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El lado de la sombra
Con el relevo de una decena
larga de altos oficiales de la Fuerza Aérea (la mayoría de ellos, héroes de
Malvinas) el presidente Kichner procuró tapar, a través de una decisión
conmocionante, los molestos ruidos que surgen del escándalo de Ezeiza,
bautizado "narKogate" por la revista Noticias.
Sin duda alguna, la decapitación a la altura del torso a la que fue sometida
la Aeronáutica militar produjo un impacto de indudable sonoridad. Pero un
incendio no se apaga con otro y es imposible afirmar hoy que el pase a
retiro de entre diez y quince brigadieres sea una respuesta adecuada a todos
los interrogantes que emanan del contrabando de cocaína a través de la
principal estación aérea de la Argentina.
Lo primero que salta a la vista es que el gobierno recién resolvió actuar
una semana atrás, cuando los hechos adquirieron notoriedad
pública a través de una nota del diario La Nación. Hasta ese momento
–durante cinco meses a partir de ocurridos los hechos desencadenantes- no
hubo reacción alguna.
Recién cuando el delicado asunto tomó estado periodístico la administración
Kirchner comenzó a desplegar un movimiento tan frenético como errático, que
lo llevó a reivindicar un día la eficiencia de la Policía Aeronáutica
Nacional y al día siguiente a decidir una insólita intervención que, en los
hechos, entrañaba una intervención a la Fuerza Aérea, cuyo Jefe de Estado
Mayor quedaba sometido a un papel de irrelevancia. Su relevo (o,
eventualmente, su voluntario paso al costado) podía darse por descontado a
partir de esa notoria desautorización: no queda claro, entonces, por qué el
Presidente demoró la designación de un reemplazante ni por qué somete a éste
al hecho consumado de incorporarse al mando con una dependencia de su arma
sometida a la singular intervención encabezada por un funcionario civil.
Tampoco queda claro por qué el Presidente decidió provocar la extensa
sangría de los mandos de la fuerza en medio de un escándalo vinculado al
contrabando de estupefacientes, circunstancia que inevitablemente proyecta
sospechas sobre todos los que han quedado apartados de la carrera.
El despliegue de acciones de gran repercusión mediática no es raro en un
gobierno que otorga una obsesiva importancia a los titulares de los diarios.
Con todo, lo que hay que explicar es el silencio de cinco meses, durante los
cuales los mecanismos de seguridad del Aeropuerto de Ezeiza permanecieron
tan vulnerables como demostraron estarlo el 16 de septiembre de 2004 (y casi
certeramente antes de esa fecha).
Aquel día fueron despachadas rumbo a Madrid cuatro valijas (dos Eminente y
dos Samsonite), con 60 kilos de cocaína que no fueron controladas ni
siquiera frente al hecho de que no acompañaban a ningún pasajero del vuelo
de la compañía Southern Winds, ni siquiera a partir del dato de que España
es uno de los puertos principales del tráfico de estupefacientes y un
mercado codiciado por los narcos: ocupa el primer puesto europeo de consumo
de cocaína y el tercer
lugar en materia de marihuana y drogas sintététicas como el extasis. Sesenta
kilos de cocaína puestos en ese mercado equivalen a un millón y medio de
euros.
Las maletas, que llevaban adheridas etiquetas con la leyenda "Embajada
Argentina en España", no sólo no fueron controladas por la empresa
especializada contratada por la compañía aérea y aprobada por la Policía
Aeronáutica. Tampoco actuó la sección Drogas de la Policía Aduanera, que en
el último año sólo controló un vuelo de Southern Winds a Madrid.
El 17 de septiembre de 2004, nadie recogió las valijas en el carrousel del
Aeropuerto de Barajas: las autoridades españolas sospechan que ya entonces
el dispositivo del contrabando había fallado pues seguramente estaba
previsto que fueran trasladadas desde el avión al exterior por alguna vía
irregular. La Guadia Civil decomisó el equipaje misterioso y avisó a la
Embajada Argentina. Parece obvio que ya entonces el Estado argentino tuvo
noticias del episodio. La Guardia Civil testimonia que un mes después
"Argentina nos pidió informes sobre el hecho y se los proporcionamos
por mail".
No quedan dudas, pues, de que, inclusive suponiendo que la Embajada en
España no hubiera transmitido adecuadamente las novedades el 17 de
septiembre, a mediados de octubre – hace 120 días- el gobierno tenía
información fehaciente sobre el contrabando.
Por otra parte, el mismo mes en que "Argentina pidió informes", uno de los
titulares de la empresa Southern Winds (con la ayuda de la cual se produjo
el ilícito) presentó reservadamente una denuncia a la Justicia
argentina. Por cierto, es difícil creer que un gobierno que gasta tanto en
servicios de inteligencia y que mantiene una mirada por demás atenta sobre
la Justicia, que controla la Aduana, que ha colocado un hombre de confianza
en la Embajada argentina en Madrid, no tuviera -como mínimo hace cuatro
meses- un cuadro preciso de la gravedad de los hechos.
Si hubiera que suponer esa ignorancia, habría que llegar a la conclusión de
que la purga administrada por el Presidente a la Fuerza Aérea es por lo
menos unilateral: los responsables de esa ignorancia serían muchos más. Si,
en cambio, todas esas instancias informaron adecuadamente, lo que hay que
explicar es por qué el gobierno no tomó medida alguna hasta esta última
semana.
Es en principio el Estado el que tiene la responsabilidad sobre la
seguridad de los aeropuertos, particularmente en materias tan sensibles
como el narcotráfico o el terrorismo.En este caso el Estado tiene
responsabilidades agregadas, ya que Southern Winds, la compañía involucrada
en este episodio, no existiría sin los subsidios que el Estado le otorga
para cubrir la existencia de la línea aérea estatal (LAFSA).
Vientos del Sur
El 15 de agosto de 2003 la agencia de noticias INFOSIC daba cuenta de que
"el Gobierno nacional analizó con el titular de la compañía Southern Winds
(SW), Juan Maggio, la posible fusión de esa empresa con la firma estatal
Líneas Aéreas Federales (Lafsa)". La información agregaba que la empresa
pasaba una situación difícil, soportaba un fuerte déficit ligado a "la
crisis que vive el sector aerocomercial luego de la devaluación con costos
en dólares y pasajes en pesos."
Tres semanas más tarde, la revista especializada Fortuna consignaba que el
acuerdo se había cerrado "en tiempo relámpago". En efecto, el 3 de
septiembre, registran los cables informativos, "con la presencia del
presidente de la Nación, Néstor Kirchner; del Ministro de Planificación,
Julio de Vido; en la Casa de Gobierno, Juan Maggio, presidente de SW, ha
firmado un acuerdo de cooperación empresaria con José Alberto Bidart,
presidente de Líneas Aéreas Federales S.A. (Lafsa)". Por ese acuerdo, SW se
asocia al Estado y recibe vía Lafsa (una compañía que carece de aviones) un
subsidio millonario en dólares. La vinculación con el Estado le reportó a
Southern Winds otros beneficios: consiguió apoyos aquí y en España para, en
tiempo récord, duplicar sus frecuencias a Madrid. Como consigna Aero, un
portal de Internet especialiado en tránsito aéreo, al hacer un balance del
año 2004: SW "crece con la ayuda del gobierno".
La asociación con el gobierno también le sirvió a la compañía para seducir a
nuevos financistas como el empresario Martín Varsavsky, un argentino
establecido en Madrid. Dedicado a la informática y a la imagen, Varsavsky
se ha hecho fama de filántropo sin que esta actividad le impida reconocer
los buenos negocios cuando se presentan. "Con el paraguas que da el gobierno
argentino", le dijo a la revista española Cinco Días, "por fin hay una
oportunidad de negocios en las rutas aéreas en mi país". Varsavasky
aprovechó también la entrevista para describir la política de Néstor
Kirchner: "Es de corte
socialista, no peronista tradicional", aseveró. ¿Tanto vínculo entre SW y
la política aérea del gobierno puede haber incidido en el largo silencio
que cubrió durante cinco meses el episodio de las cuatro valijas (y su
probable ramificación en hechos anteriores?).
En diciembre de 2003 el brigadier Humberto Rozzi, que quiso investigar los
aviones de esa compañía, había sido castigado con el relevo, recordó esta
semana el diario La Nación. La diputada radical Margarita Stolbizer se
pregunta si el gobierno "egañó al Congreso cuando en octubre último mandó
al ministro de Defensa Pampero, al secretario de Transportee (Ricardo
Jaime) y al de Turismo (Eduardo Meyer) a pedir que mantuviéramos el
subsidio a SW pese a saber que estaba involucrada en un caso de
contrabando". Walter Beltrame, el jefe de base de SW en Ezeiza, tras
entregarse a la
Justicia, declaró al magistrado actuante, Carlos Liporace, que en este
asunto existen "otros intereses por sobre la empresa".
Muchos interrogantes, como se ve, que no quedan resueltos con la movida
presidencial sobre la Fuerza Aérea.
Resta saber, por ejemplo, porque la Justicia tardó tanto tiempo en actuar.
Por qué, por ejemplo, en diciembre fue liberado por "falta de mérito" el
jefe de base de SW en Madrid, Claudio Tamburrini, responsable, entre otros
asuntos, del manejo de personas y equipajes en el aeropuerto de Barajas. Al
ser detenido se le secuestraron entre otros efectos personales su
pasaporte, tarjetas de funcionarios de la embajada argentina en España,
una agenda electrónica y un celular. El juez subrogante –informó La Nación-
"no sólo lo dejó en libertad, sino que le devolvió todas las pertenencias,
incluido el pasaporte. Se
sospecha que Tamburrini está ahora muy lejos de la Argentina". Hay quienes
piensan que se encuentra en Suecia, por la coincidencia de su nombre con el
de un filósofo de origen argentino vinculado a la Universidad de Gotemburgo
que, irónicamente, escribe artículos defendiendo el consumo de drogas
inclusive en las actividades deportivas.
En fin queda por averiguar si, así como salió por Ezeiza, la cocaína de las
cuatro maletas (y la que, como supone el juez Liporace, fue traficada antes
por la misma vía) también ingresó por Ezeiza. O, en cualquier caso, cuál fue
la vía de ingreso. Y el lugar de producción. Porque evidentemente son muchas
las puertas mal cuidadas, muchos los intereses crapulosos que perforan la
seguridad de las fronteras argentinas. Y esos problemas no se resuelven con
gestos de resonancia mediática, sino poniendo luz del lado de la sombra.
Jorge Raventos
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