Viernes 26 de Septiembre de 2008

EL SÍNDROME FRONDIZI



A poco  de asumir la  Presidencia, Frondizi invitó a  cenar a Olivos a Don Arturo Jauretche. El hombre de Lincoln   había trabajado fuerte para el triunfo electoral de la UCRI con el sólo afán de derrotar al candidato de la Revolución Libertadora, Balbín. ¡Y vaya si lo había logrado! No obstante el éxito, el hombre del habano comenzaba a mirar torvo a los vencedores.

La cena procuraba acercar a Don Arturo con Frigerio. Todo  inútil. Jauretche no aceptó el convite, recelaba de Rogelio.  No tenía sentido la charla. De todos modos el ágape se realizó con el Presidente y su familia. Jauretche lo relata del siguiente modo:

“En el momento de las ensaladas le pregunté al doctor Frondizi si las 500 páginas de Política y Petróleo las iba a comer con  aceite y vinagre, con un no muy delicado rasgo de humor negro que solo puedo justificar en la honda pesadumbre patriótica que sentía y en el triste fin que le preveía al dueño de casa.” (Jauretche, Arturo: Mano a mano entre nosotros. A Peña Lillo editor. Bs. As. 1983. Pág. 75)
Luego vinieron la Ley de enseñanza libre, los contratos petroleros, las inversiones extranjeras, la devaluación, la intervención del Lisandro de la Torre, Alsogaray, el plan Conintes, matizado como corresponde con un discurso progre, donde no faltaba su amistad con Fidel, el Che y su  absurda intermediación entre EE.UU. y Cuba.
No pudo evitar la huida  del grupo Alem: intelectuales de izquierda que comenzaban a perder la inocencia. Así se marcharon Ismael Viñas, Babini, Noe Jitrik, Ricardo Rojo, entre otros. ¡Una enorme desilusión!
El frodizismo mostraba su rostro de ecuanimidad.

Y como decía Jauretche así le fue.

El mundo de aquellos años era favorable a los ideales de izquierda. La URSS enviaba satélites espaciales y una perra al espacio. Yuri Gagarín orbitaba. La experiencia Sputnik era exitosa,  Castro triunfaba frente a las costas norteamericanas, Argelia se rebelaba y Vietnam marchaba en esa dirección. No obstante esos vientos  favorables, Frondizi los embromó. Su discurso progre fue para sumar giles. Sin embargo las mentiras se pagan. Se quedó sin los amigos y jamás sumó a los otros.

Hoy cincuenta años después, con el comunismo desaparecido, la URSS pulverizada, y el capitalismo triunfante por todo el orbe, a pesar de la crisis o por ella,  hay quienes siguen creyendo en las utopías de la salvación por todos, la igualdad impuesta a golpes de efecto y el estatismo como dogma subyugante. Para ellos: el Socialismo del siglo XXI se ofrece como la gran alternativa.

Francamente una formidable impostura. ¡Una extraordinaria simulación!

El Gobierno (de Kirchner, primero y el de su mujer, ahora) no ambicionan tanto. Coquetean, sí, con el absurdo de un progresismo nacional y popular, y durante todos estos años engrupieron a los giles que se dejaron seducir por el largo dolor de la orfandad. La necesidad imperiosa  de la compañía comprada.
Lucieron como políticos progre a tono con las demandas de una izquierda retrógrada y de un nacionalismo anacrónico. Le insuflaron energías, les hicieron creer que no todo estaba perdido. Se ofrecieron como Mesías salvadores de la utopía irredenta. ¡Y les creyeron!
Hoy la Presidenta agacha la cabeza. No los puede mirar de frente. Sabe que los defrauda. ¿Pero que puede hacer? La realidad se impone dolorosamente.

En sus nueve meses de gobierno produjo un viraje impensado. Retrocede en todos los frentes.  Paga a todos y por demás, FMI, Club de París,  los fondos buitres, a pesar de que el Parlamento  en su momento cerró la discusión. Sube las tarifas, impide la rediscusión de los salarios, enfría el dólar, habla de los males del proteccionismo, contiene las jubilaciones, reduce los subsidios, da conferencias de prensa, sonríe, se comporta como una mujer tierna y sensible. ¿Qué más? ¡Solo le falta ir a misa e hincarse a rezar!

De a poco va perdiendo a sus amigos y no gana nuevos.

El campo cambió la historia y los mohines de fémina fatal  no le alcanzan para ganar la confianza y la simpatía de los chacareros.   

¿Qué queda entonces?

Sencillamente el matrimonio  tendrá como mérito haber  conducido a la izquierda  y al progresismo a un callejón sin salida o lo que es peor a bañarse en las tibias aguas de los 90’.

Como decía Jauretche  que triste el fin que les espera.    

Al peronismo le cabe en esta hora  la responsabilidad de entender cual es su rol, cual su ubicación en el tablero de la política mundial y argentina.

¿Redobla la apuesta por izquierda? ¿Refuerza el perfil progresista? ¿Critica el viraje cristinista desde posiciones de peronismo viejo?  O acepta, sin culpas, las nuevas verdades que a golpes de realidad sacuden al  gobierno. Este es el debate que el peronismo debe darse. Urge hacerlo de no ocurrir la próxima presidencia tendrá otro signo.

Claudio Chaves

 

 

Página Principal

© Copyright 2000  La Patria Grande - Todos los derechos reservados

Ir arriba