Domingo 03 de Abril de 2005

 

Kirchner, la Iglesia y el Peronismo


Con su ataque a la Iglesia , Kirchner cuelve a probar que es un falso católico y un falso peronista por Carlos Saúl Menem
El ataque del presidente Kirchner contra los católicos acentúa las divisiones en nuestra comunidad y el aislamiento de nuestro país del mundo, actitud que lastima, perjudica y agravia a todos los argentinos, cualesquiera sean sus creencias religiosas.
Digo que el presidente Kirchner ataca a los católicos dado que fue él quien ordenó que se reclamara a la Santa Sede la remoción del obispo castrense Antonio Baseotto, según se dice, debido a la cita de una frase evangélica de Jesucristo contenida en la carta en la que el prelado respondió declaraciones proclives al aborto del ministro de Salud Pública y que el propio ministro hizo pública.
Por lo demás, el odio contra la Iglesia de la actual cúpula gobernante quedó revelada en declaraciones de Hebe de Bonafini, quien a la manera del "Otro Yo del Doctor Merengue" (aquel personaje de Divito que decía con brutal sinceridad lo que su otra personalidad encubría con frases melifluas) dijo desear que Juan Pablo II se queme vivo en el Infierno, reiterando así su condición de apologista de la muerte y su merecimiento a ser  llamada profetisa del odio, por usar una expresión que acuñara Arturo Jauretche.. Hasta que se diga en forma pública lo contrario, es lógico suponer que tan perversos deseos respecto del Santo Padre son compartidos por el actual presidente, dado que él mismo, hablando ante la Asamblea de las Naciones Unidas, se declaró hijo putativo de esa señora y pretendió atribuirnos tal indeseable filiación al resto de los argentinos.
Yo, que sufrí en carne propia la brutal represión de la dictadura que se impuso el 24 de marzo de 1976, adopté la cristiana actitud del perdón hacia quienes me ofendieron por entender que era ese el camino para reconstruir la imprescindible unión de los argentinos.
No es esa la actitud del actual Presidente, pese a que, como escribió un periodista en su columna de hoy, entre 1976 y 1983 él estuvo "dedicado a lucrativos trabajos profesionales o empresarios", lo que hace aún más injustificable su tendencia a reinstalar entre los argentinos un clima de odio y revanchismo.
Es llamativo que este conflicto se produzca faltando pocos días para el 25 de marzo, cuando la Argentina celebra el Día del Niño por Nacer según lo que establecí a través del Decreto Nº 1406 que el 7 de Diciembre de 1998 firmé junto con el siempre recordado Guido Di Tella.
Una celebración que concuerda con las normas de la Constitución y las leyes argentinas, que resguardan el sagrado derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural ya que, como dijimos en los fundamentos de ese Decreto, "la vida, el mayor de los dones, tiene un valor inviolable y una dignidad irrepetible" y "el derecho a la vida no es una cuestión de ideología, ni de religión, sino una emanación de la naturaleza humana".
La defensa del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural para mí fue siempre y sigue siendo un  principio irrenunciable que, por lo demás, se apoya en la número 14 de las 20 Verdades Peronistas en cuanto dice que "el justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humana" y se ajusta a las enseñanzas que nos legaron Juan Domingo Perón y Eva Perón.
De ahí que este enfrentamiento del gobierno con la Iglesia sea una muestra más de que quienes hoy ocupan el Poder Ejecutivo Nacional, así como se dijeron peronistas sin serlo, se dicen católicos sin serlo y a ellos se los debe considerar conforme lo que nos proponía Jesucristo: "por sus hechos los conoceréis".
Finalmente, elevo mi oración a Dios para que bendiga a la Argentina y a todos sus hijos y permita que al comenzar esta Semana Santa nos reencontremos en unión y paz y también le pido al Señor que siga cuidando y protegiendo a nuestro querido Juan Pablo II.


La Rioja, 20 de marzo de 2005, Domingo de Ramos

 

Carlos Saúl Menem

 

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