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El gobierno Kirchnerista ha enviado contra Clarín a su operador y vocero
extraoficial. El ínclito D´elia, ducho en sutilezas, armó un operativo perfecto
y le pegó una terrible paliza pública, en vivo y en directo, a los muchachos de
“A dos sobres” y al monopolio Magnetto.
Cualquiera sea la opinión que se tenga sobre Delìa, todo argentino bien nacido
debe haber gozado de este inusual refregón de hocico por el suelo. En defensa
del indefendible dúo dinámico tenemos que decir que fue como pegarle a un
borracho que tuviera las manos atadas. Ninguno de los dos podía responder a las
acusaciones de participar en un monopolio informativo por la sencilla razón de
que son ciertas y, además, el argumento a esgrimir para contrarrestarlo no podía
ser manifestado. Y ese sencillo y letal argumento consiste en que si Clarín es
un monopolio informativo lo es gracias a la colaboración (chantajeada) de los
últimos gobiernos y, más precisamente, del gobierno que defiende Delìa. Para ir
contra Clarín, tanto a Néstor como a Cristina, les hubiera servido mas que Delìa,
el simple tramite de no impulsar, por ejemplo, la Ley de Defensa de Entidades
Culturales, por la que se dejo afuera al monopolio Clarín (entre otros) de la
normativa que permitía a los acreedores principales hacerse cargo de las
empresas quebradas para evitar su cierre. Sumado a la pesificación de sus
deudas, los Kirchner no podrán decir “el monstruo que yo cree”, pero si “el
monstruo que yo reviví”. A esto, entre otras medidas, hay que sumarle el permiso
para que Cablevisión se adueñe de toda la TV por cable del interior, que ha
dejado la pantalla en sus manos.
El problema es que, además de ser insaciables, los Magnetistas tienen también
sus límites para cumplir con los compromisos contraídos. A la hora de comprar al
canillita, los lectores buscan el diario que con mas fidelidad refleje sus
pensamientos y sentires. La clase media argentina (rural y urbana) ha
transformado desde hace largas décadas a Clarín en el “gran diario argentino”.
Un ideario en común es refrendado en cada edición, en cada nota, en cada título.
La clase media alimenta sus reflexiones, sus pasiones y prejuicios en las
páginas del diario, el que, a su vez, debe mantener un delicado equilibrio entre
los negocios que realiza con los gobiernos y grupos económicos y este ideario.
Digamos, por ejemplo, al Gobierno Militar se le puede adular y tapar sus
crímenes mientras tanto la “clase mieda” diga de los detenidos “algo habrán
hecho”. De paso se los puede extorsionar con el fantasma de la “prensa libre” de
tal manera que al final puedan quedarse con la mitad del monopolio del papel de
diarios (Papel Prensa). Pero cuando los pequeño burgueses se vuelven derecho
humanistas y miran horrorizados lo que hasta ayer miraron con amor, hay que
seguir la comparsa, porque vender clasificados necesita de lectores.
Esto es lo que sabe hacer Clarín, es su línea empresaria por antonomasia.
Últimamente el caso se complicó por tres razones: la primera es que el Grupo
había quedado al borde del KO por su endeudamiento en dólares. La segunda es que
el gobierno de los Kirchner discute con los métodos de la orga: aprieta cuando
hay que apretar y de muy mala manera. Y el tercero es que la administración De
Vido/Fernandez esta tan llena de oportunidades que da lástima desperdiciarlos:
se parece a una Súper Tienda en día de saldos. Apretado y adormecido, el
monopolio se sumió en un pesado sopor, que aprovechó La Nación para meterle la
mano en el bolsillo de las suscripciones, con el simple arbitrio de apretar
levemente el acelerador de la oposición. A este aviso se le sumó luego la
derrota electoral del Kirchnerismo en los grandes centros urbanos, como la
Capital y Santa Fe, producto del corrimiento de las clases medias. Pero el
peligro que terminó de despertar al coloso mamado fueron los piquetes rurales,
los productores del interior usando el método plebeyo del corte de rutas que,
para su disgusto, tanto los asemeja con los odiados marginales de las villas o
los vecinos pobres del conurbano. Para sorpresa del gobierno, el domado
monopolio saco las uñas. Si bien lo hizo con una cierta timidez, con un marcado
desacostumbramiento, el papel que cumplió en su impecable cobertura televisiva
del conflicto fue sumamente irritante para el gobierno, que se sintió
traicionado. Pero los Kirchner intuyen la certeza de Jorge Asís cuando proclama
que no están en condiciones de aguantarle al monopolio una semana de oposición
frontal. Y Magnetto teme que un choque anticipado termine enterrando su viejo
sueño de tener un presidente salido de sus páginas, como ya lo intentara con
Lilita Carió. El problema para ambos es que las circunstancias los enfrentan.
Cuando se discutía el segundo mandato Kirchnerista, Moyano lo fue a ver a
Barrionuevo a Tucumán y le dijo: “Tenemos que apoyarlo a Néstor porque si gana
se tira con todo contra Clarín.”. Barrionuevo, canchero, le contestó: “Gordo,
con los únicos que se van a tirar estos es contra nosotros, porque nos odian”.
La realidad es tan complicada que, al final, todo puede llegar a ser verdad.
Carlos Falcone
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