Domingo 03 de Abril de 2005

Una explicación muy llanera de Chávez

Óscar Reyes

 

Entiendo que hay finos intelectuales que se devanan los sesos tratando de entender el enigma del presidente Chávez. Para ello aventuran largas exposiciones, donde mezclan análisis sociológicos del caracazo, teoría política sobre la muerte de los partidos, y mucho miedo apocalíptico. A este servidor le bastan dos paradigmas: haber visto la película Zelig de Woody Allen y ser llanero. En Zelig está reflejado con mucho nuestro presidente. Nada grave, si en el fondo tiene buenas intenciones para con el país, lo cual le concedemos. Peligroso si las personas que lo evalúan desde afuera y en distintos escenarios se sientan un día a comparar versiones.

Ahora que está en La Habana, muchos observadores lo confundirán con Castro. Y habiendo visto a nuestro presidente actuar ya durante casi un año, sabemos que Chávez se «castrizará» mientras dure la Cumbre Iberoamericana, para ser vedette junto al anciano comandante. Cuando viaje a Asia será maoísta, y cuando martillee en Wall Street con la mano izquierda, será más neoliberal que Bill Gates. No es un caso de esquizofrenia ni de personalidad múltiple. En el llano existe un camaleón vernáculo llamado «el guabino», de donde viene el adjetivo «guabinoso», según me explicó el semiólogo llanero Manuel Bermúdez. No debe confundirse con la guabina, que es un pez de agua dulce.

El guabino tiene tal habilidad dialéctica —olvídate de los sofistas— que habla mucho y nunca toma posición, sin que le molesten las contradicciones lógicas de su discurso. Si usted va por el llano y se para en una taguarita a tomar guarapo y se encuentra con un guabino, el diálogo platónico puede ser de este tenor:

—Buenas...

—Güenas

—Hace calor, ¿verdad?

—Sí, bastante, la calor nos tiene mal por aquí...

—No ha llovido en meses...

—No, iñol...

—Pero por allá abajo vi unas garzas...

—Sí, hay garzas por allá abajo...

—Eso quiere decir que debe haber llovido, porque ellas viven cerca de los charcos...

—Sí, viven cerca de los charcos...

—¿Ha llovido bastante?

—Sí, cómo no: ha llovido, mucho palo de agua, y aquel plaguero...

En cuanto a la verbosidad incansable del presidente, no crean ustedes que se inspira en los discursos de cuatro horas de Fidel Castro. Recuerden que antes de leer a Rousseau o a Montesquieu en la Academia Militar o en la prisión, Chávez se entrenó mentalmente con las coplas, las reláficas y los cuentos de chinchorro a chinchorro: con el Silbón, la Sayona y el Ánima Sola. Antes de partir para La Habana, Chávez cantó una copla. Le salió del alma. Eso recuerda que su raíz más profunda son los poetas llaneros. ¿Dónde aprendió a improvisar un discurso durante tantas horas si no fue contrapunteando? Florentino cantó con el Diablo horas y horas, desde la medianoche lluviosa hasta que apareció la franca luz del amanecer, cuando el héroe comenzó a invocar vírgenes para espantar con las potestades celestiales al titán de las tinieblas. Un niño se yergue empuñando unas maracas, y comienza a improvisar versos en un duelo poético que puede durar horas. Así se aprende a discursear en el llano.

Solemos ponernos exquisitos cuando hacemos análisis. En el fondo no queremos analizar sino deslumbrar a nuestros lectores a punta de facundia. Para ello escogemos autores notables, preferiblemente en otro idioma, y manejamos un par de neologismos como «societal» o «configuración del sujeto». Pero cada sujeto de análisis —valga la exquisitez— debería suponer algunos acercamientos a su entorno: deberíamos saber cómo es el mundo del analizado. No deberíamos hacer análisis para que a gente piense: «Qué buen analista». El buen analista no aparece en los resultados, el resultado es: «Este es realmente el personaje».

Creo que hay errores cuando intentamos entender a Chávez con herramientas europeizantes. Nuestro presidente no es un dictador de República bananera como lo pintan los periodistas de Miami o Madrid. Es un guabino con el virtuosismo verbal de Florentino, el que cantó con el Diablo. Y aprende rápido. De teniente-coronel golpista pasó en pocos años a ser un demócrata remendado. Conste que en su gobierno se han respetado más los derechos humanos que con Caldera o con Pérez. Pregúntenle al astrólogo que fue preso, a William Ojeda o a las familias cuyos hijos reposan en La Peste.

Otra cosa es que sus concepciones económicas sean feudales. Pero su comportamiento dependerá del entorno, dado que absorbe como una esponja. Si hay gente sensata educándolo, será sensato. Si su entorno se hace estatista e izquierdizante, propondrá más empresas del Estado y dirá que los empresarios son hijos de Satanás, contra quien él ya cantó y a quien venció.

Por eso hay que dejarlo viajar, que vea mundo, a ver si su tejido de lenguajes capta el pleno empleo de Clinton, la gerencia de Aznar, el modernismo de los socialdemócratas europeos, el milenario espíritu del trabajo y del comercio de los asiáticos. Eso sí: aléjenlo de Giordani, de la UCV, de las feministas, de los joroperos y comeflores de izquierda, o tendremos que decir como el grafitti del aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires: «El último que salga, que apague la luz».


Discurso en la Cumbre del Milenio

Hugo Chávez Frías

Venezuela y su pueblo bolivariano saludan a esta Cumbre, y a través de ella, a todos los países y pueblos del mundo. Hace dos milenios vino Cristo a luchar por la justicia, por la paz, por la dignidad y por la vida. Hace 500 años se aceleró el encuentro y el conflicto entre civilizaciones a través de un monstruoso proceso de conquistas, colonizaciones y dominación. Proceso este que trajo consigo una carga poderosa de injusticias, de guerras y de muertes.

Hace 55 años fue creada la Organización de las Naciones Unidas, cuando se iniciaba la segunda mitad del último siglo del segundo milenio. ¡Cómo han pasado los años! ¡Cómo han pasado los siglos! ¡Y los milenios! Desde la Última Cena, por allá en el año 33, hasta esta Cumbre del Milenio del 2000, los seres humanos nos hemos visto arrastrados por el mismo drama, por la misma búsqueda interminable de los caminos hacia la justicia, la paz, la dignidad y la vida.

¿Cuántas cumbres habremos realizado en estos 1977 años? Sin duda que en las últimas décadas estas se han intensificado. Andamos saltando de cumbre en cumbre, pero tristemente la gran mayoría de nuestros pueblos andan gimiendo de abismo en abismo.

Simón Bolívar, el Libertador de Suramérica y líder inspirador de la revolución que en estos tiempos se ha desatado en Venezuela, un día soñó, en su delirio por la justicia, haber subido a la Cumbre del Chimborazo. Y allá, sobre las nieves perpetuas del espinazo de Los Andes, recibió un mandato del señor Tiempo, anciano sabio y de larga barba: «Anda y di la verdad a los hombres». Hoy, he venido aquí, como portaestandarte de aquel sueño Bolivariano, para clamar junto a ustedes: ¡Digamos la verdad a los hombres!

Y diría mas: para decir la verdad a los hombres, necesario es descubrir la verdad de los hombres. La verdad —dijo el filósofo hindú Jiddu Krishnamurti— no es un punto fijo, no es estático, se mueve constantemente por muchos caminos. He aquí el sentido que queremos traer a esta reunión cuando hablamos de «la verdad». Tomamos, dos caracterizaciones fundamentales ya aceptadas para definir «la verdad»: La primera, «es algo que se vive en el momento»; y la segunda, «expresa nuestra vinculación con el todo».

Creo entonces que esta impresionante Cumbre del Milenio constituye una extraordinaria ocasión para dejar atrás verdades que fueron válidas solo para momentos pasados. Las Naciones Unidas fueron creadas dentro del contexto de la Guerra Fría, al concluir el horroroso conflicto bélico que llevó a la muerte un promedio de 25 mil personas por día. Bajo el signo de las amenazas latentes, fue imponiéndose una verdad que nos unía a todos con el todo: la necesidad de garantizar la seguridad en el mundo, y evitar así la continuación de aquella infernal carnicería humana. Pero hoy, más de medio siglo después, la verdad se ha movido y el momento que vivimos es otro. No podemos seguir unidos aferrándonos tercamente a un pasado ya desmoronado por los años.

En este momento planetario siguen muriendo diariamente seres humanos, pero ahora las cifras se han duplicado, ya no como consecuencia de una guerra mundial. No!, ahora la principal causa de esta horrorosa verdad es la miseria, la marginalidad, el hambre. Por tanto, lo que se impone en este mismo dramático instante es que, en primer lugar, reconozcamos todos esta verdad. Y en consecuencia, sin dilaciones de ningún tipo, construyamos un nuevo pacto mundial en Naciones Unidas. Y es precisamente aquí donde aparece la Cumbre del Milenio como una esperanza creadora y como un desafío colosal. Naciones Unidas, ahora en el siglo XXI y para el tercer milenio, debe concentrar todos y los más grandes esfuerzos posibles, en el orden moral, intelectual, científico, social, cultural, económico y financiero, en la lucha contra los demonios del hambre, la miseria y la muerte que azotan nuestro planeta.

Nuestro Secretario General y el equipo preparatorio de esta Cumbre, han apuntado bien en la inicial visión de la verdad que nos une en el actual momento histórico. En efecto, han propuesto unas ambiciosas y justas metas para orientar los esfuerzos en los próximos años. Voy a referirme solo a algunas de ellas, pero que ya constituyen un inmenso desafío:

Reducir a la mitad, para cuando este siglo haya cumplido 15 años, la proporción de personas de todo el mundo (actualmente el 22%) cuyos ingresos son inferiores a 1 dólar diario. Quiere decir esto, que para cumplir con la meta en los 15 años señalados, tendríamos que elevar el ingreso a niveles dignos y justos a 140 mil personas cada día de cada mes y de cada año, desde hoy hasta el 31 de diciembre del 2015. Lograr, para la misma fecha, que todos los niños y niñas del mundo puedan terminar todo el ciclo de enseñanza primaria, y que las niñas y los niños tengan igual acceso a todos los niveles de enseñanza. Ante estas precisas metas, la gran pregunta, la gran incertidumbre, la gran verdad que aún no vislumbramos es esta: ¿cómo vamos a hacer para lograrlo? ¿Cuáles son los mecanismos, cuáles son los planes, cuáles las estrategias? La verdad pudiera surgir de esta Cumbre, de sus Plenarias, de sus mesas de trabajo, de sus torbellinos de ideas. Para ello, sin embargo, debemos hablar sin temores de ningún tipo, sin la doble moral que muchas veces invade nuestros espacios. Debemos destapar con mucha franqueza nuestras verdades, agregando una buena dosis de audacia y coraje.

Venezuela propone un cambio estructural en la Organización de las Naciones Unidas, haciéndose solidaria con el clamor de «los condenados de la tierra» como diría Frank Fanon. Un nuevo Pacto Democrático, un nuevo consenso mundial para que «nosotros los pueblos» comencemos a salir de los abismos... Y escalemos sin demora esta y todas las cumbres del milenio por venir. En gran medida, las graves crisis del siglo XX se gestaron por las abismales diferencias entre dirigentes y dirigidos, entre pobres y ricos, entre explotadores y explotados, entre naciones que avasallan a otras naciones mediante el empleo de la fuerza, entre las cumbres y el nivel donde se ubica el ciudadano común, entre un comportamiento retórico y formalista de los organismos internacionales (ONU) y los conflictos y padecimientos de los pueblos. Lo que hay que dilucidar, entonces, es si el mundo en este nuevo milenio seguirá funcionando de esa forma perversa, o si hay posibilidades de cambio. ¿Cuál sería la base del cambio? Sin duda, que las respuestas que puedan surgir, dependerán fundamentalmente de la voluntad política de todos. Asumir plenamente la realidad, dejando de lado el doble discurso y reivindicando las normas del derecho internacional que hagan posible la plena igualdad de todos los pueblos sobre la tierra.

Excelencias, amigas y amigos: Yo pude haberme ahorrado este discurso y ahorrarles a ustedes escucharlo reduciéndolo solo a tres segundos. ¿Por qué tres segundos? Simplemente por la dramática, horrenda realidad de que cada vez que el reloj marca ese pequeñísimo tiempo, muere de hambre un niño en el mundo. Uno..., dos... y tres: acaba de morir un niño mientras estamos aquí. La Biblia lo señala en el Eclesiastés: «Todo lo que va a ocurrir debajo del sol tiene su hora». Hagamos de esta, la hora, de una vez y para siempre: ¡salvemos al mundo!


Palabras en el Panteón Nacional el 24 de julio de 2000, día del 217º aniversario del natalicio de Simón Bolívar

Hugo Chávez Frías

Hombres, mujeres y niños de esta patria de Bolívar. Señores Embajadores, señores ministros, representantes de las ramas del Poder Público, señor Vicepresidente de la República; representantes de la sociedad venezolana; pueblos de América especialmente los pueblos bolivarianos liberados con esa espada y con esta idea que nos anima; querida Marisabel; soldados todos de la República Bolivariana de Venezuela; compatriotas todos; representantes de los medios de comunicación social.

Venimos aquí con una profunda carga espiritual. Venimos aquí a nombre de muchos aunque en el recinto del Panteón Nacional somos pocos, por razón de espacio fundamentalmente. Pero venimos a nombre de millones de seres humanos quines hoy a los 217 años del nacimiento del Padre Libertador cargamos de nuevo su bandera. Venimos aquí hoy con la llama encendida del fuego sagrado de la Patria a decirle a Venezuela toda, a decirle a la América toda, a decirle al mundo todo lo que dijeron los poetas, lo que han cantado los poetas acerca de este hombre cuyos restos yacen aquí. Por ejemplo lo que dijo Martí. Martí le cantó a Bolívar, José Martí, cuando dijo «aún tienes puestas las botas de campaña porque lo que tu no hiciste sin hacer está hoy todavía y porque tú, Padr, Bolívar, tienes mucho que hacer en América todavía».

Venimos a cantarte, Padre, lo que cantó Choqueguanca cuando te arengó en presencia y te dijo «con los siglos crecerá vuestra gloria cuando crece la sombra cuando el sol declina». Venimos, Padre, con tu espada, con tus hijos, con nuestros niños a cantarte lo que cantó Asturias cuando dijo «los hombres como tú, Libertador, no mueren sino que sencillamente cierran los ojos y se quedan velando». Venimos, Padre, con tu sueño viviente a cantarte lo que te cantó Alberto Arvelo Torrealba por las sabanas de Venezuela: «Por aquí pasó Bolívar». Por aquí pasaste, Padre, hacia aquellos montes lejos, miren el rastro en la paja, mírenselo, compañeros».

Aquí venimos, Padre, también a cantarte lo que cantó el cantor Alí Primera. No venimos a ponerte flores para cerciorarnos de que estés bien muerto como vinieron aquí, durante muchos años, oligarcas y traidores a horadar lo sagrado de tus restos con su presencia. No. Venimos a cantarte con flores, con niños, con jóvenes. Es un pueblo que te canta, es un pueblo que te vive, es un pueblo que te sobrevive, es un pueblo en el cual tú vives porque así lo cantó Neruda y te lo cantamos. También lo cantó Neruda cuando te idealizó en el Cuartel de la Montaña y dijiste sí soy yo y despierto cada cien años cuando despiertan los pueblos.

Aquí venimos, Padre, humildes soldados de tu Ejército Libertador, humildes hombres y mujeres de tu pueblo heroico, de ese pueblo que lloró tu partida, de ese pueblo que ha sufrido la traición que te hicieron. De ese pueblo que ha cargado la cruz durante casi dos siglos. De este pueblo que ahora con tu bandera y con tu espada, resucita de sus cenizas. Venimos también, Padre.

Venimos también, Padre, como en todo cumpleaños a regalarte. Te regalamos nuestra vida, Padre, y en este aniversario de 217, cuando apenas está iniciándose de nuevo la Revolución que lleva tu nombre, venimos aquí frente a tu llama venimos aquí a alimentarnos de tu llama, a que nos sigas incendiando de tu llama para nosotros seguir regándola por los cuatro vientos de Venezuela y de América. Pues venimos, Padre, humildemente, a obsequiarte hoy, 24 de Julio de 2000, entrando el siglo XXI, te regalamos, te obsequiamos con nuestro corazón, una República nueva que lleva tu nombre.

Te regalamos una República naciente y cada año vendremos aquí, Padre, a traer tu espada y a desenvainarla para que brille con el sol caraqueño y para que sienta la brisa de los pueblos batir su hoja invencible y libertadora. Cada año vendremos aquí, Padre, y a medida que nos vayamos yendo de aquí a acompañarte allá donde estés, seguirán viniendo nuestros hijos. Seguirán viniendo nuestros nietos, seguirán viniendo estos niños que serán hombres y mujeres del mañana, seguirán viniendo a cantarte porque los hombres como tú, Libertador, nunca morirán, se mantendrán encendidos para siempre en el alma de tu pueblo.

Y cada año vendremos aquí a regalarte, cada vez más, una República Bolivariana sólida. Este año no sólo es la República Bolivariana la que te regalamos de nombre, que ya sería bastante decir. El año pasado vinimos aquí y todavía estaba vigente, todavía estaba aunque ya derrumbándose la IV República que se levantó con el signo de la traición a tu idea, a tu espada y a tu revolución. La República de la oligarquía, la que vimos aquí, a rendirte honores durante muchos años mancillando tu nombre. La oligarquía que te expulsó de aquí para que te fueras a morir, aunque moriste en tierra no extraña porque Santa Marta es tierra bolivariana y queremos darles un saludo muy especial, a los pueblos de esta América meridional bolivariana, representado por sus embajadores, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Panamá. Esta es la misma América, este es los mismos sueño. La oligarquía que te traicionó, la oligarquía que te mandó a matar en Bogotá, la oligarquía que mandó a matar al Mariscal Sucre por ser el primer bolivariano de América, el primer seguidor de su sueño. Esa oligarquía que enterró su sueño el año pasado seguía levantando todavía banderas. Hoy, Padre, la ofensiva revolucionaria de tu pueblo ha puesto en fuga esa oligarquía y aquí te juramos delante de tu llama incendiaria, te juramos, Padre, una vez más que no daremos descanso a nuestra alma ni reposo a nuestros brazos hasta que no hallamos echado hasta el último vestigio de la oligarquía que traicionó tu sueño y destrozó la obra que comenzaste hace doscientos años. Lo juramos. La vida se nos irá en el esfuerzo.

Y, además, Padre, te pedimos, a nombre de todos, que seamos capaces de consolidar este sueño y de que tu idea visionaría siga levantándose más allá de los confines de Venezuela, porque la idea bolivariana hoy anda estremeciendo el espinazo de América. La idea de una América reunificada, la idea de una América Bolivariana reunificada vuelve a levantarse con más fuerza que antes. La idea de unos pueblos reunificados en torno a tu nombre y a tu bandera y a tu espada libertadora, vuelve a levantarse por todas partes.

Te prometemos, Padre, te juramos, que seguiremos llevando tu bandera y tu nombre y tu idea, a todos los pueblos de esta nuestra América y seguiremos llamando a la unión, a la paz, a la hermandad como única salida para que los pueblos que liberó tu espada se levanten y recuperen la senda de la dignidad, del desarrollo, de la justicia y de la igualdad.

Para que los gobiernos que representen a esos pueblos liberados por tu espada, estén a la altura de tu idea cuando nos mandabas, cuando nos alertabas, cuando nos iluminabas con tu verbo en Angostura, por ejemplo, diciendo que el sistema de gobierno más perfecto debe ser aquel que le proporcione a su pueblo la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social, la mayor suma de estabilidad política.

O cuando alertabas contra las Repúblicas aéreas, cuando decías que nuestras leyes y nuestros sistemas de gobierno, que nuestros sistemas sociales, que nuestros sistemas económicos deben ser propios a nuestras realidades, que no podemos estar importando modelos. Y eso lo aprendiste sin duda de tu maestro más destacado, de tu maestro más profundo, de tu maestro más infinito: Simón Rodríguez. Cuando nos decías o cuando les pedías a los legisladores lo que hoy tenemos que pedirles a 217 años de tu nacimiento a los legisladores que dentro de poco van a instalarse legítimamente después de las elecciones del 30 de julio. Leyes inexorables pedimos los pueblos de Venezuela para poder alejarnos de la anarquía, como tú muy bien lo planteabas. Alejarnos del extremo de la libertad absoluta que lo que hace es destruir, no unen. No puede haber libertades absolutas, no puede haber patente de corso, las leyes deben regular las libertades y ponerlas en consonancia con la vida colectiva y con el interés nacional. Buscar el punto de equilibrio, Padre, entre esa libertad y el otro extremo nefasto en el que hemos caído muchas veces que no es otro que el autoritarismo, la negación de las libertades.

Inspirándonos en tu verbo y en tu idea seguiremos trazando ese sendero, seguiremos construyendo un sistema político que le sirva al ser humano, que proporcione igualdad, como lo decías tú alguna vez. Volando por entre las próximas edades oímos tu voz desde los siglos. Tu imaginación se fija en los siglos futuros y mirando desde allá con admiración y pasmo, me imagino esta vasta región coronada por la gloria, con el cetro de la justicia, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.

Seguiremos con tu idea y con praxis. Seguiremos los soldados de Venezuela al servicio del pueblo venezolano como tú lo planteaste y lo dijiste. Seguiremos al pie de la letra tu mandato en Santa Marta cuando te convertiste en ceniza: Unión.Unión. «Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, bajaré tranquilo al sepulcro».

Los soldados y el pueblo, seguiremos el mandato, Padre, y juramos los soldados de tu Ejército libertador y de tu Fuerza Armada Libertadora, que seguiremos al pie de la letra ese mandato cuando dijiste que el soldado debe estar siempre al servicio del pueblo y cuando incluso maldijiste un día diciendo: «Maldito sea el soldado que vuelva las armas contra su pueblo».

Pues los soldados venezolanos seguiremos tu mandato para merecer tu bendición y estar siempre al servicio de nuestro pueblo y siempre al servicio de nuestra Patria.

Así que aquí venimos, Padre, y yo soldado, sencillamente soldado, recojo la voz de muchos para venir a ofrendarte, Padre. Para venir a decirte gracias por todo lo que nos has dado, pero para también pedirte que tal como lo sabemos y tal como lo dijiste un día, la suerte de Venezuela no me será indiferente ni aun después de mi muerte. Te seguimos pidiendo tu ayuda. Tienes tu puesto y seguirás teniendo tu puesto en el primer lugar de esta batalla por la dignidad porque eres el líder y porque seguirás siendo el líder por los siglos de los siglos. Que Dios te bendiga, Padre, Bolívar.


Carta de Hugo Chávez a Bill Clinton

Hugo Chávez Frías

Miraflores, 27 de abril de 1999

Al Excelentísimo Señor WILLIAM JEFFERSON CLINTON 
Presidente de los Estados Unidos de América Washington, D.C.

Me han impresionado gratamente las consideraciones que su Excelencia tuvo a bien formular, con motivo de la presentación de las Cartas Credenciales que recientemente hizo ante usted nuestro Embajador ante la Casa Blanca, el Dr. Alfredo Toro Hardy.

El mensaje suscrito por su Excelencia, consignado en esa ocasión y que he leído con sumo interés, evidencia de manera elocuente el deseo que tiene su Gobierno de renovar y relanzar las relaciones entre nuestros dos países. Saludo, en forma entusiasta, ese propósito suyo. Entre su gobierno y el mío, al igual que entre el pueblo venezolano y el estadounidense, existen intereses comunes. Compartimos ciertamente, el anhelo de una sólida y pujante democracia, al estilo de aquella que ya dibujaron con su mente y con su acción, hombres de la talla de Abraham Lincoln y Simón Bolívar.

El referéndum consultivo celebrado el pasado domingo 25 de abril del corriente, y la Asamblea Nacional Constituyente que se elegirá en los próximos meses, con expresión libre y plural, son modalidades que el pueblo venezolano ha escogido para refundar la República, en un ambiente de paz y participación ciudadana, signado por un profundo proceso que ya fue catalogado por el ex-Presidente Jimmy Carter, a su paso por Caracas en diciembre de 1998, como una verdadera «Revolución Democrática».

Mi país, como su Excelencia señala atinadamente, encara serias y diversas dificultades que estamos enfrentando con responsabilidad y pleno segundo venezolanista. Hemos heredado una economía en crisis. Nos proponemos recuperarla mediante la aplicación de un conjunto de políticas económicas y financieras orientadas fundamentalmente a la reactivación productiva y al equilibrio económico, consustanciadas siempre con las necesidades de la población. Hemos recibido también, Señor Presidente, un país seriamente afectado en lo ético, pero con la misma voluntad inquebrantable hemos comenzado ya a restablecer el código moral que debe impulsar a toda sociedad, luchando sin tregua contra el grave mal de la corrupción, a través del cual en Venezuela se perdieron recursos a cinco «Planes Marshall».

Compartimos su criterio de que «nuestra asociación económica puede ayudar a mejorar la situación». Por eso, Señor Presidente, nuestro país está abierto a todo tipo de iniciativas que surjan tanto de la empresa privada como de los entes públicos de los Estados Unidos, en función del desarrollo de ambas naciones. Comparto en forma absoluta, asimismo, el firme propósito de lucha contra el narcotráfico y toda forma de delito vinculado a ese morbo.

Acepto con mucho agrado la invitación que su Excelencia me hace para que visite su país. Agradezco sus cálidas expresiones de amistad, que son recíprocas. Le propongo formalmente que los temas aquí mencionados figuren en la agenda de nuestras próximas conversaciones en Washington.

Atentamente,

Hugo Chávez

 

 

 

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