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Panorama
político nacional de los últimos siete días
Recuperar el Peronismo es recuperar la Historia y volver al
Futuro
Hay analistas políticos, representantes de la oposición –y
también compañeros justicialistas- que sostienen que en la actualidad "sigue
habiendo peronistas, pero ya no hay peronismo". Muchos de ellos no aluden sólo
a la parálisis partidaria o a una situación coyuntural; van más allá, lo afirman
en un sentido más profundo. Dicen que el peronismo no existe más porque
desaparecieron las condiciones que le dieron nacimiento en los años 40.
En efecto, el peronismo irrumpió a mediados de los 40 en las
condiciones del proceso de industrialización sustitutiva desarrollado a partir
de la crisis del 30 y de la segunda guerra, como expresión de un bloque
histórico que articulaba entonces al ejército, a la nueva clase obrera, a la
incipiente burguesía industrial sustitutiva y a sectores populares del interior
profundo. Y es evidente que la Argentina que vio nacer al peronismo, tanto
como la Argentina en la que el peronismo creció y se desarrolló han dejado de
existir.
Más aún: no sólo la Argentina es otra, también el mundo es otro:
no es el mundo de Yalta, no es el mundo de la guerra fría. Es el mundo de la
globalización , aunque ni siquiera es ya el mundo globalizado tal como lo
vivimos en la última década del siglo XX, el que vivió la caída del Muro y la
desaparición de la Unión Soviética.
La pregunta es si un movimiento nacido en muy distintas
circunstancias históricas puede sobrevivir esas condiciones, cambiar de piel y
adaptarse a un mundo distinto. Si puede animar y articular (o articularse) en un
bloque histórico diferente de aquél que expresó originalmente. Es decir, si
puede jugar un papel significativo en las tareas que la nación afronta para
existir en el mundo nuevo.
Un caso a tomar en cuenta –no el único, pero si uno muy relevante
– es el del Partido Comunista Chino, que fue capaz de conducir una revolución
patriótica basada en la fuerza del campesinado para transformarse, en las
últimas décadas, en la tendencia que lidera la incorporación activa de la
República Popular al proceso de globalización y de integración mundial.
En ese proceso, el PC chino se concibe hoy no sólo, como en el
pasado, expresión de las masas obreras y campesinas, sino de un bloque histórico
que incluye a las "fuerzas económicas avanzadas" (rubro que describe a un
amplísimo sector de la burguesía emergente) y a las "fuerzas culturales
avanzadas", es decir a la "intelectualidad orgánica" que constituye la bisagra
necesaria del bloque con la sociedad del conocimiento.
Los grandes movimientos nacionales están obligados a hacerse
cargo de los resultados de las transformaciones que protagonizan …y también de
las que están determinadas por el movimiento de la época, de la tecnología y del
relacionamiento mundial. En realidad, los grandes movimientos nacionales
perduran y son instrumentos de los pueblos cuando son capaces, como decía Perón,
de "producir una montura para poder cabalgar la evolución y seguirla".
Por definición, una idea que establezca la identidad de un
movimiento en términos de un momento dado de su propia evolución y de la
evolución de la Argentina fatalmente lleva a la conclusión de que, desaparecidas
las circunstancias, ese movimiento está muerto.
Un corolario patético de esa conclusión es el intento de
reproducir anacrónicamente, y a contrapelo de la evolución, las condiciones
originales. A veces esa postura, técnicamente reaccionaria, se viste de
progresismo y puede pretender fabricar una burguesía nacional a fuerza de
subsidios mientras califica como oligarquía a sectores capitalistas modernos y
competitivos y desempolva conflictos y conceptos propios de la segunda guerra o
de la guerra fría como si se trataran de la piedra filosofal.
Para Perón la conducción no consistía en la repetición de
fórmulas viejas ante circunstancias nuevas, sino en la creación, en la capacidad
de comprender las tendencias centrales de la evolución y promover los cambios de
comprensión y de organización indispensables para adaptarse creativamente a esa
evolución y adelantarse a ella, tratando de no ser víctima pasiva, sino
partícipe activo y socio de esa evolución en la tarea de darle equilibrio y
justicia.
En tal sentido, más que quedar esclavo de fórmulas que fueron
"montura" en otra situación, es preciso comprender cuáles son las tendencias
actuales para adelantarse a ellas, adaptarse y contribuir a liderarlas.
Hoy, en momentos en que el mundo se alarma por una persistente
crisis alimentaria y cuando el mercado mundial se transforma y amplía por la
presencia de grandes demandantes como China e India, que inducen la elevación
persistente de los precios de los alimentos, en la Argentina se hace visible una
nueva burguesía nacional, cuyo núcleo básico es la cadena agroalimentaria, que
no es el fruto del proteccionismo estatal, sino el resultado de un largo proceso
de reconversión empresaria, acumulación económica, innovación tecnológica y
apertura cultural que la convierten en el sector más internacionalmente
competitivo de la Argentina. Simultáneamente, la cadena agroalimentaria se
constituye en la principal fuente de empleo: incluye al 34 por ciento de la
población económicamente activa de la Argentina; crecen sectores asalariados y
de trabajadores independientes ligados directamente a las actividades del
complejo agroindustrial, a ramas de industria y servicios que articulan con él o
son tributarias de su desarrollo. Reflejo de esas mutaciones, la Unión Argentina
de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) se ha transformado en la segunda
organización sindical en número de afiliados.
Esta nueva realidad se encuentra encorsetada por políticas y
estructuras viejas, por un sistema hegemónico hipercentralista que succiona
recursos de todas las provincias y ha provocado la rebelión de toda la Argentina
interior. Es preciso darle expresión política a esa potencialidad a través de un
nuevo bloque histórico, que articule políticamente las fuerzas y capacidades de
esos sectores, las demandas de la Argentina interior, la necesidad de
vincularnos activamente al mundo, desarrollar las capacidades de nuestra
integración a la sociedad del conocimiento y abrir una perspectiva de redención
a amplísimos sectores del pueblo argentino empobrecidos y subalternizados.
El peronismo no es un club de la nostalgia: así como pudo
articular el bloque histórico partero de la sociedad industrial de masas, está
en condiciones de actuar protagónicamente en esta nueva etapa, esta "tercera
ola", que reclama vinculación activa a la globalización (continentalismo y
universalismo), federalismo, democratización y descentralización del Estado, en
asociación con las clases más dinámicas de la Argentina agroindustrial y como
nexo de contención y confianza con los sectores sociales más activos de las
grandes urbes y los suburbios industriales, que constituyen su sustrato
histórico.
Puede hacerlo, en primer lugar, porque ya está inmerso en ese
movimiento, como lo reveló la participación de centenares de intendentes y
cuadros políticos, de gobernadores, diputados y senadores en la lucha del campo
y la Argentina interior.
Puede hacerlo, además y decisivamente, porque se apoya en el
pensamiento de Perón, en las bases estratégicas de ese pensamiento: en sus
grandes aportes sobre la integración mundial, sobre el universalismo, sobre la
integración continental; en su pensamiento sobre la ventaja estratégica que
representa para el país y la región la capacidad de producir económicamente
agroalimentos, condición para ser "los ricos del futuro". En su concepción
acerca de un estado descentralizado y del protagonismo de las organizaciones
libres del pueblo.
Con esos instrumentos es posible hoy dar lo que Perón llamaba la
lucha por la Idea. Precisamente porque el peronismo fue la expresión de la
irrupción revolucionaria de la Argentina industrial es el que está en las
mejores condiciones para afirmar hoy que una Argentina desarrollada debe
apoyarse en la capacidad competitiva del sector agroalimentario.
El peronismo debe fulminar la idea simplista y bárbara de que
talleres donde se hacinan decenas de trabajadores argentinos e inmigrantes para
producir indumentaria subsidiada son mejor expresión de desarrollo y modernidad
que un pellet de soja o una semilla transgénica o representan algo más
peronista, más "nacional" o más avanzado que el trabajo de los peones rurales
, que un feed lot o una cosechadora computarizada.
Y debe enfrentar la tendencia reaccionaria que intenta usar las
banderas del 17 de octubre de 1945 para oponerse al nuevo bloque histórico que
proyecta las divisas del pasado hacia la Arghentina y el mundo del siglo XXI.
Las tareas que tiene por delante el nuevo bloque histórico (cuyos
ejes virtuales son el peronismo y el campo aunque por cierto no se agota en
ellos) recogen las banderas del presente y del pasado: economía productiva,
justicia social, federalismo, descentralización, vinculación al mundo,
integración nacional, pleno desarrollo territorial.
La lucha por la idea es parte sustancial de la tarea de apartar
el obstáculo entre lo actual y lo posible, para asumir la oportunidad
histórica. Recuperar el peronismo es recuperar la Historia y el Futuro.
Jorge Raventos
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