UNA POLÉMICA PÁGINA HISTÓRICA
REFLEXIONES SOBRE HISTORIOGRAFÍA POLÍTICA ARGENTINA A PROPÓSITO DE UN ARTICULO DE ALBERTO BUELA.
He leído con agrado y cierto
placer un artículo de Buela publicado en internet titulado HISTORIA Y
MEMORIA NACIONAL EN ARGENTINA.
Comento que soy un habitual y entusiasta lector de Alberto a quién
últimamamente he felicitado por otro, también de su autoría, acerca de
la sexualidad y la fecundidad, una página bella, valiosa y cargada de
humanidad.
En esta oportunidad me dispongo a escribir y de algún modo contestar
ciertas opiniones de Alberto que evalúo antiguas y por lo mismo
desgastadas, acerca de nuestra historia y sus investigadores.
Y vamos de lleno al problema
Al comienzo de su artículo asevera "que la existencia de las memorias
nacionales se encuentran intrínsicamente vinculadas con la existencia de
los pueblos, porque el pueblo es el sujeto de esas memorias" afirmación
correcta que nadie discute y menos yo; sin embargo aquí tropezamos con
la primera antigualla puesto que al enunciarla supone que algún
historiador cae en semejante dislate. Ningún cientista social que se
precie de tal, cualesquiera sea su ideología, "niega la existencia de
los pueblos" de manera que esta es una frase hecha, una chicana, que
desluce, de arranque no más, los argumentos de Alberto. Desafío al autor
a que nombre un solo historiador, uno sólo, que reniegue de la fuerza de
los pueblos en la construcción y realización de la historia. No existe,
al menos en nuestro país.
Lo que sí puede ocurrir es que se tenga una distinta percepción del
pueblo, pero eso es otra cosa.
Reconociéndole esta virtud a todas las corrientes historiográficas el
debate debe centrarse en otros aspectos.
Inmediatamente Buela nos dice que en el tratamiento de la historia
argentina pueden distinguirse grosso modo cuatro grandes corrientes
historiográficas: la liberal u oficial, la revisionista o rosista, la
liberal de izquierda o universitaria y la izquierda nacional o
sincretista.
Sobre estas cuatro miradas se pregunta ¿que grado de responsabilidad
tienen en la constitución de la memoria nacional de nuestro pueblo? Y
comienzan las respuestas.
A la liberal le atribuye el mote de "oficial" señalando como fundadores
de esta corriente a Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López en el siglo
XIX, y en el XX a la Academia Nacional de la Historia con Ricardo Levene
y adláteres.
El mote de "oficial", hoy un tanto alicaído, supone, incorpora, implica
en el imaginario cultural de los argentinos los peores defectos de un
intelectual que se precie, a saber: tergiversación histórica,
justificación de la injusticia social, mezquindad para con las mayorías,
menguado patriotismo, entrega del patrimonio nacional, desprecio por lo
popular, etc.
Esta concepción forjada, a su turno, por el revisionismo le era
atribuida a los grupos de poder oligárquicos de entonces (fines del
siglo XIX), los constructores de la Argentina del 80’ y hasta el día de
hoy perdura como baldón.
Como consejo personal le recomendaría a Alberto abandonar ya esta
definición que hoy está en boca de cuanto "pavote" remixado merodea el
campo de la historia. Pigna, uno de ellos, repite al infinito este
esquema vetusto, encargándose de distribuirlo, a la tilinguería mundana,
la Rock and Pop y radio Mitre. ¡Alberto no te veo en esos ámbitos!
¿Cuál es, en consecuencia, hoy la "historia oficial"? ¿A que hacemos
referencia cuando la mentamos? O como dice la canción ¿de qué hablamos
cuando hablamos de "historia oficial"¡He aquí una buena pregunta!
¿Acaso será la que se construyó en el período agro exportador de
1860-1930 (Mitre y López) o podríamos aludir a la que se gestó en el
período de sustitución de importaciones -el revisionismo- que valoraba
como nacional y popular, tan sólo, a la Argentina industrial? ¿Cuál
expresa mejor, hoy, las nuevas realidades? ¿Cuál abre caminos? ¿Cuál
perfila horizontes? ¿Cuál interpreta acabadamente las necesidades
populares?
¿Cuál consolida el statu quo y cual promueve el cambio?
¿Cree realmente Alberto Buela que el revisionismo histórico, exponente
lúcido de la argentina de 1930-1976, de mercados autocentrados,
sustitución de importaciones y justicia social en la patria chica,
correlato en la Argentina de los nacionalismos de moda en el mundo, es
en la actualidad la mejor línea interpretativa a seguir? ¿Lo que fue
útil para el 30 y el 40 es necesariamente apto para el 2005? Y siguen
los interrogantes.
¿Es posible recurrir al revisionismo histórico, en su condición de
nacional y popular de otrora, para justificar la más grande
transferencia económica social de nuestra historia como fue la
devaluación de Duhalde. Y toda esa transferencia para promover
nuevamente la Argentina sustitutiva. Ignora Alberto que la devaluación
del 2002 fue peor que la que realizó la Revolución Libertadora, Pinedo
en el 63 y Rodrigo en el 75? No afirmo que Buela defienda la devaluación
sólo digo que el revisionismo histórico rosista de la etapa sustitutiva
hoy no sirve más, excepto que esté convencido de las bondades del modelo
Lavagna y pretenda justificarlas apelando al viejo revisionismo, que ha
dejado de ser fulgurante y luminoso. Ya no es una línea interpretativa
que contribuya a esclarecer el presente. Ni siquiera expresa la memoria
actualizada de los pueblos. Expresa sí el más alto nivel de conciencia
histórica de una etapa, hoy superada.
El revisionismo contribuyó a construir el imaginario de una época, fue
la historiografía de punta de la Argentina sustitutiva en un mundo
cerrado y hermético. Esa Argentina se agotó en el 76’ y hoy no existe
más. Por dos razones, porque el mundo ya no lo admite y porque el golpe
del 76 definió a favor de los sectores agro exportadores el conflicto
latente en el modelo sustitutivo. ¡Se acabó!
El intento de retornar a él por parte de Duhalde y Kirchner lo único que
logra es agravar la desigualdad social, transfiriendo recursos de los
sectores populares mayoritarios a los más altos y exclusivos vinculados
a la economía mundial con un dólar tres a uno.
CLAUDIO CHAVES
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