LA POLÍTICA PETROLERA DE PERON
LA política petrolera adoptada durante la primera y segunda presidencias de Juan Domingo Perón (1946-1955), constituye un temprano ejemplo de nacionalismo desarrollista. Asimismo, confirma el componente realista y pragmático que orientó a dicha política. En otras palabras, Perón compartía con los sectores nacionalistas ortodoxos su interés por la explotación de un recurso estratégico y potencialmente disponible en el territorio y en el mar argentino. Pero mientras para estos sectores el monopolio estatal del petróleo era un dogma incuestionable, Perón se preguntaba si el Estado argentino estaba realmente capacitado para su explotación en forma eficiente. No era un nacionalista de medios, sino de fines. Estaba convencido de que Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), no tenía suficiente capacidad organizativa, técnica y financiera para un esfuerzo de esa naturaleza, tal como reconoció en su libro La fuerza es el derecho de las bestias, publicado en 1958, durante su exilio. Dada esta debilidad de YPF, Perón buscó la ayuda del capital extranjero como medio para lograr el autoabastecimiento petrolero, un fin incuestionablemente nacionalista y a la vez práctico. En este sentido, su política antecedió al nacionalismo de fines que procuró llevar a cabo el desarrollista Rogelio Frigerio, el cerebro económico de la gestión del radical intransigente Arturo Frondizi (1958-1962).
La
mayoría de los especialistas reconocen este sesgo desarrollista de la política
petrolera de Perón como un antecedente de la ensayada por Frondizi, pero lo
ubican en ejemplos posteriores a la crisis económica iniciada en 1949, como
si hubiera sido una respuesta de adaptación tardía del líder justicialista
a dicha crisis. En la argumentación de estos especialistas, habría dos
etapas. La primera, que abarca los años de
SA, subsidiaria de la empresa norteamericana Standard Oil de California, en mayo de 1955.
No
obstante, la sola revisión de los discursos de Juan Perón y de los diarios
de sesiones de las cámaras legislativas, muestra que esta tajante división
en dos etapas, al menos en lo que respecta a la política petrolera, es
cuestionable. Hay indicios del desarrollismo de esta política bastante
anteriores a la crisis de 1949. Si bien Perón adoptó entre 1946 y 1949 un
modelo económico estatista, acorde con las expectativas de los sectores
nacionalistas ubicados dentro y fuera de su partido, a diferencia de éstos
consideró tempranamente la alternativa de “flexibilizar" dicho modelo.
Así, en declaraciones efectuadas ante un grupo de periodistas norteamericanos
el 19 de julio de 1946, el entonces presidente procuró aventar temores en los
empresarios estadounidenses al señalar que "sólo han sido
nacionalizados los servicios públicos" y que posteriormente "
Contra
lo que un escéptico podría suponer, estas declaraciones de Perón no fueron
un guiño coyuntural destinado a conformar a los periodistas norteamericanos.
Así lo prueba la precoz firma, el 11 de diciembre de 1947, de un contrato
entre YPF y la petrolera norteamericana Drilexco (Drilling and Explorations
Company) para la perforación en
Estas
tempranas señales de desarrollismo en la política petrolera peronista se
convirtieron en opciones forzosas a partir de 1949, año signado por malas
cosechas, caída de los términos de intercambio y déficit en la balanza
comercial y de pagos. Dificultades que se intentó combatir por medio de la
aplicación de un Plan de Estabilización Económica en 1952, y de una política
económica que ponía el énfasis en el incremento de la productividad y de
las exportaciones y que otorgaba mayor participación al capital externo. En
el contexto de este giro en el modelo económico, los especialistas
identifican el citado ejemplo del contrato con
Los ejemplos citados aquí demuestran no sólo la existencia de un sesgo desarrollista en la política petrolera de Perón, cuyos indicios fueron bastante anteriores en el tiempo a los identificados por los especialistas, también evidencian la existencia de un pensamiento y acción caracterizados por su realismo y pragmatismo, rasgos que le permitían a Perón contemplar opciones contradictorias en su menú personal de alternativas de decisión.
De
esta forma, podía concebir la nacionalización de los servicios públicos y,
al mismo tiempo, contemplar la participación del capital externo en el sector
petrolero, dado que YPF no contaba con los recursos necesarios para su
explotación. Así lo explica Perón en la obra citada a lo largo de esta
nota, en la cual polemizó con su sucesor Eduardo Lonardi, presidente del régimen
de facto que lo derrocó en septiembre de 1955, quien había dispuesto la
anulación del convenio con
Palabras que evidencian un nacionalismo pragmático en materia petrolera, ubicado en las antípodas del principismo. Un sano nacionalismo pocas veces implementado en la historia argentina, y que nuestros dirigentes deberían tener en cuenta en cada una de las decisiones de agenda interna y externa vinculadas con el desarrollo social y económico de nuestro país.
El autor es doctor en Historia.
Fransico Conigliaro
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