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Con ese cántico concluyó la sesión en la Cámara de
Diputados luego que el kirchnerismo alcanzara la mayoría simple para aprobar la
ley contra el agro. Las barras “bravas” desde los balcones y las galerías
superiores del Congreso de la Nación con banderas estampadas con el rostro del
Che Guevara y la estrella roja montoneril se agitaban frenéticas al ritmo de un
cancionero paleolítico. Los Diputados del poder agitaban sus brazos para
redoblar el entusiasmo y sumarse al coro estrafalario de una Argentina pretérita
y fantasmática que nos retrotrae a paradigmas y contradicciones vagamente
recordadas.
Ciento veintinueve diputados provenientes, la mayoría de
ellos, de listas sábanas. Colocados a dedo por el mandón de turno comprendieron
cabalmente donde estaba el poder. Kirchner se los advirtió desde la UOM. El
poder está arriba, en el Estado, no en el pueblo a quien ellos representan.
Si los Diputados de las grandes ciudades y municipios
hubieran escuchado los cacerolazos otra hubiese sido su elección.
Llegados a ese punto ya es tarde para ellos. La ruptura de
las ciudades con el poder los obliga a acompañar al matrimonio gobernante,
incluso, hasta el interior del cementerio. Que en paz descansen.
¿Fue la orden del mandón lo que los sedujo al voto? ¿La
salvaguarda de las instituciones que los salvaguarda a ellos? ¿Las canonjías y
prebendas de una oligarquía política al servicio de clientes?
Es cierto que hay pequeñas cosas que pueden más que una
yunta de bueyes (con perdón del ejemplo). Cuando me refiero a pequeñas cosas lo
hago en el sentido del Groucho Marx, una pequeña fortuna, un pequeño yate, una
pequeña mansión. ¿Ha sido el resguardo del patrimonio personal la razón de su
voto?
¿La estabilidad institucional de su provincia por la
venganza del matrimonio presidencial, en caso de voto opositor, que ya se
verifica en la provincia de Córdoba? O por el contrario ¿la convicción
doctrinaria de un imaginario político que ha resurgido en la Argentina en los
últimos años?
Este último aspecto es el que me interesa recorrer.
COMO PIENSAN LOS AMIGOS DEL GOBIERNO
Un sector significativo de ellos está convencido que han
dado la madre de todas las batallas. ¡Finalmente han vencido a la oligarquía!
Sector social que se les antoja antidemocrático, autoritario y antinacional (en
el supuesto caso que todavía exista). Responsable del carácter dependiente y
semicolonial de una factoría agroexportadora.
La Argentina del Centenario por boca de la Presidente ha
sido indeseable: “Mi país hace poco más de cien años fue el granero del mundo.
Dábamos alimentos a todo el mundo, pero el pueblo argentino vivía en la miseria,
el hambre y la desesperación” afirmó en la cumbre del Mercosur en Tucumán.
(¿Será por eso que vinieron tantos extranjeros? ¿Por puro espíritu masoquista?)
Es al mismo tiempo, esta oligarquía, culpable de todos los
golpes militares más sangrientos desde el treinta en adelante, afirman.
Impulsora de un modelo económico no industrial asociado al capitalismo mundial
que ha hecho de nuestro país una colonia agraria. Hasta aquí, aproximadamente,
lo que cavila su intelecto. Cuando entonan con agitado entusiasmo “Patria sí,
Colonia no” se dispara al interior de su sesera esta imagen histórica: el campo
es la antipatria, el camino al vasallaje. La colonia
¿Dónde está la patria, entonces?
En la burguesía nacional que ellos dicen defender.
Industriales subvencionados, no competitivos que orientan su producción al
mercado interno y externo. Que tienen subsidiado el combustible, el gas, la luz,
los transportes, salarios bajos medidos en dólares y en el caso de los
exportadores cobrando en dólares sus ventas. Este sector económico es la
patria, además de la clase obrera industrial (metalúrgica y textil), los
piqueteros y el clientelismo político.
Lo cierto es que en la actualidad este paradigma ya no tiene vigencia. No guarda
relación con la realidad.
LA ARGENTINA EN EL MUNDO
Los grandes acontecimientos de nuestra historia siempre han
estado vinculados a los vaivenes de la política mundial. Las invasiones
inglesas, la Revolución de Mayo, la Independencia, el modelo económico rosista,
la Argentina agroexpòrtadora, la Argentina sustitutiva, la argentina
agroindustrial se conformaron y desaparecieron en virtud de la situación
mundial. Entender y adaptarse al mundo siempre ha sido la mayor hazaña de los
políticos que merecen llamarse políticos.
Para no hacer un desarrollo de nuestra historia que sería
algo tedioso al lector diré simplemente que la Argentina agroexportadora de 1862
a 1930 encontró su lugar en el mundo como proveedora de alimentos. Merced a esta
riqueza la argentina se modernizó, creció y democratizó. Naturalmente con
encuentros y desencuentros. Aquel país y sus políticos no dudaron que ese era el
destino. Roquistas, mitristas, radicales, socialistas y anarquistas (todo el
abanico político) jamás vacilaron sobre la utilidad del mismo. Nunca lo pusieron
en cuestión. Si ello ocurrió fue cuando la situación internacional así lo obligó
(1874, 1890, 1930)
En la Argentina agroexportadora los factores dinámicos
fueron el campo, los sectores obreros funcionales al modelo: ferroviarios,
portuarios, trabajadores de los frigoríficos y de los servicios esenciales y los
sectores medios urbanos que vieron crecer sus oportunidades al ritmo de la
economía. Se puede decir que el liberalismo fue el relato doctrinario del
momento acorde a la realidad mundial de mercado internacionalizado.
Con la crisis del 30 otro modelo apareció: la sustitución
de importaciones y con él los sectores obreros y empresarios orientados al
mercado interno. Fue la respuesta que el mundo encontró ante la crisis del
mercado mundial. Encerrarse en sus fronteras. Protegerse, fue la consigna de
aquellos años. La Argentina respondió del mismo modo. Proteccionismo,
intervencionismo de estado, industrialización. Los sectores dinámicos del nuevo
modelo fueron la burguesía nacional y la clase obrera interesados en la
profundización de la sustitución de importaciones. Su relato fue el
nacionalismo, y el peronismo, en la Argentina su manifestación política. En este
último caso adicionándole el Estado de Bienestar y la justicia social.
Este modelo quebró. La tercera revolución industrial, la
mundialización y reaparición de los mercados internacionalizados, la caída del
comunismo y la expansión capitalista por todo el universo y en nuestro país el
golpe de Estado del 76 echaron por tierra la sustitución nacida en los años 30’
“El período sustitutivo finalizó definitivamente con las
modificaciones cambiarias de 1976, la apertura financiera de 1977 y la política
económica encaminada a revitalizar las ventajas comparativas del sector
agropecuario” (Carlos Abalo: Especialización agroalimentaria y diversificación
industrial en la argentina. Ed. La Argentina que viene. Bs. As. 1998)
DONDE NOS ENCONTRAMOS
Nos hallamos, entonces, ante una realidad diferente. ¡Al
fin y al cabo la historia no se repite! El mercado mundial absolutamente
recompuesto demanda alimentos y materias primas. El capitalismo triunfante ha
dado un nuevo salto cualitativo.
La Argentina ya no es aquella factoría agraria rentística
de fines del siglo XIX. El campo se ha industrializado y ahora tenemos
agroindustria. No hay más oligarquía. Sin embargo más de mil intelectuales
asociados al gobierno, militantes sociales, Diputados y funcionarios siguen
pensando como siempre. Es decir como antes. El clima de hostilidad generado
hacia el campo por parte del gobierno indica la incomprensión del momento.
El campo es a la economía globalizada lo que la clase obrera fue
a la sustitución de importaciones. Si el peronismo que nos gobierna no lo
entiende otro sector del peronismo y aliados deberá asumirlo.
Hoy ha ganado, por poco margen, el “peronismo” anticampo y
sus amigos. Esa es la realidad. Más de setenta años de discursos
“antiologárquicos” han dejado su huella. Una necesidad económica se soluciona
con una ley. Una forma de pensamiento no se cambia por decreto. No hay leyes que
valgan para las entendederas. La realidad y el combate cultural aparecen como
insustituibles para el cambio. Un sector del peronismo ya lo ha entendido hace
años. Recién ahora comienza a desgajarse el núcleo duro del peronismo paleo y de
otros sectores políticos muy refractarios a la ruralidad. Falta todavía. El
camino es sinuoso.
Cualquier alternativa política al kirchnerismo, en
continuidad institucional, debe asumir lo azaroso de la tarea. Más que un cambio
político lo que se viene, siempre hablando de soluciones electorales, es un giro
pequeño-angular que contemple lo dificultoso de los nuevos argumentos.
El gobierno ha triunfado. ¡A no dudarlo! Sin embargo es más
débil. Se ha aislado de la sociedad. Al unificar su discurso, al ganar en
homogeneidad ideológica, al profundizar en el firmamento de los principios,
pierde en masividad. Los criterios unívocos, encierran, cortan puentes. La
pureza ideológica sirve en momentos altamente revolucionarios. No es el caso. Es
hora de la política.
Claudio Chavesl
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