Domingo 03 de Abril de 2005

PACHO O’DONELL EN ESTADO LIQUIDO

 

El antiguo psicólogo de la Revista Humor ha reabierto el consultorio.

Sin ambages ni rodeos, como en las viejas épocas, pero ahora en La Nación, -perseverando al fin se llega-  se ha puesto a opinar sobre aspectos de nuestra historia que cree interpretar inteligentemente.

Con el mismo coraje con que ha abordado personajes, como Rosas, Monteagudo o el  Che, ahora lo hace con el peronismo.

En el artículo de marras denominado “Las máscaras del peronismo en estado puro” ha comenzado un acercamiento, por los flancos, al actual gobierno.

Claro que el psicólogo lo hace ayudado por un artículo redactado hace algunos años por el filósofo duhaldista Silvio Maresca.

Con semejante punto de apoyo asevera: “El peronismo es un movimiento de afirmación nacional en un país crónicamente dependiente que padece de una insubsanable dificultad para definir su identidad. Esa es una de las razones por las que el peronismo nunca pudo o supo explicitar  su ideario, viéndose obligado, por dicha falencia a enmascarar sus intenciones políticas con las ideologías episódicamente dominantes en un mundo siempre regido por poderes ajenos a los nacionales”       

Bien, hasta aquí una parte de las afirmaciones. Veremos seguidamente de que se trata.

No comparto, en absoluto, la idea de los autores acerca de la insubsanable dificultad del país para definir su identidad. Esto es una generalización francamente absurda. El país en abstracto no existe. ¿Acaso el país piensa? ¿Acaso el país habla? 

Sería más útil hablar de  opiniones preponderantes, que pudieran parecer de todos, por lo tanto argentinas, promovidas, en todo caso, por distintos grupos, sociales, políticos o económicos en distintas épocas y circunstancias.

Aceptado esto, entonces, entra a tallar la historia.

Se hace imperioso estudiar y analizar minuciosamente cada uno de los momentos. Así por ejemplo no fue lo mismo la Argentina de Mitre, de Roca, de Irigoyen, de Justo, de Perón, de Aramburu, Videla , Alfonsín, Menem, la Alianza, Duhalde o Kirchner.

En cada uno de estos segmentos hubo visiones de la sociedad y del mundo distintas.  Entre otras cosas porque no abordamos la realidad desde la misma ventana y porque la realidad, por otro lado, cambia. Afirmar entonces que el país a lo largo de su historia no supo afirmar su identidad se da de bruces con la verdad. La Generación de Mayo que promovió los hechos de la Independencia sabía claramente lo que quería y lo buscó. La Generación del Paraná se propuso la Organización Nacional y la creación de una visión criolla de la Argentina y lo logró. Lo mismo podemos decir de la Generación del 80’ y así sucesivamente a lo largo del siglo XX.

Pero lo más grave es cuando afirma que el “peronismo nunca pudo o supo explicitar su ideario”

¿Han leído el filósofo Maresca y el psicólogo Pacho las obras completas de Perón? Se han preocupado, estos autores, por remover los estantes  de librerías y bibliotecas para interiorizarse sobre lo que se ha escrito acerca de la época.

Si después de haberlo hecho siguen creyendo que el peronismo nunca pudo o supo explicitar su ideario estamos frente a un caso de escopeta.

Ahora bien a continuación de estas afirmaciones Pacho se aproxima a la absoluta verdad... de su existencia y su vocación política y entonces asevera:

 “que por esa falencia el peronismo se vio obligado a enmascarar sus intenciones políticas con las ideologías episódicamente dominantes. La máscara de los 40´ con ribetes fascistoides, luego el desarrollismo, el activismo revolucionario y en los noventa el neoliberalismo”

Bien, hasta aquí lo dicho.

Para empezar no más, a Pacho lo conmueve y lo seduce, lo levanta  y lo exalta la visión de “las máscaras”.

La idea de no saber ¿quien se es?, ¿con quien se está?, ¿fidelidad a quién o a qué? es muy personal, muy suya, sensiblemente íntima. Ponerse una careta, colocarse otra y otra y otra no es precisamente el trauma de los argentinos.

Diríamos en lenguaje profesional  una proyección individual a la sociedad.

Es, al mismo tiempo, un disparate señalar  como “ideologías episódicamente dominantes”  al desarrollismo, y luego colocarla sin ruborizarse  al lado del liberalismo, el nacionalismo o el marxismo. ¡Con estos candiles más vale vivir a oscuras!

 

El peronismo ha sido un movimiento político, seguro de si mismo, con plena identidad y capacidad de transformaciones en el sentido de las necesidades argentinas de aquellos años. Fue una alianza social entre el Ejército, el movimiento obrero, el empresariado sustitutivo, sectores medios vinculados al proceso industrial auto centrado y la Iglesia. Para decirlo rápido.

Ese gran frente nacional construido en la década del 40, con conservadores, liberales, nacionalistas, marxistas y tutti cuantti  se desarmó a mediados del 50 y sobrevino el golpe. Perón desde el exilio trató de juntar las piezas para volver, como lo hizo en el 73´. Pero el mundo no era el mismo y la argentina tampoco.

De todos modos siguió pensando en los mismos grupos sociales para reconstruir el frente nacional. Algunos fallaron: las Fuerzas Armadas, y otros se agregaron: los estudiantes “revolucionarios”. Y ya no fue lo mismo. El ciclo se cerró con el golpe de estado del 76. En aquellas épocas las ideologías de moda  preponderantes fueron el nacionalismo y el marxismo. Y Perón tomó de ambas. No fue una máscara fue la esencia para adaptarse.

Llegado Menem al poder el mundo era otro. Atrás quedaban el marxismo y el nacionalismo. El liberalismo se imponía por el peso de los acontecimientos como sistema cosmogónico en condiciones de dar respuestas a las nuevas realidades.

La Argentina también era otra, en consecuencia el peronismo fue diferente, tan distinto que merece llamarse menemismo.

No es una máscara, sencillamente es otra cosa.

La alianza social es distinta, los militares dan pena, los obreros escasean, los empresarios son poderosos y miran al mundo como mercado y los liberales en algunas cosas tenían razón.

Para no abundar en detalles que harían de esta nota algo muy extenso, dejo para otra oportunidad algunos comentarios extras.

 

Claudio Chaves

 

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