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El Doctor Pedro Cossio, médico e hijo del facultativo que atendió a Perón los
últimos meses de su vida, envió una carta a la agrupación juvenil kirchnerista
“La Cámpora” donde relata crudamente los últimos momentos del General y su
decepción con el otrora delegado personal Héctor Cámpora. La misiva que recorre
los múltiples caminos de Internet me obliga, por estar familiarizado con la
Historia y por apego a la verdad, a intentar una aproximación a los años que
precedieron al triunfo del Doctor Cámpora aquel 11 de marzo de 1973.
El Doctor Cossio (h) expone con palabras fuertes el disgusto del General con su
antiguo compañero. Confirma lo que siempre se sospechó de aquella relación: la
profunda desconfianza del anciano líder con quien se había rodeado de montoneros
y dirigentes neo peronistas es decir marxistas. Y explica, así mismo, las
simpatías que el Doctor Cámpora despierta en las prominentes figuras del
gobierno de Kirchner, al punto de bautizar con su nombre a las juventudes que lo
apoyan.
El Doctor Cossio (h) afirma en dicha carta que:
“Entre el 28 de junio y el 12 de julio de 1973 estuve en su cuarto de Gaspar
Campos doce horas por día junto al General, lo que me permitió presenciar el
final del gobierno de Cámpora y los desaires que Perón le hizo.
El General Perón estaba muy disgustado con la gestión presidencial del Doctor
Cámpora, por haberse rodeado de gente que consideraba no debía estar ahí, como
el Doctor Righi o Puig. También de la forma en que se había llevado a cabo la
amnistía del 25 de mayo de 1973.
Cámpora se dejó copar por la izquierda y por su hijo que era de izquierda.
Estaba convencido que en Ezeiza grupos terroristas de izquierda iban a matarlo,
para a partir de su muerte iniciar una revolución socialista.
Rechaza la invitación de Cámpora de vivir en Olivos decidiendo irse a Gaspar
Campos donde se sentía más seguro, custodiado por su gente de confianza.
El último acto político de su vida fue aceptar la renuncia como embajador de
Cámpora para dejar este hecho para la historia argentina y de su movimiento, da
las órdenes necesarias para que en ella no se le agradezcan los importantes y
patrióticos servicios prestados. De este hecho fue testigo presencial mi padre,
que fue quien le acercó el decreto para su firma”
Como las acusaciones son graves y definitorias propongo aproximarnos a aquellos
años con el objeto de comprenderlos a la luz de los documentos que se conocen y
que sumados a la carta de Cossio revelan el severo conflicto desatado.
BREVE BIOGRAFÍA DE HECTOR CAMPORA
Nació el 26 de marzo de 1909 en Mercedes, Provincia de Buenos Aires donde
realizó sus estudios primarios y secundarios. “En el Colegio Nacional Florentino
Ameghino inicié mis primeras inquietudes proto-políticas. Allá por el cuarto o
quinto año mis compañeros me eligieron presidente del centro de estudiantes”
(Autobiografía Panorama 31 de enero de 1973.)
Marchó a Rosario donde se anotó en la Facultad de Medicina. Conflictos
estudiantiles en 1929 hizo que la Facultad se clausurara por un año. Cámpora,
entonces se dirigió a Córdoba inscribiéndose en la Facultad de Odontología.
Llegó a ser presidente del centro de estudiantes.
“Desde 1934 cuando me gradué en Córdoba me dediqué a ejercer la profesión. Me
establecí en San Andrés de Giles. Allí conocí a mi actual señora María Georgina
Acevedo.” (Panorama)
En 1944 fue designado comisionado municipal y conoció a Perón en Junín.
Ocurridos los acontecimientos del 17 de octubre una movilización en su pueblo lo
llevó a la Plaza central donde improvisó un discurso “y puede decirse que fue
entonces que comenzó mi acción política” (Panorama)
Elegido Diputado Nacional por el Partido Independiente de reciente creación para
las elecciones de 1946 llegó a la Presidencia de la Cámara por su estrecha
relación con Evita que lo tenía en alta consideración por su lealtad. Para la
oposición era, sencillamente, obsecuencia. El período de su presidencia fue el
más duro con los opositores. Fueron expulsados tres Diputados. El último fue
Balbín. Significó el peor momento de la Cámara al decir de Félix Luna.
Algunos años después Cámpora intentó una disculpa: “Puede Balbín y su partido
haber interpretado mal la cuestión de su desafuero parlamentario. Nosotros lo
hicimos de acuerdo a una legislación heredada” (Panorama).
Producida la Revolución Libertadora fue detenido y enviado a la cárcel de
Ushuaia. Padeció junto a otros detenidos las inclemencias del tiempo como los
malos tratos inflingidos por los carceleros. Huyó del horrible penal a Chile “y
después de mi exilio retorné al país, desempeñando siempre funciones en el
movimiento” (Panorama) Elegido Delegado Personal de Perón a la caída de Jorge
Paladino asumió su nueva responsabilidad en noviembre de 1971.
Como Delegado personal llevó sobre sus hombros la pesada carga de las
negociaciones con la Dictadura Militar.
Luego del golpe de estado de 1976 se refugió en la embajada de México un largo
tiempo hasta que logró un salvoconducto para salir del país. Murió en el exilio
el 19 de diciembre de 1980. Sus restos regresaron en 1991.
EL FIN DE LA DICTADURA Y LA SALIDA ELECTORAL
Mil novecientos setenta y dos comenzaba con buenos augurios para la democracia.
En enero era reconocido el Partido Justicialista y la carrera hacia el poder se
ponía en movimiento.
Había dificultades, por supuesto, pero la dinámica electoral no tenía retorno.
Alarmaba, sí, la resistencia de algunos sectores militares que objetaban el plan
pergeñado por el General Lanusse, pero todo era un plano inclinado a las
elecciones. Este diseño, el Gran Acuerdo Nacional (GAN) consistía básicamente en
reivindicar la figura histórica de Perón para arrancarle, luego, su renuncia:
“Comenzamos, entonces, por colocar el busto de Perón, junto a los otros
presidentes. Otro paso fue, apenas estuve en condiciones de hacerlo, la
restitución de los restos de Eva Perón. Luego vendría la solución al problema
del pasaporte y la prescripción legal en las causas civiles que aún tenía
pendientes”
Lo que no cuenta en sus memorias el pícaro general es que en realidad pretendía
comprar al viejo líder, adicionándole la jerarquía militar, el uniforme y los
salarios no devengados y todo esto para que Perón renunciara a la candidatura y
apoyara la del general Lanusse.
Si bien esto nunca fue público el Brigadier Rojas Silveyra Embajador en España y
amigo personal de Lanusse informó, en su momento y a pedido de este último, el
sentido de sus entrevistas con Perón. En el dossier señalaba:
“Explorar en cuanto a la posibilidad de obtener un candidato negociado. Discutir
las condiciones que debería reunir un candidato para merecer el apoyo”
Un gran amigo del “Cano”, Francisco “Paco” Manrique, observaba a propósito de
estos acontecimientos cual debía ser el “candidato negociado”:
“Pretendía que lo ayudase a que fuera presidente porque se lo había prometido
Perón. En una palabra que se sentía un poco el candidato natural de Perón en las
elecciones. Era una barbaridad...pero es real... y que lo niegue”
Lanusse en sus memorias niega esta posibilidad, sin embargo afirma que los
desplantes de Perón hacia él revelaban “que no apoyaría una postulación de mi
nombre, algo que por cierto, no le había pedido que hiciera” (Mi Testimonio
página. 301)
Si Lanusse no se lo pidió es absurdo pensar que esa posibilidad estuviera en los
planes de Perón. El inconciente lo ha traicionado al general Lanusse al negar lo
que Perón jamás alentó.
Como el exiliado no entró en la trampa y pateó el tablero, Lanusse se enojó de
tal modo que en la tradicional cena de camaradería de las Fuerzas Armadas de
aquel año estableció para los candidatos las siguientes exigencias:
“Estar presentes en el país antes del 25 de agosto de 1972 y residir
permanentemente después de esa fecha”
y agregaba: que no podrían ser candidatos quienes viajasen al exterior por más
quince días sin informárselo al Ministerio del Interior.
Es bien conocido que Perón no vino, como el gobierno de facto pretendía y,
entonces, la proscripción apareció como tragedia una vez más.
El Caudillo no aceptó los términos arbitrarios de la dictadura y la desafió
llegando a la patria un mes después (el 17 de noviembre), en abierta
desobediencia al régimen moribundo, desarmando el plan de Lanusse de “que
volviera en lo posible condicionado por las Fuerzas Armadas” (Mi Testimonio pág.
294)
Con ese viaje a destiempo intentaba desbaratar la maniobra, generando las
condiciones de un golpe militar o una pueblada que expulsara del poder a Lanusse.
Nada de esto ocurrió. Los militares se encolumnaron detrás del Presidente y la
sociedad civil no se movió. La cláusula de residencia siguió vigente. “La
concentración multitudinaria no se produjo y tampoco hubo reacción militar de
ninguna naturaleza” (Mi Testimonio pág. 310)
En la reunión política que Perón organizó en el restaurante Nino de Vicente
Lopez el viejo General comprendió que el grueso de la dirigencia política no
acompañaba su propuesta de plantear la abstención electoral si no se derogaba la
cláusula proscriptiva.
“Esta reunión constituyó un ámbito en el que Perón procuró ejercer la última
presión para abolir la cláusula proscriptiva del 25 de agosto. Pero no contó con
una decisión favorable de los radicales. Los radicales pensaban que la
proscripción era responsabilidad de quién no se hallaba en el país antes de la
fecha límite fijada por el gobierno”
Como no iban a cavilar de ese modo si la cláusula proscriptiva salió del
Ministerio del Interior cuyo representante era Mor Roig, militante radical.
Balbín fue claro cuando al día siguiente al visitarlo en Gaspar Campos anunció
que Perón era “concurrencista”.
“Perón quedó frustrado. Pese al éxito indudable del Operativo Regreso, que
convalidaba su carácter cenital en la política argentina, no había logrado que
el Chino lo acompañara en una fórmula común, ni en una eventual abstención si la
dictadura no levantaba la cláusula de residencia”
¿Le ofreció, Perón, en esa oportunidad una fórmula en común? ¿Es este un
antecedente de lo que comenzó a hablarse en 1973?
De ser cierto lo que afirma Bonasso la maniobra podría explicarse porque Perón
sospechaba una derrota de Balbín en la interna radical el domingo 26 de
noviembre a manos de Alfonsín, que enfrentaba al “Chino” por su acercamiento a
Perón.
Balbín, de aceptar la propuesta, y en la fórmula con Perón sería arrastrado a la
proscripción obligando al radicalismo aún con Alfonsín triunfante a replantear
su estrategia. Nada de esto ocurrió. Balbín fue victorioso, por pocos votos
(5100) y lideró su partido.
El cuadro electoral del año siguiente se presentaba entonces con la auto
proscripción de Lanusse y la prohibición a Perón. Ante estas circunstancias,
este último, decide proponer como candidato a Cámpora quién no reunía las
condiciones según lo determinaba la arbitrariedad de la cláusula de residencia,
puesto que su Delegado personal había abandonado el país luego del 25 de agosto
en dos oportunidades sin informar al Ministro
LOS PLANES DE LANUSSE
Había en el justicialismo una larga lista de candidatos: Taiana, Romero
(Corrientes) Cafiero, este último con el apoyo del movimiento obrero, y otros
que sería largo enumerar pues todos tenían sus sponsors.
Sin embargo el general se inclinó por su Delegado personal. ¿Por qué lo hizo?
¿Qué lo motivó? ¿Acaso la confianza que le guardaba por el eterno juramento
cotidiano de lealtad que Cámpora profesaba a los cuatro vientos?
No, definitivamente, lo propuso porque no podía ser candidato. Violaba la
cláusula del 25 de agosto como luego veremos. Es harto improbable que un
político avisado como Perón nominara como candidato a un hombre de su propio
partido máxime cuando podía llegar a ser su heredero. Jamás lo había hecho en
los dieciocho años de exilio. ¿Por qué lo iba a hacer ahora?
En otras oportunidades y cuando señaló a alguien provenía de otras formaciones:
Frondizzi en 1958 y Vicente Solano Lima en 1963.
Es cierto que 1972 no se presentaba como antaño. Ahora, Perón había vuelto y
estaba en el país. Sin embargo el clima de hostilidad hacia su persona, la
proscripción que no logró revertir y las constantes amenazas y provocaciones
militares sobre Gaspar Campos no hacían a esta oportunidad más sencilla que las
anteriores.
Así mismo Perón que no ignoraba la historia política del país debía estar al
corriente de las grandes traiciones. Todas ellas celebradas dentro de una misma
corriente de opinión. Los ecos de la defección de Derqui con Urquiza, Juarez
Celman con Roca y Marcelo T. de Alvear con Yrigoyen no conformaban el lírico
espacio de la metáfora. Él mismo lo padeció con Mercante.
No, ciertamente Perón no propuso a Cámpora como candidato efectivo. Lo hizo para
que lo proscribieran y luego llamar al voto en blanco y derrumbar al gobierno
por el camino revolucionario de las urnas.
Lanusse pensaba que el justicialismo sin Perón en la fórmula, no ganaba y esa
era la trampa:
“Yo, personalmente, no creía que el peronismo pudiera imponerse en la primera
vuelta y apreciaba que, por la naturaleza de su electorado, en esa primera
vuelta agotaba virtualmente su posibilidad de alianzas” (Mi Testimonio. Pág.
281)
Lanusse entendió la maniobra de Perón. Lo que el líder estaba buscando. Este
convencimiento es el que llevó al Presidente a no prohibirlo. A embromarlo.
Si Perón buscaba la proscripción de Cámpora, Lanusse no debía dársela. El Tío
sería el candidato. Y esta última decisión era de Lanusse.
El Presidente había impuesto una reforma electoral por la cual se instalaba el
ballotage. Si ningún candidato alcanzaba el 50% más uno de los votos habría
segunda vuelta. En la fantasía de Lanusse (que no estuvo alejada de la realidad)
Cámpora no alcanzaba esos guarismos. De modo que en segunda vuelta Balbín o
Manrique podrían alzarse con la presidencia y vencer en el terreno de la
democracia al mito de las perpetuas mayorías.
Al respecto el talentoso y perspicaz pensador Jorge A. Ramos llegó a decir:
“Perón imaginó que Cámpora sería vetado por Lanusse. Sin embargo y contra todo
lo previsto Lanusse aceptó el nombre de Cámpora, violó su propia ley. Lo que
resulta indudable es que Perón no esperaba este giro de la situación.
proscripción era responsabilidad de quién no se hallaba en el país antes de la
fecha límite fijada por el gobierno”
Como no iban a cavilar de ese modo si la cláusula proscriptiva salió del
Ministerio del Interior cuyo representante era Mor Roig, militante radical.
Balbín fue claro cuando al día siguiente al visitarlo en Gaspar Campos anunció
que Perón era “concurrencista”.
“Perón quedó frustrado. Pese al éxito indudable del Operativo Regreso, que
convalidaba su carácter cenital en la política argentina, no había logrado que
el Chino lo acompañara en una fórmula común, ni en una eventual abstención si la
dictadura no levantaba la cláusula de residencia”
¿Le ofreció, Perón, en esa oportunidad una fórmula en común? ¿Es este un
antecedente de lo que comenzó a hablarse en 1973?
De ser cierto lo que afirma Bonasso la maniobra podría explicarse porque Perón
sospechaba una derrota de Balbín en la interna radical el domingo 26 de
noviembre a manos de Alfonsín, que enfrentaba al “Chino” por su acercamiento a
Perón.
Balbín, de aceptar la propuesta, y en la fórmula con Perón sería arrastrado a la
proscripción obligando al radicalismo aún con Alfonsín triunfante a replantear
su estrategia. Nada de esto ocurrió. Balbín fue victorioso, por pocos votos
(5100) y lideró su partido.
El cuadro electoral del año siguiente se presentaba entonces con la auto
proscripción de Lanusse y la prohibición a Perón. Ante estas circunstancias,
este último, decide proponer como candidato a Cámpora quién no reunía las
condiciones según lo determinaba la arbitrariedad de la cláusula de residencia,
puesto que su Delegado personal había abandonado el país luego del 25 de agosto
en dos oportunidades sin informar al Ministro
LOS PLANES DE LANUSSE
Había en el justicialismo una larga lista de candidatos: Taiana, Romero
(Corrientes) Cafiero, este último con el apoyo del movimiento obrero, y otros
que sería largo enumerar pues todos tenían sus sponsors.
Sin embargo el general se inclinó por su Delegado personal. ¿Por qué lo hizo?
¿Qué lo motivó? ¿Acaso la confianza que le guardaba por el eterno juramento
cotidiano de lealtad que Cámpora profesaba a los cuatro vientos?
No, definitivamente, lo propuso porque no podía ser candidato. Violaba la
cláusula del 25 de agosto como luego veremos. Es harto improbable que un
político avisado como Perón nominara como candidato a un hombre de su propio
partido máxime cuando podía llegar a ser su heredero. Jamás lo había hecho en
los dieciocho años de exilio. ¿Por qué lo iba a hacer ahora?
En otras oportunidades y cuando señaló a alguien provenía de otras formaciones:
Frondizzi en 1958 y Vicente Solano Lima en 1963.
Es cierto que 1972 no se presentaba como antaño. Ahora, Perón había vuelto y
estaba en el país. Sin embargo el clima de hostilidad hacia su persona, la
proscripción que no logró revertir y las constantes amenazas y provocaciones
militares sobre Gaspar Campos no hacían a esta oportunidad más sencilla que las
anteriores.
Así mismo Perón que no ignoraba la historia política del país debía estar al
corriente de las grandes traiciones. Todas ellas celebradas dentro de una misma
corriente de opinión. Los ecos de la defección de Derqui con Urquiza, Juarez
Celman con Roca y Marcelo T. de Alvear con Yrigoyen no conformaban el lírico
espacio de la metáfora. Él mismo lo padeció con Mercante.
No, ciertamente Perón no propuso a Cámpora como candidato efectivo. Lo hizo para
que lo proscribieran y luego llamar al voto en blanco y derrumbar al gobierno
por el camino revolucionario de las urnas.
Lanusse pensaba que el justicialismo sin Perón en la fórmula, no ganaba y esa
era la trampa:
“Yo, personalmente, no creía que el peronismo pudiera imponerse en la primera
vuelta y apreciaba que, por la naturaleza de su electorado, en esa primera
vuelta agotaba virtualmente su posibilidad de alianzas” (Mi Testimonio. Pág.
281)
Lanusse entendió la maniobra de Perón. Lo que el líder estaba buscando. Este
convencimiento es el que llevó al Presidente a no prohibirlo. A embromarlo.
Si Perón buscaba la proscripción de Cámpora, Lanusse no debía dársela. El Tío
sería el candidato. Y esta última decisión era de Lanusse.
El Presidente había impuesto una reforma electoral por la cual se instalaba el
ballotage. Si ningún candidato alcanzaba el 50% más uno de los votos habría
segunda vuelta. En la fantasía de Lanusse (que no estuvo alejada de la realidad)
Cámpora no alcanzaba esos guarismos. De modo que en segunda vuelta Balbín o
Manrique podrían alzarse con la presidencia y vencer en el terreno de la
democracia al mito de las perpetuas mayorías.
Al respecto el talentoso y perspicaz pensador Jorge A. Ramos llegó a decir:
“Perón imaginó que Cámpora sería vetado por Lanusse. Sin embargo y contra todo
lo previsto Lanusse aceptó el nombre de Cámpora, violó su propia ley. Lo que
resulta indudable es que Perón no esperaba este giro de la situación.
Cuando el 11 de marzo triunfó la fórmula Cámpora-Solano Lima hubo dos
decepcionados: Lanusse y Perón”
Que esto estaba en los planes de Lanusse no hay dudas. En sus memorias afirma la
posibilidad de la proscripción del peronismo: “Si el peronismo hubiese resultado
proscripto en forma directa o indirecta” (Mi Testimonio pág. 302)
¿Que nos quiere decir con directa o indirecta? La responsabilidad de hacerlo o
no era de su gobierno de modo que al plantearlo de ese modo hacerlo o no
respondía a razones políticas. En una palabra dependía de su conveniencia.
Continúa Lanusse:
“La fórmula indicada por Perón incluía a Cámpora, quién no se había ajustado a
la norma pre-electoral de no abandonar el país sin el conocimiento y
autorización previos del Ministerio del Interior.
Perón no ignoraba esa imposición. ¿Por qué pues hizo esa designación? Es
razonable pensar que lo fue para encontrar en el veto de su candidato el
pretexto para resolver el voto en blanco que le permitiera, o bien continuar
ejerciendo su influencia a distancia como en 1963, o bien provocar un clima de
honda perturbación política y social que pudiera influir inclusive sobre las
Fuerzas Armadas y, en consecuencia, llegar a provocar la caída del gobierno” (Mi
Testimonio pág. 312)
De manera que al no proscribirlo Lanusse jugaba su última ficha: que el
peronismo concurriera a segunda vuelta. ¡Y ahí otro gallo cantaría! Le salió
mal. Eso sí por muy poco. Cámpora sacó el 49, 56 % y Balbín se bajó del
ballotage que le correspondía.
No todos en el peronismo advirtieron la maniobra política de los dos grandes
contendientes. Miraban la escena sin adentrarse en los personajes y su juego de
fulleros.
Jorge Luis Bernetti, de estrecha confianza de Cámpora y jefe de prensa del
Movimiento peronista así se refería a aquella nominación:
“La actuación de Cámpora (el éxito en el Operativo Retorno) debe ser incluida
como un factor decisivo que explique su candidatura presidencial, imprevisible
semanas atrás del 17 de noviembre de 1972.”
Miguel Bonasso, a la sazón, Secretario de Prensa del Frente Justicialista de
Liberación, también muy cercano a Cámpora y su entorno afirma:
“Los enemigos de Perón, empezando por el propio Lanusse y siguiendo por el
ilusionado Manrique, conjeturaron que el exiliado había designado al dentista (Cámpora)
para hacer proscribir al peronismo en su conjunto y jugar, una vez más, desde la
lejanía y el mito. Era un error de apreciación, derivado de la pereza argentina
para leer la propia historia. Perón repetía la movida que había hecho con el
general Farrel treinta años atrás: colocar en la presidencia al hombre de
confianza para que este le permitiera, en un segundo paso, tomar el poder. Si
amenazó con Licastro (como candidato en caso de proscribir a Cámpora) no fue
para patear el tablero sino para asegurarse de que dejarían pasar a Héctor
Cámpora.”
De modo que para el dirigente montonero fue una decisión sincera la de Perón.
Tendría que explicar entonces porque el General no participó de la campaña
electoral máxime cuando Cámpora lo esperaba.
En un reportaje aparecido en la revista Panorama de la primera quincena de enero
del 73 el Tío aseguraba:
Periodista: Muchos piensan que para que la victoria del Frejuli se produzca en
la primera vuelta, se hace imprescindible la presencia de Perón en el país.
Cámpora: ¡Pero por supuesto! Estamos hablando de un hecho que tiene que ser
irreversiblemente cierto; el General Perón tiene que estar acá sin ninguna duda.
Perón no vino.
En verdad a comienzos de febrero de 1973 el gobierno de Lanusse prohibió el
reingreso al país de Perón. No podía hacerlo hasta el 25 de mayo. Lo que ponía
en evidencia, una vez más, el carácter proscriptivo de la maniobra electoral.
Pero en rigor la causa profunda de esta prohibición se debió a dos razones:
a) Los permanentes cascotazos que Perón arrojaba desde España, Francia e Italia
(ver Tomo 24 de sus obras completas) a la Junta Militar a lo largo del mes de
enero con el fin de provocarlos de tal manera que suspendieran los comicios. Si
en Nino no había logrado revertir su proscripción buscaba con los exabruptos
patear el tablero.
No había razones políticas para semejante agresión en la medida que los
militares se retiraban derrotados. Al respecto decía Lanusse: “Los
acontecimientos que se habían ido produciendo desde el 28 de diciembre, nos
señalaban un definido propósito de enervar a las Fuerzas Armadas, o de provocar
a los Comandantes en Jefe, para que saturados ya de tantas agresiones,
reaccionáramos interrumpiendo el proceso de institucionalización” (Lanusse:
Protagonista y Testigo. Pag 221)
Frente a estas agresiones el candidato Radical en plena campaña en San Juan
afirmaba:
“Perón es un atrevido. Sus declaraciones son insolentes e incomprensibles. Perón
no quiere volver al país y este tipo de declaraciones irritan inútilmente a los
militares y ponen en tensión a mucha gente” (Panorama 31 de enero de 1973. Año X
Nº 300)
a) La firma, por parte de todos los Generales en actividad, de lo que dio en
llamarse los 5 Puntos el siete de febrero del 73. En primer orden se
comprometían “a sostener la continuidad del proceso político y de acatar el
pronunciamiento que manifieste la ciudadanía en las urnas.”
En una palabra no proscribían a Cámpora; y Perón no participaría de la campaña
electoral. Renacía la esperanza que anunciaba el ballotage.
Las razones de Bonasso para interpretar de ese modo la entronización de Cámpora
responde a cuestiones políticas propias del grupo al cual perteneció: montoneros
primero, luego Peronismo Auténtico. A este sector se le hacía y hace imperiosa
la valoración de Cámpora para darle sentido, pertenencia y continuidad peronista
al grupo. Si no fuera por el Tío no guardarían encarnadura con el peronismo.
Van por leña al bosque petrificado. ¡Mala fariña!
El resto de los dirigentes peronistas que vivieron aquellos acontecimientos y
escribieron sobre ellos pasan de largo la última jugada del general del Pueblo.
Ni Taiana, ni Bernetti, ni Llambí, ni Taccone, hacen referencia a lo narrado. No
sorprende que Cámpora calle. ¡Al fin y al cabo se trata de su dignidad!
En su pequeño libro escrito en Méjico no dice absolutamente nada, ni siquiera
puede verse a sí mismo como proscripto.
Del resto de los políticos es poco lo que puede extraerse. Por ejemplo Oscar
Alende interpretó así aquellas fintas:
“La del 25 de agosto era una cláusula tan absurda que la infringió Cámpora y no
se le aplico” ¡Esto es todo lo que tiene para decir!
La insignificancia de gran parte de los políticos de aquellos años agiganta la
figura de Lanusse y naturalmente la de Perón.
SIGNIFICADO DE CAMPORA
No es temerario aseverar, siguiendo el orden de ideas expuesto hasta aquí, que
al ser Cámpora el candidato de la proscripción ha sido, sin proponérselo, el
candidato de Lanusse en la medida que Perón no pudo deshacer la trampa.
Esta última perspectiva, independientemente de la voluntad del Doctor Cámpora,
lo ubicó en un territorio de hostilidad al peronismo histórico. Sin apoyos
fuertes en el partido y menos en el movimiento obrero, en soledad y sin
atractivo político fue presa fácil de los violentos de turno que coparon la
parada. Los grupos guerrilleros lo rodearon y por medio de ese ariete intentaron
perforar la estructura del Estado. Tomar por asalto a la Argentina.
Luego, Perón, hubo de ordenar el caos generado por la proscripción.
El primer objetivo fue lograr la renuncia de Cámpora paso que no resultó
sencillo.
El hombre de San Andrés de Giles comenzaba a dar señas de querer quedarse. En un
reportaje que le hace la Revista Panorama del 31 de enero de 1973 afirma:
Periodista: Voceros del gobierno militar han definido al próximo gobierno como
de transición y consolidación. Por su parte el peronismo habla del mismo tema
caracterizándolo como de reconstrucción nacional. ¿Cuál de esas tesis triunfará?
Cámpora: El proceso de institucionalización no es legítimo, pero se puede
legitimar. ¿Cómo la ciudadanía resuelve esta aparente contradicción? Con el
aporte masivo de su voto. Si éste es notoriamente apreciable para la causa
popular, el gobierno que surge del comicio no puede ser de transición y
consolidación. Será definitivo porque así lo habrá indicado el pueblo”
Periodista: ¿Cuál va a ser el rol de Perón si usted llega a la presidencia?
Cámpora: Será, como siempre ha sido, conducción espiritual” (lo remarcado en
negrita es del autor. Panorama año X Nº 300)
Para el periodista que hacía la nota, Jorge Bernetti, era música celestial las
palabras de Camporita.
Al leerla se debe haber inquietado aún más el General Perón, a la sazón en
España.
Por otro lado un hombre muy allegado a Perón afirmaba:
“La primera señal clara que obtuve acerca de que Cámpora había cambiado sus
intenciones y meditaba mantenerse en la presidencia, en caso de un triunfo
electoral del justicialismo, me la proporcionó él mismo espontáneamente.
Conversábamos a bordo de un automóvil, saliendo de Campo de Mayo hacia San
Miguel. El tema era el inminente retorno. En tono casual, como quien no otorga a
sus palabras una excesiva importancia, Cámpora me comentó:
- Este clima no la a ser bien a Perón. No creo que se vuelva a adaptar ni que
realmente quiera permanecer acá. Usted ya lo va a ver. Va a venir, va a estar un
tiempo, y luego retornará a España. Y después ya no va a volver”
Y por si quedan dudas el mismo Cámpora desde México en su corta explicación de
su trunca Presidencia afirmaba: “Yo conservaba siempre la intención de culminar
el mandato recibido; así me le requerían las aspiraciones del Pueblo Argentino”
Esta sorda resistencia a abandonar la Presidencia mal habida dio aire a los
subversivos.
Luego vino la sanción de leyes que puso a los violentos fuera de la ley y la
expulsión de los terroristas de la Plaza. Acciones que permitieron un
reordenamiento y el retorno al peronismo clásico. Pero la salud del viejo
General comenzaba a flaquear. Esta derrota política inflingida con su último
aliento posibilitó la posterior derrota militar.
No es cierto lo que dice Lanusse en Mi Testimonio acerca de que la cláusula del
25 de agosto aceleró los tiempos del enfrentamiento entre Perón y el terrorismo:
“El retorno, en condiciones desfavorables, (perjudicial para el sindicalismo
peronista) creó, por primera vez, las condiciones para un enfrentamiento entre
Perón y la guerrilla” (Mi Testimonio pág. 294)
Lo que en verdad aconteció fue que la permanente proscripción del peronismo creo
las condiciones del accionar subversivo. La figura de Cámpora “candidato de
Lanusse” le dio aire y espacio a la violencia armada. La nueva proscripción
llevó al terrorismo al poder con Cámpora.
Lo que vino luego es harto conocido por los argentinos. Una guerra atroz
generada por la irracionalidad de grupos iluminados por la llama del elitismo.
La reivindicación de Cámpora en la actualidad esconde este secreto: la
valoración del putsch político, del golpe de mano fortuito, producto del fraude
y la proscripción, para alzarse con el gobierno. Es posible que los jóvenes
desconozcan el juego en que se hallan. Pero en la historia no se danza el ritmo
que uno desea si se ignora el significado del pentagrama.
Claudio Chavesl
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