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PACHO O’DONELL EN
ESTADO LIQUIDO El antiguo psicólogo de la Revista Humor ha reabierto el
consultorio. Sin ambages ni rodeos, como en las viejas épocas, pero ahora
en La Nación, -perseverando al fin se llega- se ha puesto a opinar sobre
aspectos de nuestra historia que cree interpretar inteligentemente.
Con el mismo coraje con que ha abordado personajes, como
Rosas, Monteagudo o el Che,
ahora lo hace con el peronismo. En el artículo de marras denominado “Las máscaras del
peronismo en estado puro” ha comenzado un acercamiento, por los flancos,
al actual gobierno. Claro que el psicólogo lo hace ayudado por un artículo
redactado hace algunos años por el filósofo duhaldista Silvio
Maresca. Con semejante punto de apoyo asevera: “El peronismo es un
movimiento de afirmación nacional en un país crónicamente dependiente que
padece de una insubsanable dificultad para definir su identidad. Esa es
una de las razones por las que el peronismo nunca pudo o supo
explicitar su ideario,
viéndose obligado, por dicha falencia a enmascarar sus intenciones
políticas con las ideologías episódicamente dominantes en un mundo siempre
regido por poderes ajenos a los nacionales”
Bien, hasta aquí una parte de las afirmaciones. Veremos
seguidamente de que se trata. No comparto, en absoluto, la idea de los autores acerca de
la insubsanable dificultad del país para definir su identidad. Esto es una
generalización francamente absurda. El país en abstracto no existe. ¿Acaso
el país piensa? ¿Acaso el país habla?
Sería más útil hablar de opiniones preponderantes, que
pudieran parecer de todos, por lo tanto argentinas, promovidas, en todo
caso, por distintos grupos, sociales, políticos o económicos en distintas
épocas y circunstancias. Aceptado esto, entonces, entra a tallar la historia.
Se hace imperioso estudiar y analizar minuciosamente cada
uno de los momentos. Así por ejemplo no fue lo mismo la Argentina de
Mitre, de Roca, de Irigoyen, de Justo, de Perón, de Aramburu, Videla ,
Alfonsín, Menem, la Alianza, Duhalde o
Kirchner. En cada uno de estos segmentos hubo visiones de la sociedad
y del mundo distintas. Entre
otras cosas porque no abordamos la realidad desde la misma ventana y
porque la realidad, por otro lado, cambia. Afirmar entonces que el país a
lo largo de su historia no supo afirmar su identidad se da de bruces con
la verdad. La Generación de Mayo que promovió los hechos de la
Independencia sabía claramente lo que quería y lo buscó. La Generación del
Paraná se propuso la Organización Nacional y la creación de una visión
criolla de la Argentina y lo logró. Lo mismo podemos decir de la
Generación del 80’ y así sucesivamente a lo largo del siglo
XX. Pero lo más grave es cuando afirma que el “peronismo nunca
pudo o supo explicitar su ideario” ¿Han leído el filósofo Maresca y el psicólogo Pacho las
obras completas de Perón? Se han preocupado, estos autores, por remover
los estantes de librerías y
bibliotecas para interiorizarse sobre lo que se ha escrito acerca de la
época. Si después de haberlo hecho siguen creyendo que el peronismo
nunca pudo o supo explicitar su ideario estamos frente a un caso de
escopeta. Ahora bien a continuación de estas afirmaciones Pacho se
aproxima a la absoluta verdad... de su existencia y su vocación política y
entonces asevera: “que por esa
falencia el peronismo se vio obligado a enmascarar sus intenciones
políticas con las ideologías episódicamente dominantes. La máscara de los
40´ con ribetes fascistoides, luego el desarrollismo, el activismo
revolucionario y en los noventa el
neoliberalismo” Bien, hasta aquí lo dicho.
Para empezar no más, a Pacho lo conmueve y lo seduce, lo
levanta y lo exalta la visión
de “las máscaras”. La idea de no saber ¿quien se es?, ¿con quien se está?,
¿fidelidad a quién o a qué? es muy personal, muy suya, sensiblemente
íntima. Ponerse una careta, colocarse otra y otra y otra no es
precisamente el trauma de los
argentinos. Diríamos en lenguaje profesional una proyección individual a la
sociedad. Es, al mismo tiempo, un disparate señalar como “ideologías episódicamente
dominantes” al desarrollismo,
y luego colocarla sin ruborizarse
al lado del liberalismo, el nacionalismo o el marxismo. ¡Con estos
candiles más vale vivir a oscuras! El peronismo ha sido un movimiento político, seguro de si
mismo, con plena identidad y capacidad de transformaciones en el sentido
de las necesidades argentinas de aquellos años. Fue una alianza social
entre el Ejército, el movimiento obrero, el empresariado sustitutivo,
sectores medios vinculados al proceso industrial auto centrado y la
Iglesia. Para decirlo rápido. Ese gran frente nacional construido en la década del 40, con
conservadores, liberales, nacionalistas, marxistas y tutti cuantti se desarmó a mediados del 50 y
sobrevino el golpe. Perón desde el exilio trató de juntar las piezas para
volver, como lo hizo en el 73´. Pero el mundo no era el mismo y la
argentina tampoco. De todos modos siguió pensando en los mismos grupos sociales
para reconstruir el frente nacional. Algunos fallaron: las Fuerzas
Armadas, y otros se agregaron: los estudiantes “revolucionarios”. Y ya no
fue lo mismo. El ciclo se cerró con el golpe de estado del 76. En aquellas
épocas las ideologías de moda
preponderantes fueron el nacionalismo y el marxismo. Y Perón tomó
de ambas. No fue una máscara fue la esencia para
adaptarse. Llegado Menem al poder el mundo era otro. Atrás quedaban el
marxismo y el nacionalismo. El liberalismo se imponía por el peso de los
acontecimientos como sistema cosmogónico en condiciones de dar respuestas
a las nuevas realidades. La Argentina también era otra, en consecuencia el peronismo
fue diferente, tan distinto que merece llamarse menemismo.
No es una máscara, sencillamente es otra
cosa. La alianza social es distinta, los militares dan pena, los
obreros escasean, los empresarios son poderosos y miran al mundo como
mercado y los liberales en algunas cosas tenían razón.
Para no abundar en detalles que harían de esta nota algo muy extenso, dejo para otra oportunidad algunos comentarios extras.
Claudio Chaves
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