públicas, primero fue Carlos Menem con el Plan Infraestructura Siglo 21 y después con el Plan Laura; luego Fernando de la Rúa, que prometía unos 20.000 millones de dólares a través del Plan de Infraestructura para el Crecimiento que fogoneaba Nicolás Gallo y tampoco se cumplió. Ahora al parecer el nuevo se llamaría "Plan Posible" y estaría siendo impulsado desde la Cámara Argentina de la Construcción.

Uno de los aspectos que habría que tener presente a la hora de hablar de la obra pública en nuestro país es que desde principios de los ‘60 en adelante uno de los grandes focos de corrupción y donde los grandes grupos económicos nacionales, algunos de los cuales a Néstor Kirchner no le agradan, amasaron grandes fortunas de dinero gracias a los planes de obras públicas que los gobiernos de turno realizaron. Las ganancias fueron espectaculares debido a los altos costos que se presupuestaban y a las escandalosas renegociaciones de contratos que se realizaban en esas épocas.

Públicado en www.exante.com.ar

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