El 12 de mayo
de 1976 en la oscuridad de la madrugada eran secuestrados en
su domicilio los destacados dirigentes cordobeses del Frente de
Izquierda Popular (F.I.P.) queridos compañeros Gustavo R.
Gallardo y Nora Peretti. Su pequeño hijo Martín (hoy,
periodista deportivo) fue dejado con engaños en una casa vecina
de familiares.
Habían creado
el FIP en la ciudad de San Francisco –de donde era oriunda Nora-
a mediados de 1972. No escatimaron esfuerzo personal alguno en
la construcción de la joven agrupación política orientada por
Jorge Abelardo Ramos, que logró alcanzar allí el mayor
desarrollo político de toda la provincia de Córdoba.
Abogados ambos.
Gallardo se destacó como prestigioso letrado laboralista-obrero;
y por: honesto, cumplidor y buen amigo. Siempre desinteresado
de sus honorarios, muy responsable de su trabajo, alcanzó en
pocos años un impresionante prestigio que lo llevó a patrocinar
oficialmente a los afiliados de siete u ocho gremios. Y a
tantos trabajadores de otros sindicatos. El Estudio Jurídico de
la calle Belgrano resultaba pequeño para tanta gente humilde que
diariamente lo consultaba ocupando hasta la misma vereda
cuando Gustavo permanecía en su bufete. Para la abogacía le
sobraba capacidad; sin embargo, su vocación era la política.
Presidente del
partido, candidato a Intendente Municipal en 1973, lucía una
oratoria atractiva para los jóvenes que entusiasmados atendíamos
a sus propuestas de un socialismo “no-gorila” que él
sintetizaba con una sistemática referencia a la tradición
histórica de caudillos y luchas federales, del yrigoyenismo y
de Perón. A la firmeza de su convicción unía una especial
calidad política que le proporcionaba una efectiva llegada a la
gente sencilla. Era el menos izquierdista de los miembros del
partido, no por ausencia de teoría, quizás por la formación de
su origen radical. Tenía algo de aquella magia personal que se
le atribuyó a don Hipólito, tan aconsejable en política como
inconveniente resulta la abstracción teorética alejada de la
experiencia popular. Sacó bastantes votos, creo que el
porcentaje mas alto de la provincia, pero su objetivo estaba
alejado de los resultados electorales.
Su afán estuvo
empeñado en darle organización al FIP. En aquellos años
violentos previos al golpe participó en tribunas y debates
marcando a fuego a la ola entusiasta, e inconsciente, de
partidarios de la lucha armada. Recuerdo ahora, un duro
enfrentamiento (por que así era Gustavo) con un sacerdote
tercermundista santafecino que con meditada ironía decía, en un
concurrido debate, comprender a quienes optaban por “la
placidez y seguridad de la política burguesa aceptando el
camino electoral”. Para qué lo habrá dicho: Gustavo pulverizó
tan cándida afirmación explicando lo erróneo y suicida de la
acción basada en el “foco guerrillero”, recordándole, además,
que era auspiciada, desde los centros mundiales de poder. En
ese debate, como en otros, creo que quedó minoría ante la
audiencia. Sobre todo cuando manifestó que la reconstrucción
del frente nacional y popular comenzaba obligando al Régimen de
Lanusse al retorno al país del General Perón. (al sacerdote lo
volví a encontrar ocupando una banca por el Frente Grande de
Santa Fe en la Convención Nacional Constituyente del año 1994. A
Gustavo, lo recordamos hoy).
El día del
golpe fue detenido y trasladado al Campo de la Rivera de la
ciudad de Córdoba junto a dirigentes sindicales de San
Francisco. Otros compañeros del FIP recorrieron el mismo camino.
Algunas semanas después, al ser liberados, estuvimos todos en
el Congreso partidario del Hotel Rama (el mismo día que la
Junta Militar dispuso la ilegalidad y disolución de los
partidos políticos). Gallardo estaba amenazado, él lo sabía.
Permaneció unos días en Córdoba. Recuerdo que Nora sospechaba lo
peor. Los dirigentes del partido opinaban que debía alejarse de
San Francisco, no quiso hacerlo. La levadura con que estaba
amasada su personalidad y el compromiso moral con los
trabajadores pudo más: “tengo audiencias y trámites judiciales
de los que dependen compañeros que confiaron en mi. Mi
obligación es estar allá”.
Sin embargo,
en San Francisco la presión fue muy grande. Lo
responsabilizaron de la organización del Tampierazo, última
reacción popular de la serie iniciada en 1969 con El Cordobazo.
Sabido es que los únicos responsables eran los incompetentes
herederos de aquel viejo emporio fideero, molinero y
alimenticio de la familia Tampieri. Los mismos que dilapidaron
la fabulosa fortuna amasada durante años, con el duro esfuerzo
de sus operarios, de aquella fábrica que fue primera en su tipo
en todo el país. Los trabajadores quedaron en la calle, entiendo
que algunos de los inútiles empresarios también, y la
violencia se adueñó de la ciudad.
Ciertos
personajes con poder local no lo aceptaban a Gallardo. Hicieron
circular volantes (anónimos) responsabilizándolo de los hechos,
junto al Secretario de la CGT. Fue tan evidente el carácter
reaccionario que asumió la detención-desaparición, que la
misma noche que miserablemente se llevaron a nuestros
compañeros, lo hicieron, también, con el Secretario de la CGT
Oscar Liwaski y otros con trabajadores.
Lo demás es lo
conocido. Nada de información. Decenas de gestiones y visitas,
inutilidad del hábeas corpus presentado, comunicados de prensa
que no fueran publicados, silencio y temor. Incesantes viajes y
entrevistas llevados adelante por los abuelos (el padre de Nora
que había sido Intendente Municipal en varias oportunidades,
insistió sin cansancio, igual que los otros padres).
Mi recuerdo,
como hijo y militante de ésa ciudad, pretende reconocer el valor
político de estos buenos compatriotas y sus cualidades de
grandes personas. A ellos, en su juventud, se los privó de
muchos años de su vida. A la sociedad de buenos argentinos al
servicio del bien común.
Ojalá se les
hubiera escuchado a Gallardo y a Ramos sobre las consecuencias
del anunciado golpe de estado del que no podía esperarse otra
cosa que una restauración oligárquica y antipopular, peor aún
que la de septiembre de 1955, nuevamente orientada por una
nefasta conjunción de civiles y militares que creían que estaban
luchando en la tercera guerra mundial. En los primeros momentos
lamentablemente hasta despertaba ciertas simpatías en
sectores de esa “progresía” que ya no aceptaba el deteriorado
gobierno de Isabel Perón, que en su definitiva retirada,
había convocado anticipadamente a elecciones generales para
pocos meses después.
Gustavo
Gallardo y Nora Peretti tienen un lugar en el corazón de sus
compañeros y de nuestro pueblo.-
Córdoba, mayo
12 de 2006.-
Carlos
Alberto Del Campo