Domingo 03 de Abril de 2005


 


Este articulo ha sido publicado en Clarín y tiene la firma del columnista de economía del "diario argentino" Daniel Muchnik. Es una muestra clara de como la realidad se impone al velo de Maya tejido por los intereses extra periodísticos y de que manera la prensa se debe reacomodar ante lo evidente. Aunque plagada de eufemismos y medias verdades, la columna es indicativa, dado quién escribe y quién publíca, de una realidad cada vez más difícil de disimular.   


CONTRADICCIONES DEL MODELO ECONÓMICO

 

La clase media, sin "Navidad Feliz"
 

Las medidas para alentar el consumo no compensan la pérdida del poder de compra.
La Argentina tiene hoy una extendida clase media empobrecida. Los especialistas en marketing han aportado investigaciones que aclaran sobre la situación de aquella clase media que fue el orgullo nacional, que motorizó modificaciones políticas, asombrosos aportes culturales y una considerable dosis de sofisticación y consumo.
Los expertos consideran que los productos que se adquieren o los servicios que se usan determinan cuáles son los argentinos que han logrado sobrevivir. Son aun clase media, para ellos, los que tienen, en una amplia variedad, tarjeta de débito (significa que cobran un sueldo seguro), medicina prepaga, veranean sin dificultades y utilizan banda ancha de Internet en su domicilio.
Se calcula que un poco más de la mitad de los pobres —9,3 millones de personas— pertenece a familias de la clase media, que por las sucesivas crisis fueron cayendo bajo la "línea de pobreza". Son los llamados "nuevos pobres", una categoría social que no existía o era muy pequeña antes de los años setenta.
A casi tres años del default, y aunque se detuvo el proceso de "caída libre" en que se encontraba la Argentina, la estructura social no ha variado significativamente. La mayoría de la población, en especial las franjas más bajas, siguen perdiendo participación en el ingreso.
Se da así un fenómeno común en cada crisis. Las franjas más perjudicadas no vuelven a recuperar posiciones. No pueden lograr un equilibrio ni conseguir, tan sólo en una pequeña escala, lo perdido durante el momento pico de las dificultades.
Así pasó en 1975 con el rodrigazo, en 1981/1982 con el derrumbe de la "tablita" de José Martínez de Hoz, en 1989/1990 con la hiperinflación. Y, del mismo modo ocurrió con el Tequila mexicano en 1985 y en 2001 con el derrumbe de la convertibilidad. En este momento, el salario real es inferior al de 2001. El nivel de pobreza es superior al de tres años atrás. El trabajo en negro es mayor al existente a lo largo de los años noventa.
Con cada crisis, la sociedad argentina tuvo un retroceso que las "recuperaciones" posteriores, lamentablemente, no lograron revertir.
Las medidas que se consideraron, como el aguinaldo extra o una suba del salario familiar, constituyen paliativos que ni siguiera rozan la estructura regresiva, la realidad no cambia mucho. Ante todo, porque tendrían un "carácter discrecional".
En muchos casos no sería permanente y responde a una concepción clientelística donde el gobierno de turno reparte algunas extras, en función de una coyuntura de conveniencia política y no en base a una concepción consistente y permanente de reversión social
Desde la devaluación, los jubilados perdieron el 30 por ciento de su poder de compra. Los asalariados registrados, un 20 por ciento y los no registrados y los estatales, mucho más. Ese bache no se compensa con una "Navidad Feliz" sino con medidas efectivas en el campo de los ingresos, de los impuestos y de los gastos. Y con una modificación sustancial de la estructura impositiva.
Pero de todos estos problemas no se habla. La redistribución de los ingresos, la reforma provisional, la injusticia fiscal no figuran en la agenda oficial ni en la de los políticos o en la sociedad argentina.
Se corre el riesgo de perder una coyuntura internacional favorable —tasas bajas, precios de commodities altos, desvalorización del dólar— más un destacado optimismo empresario y unas cuentas fiscales engordadas para dar un giro en el esquema distributivo. En tanto, las ganancias especulativas continúan con la suba de los bonos nuevos y los de post-default.


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