PANORAMA-ECONÓMICO OTRO INFARTO
BUENOS AIRES, ago 4 (DyN) - El tipo de cambio elevado implica que grandes sectores de la economía -fundamentalmente aquellos que producen bienes y servicios no transables-, transfieran recursos hacia aquellos agentes económicos vinculados al comercio exterior.Pero, en rigor, no sólo esto ocurre. La persistencia de aplicar retenciones a las exportaciones hace que ese beneficio de una
paridad cambiaria elevada sea compartido con el Fisco que lo utiliza para financiar gasto público improductivo o lo aplica al pago de
subsidios a distintos sectores, de los cuales nunca rinde cuentas.
En el trasfondo, el dólar en torno de los 3 pesos o la convertibilidad ficticia 3 a 1 conlleva a un encarecimiento de los costos
de producción que se traduce en inflación y en indexación de la economía y de la deuda pública.
La inflación se está comiendo los bolsillos de la población de una manera acelerada ante la desidia del gobierno que asiste como
espectador de lujo.
Esa caja de conversión ficta obliga a que el Banco Central tenga que imprimir pesos para comprar todos los dólares que ofrece el
mercado y los exportadores. De esa forma, se retroalimenta la espiral inflacionaria aunque ésta no sea la principal fuente
tributaria de la escalada de precios.
Hoy, la inflación en la Argentina vino para quedarse porque a diferencia de otras épocas, en que la inflación se originaba en
una fuerte expansión monetaria, este proceso obedece a una falla estructural de la economía en la que la oferta agregada resulta
insuficiente.
Esa carencia hay que buscarla en la definición de la política económica oficial. Antes con controles monetarios, básicamente con
el manejo de las tasas de interés se podía amortiguar la suba de precios. En la actualidad, eso no sólo no soluciona el problema
sino que desalienta la inversión productiva.
En efecto, la inflación responde a la falta de inversiones y este fenómeno a una política económica que desalienta las
inversiones ya sea por una fuerte presión fiscal, elevados costos de producción o fomento a otras formas rentabilidad, como las colocaciones
financieras.
"Por más que haya algunos cuellos de botella en determinados sectores, para qué vamos a invertir si compramos bonos indexados
con los cuales en un mes, ganamos el 20 por ciento y como el dólar no se mueve esa ganancia la podés hacer en verdes. Además esos
mismos bonos están rindiendo casi un 18 por ciento en un año también en verdes. Si el gobierno sigue manteniendo el dólar a 3 pesos, las
ganancias serán siderales sin mover un solo dedo y sin arriesgar nada. De algo estoy seguro, en este contexto y con estas condiciones, nadie va a invertir en fierros. Pero más allá del buen negocio, no sé quien va a pagar todo esto", reflexionaba un veterano empresario.
Si la inflación ya molesta y se empiezan a contabilizar costos, de no cambiar la situación actual, la economía se aproxima a una
nueva situación traumática. Más aún, cuando algunas variables como precios, tarifas y salarios se alineen con
el dólar.
En la city porteña se puede escuchar a muchos analistas y asesores económicos aconsejar a sus clientes a tomar posiciones de
reserva y a disminuir los riesgos. Las señales van en ese mismo sentido. Aumento del gasto público y potenciación del costo de la deuda
pública son los principales factores de preocupación.
El mercado lanzó una fuerte advertencia al gobierno esta semana al exigir una mayor tasa de interés para prestar su capital al
Estado. Tanto en la licitación de LEBAC y NOBAC como en la de BODEN 2012, el Estado se vio obligado a rechazar fondos para no
convalidar una suba en la tasa de interés. Esto puede sonar como una fortaleza del gobierno frente a las apetencias del mercado pero en
realidad es un síntoma de extremo cuidado puesto que si las autoridades no logran absorber los fondos necesarios, no sólo se va a
quedar sin financiamiento sino que el efecto de aceleración monetario hará estragos en la economía.
Como puede apreciarse, mantener un tipo de cambio alto obliga a elevar las tasas de interés lo cual produce un enfriamiento de
la economía y para evitar que la economía entre al freezer, es necesario tener un tipo de cambio elevado que logre mejorar los
términos de intercambio y licue los costos y los pasivos. Esto en poco tiempo más va a desatar una carrera entre el dólar y las tasas de
interés y si no se corrige va a llevar al país hacia otro abismo.
La política de mantener un tipo de cambio alto como le gusta decir al oficialismo regente, va cobrando consecuencias cada vez
más funestas para toda la sociedad que más tarde o más temprano asistirá a un infarto de la economía.
por Miguel Ángel Rouco
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