La idea de reeditar las confrontaciones del primer peronismo, olvida que la
comedia es el destino que les espera a los que intentan repetir la historia.
Dice Carlos Marx : “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como
una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse
precisamente a transformarse y transformar las cosas, a crear algo nunca visto,
es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado
, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje”.
Helo aquí a Néstor Kirchner. Vino desde la fría Patagonia a transformar la
política, a construir transversalmente un nuevo mapa de representación que
incluyera a todas las expresión de la sociedad civil que habían emergido durante
la crisis del 2001, a trabajar entre todos los argentinos de buena voluntad por
una Argentina nueva y feliz, por un país en serio.
Y aquí lo tenemos. Inventando enemigos para tapar sus errores de gestión,
creando nuevos conflictos para esconder los problemas que él mismo creó,
obligando a la sociedad a optar entre dilemas ideológicos falsos y alejados de
toda realidad. Después de fracasar con el “Patria sí, colonia no” que pocos
ciudadanos menores de 40 años comprendieron, la emprendió con los golpistas
aliados de Cecilia Pando y, como tampoco resultó, ahora resulta que estamos
frente a la presencia rediviva de la Unión Democrática: clase media, campo e
Iglesia contra el gobierno popular. Igualito al 55. Pero en lugar de ejército,
el diario Clarín y los generales multimediáticos, incluyendo a Hermenegildo
Sábat, por supuesto, y ahora también a Ernesto Tenembaum. Y lo peor de todo, es
que hay quienes lo creen. Es decir, de verdad hay gente que está convencida de
que la Patria se encuentra ante un verdadero punto de inflexión, algo así como
un Liberación y Dependencia del Siglo XXI, sin Fidel Castro ni el Che, tampoco
Cardoso y Faleto, pero sí con la compañía de Hugo Moyano.
Dice Marx: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes
de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó
de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”.
Es evidente que estamos en la etapa de la comedia. Y sería para morirse de risa,
sino fuera porque el intento de polarizar y enfrentar a sectores de la sociedad,
deja tan azorado al conjunto de la población que asiste inerme a un espectáculo
que no comprende, que provoca tristeza. No es verdad que de un lado están los
que quieren redistribuir la riqueza y del otro los que protestan porque quieren
ganar más. Si este es un partido donde de un lado están los buenos y del otro
los malos, puedo asegurar que entre los buenos hay quienes sólo les interesa la
política para enriquecerse y entre los malos hay quienes sólo les interesa la
política para promover democracia real.
No aclares que oscurece
Pero igual, es innecesario aclarar nada. Las visiones simplistas de la sociedad
están perimidas hace tiempo en el mundo, incluso en la Argentina, aunque a veces
parece que es posible colocarnos fuera de él. Estamos en este mundo, y las
mayorías y minorías -silenciosas o ruidosas- no son representaciones únicas ni
simples. Las sociedades son diversas, complejas, tienen muchas caras como los
prismas, y resisten las visiones maniqueas, formas de ver el mundo que quedaron
muy atrás en los tiempos.
Es evidente que como Kirchner no sabe cómo salir de la encerrona que él mismo se
creó por buscar inventar la pólvora, creer que sabe de economía y pretender
tapar la inflación con métodos de una rusticidad propia de tiempos pre-capitalistas,
necesita construir dragones en la imaginación de la gente que justifiquen los
problemas que se hacen cada vez más presentes en la vida cotidiana de los
argentinos.
Los espíritus del pasado, al decir del Marx que publicó en 1869 “El 18 Brumario
de Luis Bonaparte”, vienen a auxiliar con sus respuestas conocidas un presente
que no se deja conducir fácilmente, que filtra ríos de relatos no domesticados a
la mirada oficial por los medios de comunicación.
Porque, finalmente, de eso se trata. Al pretender subordinar cada baldosa de
provincia, al enojarse por la imagen de los “piquetes de la abundancia” que vé
por TN, lo que se esconde es la frustración que le produce la realidad, que no
se domestica. Porque del mismo modo que para Kirchner el problema no es la
inflación, sino el índice que refleja el INDEC; el problema no es la realidad,
sino lo que aparece en la tele, que le muestra lo que no ve ni quiere que nadie
vea porque no existe. Y si existe –si se ve- es porque un interés contra el
gobierno popular se cierne oscuro, y es necesario desenmascararlo.
Kirchner como Luis Bonaparte
De locos. Y sigo con Marx. “Acosado por las exigencias contradictorias de su
situación y al mismo tiempo obligado como un prestidigitador a atraer hacia sí,
mediante sorpresas constantes, las miradas del público, como hacia el sustituto
de Napoleón, y por tanto a ejecutar todos los días un golpe de Estado en
miniatura, Bonaparte lleva el caos a toda la economía burguesa, y engendra una
verdadera anarquía en nombre del orden”.
Kirchner no es Perón. Hasta hace poco, incluso, había dirigentes que dudaban del
peronismo del ex presidente, porque jamás reinvindicaba las míticas figuras de
sus fundadores ni mucho menos sus rituales. Sin embargo, apela a los fantasmas
que agitó Perón y que lo dejó sin ninguna otra salida que el exilio, tal vez
esperando que la historia –aquí- no se repita, y Cristina pueda terminar en paz
su mandato y, tal vez, hasta sucederla.
Vaya a saber cómo termina todo esta dramatización de la realidad, que sería
mucho más digerible si se respetaran leyes sencillas de la vida económica que
funcionan en los países de las ideologías más diversas, como que la mayor
producción viene de la mano de la mayor rentabilidad o que las mejores
inversiones se hacen allí donde se espera generar más ingresos.
¿Estrategias?
Algunos se preguntan si en la obsecación de Kirchner por pretender que la gente
siembre trigo o producir carne aunque pierda plata se esconde el interés de
fundirlos para luego expropiar la tierra o simplemente un profundo
desconocimiento sobre las más elementales reglas de funcionamiento de la
economía en mercados abiertos y competitivos, que quiere ignorar para inventar
vaya a saber qué cosa, así él puede manejar todo y hasta dormir tranquilo alguna
vez.
¿Dejarán los Kirchner, cuando se vayan del poder, una sociedad feliz, integrada,
fortalecida en su identidad? ¿O dejarán una sociedad enojada, enfrentada,
cansada de existir?
No es desde acá que podremos dar una respuesta a semejante interrogante. Pero
una cosa sí podemos asegurar, tomando los análisis de Marx para los sucesos
revolucionarios de Francia entre 1848 y 1851: este modelo “engendra una
verdadera anarquía en nombre del orden, despojando al mismo tiempo a toda la
máquina del Estado del halo de santidad, profanándola, haciéndola a la par
asquerosa y ridícula”
Silvia Mercado
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