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Ya fue comido el fruto de la estación pasada
Y, saciada, la bestia pateará el cubo vacío.
Pues las palabras del año que pasó
pertenecen al idioma del año que pasó
Y las del año próximo aguardan otras voces.
T.S. Eliot, Cuatro Cuartetos,
4, II
Diez días y una eternidad
atrás, en aquel acto del PJ en el estadio de Almagro donde calló Néstor Kirchner
y su esposa exhibió por un instante el ramo de olivo, el oficialismo inició un
repliegue táctico que, en rigor, procuraba envolver y quebrar la unidad de las
entidades ruralistas, desmovilizar la pueblada de la Argentina interior y, sobre
todo, desactivar la convocatoria del campo al acto del 25 de Mayo ante el
Monumento a la Bandera, en Rosario.
El discurso de la señora de
Kirchner y el silencio de su marido fueron asumidos por muchos analistas como
una señal unívoca de súbita sensatez gubernamental; puesto que parecía haber
ocurrido ese milagro, una fuerte presión se ejerció entonces sobre el movimiento
campesino para que no dejara pasar la aparente oportunidad de un diálogo
civilizado. Esa presión no era sólo fruto de la fatiga, sino de la preocupación
que se registraba en centros nerviosos del sistema de negocios ante la
retracción de la actividad y a la tendencia en alza en todo el país al retiro de
depósitos de los bancos y a la compra de dólares, clásico recurso en
situaciones de inseguridad. La amenaza de que entraran en acción las
formaciones especiales kirchneristas que comanda Luis D'Elía incrementaban
los temores de violencia y las ansias de un urgente arreglo.
El gobierno procuró utilizar
ese desasosiego empresarial en beneficio propio: impulsó pronunciamientos de
organizaciones no agrarias, negoció treguas con algunos sectores influyentes y
trató de derivar toda la presión sobre el campo. "El oficialismo – se advertía
aquí una semana atrás- alentó la ilusión de que de inmediato, después de ese
complicado uno-dos , izquierda y derecha, propinado por D'Elía y la
Señora, se produciría el abandono del adversario". Esa ilusión no se consumó:
el campo anunció el lunes 19 y abrió el miércoles 21 un paréntesis en las
medidas de fuerza para facilitar las negociaciones, pero lo hizo reclamando que
se tratara de una buena vez el tema disparador del conflicto, las famosas
retenciones móviles impuestas el 11 de marzo. Aclaró además que en ningún caso
suspendería su acto en Rosario.
El
gobierno no había conseguido quebrar la unidad de las entidades rurales, ni
disuadir al campo de manifestar masivamente el 25 de Mayo. Tan pronto como
constató ese fracaso, el elenco oficial volvió a empacarse. Así , el jueves
22 montó un acto repetido: el jefe de gabinete escenificó para las cámaras su
cordialidad con los representantes del campo y enseguida, a puertas cerradas,
pospuso una vez más el debate de las retenciones. Ahora es muy improbable
que el numerito pueda reiterarse: es difícil que el campo acepte sentarse a
solas con representantes del gobierno central: exigirá, en todo caso,
mediadores y testigos, trátese de la Iglesia, que en su momento ofreció sus
servicios, o de gobernadores: varios de ellos, y de diferentes banderías,
también lo han hecho.
El
retroceso táctico dictado por Néstor Kirchner una semana antes no sirvió de
nada: el gobierno ha vuelto a encerrarse en su burbuja, una obstinación que
tiene un costo. El viernes volvieron a caer los bonos, se reiteraron las
operaciones con papeles y acciones que permiten sacar divisas del país sin
interferencia oficial, los bancos perdieron casi 1.000 millones de pesos de
depósitos y renació la demanda de dólares, lo que obligó al Banco Central, como
había ocurrido la semana anterior, a deshacerse de reservas. En una Bolsa que
se mostraba en baja, se destacaba la caída de acciones de bancos, como el
Galicia y el Macro.
La
inflación y la pobreza que el INDEC dibuja pero la sociedad sufre sin maquillaje
son otros tantos costos.
Y las encuestas de opinión
pública son otro registro de quebrantos para el gobierno. Según la última
muestra nacional realizada por la prestigiosa firma Poliarquía, por ejemplo, la
imagen positiva de la señora de Kirchner experimentó en lo que va del año 2008
una caída de 30 puntos, 10 de los cuales se perdieron durante el mes de abril,
es decir, en el clímax del conflicto con el campo. Actualmente sólo 26 de cada
100 personas tiene un juicio favorable sobre la presidente, mientras 34 de cada
100 la evalúan negativamente: las opiniones desfavorables crecieron un 20 por
ciento desde enero. El esposo de la presidente, que durante años se ha
alimentado de encuestas, hoy las descalifica como "truchas". Tal vez ahora le
encargue al INDEC sus estudios de opinión pública.
Néstor Kirchner sigue
convencido de que aflojar frente a la pueblada de la Argentina interior dejaría
al gobierno de su familia definitivamente debilitado. Probablemente no le falte
razón. En cualquier caso, su apuesta por tensar el conflicto tampoco carece de
riesgos. Es cierto que el estilo áspero y confrontativo del oficialismo muchas
veces intimida e inmoviliza a sus adversarios , pero en las últimas semanas, si
bien tuvo influencia sobre algunos sectores que se colocan a los costados del
conflicto central, esa táctica no consiguió inmovilizar o aislar al campo. Más
bien a la inversa, ha sido en las filas oficialistas donde se notaron
deserciones, vacilaciones y dudas hamletianas. Los rasgos rígidos e
hipercentralistas de manejo del kirchnerismo empiezan a ser cuestionados. El
bloque de diputados del Frente por la Victoria ya padece sangrías y está a punto
de partirse formalmente. Muchos hombres que todavía no se animan a hablar en
voz alta consideran que la Casa Rosada no sabe cómo salir del atolladero, no
tiene políticas y abusa de las consignas. Y a veces, ni siquiera se consideran
plausibles las consignas. Una docena de intendentes de zonas rurales bonaerenses
electos por el Frente por la Victoria fueron convocados por el secretario
general de la Presidencia, Oscar Parrilli y el Director de Análisis Político de
la Unidad Presidente, Juan Carlos Sereno: se trataba de bajarles línea,
inyectarles optimismo y reclamarles ayuda para trasladar gente al acto de
Salta, donde habla el 25 la señora de Kirchner. Los alcaldes, algunos de los
cuales sufrieron en sus ciudades el cuestionamiento de los productores y los
vecinos, y hasta la toma de locales municipales, pese a una charla extensa
expresaron con reiteración sus dudas. Como para convencerlos definitivamente,
el Director de Análisis Político de la Unidad Presidente les dijo entonces con
la mayor seriedad: "En el Horóscopo Chino, 2008 es el año de la Rata de Tierra
y Cristina es Serpiente de Agua. Hay gran complementariedad. A Cristina le va a
ir todo fenómeno este año". Pese al vaticinio, los intendentes regresaron a sus
pueblos intranquilos y difícilmente empleen ese argumento para convencer a sus
vecinos. Algunos probablemente abandonen pronto el oficialismo.
Un
kirchnerista de vara alta explica así la estrategia de su jefe máximo: "Es
obvio que si acuerda con el campo se debilita y eso no se lo puede permitir,
porque no sólo se lo comen los adversarios, sino que se le suben a la nariz
hasta los que hoy están enrolados como propios. Néstor no tiene cartas como
para elegir un juego entre varios: si no quiere entregarse, está obligado tensar
y agrupar a su alrededor a los disciplinados, a los obedientes, a los que no
dudan. La confrontación fortalece a los propios, les da musculatura a tus
soldados. El gobierno tiene que resistir y pasar esta crisis con esos elementos.
Si lo hace, después vienen las elecciones del 2009 y todo lo que hoy muestran
las encuestas y lo que se esconde detrás de las columnas del campo se
disgregará. Entonces les ganamos las elecciones con una fuerza vigorosa y
unificada. Nosotros somos el gobierno y la oposición política no existe".
Proyectarse a las elecciones del 2009 puede ser una señal de extremo optimismo o
de desesperación ante el presente. Para los comicios programados faltan muchos
meses aún, en cambio es ahora cuando hay que dar soluciones a un país que esta
revuelto, tenso y polarizado y hay que dar respuestas a una economía que muestra
síntomas de alarma, a una producción que no ve señales claras, a una sociedad
que parece haber dejado de creer en el gobierno, y a un mundo que parece haber
dejado de creer en la Argentina.
En
cualquier caso, se adhiera o no a aquella visión que nutre al oficialismo, lo
cierto es que los Kirchner han estado en condiciones de imponerla a la Argentina
durante todos estos años, y así hemos llegado a este mes de mayo. De hecho, los
actos que este domingo se desarrollarán en Salta y en Rosario son una metáfora
del conflicto y, como señalamos en este espacio, "esa tensión no está
determinada por un capricho, sino por circunstancias objetivas", por lo que "no
puede considerarse equilibrada una equidistancia entre ambos bandos; todo
compromiso entre ellos es de vida corta, una mera postergación de la hora de la
verdad. Es preferible hacerse cargo del conflicto y ponerse del lado que cada
uno prefiera".
El campo
se ha convertido en el emergente de un reclamo de equidad, pluralismo,
democracia y federalismo; el gobierno aplica en la política y en la economía
una regla centralista y confiscatoria; necesita desafiar los hechos y los datos
de la realidad cuando ellos no caben en su propio "relato", el discurso del
poder; su conducta no reside en admitir conflictos circunstanciales sino en
estimular como estrategia la confrontación permanente. Con ese comportamiento
gobernó cuatro años,así triunfó el año pasado. Habrá que ver si lo que funcionó
hasta el año pasado es útil ahora y en el futuro. O si se precisan nuevas
palabras, nuevas voces.
Jorge Raventos
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