Sábado 27 de Mayo de 2006


A treinta años

Recuerdo de  Gustavo Gallardo y Nora Peretti
 


El 12 de mayo de 1976  en la oscuridad de  la madrugada  eran secuestrados en su domicilio los destacados dirigentes cordobeses del Frente de Izquierda Popular (F.I.P.) queridos compañeros Gustavo R. Gallardo y Nora Peretti. Su pequeño hijo Martín (hoy,  periodista deportivo) fue dejado con engaños en una casa vecina de familiares. 

Habían creado el FIP en la ciudad de San Francisco –de donde era oriunda Nora- a mediados de 1972. No escatimaron   esfuerzo personal alguno en la construcción de la joven agrupación  política orientada  por Jorge Abelardo Ramos, que logró alcanzar allí el mayor desarrollo político de toda la provincia de Córdoba. 

Abogados ambos. Gallardo se destacó como prestigioso letrado laboralista-obrero;  y por: honesto, cumplidor y buen amigo.  Siempre desinteresado de sus honorarios, muy responsable de su trabajo,   alcanzó en pocos años un  impresionante prestigio que lo llevó a patrocinar oficialmente a los afiliados  de siete u ocho gremios. Y a tantos trabajadores de otros sindicatos. El  Estudio Jurídico de la calle Belgrano resultaba pequeño para tanta gente humilde que diariamente lo consultaba ocupando   hasta la misma  vereda cuando Gustavo permanecía en su bufete. Para la abogacía le sobraba capacidad; sin embargo,  su vocación era  la política. 

Presidente del partido, candidato a Intendente Municipal en 1973, lucía una oratoria atractiva para los jóvenes que entusiasmados atendíamos a sus propuestas  de un socialismo “no-gorila” que él sintetizaba con  una sistemática  referencia a la tradición histórica de caudillos y luchas  federales, del yrigoyenismo y de Perón. A la firmeza de su  convicción unía una especial calidad política que le proporcionaba una  efectiva llegada a la gente sencilla.  Era el menos izquierdista de los miembros del partido, no por ausencia de teoría, quizás por la formación de su origen radical. Tenía algo de aquella magia personal que se le atribuyó  a don Hipólito, tan aconsejable en política como inconveniente resulta  la  abstracción teorética alejada de la experiencia popular. Sacó bastantes  votos, creo que el porcentaje mas alto de la provincia, pero su objetivo estaba alejado de los resultados electorales. 

Su afán estuvo empeñado en  darle organización al FIP. En aquellos  años violentos previos al golpe participó en tribunas y debates marcando a fuego a la  ola  entusiasta, e inconsciente, de partidarios de la lucha armada. Recuerdo ahora, un duro enfrentamiento (por que así era Gustavo) con un sacerdote tercermundista santafecino que con meditada ironía decía, en un concurrido   debate,  comprender a quienes optaban por “la placidez y seguridad de la  política burguesa aceptando  el camino electoral”.  Para qué lo habrá dicho: Gustavo pulverizó tan cándida  afirmación  explicando  lo erróneo y suicida de la acción  basada en el “foco guerrillero”,  recordándole, además, que era auspiciada,  desde  los centros mundiales de poder. En ese debate, como en otros,  creo que quedó minoría ante la audiencia.  Sobre todo cuando manifestó que la reconstrucción  del frente nacional y popular comenzaba obligando al Régimen de Lanusse al  retorno al país del General Perón.  (al sacerdote lo volví a encontrar ocupando una banca por el  Frente Grande de Santa Fe en la Convención Nacional Constituyente del año 1994. A Gustavo,  lo recordamos hoy). 

El día del golpe fue detenido y trasladado al Campo de la Rivera de la ciudad de Córdoba junto a dirigentes sindicales de San Francisco. Otros compañeros del FIP recorrieron el mismo camino. Algunas semanas después, al ser liberados,  estuvimos todos en el  Congreso partidario del Hotel Rama (el mismo día que la Junta Militar dispuso la ilegalidad y disolución de  los partidos políticos). Gallardo estaba amenazado, él lo sabía. Permaneció unos días en Córdoba. Recuerdo que Nora sospechaba lo peor.  Los dirigentes del partido opinaban que debía alejarse de San Francisco,  no quiso hacerlo.  La levadura con que estaba amasada su personalidad  y el compromiso moral  con los  trabajadores pudo más:  “tengo audiencias y trámites judiciales de los que dependen compañeros que confiaron en mi. Mi obligación es estar allá”.  

Sin embargo,  en San Francisco la presión fue muy grande. Lo responsabilizaron de  la organización del Tampierazo, última reacción popular de la serie iniciada en 1969 con  El Cordobazo. Sabido es que los únicos responsables eran los incompetentes  herederos de aquel  viejo emporio fideero, molinero y alimenticio de la familia Tampieri. Los mismos que dilapidaron la fabulosa fortuna amasada durante años, con el duro esfuerzo de sus operarios,  de aquella fábrica que fue primera en su tipo en todo el país. Los trabajadores quedaron en la calle, entiendo que algunos de los inútiles empresarios también,  y  la violencia se adueñó de la ciudad. 

Ciertos  personajes con poder local no lo aceptaban a Gallardo. Hicieron circular volantes (anónimos) responsabilizándolo de los hechos, junto al Secretario de la CGT.  Fue tan evidente el carácter reaccionario que asumió la detención-desaparición, que la   misma noche que miserablemente se llevaron a nuestros compañeros, lo hicieron, también, con el  Secretario de la CGT Oscar Liwaski y otros con trabajadores. 

Lo demás es lo conocido. Nada de información. Decenas de gestiones y visitas, inutilidad del hábeas corpus presentado, comunicados de prensa que no fueran  publicados, silencio y temor. Incesantes viajes y entrevistas  llevados adelante por los abuelos (el padre de Nora que había sido Intendente Municipal en varias oportunidades,  insistió sin cansancio,  igual que los otros padres).   

Mi recuerdo, como hijo y militante de ésa ciudad, pretende reconocer el valor político de estos buenos compatriotas  y sus cualidades  de grandes  personas. A ellos, en su juventud,  se los privó de muchos años de su vida. A la sociedad de buenos argentinos  al servicio del bien común. 

 Ojalá se les hubiera escuchado a Gallardo y a Ramos sobre las consecuencias  del anunciado golpe de estado del que  no  podía esperarse otra cosa que una restauración oligárquica y antipopular, peor aún que la de septiembre de 1955,  nuevamente orientada por una nefasta conjunción de civiles y militares que creían que estaban luchando en la tercera guerra mundial.  En los primeros momentos lamentablemente hasta  despertaba ciertas  simpatías en  sectores de esa  “progresía” que ya no aceptaba el deteriorado  gobierno de Isabel Perón,  que  en su definitiva retirada,  había convocado anticipadamente a elecciones generales para pocos meses después.

 

Gustavo Gallardo y Nora Peretti tienen un lugar en el corazón de sus compañeros y de nuestro pueblo.-
 

Córdoba, mayo 12 de 2006.-

 

 

Carlos Alberto Del Campo


 

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