Sábado 27 de Mayo de 2006

LA PATRIA CHICA: LA ARGENTINA KIRCHNERISTA


El ex presidente del Uruguay, Jorge Batlle, aseveró al diario La Nación  que “Uruguay ya no es una provincia de la Argentina”. La intencionalidad de la frase tiene, naturalmente, como telón, el conflicto que atraviesan las dos naciones a propósito de las papeleras. Sin embargo la afirmación hecha por Batlle no guarda rigor histórico, Uruguay jamás fue una provincia Argentina,  lo máximo que llegamos a constituir  fueron las Provincias Unidas del Río de la Plata, junto  al Alto Perú (actual Bolivia)  y Paraguay, un tiempo breve. Todo eso antes de ser Argentina.
La desaparición del Virreinato del Río de la Plata esfumó del escenario la posibilidad de un destino común. Para ser más preciso, cuando los diputados de Artigas  fueron rechazados  por Buenos Aires de la Asamblea del Año XIII nuestros caminos comenzaron a separarse. Justo en el  momento que nos proponíamos  un embrión de organización política, los porteños expulsaban a los hermanos uruguayos. La competencia entre Montevideo y Buenos Aires comenzaba.
Paralelamente a lo narrado, los desacuerdos entre el Imperio Portugués y el Imperio Español por el mal trazado Tordesillas llevó a que las Naciones hijas de aquellos imperios: las Provincias Unidas y Brasil nos enfrentáramos en una guerra por el control del Uruguay. Al no producirse una neta superioridad de ninguno de los dos contendientes y al meterse Inglaterra en las negociaciones de paz surgió Uruguay como país pequeño y solitario y eso es todo: “Un algodón entre dos cristales”
.
De esta forma Uruguay consolidó su perfil como Nación independiente no sin sufrir a lo largo del siglo XIX  embates de los dos cristales. En lo que a la Argentina corresponde, los momentos más críticos para Uruguay fueron cuando en Buenos Aires gobernaron  las fuerzas asfixiantes del porteñismo cerril: Rosas y Mitre. Con estos dos hombres, los hermanos uruguayos la pasaron mal. Seguramente conservan, aún, en su memoria las andanzas de Oribe y de Venancio Flores.
El siglo XX transitó mas sereno. Algunos chispazos en la década del 50 cuando gobernaba Perón, pero nada importante y menos preocupante. El General no emulaba a Rosas y menos a Mitre.
Los pasos de un acercamiento decisivo  con el Uruguay fueron dados, desde nuestro país, por el Presidente Menem al plantear en 1991 el Mercosur.

Claro,  sobre un terreno abonado por Alfonsín cuando bajo su presidencia se celebraron los acuerdos con Brasil.

Sin embargo el  Mercosur fue algo más estratégico en la línea de la unidad sudamericana.
El Mercosur fue durante poco más de veinte años patrimonio común de todos los argentinos.  Un valor adquirido. Una prenda a cuidar y defender. La política exterior por excelencia. Lamentablemente  hoy se halla en agonía. Tan dramático es el momento actual que no sólo el Mercosur está a punto de estallar sino que nuestra relación con Uruguay se presenta al borde del abismo. ¡Y todo esto lo ha conseguido el actual gobierno nacional en solo tres años!
¿Qué ha pasado? ¿Cómo hemos podido llegar a semejante escalada de agresividad? ¿Cómo fue que un gobierno que se jactó desde un comienzo -en su campaña electoral- de priorizar el Mercosur y sus relaciones con los países vecinos haya complicado imprudentemente las relaciones con buena parte de ellos? ¿En que laberinto ideológico ha ingresado el Gobierno Nacional?
Su discurso de unidad latinoamericana ha sido solo eso ¡un discurso! Lamentablemente la atmósfera política de América Latina pletórica de progresismo y nacionalismo pretérito conspira, como siempre lo ha hecho cuando prevaleció este firmamento, con la posibilidad de acuerdos generosos y estratégicos. Mientras este clima no varíe  son imposibles las alianzas duraderas en el continente. Habrá que esperar otros tiempos políticos.
Respecto del Uruguay debemos estar muy atentos a los próximos pasos del gobierno. Ha ingresado en una carrera de exacerbación nacionalista-ambientalista peligrosa y escandalosa. Ha convocado a Gobernadores, funcionarios nacionales, militantes políticos al griterío que desde esta orilla dirigiremos al pueblo hermano.
¡Es una vergüenza! Nuestra dirigencia política no está a la altura de las circunstancias, debe reaccionar a tiempo, no debiera prestarse a semejante acto xenófobo.
¿Querrá el actual Presidente repetir la Plaza de Galtieri? Por lo menos aquellas multitudes fueron mucho más dignas, guardaban sabor a epopeya. Combatir contra el imperialismo británico lucía heroico y nos aromaba con los perfumes de las antiguas tradiciones criollas. Era en definitiva una razón de justicia histórica. ¿Desproporcionada e inoportuna? Podría ser.
Ahora ¿qué es esto de convocar a multitudes para levantarle la voz  a Uruguay? ¿Cómo puede un Gobernador como Alperovich de Tucumán afirmar que: “es un compromiso público y patriótico que espero asuman todos los gobernadores”  y nadie le salga al paso y corte de manera contundente semejante dislate. 

¿Cómo puede un Diputado Nacional, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de dicha Cámara avisar que marcha a los EE.UU. para embarrarles la cancha a los uruguayos e impedirle el otorgamiento de
créditos? y nadie lo cruce, o desmienta conductas tan desdichadas. ¿Tan bajo hemos caído los argentinos? 
¿Es que el Presidente se propone repetir aquellas  procesiones fantasmales a los bosques patagónicos, especies de autos de fe   medievales propiciatorios de los dioses tutelares de la Patria, cuando el conflicto de los Hielos Continentales con Chile -que se cerró bajo la Presidencia de Menem- y organizarlas ahora en las tibias aguas del Uruguay?
¿En que cabeza hirviente se revuelve el caldero del imperialismo uruguayo?
Como observaba un argentino célebre “somos argentinos porque fracasamos en ser latinoamericanos” y persistimos en el error. 
Esperemos se produzca una sana reacción de aquellos políticos que, aún conservan algo de vigencia, y declaren públicamente su oposición al clima enrarecido que este Gobierno ha generado. Los estamos esperando. Pueden contar con gran parte del pueblo argentino. ¡Anímense!

Claudio Chaves 
 

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